Cataluña se moviliza para acoger la Agencia Europea del Medicamento

Cataluña ya ha puesto en marcha la maquinaria para convencer a la Unión Europea de que Barcelona es la candidata ideal para acoger la sede de la Agencia Europea del Medicamento (EMA, en sus siglas en inglés). El organismo está ubicado ahora en Londres, pero deberá dejar la ciudad tras la salida del Reino Unido de la UE. Después de que el presidente Mariano Rajoy anunciara su “apoyo total y absoluto” a la candidatura de Barcelona, Gobierno central y Generalitat trabajan para atraer la sede del organismo responsable de dar luz verde a los fármacos que se comercializan en la UE. La Generalitat ultima la creación de una oficina técnica para preparar la candidatura oficial, que competirá con Ámsterdam, Copenhague o Fráncfort.

El Brexit ha puesto en jaque la ubicación de organismos oficiales de la UE ubicados en el Reino Unido, como la EMA, responsable de la evaluación científica, la supervisión y el control de la seguridad de los medicamentos en la UE. En la sede londinense de 23.500 metros cuadrados, donde se ubica la organización desde 1995, trabajan cerca de 900 personas, que deberán trasladarse allí donde se instale la nueva sede. Además, alrededor de la agencia hay un ecosistema de 1.600 empresas que también podrían moverse, explican fuentes consultadas. Fuentes consultadas explican que la decisión sobre la ubicación de la sede se tomará en otoño y que el traslado se realizará en dos años.

La ciudad no es novata en su aspiración: en 1992 ya pujó por la EMA, pero ganó Londres. Cataluña lleva meses moviendo ficha para volver a posicionar a Barcelona, 25 años después, como una candidata idónea. “No es un partido fácil pero solo el proceso ya te refuerza como ciudad”, explica Mateu Hernández, consejero delegado de la asociación privada Barcelona Global.

Hernández recuerda que el exconsejero de Economía, Andreu Mas-Colell, dijo sobre la candidatura de Barcelona que “es una pelota que hay que pelear”. La organización ha mantenido contactos con las distintas administraciones para posicionar a Barcelona entre las favoritas y convencer al Gobierno central de las bazas de la capital catalana.

El consejero de Salud, Toni Comín, avanzó hace dos semanas, tras una reunión con la ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, que el gobierno apoyaría la propuesta de Barcelona como única candidata española y anunció que su Departamento pondrá en marcha una oficina técnica para preparar la candidatura. “Estamos muy interesados de que la EMA venga a Barcelona por el impacto económico. Por ejemplo, la EMA mueve 40.000 pernoctaciones de expertos de Europa al año”, afirma también el delegado de la Generalitat en el Reino Unido, Sergi Marceu.

Desde el Ayuntamiento, a través del Plan Brexit para atraer inversiones y organismos del Reino Unido, el segundo teniente de alcalde, Jaume Collboni, también mostró su interés por la candidatura de Barcelona “aprovechando la potencia y reconocimiento internacional de los clústers farmacéuticos y biomédicos de la capital catalana”. Tal y como explicó la senadora del PDeCAT Maria Teresa Rivero en una moción en el Senado, la mitad de las empresas farmacéuticas estatales e internacionales instaladas en España tienen sede en Cataluña, que cuenta con 230 laboratorios (90 son fabricantes).

El apoyo del Gobierno central a la candidatura de Barcelona pese a sus tensas relaciones políticas con Cataluña ha dado aliento a la propuesta, a las administraciones y al sector farmacéutico, que también ha dado su plácet. “Ya trasladamos al Gobierno español, a través del Ministerio de Sanidad, nuestra opinión positiva ante la posibilidad de que España acoja la EMA, y estamos a su disposición para apoyar la estrategia que finalmente se decida para articular tal candidatura”, apunta la patronal Farmaindustria.

Conexiones aéreas

Las cartas con las que juega Barcelona son la experiencia en el sector y sus comodidades. “Barcelona no es una candidata nueva. Además, tiene unas conexiones aéreas imbatibles porque es el segundo aeropuerto de Europa con mejores conexiones, solo por detrás de Londres. Pocas ciudades tienen tantos centros de investigación de prestigio en tan pocos metros cuadrados e infraestructuras mundiales como el superordenador Marenostrum o hospitales punteros como el Clínic y Vall d’Hebron”, enumera Hernández.

En su contra, está la situación política catalana, en pleno proceso independentista. “El contexto político no es el óptimo, como pasaba en 1992, pero este argumento es más local que europeo, aunque cualquier competidor lo pondrá encima de la mesa”, reconoce Hernández. Comín y Marceu, por su parte, señalan que “no tiene por qué afectar”. “No vemos ninguna contradicción entre aspirar a la EMA y el proceso, porque tenemos clarísimo que queremos ser un estado independiente dentro de la UE. Barcelona, por sus condiciones, merece tener la EMA, con república o sin república. Entendemos que Europa será consciente de nuestra vocación europea. Esto no es un motivo para nos miren con reticencias ni recelo”, subraya Comín.

Barcelona batalla contra ciudades como Ámsterdam, Copenhague, Frankfurt o Milán. “Sabemos que la última milla es una decisión política y la diplomacia tendrá que hacer su trabajo, pero para llegar ahí, para que Barcelona esté sobre la mesa, hay que preparar un dossier fuerte y es lo que haremos”, apunta Hernández.

Así se monta el plato perfecto, según la Universidad de Harvard

Más de cien países han elaborado su guía alimentaria, según la FAO. Los primeros fueron los americanos, en 1992, con un tipo de ilustración (la pirámide) que sirvió de ejemplo al resto. En la Universidad de Harvard, sin embargo, consideran ahora estos iconos útiles para una lista de la compra, pero demasiado vagos para montar un plato saludable, por lo que han creado el suyo propio (bajo estas líneas). Los estudios vinculan El plato para comer saludable, de Harvard, a un menor riesgo de enfermedad cardiovascular y muerte prematura, “si se combina con una vida activa”. En cuanto a calorías, ninguna cifra a la vista. “Basta con respetar las proporciones”, aclaran desde el prestigioso centro.

Así se monta el plato perfecto, según la Universidad de Harvard
Pedro Perlés.

Color verde: verduras. Cuanta más variedad, mejor. Las patatas no cuentan, por su impacto negativo en el azúcar en sangre.

Color rosa: frutas. Según la Universidad de Harvard, toca ser creativos y dicharacheros, combinando frutas de todos los colores.

Color azul: proteínas sanas. Pescado, pollo, legumbres o frutos secos. Conviene limitar la carne roja y evitar la procesada (beicon y salchichas).

Color amarillo: cereales integrales. Pan, pasta o arroz (todo integral), con un efecto en la insulina y el azúcar en sangre más suave que sus variedades refinadas.

Además, la guía anima a incluir aceites saludables (se recomiendan el de oliva y el de colza para cocinar y en las ensaladas, pero se limita la mantequilla) y beber agua (también valen el té y el café con poco azúcar, así como uno o dos lácteos al día o un vaso pequeño de zumo).

Avergonzarse de su cuerpo aumenta el riesgo de infarto

Aunque en muchas ocasiones no se sigan al pie de la letra, las actividades que afectan a la salud cardiovascular son de sobra conocidas. El tabaquismo, el estrés, una vida sedentaria, el consumo de comidas grasientas… Los factores de riesgo acechan en cada esquina y, no en vano, este tipo de enfermedades son las que encabezan las causas de muerte en España, según el Instituto Nacional de Estadística. Por supuesto, nadie puede sorprenderse cuando el cardiólogo le prohíbe fumar y le invita a dar largos paseos vespertinos, pero existen otras posibles causas para explicar o agravar las enfermedades de los maltrechos corazones, ya suficientemente castigados por las rutinas y los rigores de la vida moderna. Algunos ni se los imagina. He aquí un listado de factores más que sorprendentes que perturban la buena vida cardiovascular.

La altitud en la que vive

No son pocos los que sueñan con retirarse y comprar una casita frente al mar. Despertarse con el rumor de las olas, pasear por la orilla sin preocupaciones… Todo parecen ventajas pero, en contrapartida, conviene saber que, a mayor altitud, mayor robustez del sistema cardiovascular. Un estudio de la Universidad de Navarra, publicado en la revista Frontiers in Physiology, demostró que vivir entre 457 y 2.297 metros de altitud reduce las posibilidades de sufrir una cardiopatía o un accidente cerebrovascular, en comparación con quienes viven al nivel del mar. Y es lógico. Según el doctor José Luis Palma, vicepresidente de la Fundación Española del Corazón (FEC), “un menor aporte de oxígeno a los órganos conlleva que el cuerpo deba trabajar más para mantenerse oxigenado”, por lo que el organismo podría lograr así cierta protección frente a patologías cardíacas.

Los cigarrillos electrónicos

El tabaco es un poderoso enemigo en muchos sentidos pero, ¿qué hay del vapeo, su hermano electrónico? “Ya se sabe que, en primer lugar, estos cigarrillos cuentan con una pequeña porción de nicotina”, afirma Palma, “pero la acetona y el formaldehído, otros dos compuestos químicos también presentes en estos productos, pueden actuar contra la presión arterial”. Por eso, aunque los cigarrillos electrónicos sean bastante menos dañinos que el fumeteo tradicional, están lejos de ser inocuos.

El número de hijos y los partos prematuros

¿Es la natalidad reincidente un riesgo para el corazón de las mujeres? Así lo afirma un estudio publicado en la revista de la Asociación Americana del Corazón, Circulation. Según las investigaciones, las mujeres que han tenido más de un parto son más propensas a desarrollar fibrilación auricular, es decir, un latido estremecido o irregular que puede provocar coágulos o episodios cerebrovasculares. El estudio constató que las mujeres que habían tenido cuatro o más hijos están entre un 30 y 50% más expuestas a esta suerte de arritmia. Además, el análisis constató que las mujeres que habían tenido un parto prematuro (antes de las 37 semanas), tenían un 40% más de probabilidades de padecer enfermedades cardiovasculares.

Llevar una alimentación caótica

Nuestros padres y abuelos llevaban a rajatabla el patrón alimenticio de “desayuno-comida-cena”; el ritmo frenético de la vida moderna, sin embargo, obliga a muchos a saltarse comidas y recurrir a un picoteo a base de snacks. Un estudio comandado por la profesora de la Universidad de Columbia (EE UU) Marie-Pierre St-Onge concluyó que “omitir el desayuno, hacer ayuno intermitente, alterar la frecuencia de las comidas (el número de veces que se come diariamente) y, en general, patrones de alimentación irregulares, parecen menos favorables para lograr un perfil cardiometabólico saludable”.

Saltarse las pesas en el gimnasio

Practicar ejercicios de fuerza comienza a revelarse como un gran aliado del corazón, junto a, por supuesto, el aeróbic, la natación, las sesiones de cardio en la bicicleta, la cinta o la máquina elíptica. “Someter a un músculo a una tensión moderada produce un incremento en la presión arterial y eso incentiva el trabajo cardiaco, pero es imprescindible realizar estos ejercicios de manera regulada”, afirma el doctor Palma. En esta línea, una reciente investigación publicada en el American Journal of Physiology descubrió que basta con una sesión de entrenamiento de este tipo para que el funcionamiento de los vasos sanguíneos mejore notablemente.

Avergonzarse de su cuerpo

Es una relación indirecta, pero existente. A menudo, cuando alguien engorda o tiene sobrepeso, pensamos que lo mejor es hacerle ver su realidad para que tome cartas en el asunto. Y si se hace con cierta brusquedad, mejor; así se hará cargo del problema con mayor rapidez. Error. Un estudio de la Universidad de Pensilvania (EE UU) ha constatado que esto no solo no es recomendable, sino que resulta contraproducente. Al parecer, las personas que reciben este tipo de comentarios pueden llegar a sentirse avergonzadas de su aspecto y, probablemente, lejos de intentar remediarlo opten por consumir más calorías para hacer frente al estrés de la situación. Y ahí entra en juego el sendentarismo, “uno de los mayores factores de riesgo para el sistema cardiovascular”, según el doctor José Luis Palma. Ya sabe, si se convierte en víctima de estas balas de indiscreción, esquívelas con pericia.

A estos factores inesperados, hay que sumar las interacciones medicamentosas, aunque, como afirma el doctor Palma, “los cuadros de pacientes sujetos a politerapia deben ser bien conocidos por el especialista”, por lo que se acaba escapando a su dominio. Y no olvide los más divulgados. Los repasa el cirujano Claudio Gandarias: “La edad, el género y la carga genética son fundamentales, pero contra ellos no podemos hacer nada; son inamovibles. Llevar una vida sana, mantener unos hábitos correctos y huir de las malas prácticas son las mejores herramientas para mantener una correcta salud cardiovascular”. Aunque tal vez, visto lo visto, nos venga mejor mudarnos al Machu Picchu que a la tantas veces soñada casita frente al mar…

Un pedazo de momia vikinga

En mi reciente visita a Islandia no he conseguido ver ni un volcán, ni un géiser, ni ballenas, ni frailecillos y tan solo, tras dos horas de un frío indescriptible, media aurora boreal, y gracias. Sin embargo (loado sea Odín), he podido contemplar algo mucho más interesante: los restos momificados de la Dama de azul, una maravilla. Lo que queda de la cara de esa mujer vikinga de hace mil años está metido en un frasco.

Desembarqué en la isla prometiéndomelas muy felices: vamos es que yo iba a ver hasta el famoso centro de estudio del zorro ártico (“melrakki”, en islandés) de Sudavik, al norte. No había caído en la cuenta de que en invierno moverse por Islandia es complicado y más si careces de automóvil, trineo o grandes recursos, y no eres Xavier Moret. La clásica excursión a Geysir, Strokkur y Gullfoss (que parecen los nombres del tridente de guerreros de la horda de Ragnar Lothbrok) duraba demasiadas horas y costaba una pasta; el ticket para observar ballenas jorobadas (“hmúfubakur”) me lo hube de comer porque la salida se canceló por el mal tiempo y la nutrida colonia de frailecillos (“lundar”) —la mayor del mundo—, que tanta ilusión me hacía contemplar, se encontraba a la sazón en medio del Atlántico en sus cosas de frailecillos, aguardando la temporada de emparejamiento y cría que es cuando visitan Islandia. Estuve a punto de comprar uno disecado, pero la broma (no para el frailecillo) costaba 29.900 coronas islandesas, y no iba a colar como equipaje de mano.

Pese a todo, y a que empezaba a nevar, me eché a la calle con espíritu de Amundsen y animado con un desayuno doble y calzoncillos largos, dispuesto a ver lo que fuera que el destino pusiera a mi alcance en Reikiavik. A los cien metros del hotel ya estaba arrepintiéndome, sacudido por un viento que parecía soplar de las gargantas heladas de todos los osos polares de la vecina Groenlandia. Hubiera regresado pero no veía nada, ni siquiera mis huellas, borradas ya por la tormenta. A punto de caer en el lago Tjörnin entre los cisnes, me di de bruces con un dragón: era parte de la estatua El hechizo roto, de Einar Jónsson , una relectura hiperbórea (e hiperbólica) de la leyenda de Sant Jordi. No sé cómo llegué a un edificio adornado con el poco tranquilizador logo de dos hachas y una espada vikingas: el Museo Nacional de Islandia (MNI).

Donde haya un museo (o una librería), me dije, que se aparten los géiseres, los volcanes y los glaciares. Además se estaba calentito y a salvo. El MNI es una delicia. En sus salas puedes recorrer la historia de Islandia desde la primera ocupación (hay debate sobre quién fue el pionero, pero aquí, fans irredentos de la serie Vikingos, nos vamos a inclinar por un Floki, el noruego Floki Vilgerdason) hasta las planchas con agujeros del guardacostas Svidin, atacado por la Luftwaffe en 1943. A destacar en la visita las armas vikingas: —hachas (“axir”), espadas (“sverd”) y lanzas (“spjód”)—, la tumba del guerrero que se enterró a caballo para entrar en el Valhalla como un señor, o el apartado sobre Bjorsaldalur, la “Pompeya vikinga”, sepultada por la erupción en 1104 del monte Hekla —donde ardían los fuegos del infierno, según Olaus Magnus—.

Reconstrucción del enterramiento de la mujer de época vikinga.
Reconstrucción del enterramiento de la mujer de época vikinga.

Como uno no deja de ser un niño he de recomendar aquí no dejar de pasarse por el espacio que invita al visitante, también al crecidito, a disfrazarse de guerrero vikingo.

El museo atesora otras cosas asombrosas: un martillo de Thor hecho con bronce de una campana cristiana robada tres veces (?), la sirena de Arneskirkja y el tajo donde se efectuó la última decapitación de la isla y en el que estuve a punto de sentarme al confundirlo con una silla.

Pero, como decía al principio, para mí la gran maravilla fue encontrarme con la Dama de azul (“bláklaeddu konunnar”). Bueno, con lo que queda de ella.

La historia de esta única semimomia vikinga está llena de ciencia, misterio, poesía y morbo. En 1938 fue hallada en Littlu-Ketilsstadir, en Hjalstadapinghá (si les suena raro tendrían que probar a escribirlo), la tumba de una mujer de la época vikinga, con su ajuar. Se han descubierto 330 tumbas de esa época en Islandia, pero esta tenía algo muy especial: parte de la cara de la difunta, incluidos carne y piel de la mejilla, y un ojo, se había momificado. La muerta fue colocada en posición durmiente de costado con el lado izquierdo del rostro descansando sobre uno de los broches de cobre del vestido. Una reacción química del objeto, por corrosión, hizo que se crearan condiciones anaeróbicas y biocídas que impidieron la putrefacción de esa zona de la cara. El fragmento hallado fue metido en un frasco con formol a la espera de un príncipe (lógicamente también azul) que pudiera despertar a la chica, aunque la verdad es que su estado no la hace muy deseable a no ser que le eches mucha imaginación.

El príncipe apareció en 2013 en forma de una batería de pruebas científicas de última generación, y la Dama de azul despertó (aunque al meterla en un frasco nuevo se descubrió que se había perdido el ojo): ahora sabemos que murió entre el 915 y el 925, que contaba entre 17 y 25 años, medía entre 1,47 y 1,59 metros y pesaba de 44 a 50 kilos. Curiosamente, no provenía de Escandinavia sino muy probablemente de las islas escocesas: la pillaron los colonizadores vikingos cuando pasaban por ahí, como a la mayoría de sus mujeres. Había sufrido una época de malnutrición infantil pero su estado general era sano. No podemos saber de qué murió. Lo que sí sabemos es que para su último viaje iba ataviada de azul, pues también se han conservado algunos restos de su ropa con rastros de añil. Y asimismo se la enterró con una calcedonia azul, quizá un talismán.

Los momentos más intensos en Islandia los he pasado frente a la jarra de la Dama de azul que se exhibe en el museo. No diré yo que se parezca a la monumental reina Aslaug de Vikingos, pero emana una poderosa atracción. Los dientes parecen sonreírte y de la boca abierta brotar una vieja canción, mientras afuera los drakkars se mecen en las olas, arrullados por el viento salobre del fiordo.

 

Astérix no necesita la poción mágica

Los amantes de Astérix siempre hemos sospechado que la poción mágica era un placebo. El elixir le daba fuerza al irreductible galo, sin duda, pero solo porque él creía que se la daba. Obélix se había metido una sobredosis al caerse a la marmita de pequeño, y esa vieja experiencia le bastaba para separar de sus sandalias a nueve romanos por viñeta, en otro ejemplo de galopante efecto placebo. El placebo, o la fe que lo alimenta, es seguramente uno de los factores ocultos que explican la chocante ascensión de los chamanes, los farsantes, los curanderos y el pensamiento irracional, como puedes leer en Materia. Esto es un problema importante ahora mismo, aunque implique regresar al pasado remoto para intuir cómo gestionarlo.

Especialistas en “medicina naturista y ortomolecular” que matan a sus pacientes de cáncer a base de pastillas de brócoli; Curanderos que dicen que tratan la gripe y la depresión, el cáncer y la lumbalgia, y que no solo estafan a sus clientes, sino que lo saben, y por tanto deberían ser perseguidos de oficio. Incluso las iniciativas más avanzadas y racionales para erradicar a estos farsantes, como la que Ciudadanos ha presentado en el Congreso, se ocupa solo de “detectar malas prácticas que pongan en peligro la salud pública o la vida de los pacientes”, olvidando así a la mayoría de las prácticas que no la ponen en peligro, sino que constituyen simples y tipificables estafas. ¿Y a quién le importa eso a estas alturas? Es triste robar, pero, más aún, lo es matar, ¿no es cierto?

La irracionalidad, la desinformación y la intoxicación, en soporte papel o virtual, constituyen un problema muy grave en nuestro tiempo. La separación entre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial es esencial en nuestros sistemas, pero no olvidemos la cuarta pata: una prensa libre, independiente y de calidad. Sin eso tampoco hay democracia, porque la gente votará sin conocer la realidad, y su voto será producto de una manipulación interesada, un mero agente de la posverdad. Solo la lectura os hará libres. Y elegid bien a los autores.

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Matías, licenciado con parálisis cerebral: “Ante las agresiones tuve que dejar de ir a la secundaria”

Matías Alaniz es un experto en el sistema político mexicano, conoce al detalle el proceso de paz con las FARC y lee con minuciosidad los análisis sobre terrorismo internacional. Tiene 27 años, es licenciado en ciencias políticas y padece una parálisis cerebral que le impide controlar sus movimientos. Vive en una silla de ruedas y una fuerte miopía hace que su visión sea muy reducida. Pese a lo cual, este joven de Guadalajara (oeste de México) se ha convertido en el primer discapacitado en completar una licenciatura a través del sistema de educación a distancia de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Una historia de superación y tenacidad que esconde además una batalla contra la crueldad más salvaje. El blullying se ensañó con Matías, que durante la entrevista se esfuerza enormemente por hacerse entender. “Lo más complicado ha sido la socialización”, señala al recordar el último curso de la secundaria al que asistió. “Me agredían verbalmente y me vi obligado a dejar de ir a clase. Circulaba el rumor de que me iban a tirar de un segundo piso”.

Las amenazas le provocaron a Matías un mutismo que le impedía hablar frente a desconocidos

Las amenazas le provocaron un mutismo que le impedía hablar frente a desconocidos. Solo la terapia psicológica logró derribar el mecanismo de defensa que su cuerpo había adoptado para protegerse ante las agresiones. “Ahora creo que quienes me atacaban lo hacían en realidad como un acto de desesperación hacia sí mismos”, añade.

Fue su última experiencia en la educación presencial pero siguió estudiando en el sistema público de enseñanza aunque, a partir de entonces, todas sus clases fueron en línea. Así superó el bachillerato y se licenció con mención honorífica en Ciencias políticas y Administración pública. Un camino que estuvo jalonado de éxitos, de escasa ayuda gubernamental y también de prejuicios. “A veces me tratan como si tuviera una discapacidad intelectual o fuera sordo”, detalla.

El logro es exclusivamente suyo y de sus familiares más cercanos. Nunca han recibido una ayuda, ni medios técnicos para estudiar hasta que llegó a la UNAM. Allí, la implantación de dos softwares le permitieron no tener que dictarle a su madre para poder escribir, ni esperar a sus lecturas para hacer la tarea.

El lugar de trabajo de Matías.
El lugar de trabajo de Matías. H. G.

Desde su silla de ruedas acciona con los pies dos palancas que le permiten manejar la computadora. Frente a ella, en el salón de su casa, pasa la mayor parte de las horas. Allí estudia y escribe su blog, Mirada sobre ruedas, bajo la atenta vigilancia de sus tres grandes héroes cuyos retratos cuelgan de la pared: el científico británico Stepehn Hawking, la escritora mexicana Gabriela Brimmer y el escritor y pintor irlandés Christy Brown. Tres discapacitados que han alcanzado el éxito. Tres ejemplos, como el de Matías, de triunfo contra la adversidad.

“Los prejuicios hacia la discapacidad hace que muchos se den pronto por vencidos y se instalen en una zona de confort donde no tienen que realizar esfuerzo alguno. Yo, gracias al apoyo de un grupo de personas, he podido superar las expectativas que existen sobre los discapacitados”, reflexiona.

Sueña con ser independiente económicamente, dedicarse a la docencia en línea y a la investigación. Por el momento se platea qué maestría estudiar, pero por delante le queda aún un gran número de barreras que derribar. “Hasta que no difundamos una cultura sana de la discapacidad, no lograremos acabar con ellas”, relata.

Recuerda entre risas algunas anécdotas que ha vivido junto a su madre, como aquel día en el que tuvo que confesarle que ya no le servía como profesora. Matías no tiene hermanos, ni tampoco padre. Ella ha sido su gran compañera, una luchadora que recuerda con rabia cómo un especialista le llegó a decir que su hijo no iba a superar la edad mental de tres años. “Antes de que naciera Matías, no había tenido contacto alguno con personas con discapacidad. Al principio es muy doloroso que todos den su opinión. Llegan a decir cosas terrible, incluidos los doctores”, cuenta.

Dos compañeros de batalla contra una parálisis rodeada de tabús. Madre e hijo frente a una sociedad que es incapaz de tejer relaciones sinceras con quienes padecen esta enfermedad. “Para las personas con discapacidad es difícil establecer una verdadera amistad, por eso cuando la conseguimos, la guardamos como un tesoro”, contó en su blog un 14 de febrero citando a Brimmer.

Mirada sobre ruedas es su espacio de reflexión, un cuaderno de bitácora en el que demostrar que detrás de esa silla de ruedas y de una dificultad extrema para hablar, hay un politólogo que hace reflexiones muy certeras sobre la actualidad. Apunta y dispara contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, o los candidatos que aspiran a ser gobernadores del Estado de México. Su historia es la del esfuerzo y la perseverancia, una batalla con todo en contra, a la que el reconocimiento llega 27 años después de que comenzara.