Un matrimonio italiano pierde la custodia de su hija por “ser ancianos”

¿Te pueden quitar a tu hijo porque un juez considere que eres demasiado mayor para criarlo? ¿La justicia se puede inmiscuir en este tipo de decisiones? Parece ser que sí. Ha sucedido en Turín (Italia). El tribunal de apelación de esta ciudad ha confirmado este pasado lunes que se dará en adopción a una niña, que actualmente tiene seis años (nació el 26 de mayo de 2010), por considerar que sus padres, Gabriella y Luigi De Ambrosis, de 56 y 68 años en el momento de su nacimiento, “no son idóneos al ser demasiado ancianos”. Gabriella se quedó embarazada en 2009, tras someterse a un tratamiento de fertilización in vitro fuera de las de fronteras italianas.

En septiembre de 2011, un tribunal de menores decidió quitarles la custodia del bebé, que tenía 15 meses, al considerarles demasiado mayores, después de una denuncia por “abandono” de la pequeña presentada por una vecina. Supuestamente, el padre dejó a la niña dentro de su vehículo, cuando tenía un mes de vida. Fue absuelto de los cargos, pero aún así, el tribunal decidió quitarles a la pequeña alegando que “eran ancianos para ocuparse de ella”. El nacimiento de la niña, añadió el juez en la sentencia, “fue fruto de una aplicación distorsionada de las enormes posibilidades que ofrece el progreso en materia genética; se quedará huérfana muy pronto y, además, se verá obligada a cuidar a unos padres ancianos, con posibles graves patologías o minusvalías”, informa Efe. La niña fue acogida por una familia, la misma que hoy, seis años después, puede adoptarla. Los hechos fueron recurridos por los padres, y este lunes el tribunal de apelación volvió a resolver en su contra. La pareja apelará al Supremo.

Este caso recuerda a otros dos recientes en España: el de Lina Álvarez, una doctora gallega que dio a luz en octubre pasado a una niña a los 62 años, y el de Mauricia Ibáñez, que dio a luz en febrero a dos bebés a los 64 años. Ibáñéz se sometió a un tratamiento de fecundación en Estados Unidos, después de que la Junta de Castilla y León le retirara en 2014 la custodia de su primogénita, concebida por el mismo procedimiento, por desamparo, algo que ella niega. La noticia ha generado una enorme polémica: por la edad de la madre, por la retirada de la custodia de la primera hija y porque Mauricia fue incapacitada laboralmente por un trastorno psicológico.

Ambos casos inciden en dos puntos relevantes que afectan a la maternidad actual: los avances de la ciencia y el retraso de la edad de maternidad de las mujeres occidentales. España es, junto con Italia, el país de la Unión Europea donde las mujeres son madres más tarde (30,6 años). Este hecho, que es patente en las consultas de ginecología, en las puertas de los colegios y en la proliferación de las clínicas que ofrecen tratamientos de fecundación, es aún más claro si analizamos, por ejemplo, los datos de las últimas décadas en nuestro país. De los 25,2 años de edad media para tener el primer hijo del año 1975 (primer dato disponible en el INE) a los 30,6 de 2014 (último dato), la evolución parece imparable.

Los seis retos de la infancia en Latinoamérica

De formación es filósofa. De corazón, “activista feminista”. Su carrera profesional ha estado ligada a la docencia primero y la política después. En Argentina, su país. “Fui senadora nacional, elegida por voto directo de los electores, y presidí la Comisión de Defensa con la responsabilidad de ocupar un espacio que se resistía a la presencia de mujeres”, resume. Tras aquel mandato, fue nombrada embajadora ante Naciones Unidas cuando Argentina iba a ser miembro del Consejo de Seguridad. Desde hace un año, Marita Perceval es la directora regional de Unicef para América Latina y el Caribe.

Cada nuevo reto que ha asumido ha sido para ella “una sorpresa de la vida”. Fue el caso de su actual posición. “Ya me estaba volviendo de la ONU y me convocaron para darle forma y arquitectura institucional al área de promoción de derechos humanos en mi país. En eso estaba, cuando me llamaron para presentarme a un proceso de selección público, transparente y exigente, como son los procesos de selección en Unicef”.

No fue fácil, asegura. En diciembre de 2015 comenzó la ronda de entrevistas y se preguntaba si sería capaz de superarlas. Tuvo miedo. Una sensación de temor que desapareció cuando Anthony Lake, director ejecutivo del organismo, la convocó a Nueva York. Lo había conseguido. El 8 de marzo de 2016, Día Internacional de la Mujer, asumió su actual cargo, al que dedica “mucho trabajo” y algunas horas de insomnio. “En 12 meses he recorrido 21 países de la región. Y aquí estoy”, subraya sentada en uno de los despachos de la oficina de la organización en España.

3,2 millones de menores de cinco años no han sido registrados al nacer, lo que les condena a no tener acceso a servicios y derechos como salud, educación o transporte

Ha sido un primer año de idas y venidas en las que Perceval ha podido “tocar” la realidad que hasta entonces conocía en gran medida desde los despachos. Con esta experiencia en terreno, ¿qué balance realiza de lo conseguido? ¿Qué desafíos son más urgentes atender respecto a la infancia en la región? Se remanga un poco la camisa, coge un folleto con todos los datos que le hacen falta recordar y se pone manos a la obra con las respuestas.

La desigualdad

“Tanto desde la academia [el mundo académico], como desde los espacios públicos de representación, indudablemente sabíamos que el desafío era no solamente la erradicación de la pobreza, sino también vencer la escandalosa desigualdad que atraviesa las vidas cotidianas de todos y todas”. Un problema que Perceval conocía muy bien de su labor en Argentina y en la ONU. “Pero otra cosa es tocarla”, insiste. “Por ejemplo, en un país del Caribe, por el solo hecho de ser amerindia, de ser niña y de haber nacido en ese lugar, la desigualdad se conjuga con la discriminación, la pobreza y la exclusión. Además, te debes animar a subir a un bote destartalado e inestable durante horas para ir a una escuela que tal vez no tenga ni siquiera los docentes que se necesitan porque ya se fueron o quizá nunca llegaron”, enumera.

Lo ha visto. Como vio que en uno de los espacios sanitarios transitorios instalados tras el huracán Matthew en Haití para atender a los niños con cólera, había infraestructura y niños para atender, pero ni una sola enfermera. Esta realidad se combina con los progresos que realizan determinados países que ya son de renta media y camino de ser de renta alta.

La pobreza

La desigualdad es el principal reto. Pero, ¿en qué se ha avanzado en este año? “Unicef trabaja por resultados, no solamente por buena voluntad. No hay proyecto, programa o iniciativa que no esté evaluada”, asegura. En este sentido, Perceval elige centrarse en la guerra contra la pobreza. “Tenemos una población de 195 millones de niños, niñas y adolescentes. De ellos, 70 millones viven en condiciones de pobreza multidimensional. Aproximadamente el 5% del PIB, como agregado regional, está destinado a políticas relacionadas con la protección de la infancia. Y estamos trabajando, junto con otras organizaciones, para que los presupuestos nacionales sean más sensibles a esta agenda y que se avance en la toma decisiones en favor de los niños, así como su monitoreo y evaluación. Esto se ha ido logrando en países como Chile, México o Perú”, celebra con cautela.

Perceval durante la entrevista.
Perceval durante la entrevista. Unicef España

Registro al nacer

“Dos de cada cinco niños [de la región] no tienen garantizados algunos de sus derechos”, señala Perceval. Y los hay que no tienen ninguno en absoluto, pues 3,2 millones de menores de cinco años no han sido siquiera registrados al nacer. “No se trata de tener un pedacito de papel, sino del derecho a la identidad, el derecho a tener derechos. Si no, no estás en la escuela, no eres un habitante, ni una ciudadana para un centro de salud, ni para ir a jugar a la plaza, ni para que te inviten al teatro de tu comunidad”, se indigna con contención la directora regional de Unicef.

“¿Quiénes son estos 3,2 millones de niños y niñas? ¿Todos? No”, se pregunta y se responde contundente la argentina. “Son los discriminados. Los indígenas, afrodescendientes, quienes habitan en zonas rurales, los desplazados internos en nuestros países… No solo por conflictos armados, sino por la necesidad de buscar un trabajo o unas condiciones de vida de mayor dignidad. Tenemos la evidencia, tenemos los datos. Un objetivo concreto. Y ahora, construyendo la voluntad social e institucional, a ver si es cierto que antes de llegar a 2030 logramos que en América Latina y el Caribe todos los niños y todas las niñas ejerzan plenamente su derecho a tener derechos”.

Migraciones

“En la región de Centroamérica Norte y México las migraciones no son nuevas. Hay que salir de los espejismos de cartón. El reduccionismo humilla o discrimina. Cuando no, te vuelve torpe”, alega contra las explicaciones simplistas del fenómeno. “Primero, allá los movimientos de población están basados en múltiples causas. Desde la necesidad de las familias de buscar mejores oportunidades de trabajo para sus hijos e hijas, hasta los escenarios de violencia o la falta de acceso a servicios que garantizan derechos como la salud, la educación o transporte. No estoy diciendo cosas muy exóticas”, resume.

Es el deber de Unicef contribuir a que la Convención por los Derechos del Niño que los países de la región han ratificado no sea papel mojado

Martita Perveval, directora de Unicef para América Latina y el Caribe

Conocer esas múltiples causas que empujan a las personas a abandonar su hogar es indispensable, en opinión de Perceval, para entender que no son enemigos aún menos los más pequeños sino víctimas, vulnerables además a situaciones de riesgo extremo. De ahí, el empeño de Perceval en que la organización que lidera estuviera presente, al menos como observador, en la Conferencia Regional de Migraciones. “¡Era adulto-céntrica!”, enfatiza. “Pero ya estamos participando activamente en la conversación, y se está avanzando en que los Gobiernos asuman protocolos comunes en sus consulados para la prevención de todas las formas de violencia que los niños y las niñas pueden sufrir en el tránsito, así como evitar situaciones de explotación”. Ese es el deber de Unicef, dice. Y no por capricho, sino porque es su responsabilidad contribuir a que la Convención por los Derechos del Niño que los países de la región han ratificado “no sea papel mojado”.

¿Cómo afecta que EE UU, deseado destino de los migrantes de Centroamérica, no sea firmante de la Convención de los Derechos de Niño? “En realidad, se ha podido trabajar en muchas agendas sobre los mandatos de Unicef, aun cuando no esté firmada la Convención. Podría decirte otros países que sí la han firmado y no la honran ni respetan.

La violencia

“Otra cuestión concreta a la que le hemos puesto número es a la violencia. En la región más violenta del mundo”. Y aclara: “Porque no solo es la más desigual, aunque no sea la más pobre. También es la más violenta, aun sin conflictos armados”.

Los datos, y por tanto la realidad que reflejan, son “vergonzantes”, en palabras de Perceval. “Uno de cada cuatro asesinatos de menores que se comenten en el mundo, ocurren en nuestra región. Más de un millón de niñas adolescente de entre 15 y 19 años dicen, las que se animan a admitirlo, que han experimentado violencia sexual o actos sexuales forzados, especialmente por parte de conocidos. Una de cada cuatro niñas se casa antes de cumplir los 18 años”, enumera. Pero no acaba ahí esta lista negra. “Lo más desafiante es que uno de cada dos menores de 15 años es sometido a castigo físico en el hogar. Yo digo: hay que erradicar la violencia en las calles, pero también desterrarla en los espacios de intimidad”.

Uno de cada cuatro asesinatos de menores que se comenten en el mundo, ocurren en la región de América Latina y el Caribe. “Es vergonzante”, dice Perceval

¿Cómo aborda Unicef esa lucha? “Todavía hay leyes en nuestra región que habilitan el castigo corporal en los centros educativos. Hay países que se consideran de los más avanzados, los que más han crecido económicamente, en los que más del 60% de las personas adultas cree aún que el maltrato es una buena forma de enseñar”, lamenta. “Hay que derogar esas leyes”, zanja rotunda. En ello está la organización, con la doble labor de incidencia política y sensibilización de la sociedad. Perceval sueña con una próxima entrevista en la que pueda decir que en todos los países se reconoce legalmente el derecho a vivir una vida libre de violencia. Y se cumpla.

Educación

“Estamos trabajando en implementar modalidades flexibles, innovadoras y adaptadas de educación. Sobre todo en secundaria”, asegura. Es en esta etapa, según sus números, en la que muchos de los chavales se descuelgan de su formación. Así, 2,8 millones de adolescentes no se matriculan en los primeros años de este ciclo, una cifra que aumenta a los ocho millones en los últimos cursos del ciclo. “También estamos intentando universalizar el desarrollo infantil temprano. Hay países que ya lo han logrado, como es el caso de Cuba”, celebra. “Hay avances”, sentencia. Y cierra el folleto que le ha servido de hilo conductor.

Jugar a la evolución (3)

Los mosquitos que quizá salven millones de vidas humanas en el futuro viven en un sótano del sur de California al que únicamente tiene acceso un reducido grupo de personas. Detrás de dos pesadas puertas de acero, cada una de las cuales solo se pude abrir si la otra está cerrada, los insectos zumban en cubiletes para palomitas y se atiborran de sangre de gallina.

Se trata de mosquitos de la especie Anopheles stephensi. En India son considerados los principales transmisores de la malaria. Sin embargo, los insectos que viven en el exilio estadounidense han perdido esa capacidad. La causa es que el grupo de trabajo de Anthony James, de la Universidad de California en Irvine, les ha implantado dos genes que neutralizan los agentes patógenos de la enfermedad. Pero esto no es todo: si los insectos de los cubiletes se apareasen con mosquitos salvajes de su misma especie, los individuos de la siguiente generación tampoco podrían transmitir la malaria a los seres humanos. Y lo mismo ocurriría con sus descendientes, y con los descendientes de sus descendientes. Nunca más.

James tiene 65 años y ha dedicado casi toda su vida profesional a perseguir este objetivo. Conoce a fondo la genética de los mosquitos y ha sido el autor de las recombinaciones de material genético que impiden que estos insectos transmitan los parásitos causantes de la malaria. Sin embargo, para dar el último y definitivo paso —hacer extensiva esta característica a toda una población—, él y sus colaboradores han tenido que emplearse a fondo. Ninguno de sus intentos funcionaba como esperaban. Sin embargo, al investigador le ha llegado su oportunidad: el año pasado se descubrió un truco tan sencillo como efectivo que podría convertir a los mosquitos modificados genéticamente en una nueva alternativa en la lucha contra la enfermedad.

La técnica, denominada “genética dirigida”, otorga superpoderes a un gen por la vía de la herencia. Mientras que la reproducción sexual siempre da como resultado una combinación de los legados genéticos del padre y de la madre, con la genética dirigida se impone invariablemente el carácter manipulado. En el caso de los mosquitos de Anthony James, esto significa que, en teoría, una pareja de insectos modificados con esta técnica sería capaz de inmunizar contra los agentes patógenos de la malaria a toda una población de congéneres en el lapso de pocas generaciones sin más intervención del ser humano. Para el mosquito tigre, portador en potencia del dengue, la fiebre amarilla y el zika, también se están desarrollando impulsores genéticos. ¿Supone esto que ciertos problemas mundiales de salud se podrían solucionar liberando una pareja de mosquitos manipulados genéticamente?

Una de las razones por las cuales la idea es tan tentadora es que los buenos resultados de las demás medidas contra los mosquitos dependen de que la gente las ponga en práctica. Hay que fumigar con insecticida, eliminar el agua estancada en la que los insectos pueden poner sus huevos, dormir bajo una mosquitera impregnada, y hacerlo toda la vida, a diario y con regularidad. Precisamente por eso tantos intentos han fracasado. Bien la gente baja la guardia, bien los mosquitos se adaptan a los productos químicos empleados. En la actualidad, los insectos ya son resistentes a un buen número de agentes tóxicos.

Al parecer, el nuevo método es mucho más barato y eficaz que los insecticidas o que los mosquitos esterilizados por manipulación genética “normal”. En el caso de estos últimos, hace falta soltarlos repetidas veces en cantidades enormes para obtener resultados. Además, la técnica llega en un momento en el que la velocidad a la que se propaga el virus del zika está poniendo de manifiesto la vulnerabilidad a las enfermedades. En septiembre, la fundación de Bill Gates, creador de Microsoft, aumentó su subvención a la investigación de la genética dirigida de 40 a 75 millones de dólares. Gates cree que el procedimiento se podría aplicar en el plazo de dos años. “Tenemos la oportunidad al alcance de la mano. Solo hay que aprovecharla”, asegura el genetista Francis Collins, director de los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos.

Con la genética dirigida, los insectos modificados inmunizarían contra la malaria a la población de congéneres en pocas generaciones

Pero, ¿realmente deberíamos aprovecharla? Los insectos que diseminan libremente genes extraños en el entorno son una categoría muy diferente de los ratones genéticamente modificados, que jamás han salido del laboratorio. La genética dirigida juega con la evolución. ¿Qué ocurriría si la recombinación del ADN pasase involuntariamente a otras especies o se produjesen mutaciones accidentales que se propagasen por transmisión hereditaria acelerada y agravasen aún más la malaria? ¿A quién le corresponde decidir la utilización de seres vivos que no reconocen las fronteras? Los impulsores genéticos son como los males de la caja de Pandora: una vez han salido al mundo, ya no se pueden volver a encerrar.

La genética dirigida ha sido posible a raíz del descubrimiento en 2012 de la “tijera molecular” CRISPR/Cas9, que permite modificar las moléculas de ADN con una precisión imposible de alcanzar hasta el momento, o alcanzable solo por procedimientos muy costosos. La técnica, sin embargo, no se limita a eliminar o añadir genes individuales. Además, los científicos incorporan la herramienta CRISPR/Cas9 al genoma. Desde ese momento, el sistema rastrea como un sabueso cualquier versión original del gen modificado, por ejemplo, si en el apareamiento aparece una variante no deseada. Cas9 elimina ese segmento del ADN y las células lo sustituyen por una copia del gen manipulado. En teoría, por este procedimiento la reproducción genera exclusivamente células con los alelos esperados.

En el laboratorio de Anthony James, la transmisión hereditaria “turbo” ha dado resultados positivos en los mosquitos portadores de la malaria. Todavía hay que comprobar si los dos genes implantados realmente impiden la propagación del plasmodium, el agente patógeno de la enfermedad. En anteriores experimentos en los que no intervino la genética dirigida, el método funcionó.


Larvas de mosquitos anófeles manipuladas genéticamente en el laboratorio de la Universidad de California en Irvine.ampliar foto

Larvas de mosquitos anófeles manipuladas genéticamente en el laboratorio de la Universidad de California en Irvine. Spencer Powell

Pero la mayoría de las preguntas sobre los efectos de los mosquitos modificados mediante genética dirigida siguen sin responder. Es cierto que, en comparación con técnicas precedentes, CRISPR/Cas9 es una herramienta de edición genética más precisa. De todas maneras, a veces la tijera molecular corta por lugares imprevistos. Puede que los denominados “efectos fuera del objetivo” no tengan consecuencias, pero también cabe la posibilidad de que originen cambios totalmente imprevisibles en un mosquito modificado.

Por último, la capacidad de adaptación de estos insectos es enorme. Los mosquitos han desarrollado resistencia a casi todos los insecticidas. ¿Por qué no iban a volverse insensibles —ellos mismos o los agentes patógenos— a la manipulación genética dirigida? La legislación sobre liberación de organismos modificados genéticamente no contempla ni mucho menos todas las posibilidades del método. Aunque los mosquitos tarden el doble o el triple del tiempo anunciado por Gates en estar listos para entrar en acción, posiblemente todavía sea demasiado pronto para identificar todos los riesgos.

Debido a los peligros que comporta esta técnica, a pesar de la doble puerta de acero, en el laboratorio subterráneo de Anthony James ya no viven mosquitos tigre, portadores del dengue y el zika. El investigador los ha desterrado. La razón es que en California también son endémicos. Si uno de ellos se hubiese escapado, podría haber sobrevivido y procreado. “Es mejor investigar la genética dirigida aplicada a mosquitos tigre en otro sitio”, declara. “Por ejemplo, en Gran Bretaña no existe ese riesgo”.

Algunos investigadores de los pocos laboratorios del mundo que trabajan en genética dirigida son partidarios de medidas más radicales que los mosquitos inmunes a la malaria aunque sus riesgos sean difícilmente evaluables. Quieren exterminar las principales especies transmisoras de la enfermedad. En el Imperial College de Londres, los mosquitos anófeles han sido modificados mediante genética dirigida con el fin de que las hembras sean estériles. Los investigadores sostienen que es un método más seguro que la simple neutralización del virus, ya que la resistencia a la malaria podría acabar perdiéndose debido a las mutaciones.

El nuevo método es mucho más barato y eficaz que los insecticidas o que los mosquitos esterilizados por manipulación genética “normal”

A Anthony James el argumento no le convence: “Me parece muy poco probable que se pueda llegar a todos los mosquitos portadores de la malaria de una zona utilizando un mecanismo de aniquilación. Siempre quedarán algunos escondidos en algún sitio, y luego se multiplicarán con más virulencia”. Además, su modalidad de la genética dirigida, que únicamente frena el agente patógeno, no acabaría con ninguna especie del ecosistema, donde probablemente cumpla una función importante. De todas maneras, todavía hay que desarrollar mucho más los modelos informáticos que simulan los efectos sobre el medio ambiente antes de que sirvan realmente para evaluar los riesgos, objetan desde la Academia Nacional de Ciencias, un órgano asesor del Gobierno de Estados Unidos.

“La verdad es que tenemos un conocimiento exacto de los mosquitos y de su genoma completo, y podemos elaborar un método de genética dirigida que minimice los riesgos”, asegura James. Además, por lo general los insectos solo se mueven en un radio de unos 100 metros. Por lo tanto, si se liberase a uno de ellos en una aldea africana, no se multiplicaría como un rayo por el mundo, y aun en caso de que se difundiese, tardaría tiempo. Por eso, el investigador considera que muchos temores son excesivos.

Si los expertos aplican la genética dirigida, por ejemplo, a genes que solo están presentes en los mosquitos, su transmisión a otros organismos no tendría consecuencias. Por otra parte, la propia configuración de los impulsores genéticos ha evolucionado desde las primeras publicaciones científicas. Por ejemplo, el “turbomecanismo” que actúa sobre la herencia se puede sobrescribir introduciendo un segundo impulsor genético, que funciona como una especie de freno de emergencia para el anterior. Otro procedimiento, bautizado como “impulsor Margarita”, desactiva espontáneamente el impulsor genético al cabo de un tiempo. Sin embargo, Kevin Esvelt, bioquímico del Instituto de Tecnología de Massachusetts, afirma que “no se pueden anticipar todos los posibles riesgos de esta tecnología”.


Los mosquitos modificados por la técnica de la genética dirigida viven en los típicos cubiletes para palomitas.ampliar foto

Los mosquitos modificados por la técnica de la genética dirigida viven en los típicos cubiletes para palomitas. Spencer Powell

A fin de cuentas, la cuestión que se plantea es si no será éticamente discutible no utilizar esta técnica a la vista de los cientos de miles de muertes que se producen año tras año. “De todos modos, la pasividad acaba en muerte y sufrimiento”, es la reflexión de Anthony James. Sin embargo, en su opinión, deducir de ella el deber moral de poner en práctica el método le parece excesivo. Sin duda, para algunos de sus colegas esa es la situación, afirma el estadounidense. La Fundación Bill y Melinda Gates que, dada su condición de máximo donante privado, ejerce una enorme influencia en la política sanitaria, considera que la genética dirigida es ya una tecnología irrenunciable para erradicar la malaria. En octubre, el multimillonario indio Ratan Tata prometió 70 millones de dólares a los especialistas de la Universidad de California en San Diego para que la investiguen y formen en ella a biólogos indios.

Sin embargo, por mucho que reine el optimismo, la tecnología se encuentra aún en una fase embrionaria. La naturaleza, por su parte, sigue siendo impredecible, como pudo comprobar el propio James en México durante un experimento con mosquitos cuyo genoma había sido manipulado. Se suponía que los mosquitos macho genéticamente modificados —que por aquel entonces todavía no estaban equipados con el impulsor genético— engendrarían una progenie de hembras estériles. En el laboratorio había funcionado de maravilla y, al cabo de algunas semanas, las poblaciones se habían extinguido. Pero resultó que, en las grandes jaulas al aire libre y en condiciones climáticas reales, las hembras no tenían ningunas ganas de aparearse con los machos genéticamente modificados.

Tercer y último capítulo de capítulo de Mosquitos ve. Mankind, un proyecto de la autora para The European Journalism Centre

El seguro de salud crece por el temor a las listas de espera y la contratación de empresas

El seguro de salud está de enhorabuena. En 2016 logró 11,14 millones de clientes, un 3,43% más que el año anterior. Es el seguro que más crece desde el inicio de la crisis y la perspectiva es que siga haciéndolo. La prueba es que entran más jugadores al sector, como Línea Directa. La razón de esta pujanza es la percepción social del deterioro del sistema público de salud, reflejado en las listas de espera, así como el auge de los convenios de empresas que ofrecen estos productos a sus plantillas como parte de la remuneración. Una práctica que crece al hilo de la recuperación porque está muy valorado por los empleados.

En el último barómetro del CIS, de enero pasado, los encuestados afirmaron (en respuesta espontánea) que la sanidad era el tercer problema que “más les afectaba”, solo por detrás del paro y los problemas económicos, y más que la corrupción o los problemas de la educación. En la sociedad crece la percepción de que hay un “deterioro en la capacidad de los Gobiernos para financiar servicios públicos”, según apuntó Javier Murillo, consejero-director general de Segur Caixa Adelas, líder del sector, en enero pasado.

Los hábitos sociales están cambiando y la salud es un tema prioritario para muchos ciudadanos. Cada vez se demandan más y mejores servicios sanitarios y se busca que cuenten con más tecnología para mejorar los diagnósticos y los tratamientos. “El cuidado de la salud ha pasado de considerarse un lujo a verse como algo necesario”, explican en DKV.

Sube el número de clientes y la facturación en 2016

El sector ha facturado 7.975 millones en las primas, un 4,4% más, en 2016

Las compañías han pagado 5.752 millones en prestaciones, según los datos de ICEA, el servicio de estadísticas del sector.

El 68,6% de los asegurados son particulares (los más rentables para las aseguradoras) y el 31,4%, colectivos, es decir, trabajadores de empresas con seguro de salud. Este colectivo es el que más ha crecido en 2016, con un 6,62% de incremento, según ICEA.

Desde 2008 la facturación de salud ha crecido un 3,6% mientras que el resto de seguros de no vida han caído un 1,5%

Fernando Campos, director general de Cigna Salud, cree que “la calidad del sistema público de salud es buena y sigue siendo puntera, pero los ciudadanos perciben que sufre un deterioro lento y constante”. Los expertos del sector asegurador dicen que la población se queja de que la sanidad pública trata de evitar algunas pruebas diagnósticas costosas, restringe el acceso gratuito a las medicinas y las instalaciones se deterioran sin renovarlas.

Al mismo tiempo, las fuentes consultadas resaltan la calidad de los médicos de la Seguridad Social (que en buena parte son los mismos que en la medicina privada) y el buen trato que se recibe en el sistema público. DKV apunta que “en España la sanidad pública es de calidad y alcanza a todo el mundo, por lo que el crecimiento del seguro privado tiene más mérito. El seguro es muy barato para lo que ofrece”. Murillo añade que el incremento del negocio se debe a que la sanidad privada “está dando respuestas efectivas con unos servicios tecnológicamente avanzados, de calidad, asequibles y cada vez mejor valorados por los asegurados”. El hecho es que en 2016 el sector facturó 7.975 millones en primas, un 4,4% más.

El 20% de la población con seguro privado

Hay más razones que explican que alrededor del 20% de la población tenga seguro privado. Campos coincide en que tras este empuje está una mayor preocupación por el bienestar personal, así como por la relevancia que ahora tiene el cuidado del aspecto físico, por comer sano y por cuidarse.

Todo esto se manifiesta en el incremento de la medicina preventiva o el interés por hacerse pruebas genéticas que anticipen problemas futuros de salud. Estas inquietudes acercan a los ciudadanos a la sanidad privada, convencidos de que serán mejor atendidos que en la pública, apuntan los expertos. El 68,6% de los asegurados son particulares (los más rentables para las aseguradoras) y el 31,4%, colectivos, es decir, trabajadores de empresas con seguro de salud. Este colectivo es el que más ha crecido en 2016, un 6,62% de incremento, según ICEA.

Desde Sanitas, segunda compañía del sector, rebajan el optimismo de las cifras. “El crecimiento de este seguro en la crisis ha sido mucho menor que en la pre-crisis, aunque sí hemos visto que ha subido en el último año”. Sanitas no cree que “el posible deterioro de la sanidad pública pueda beneficiar al crecimiento del seguro de salud. Ambos sistemas son complementarios”.

Todos los directivos consultados coinciden en sanidad pública y privada se necesitan. Desde el lado privado recuerdan que la Seguridad Social no podría asumir la atención de los que van a hospitales privados; solo Adeslas dice haber realizado 30 millones de consultas médicas y 9,5 millones de pruebas diagnósticas en 2016.

Los seguros tampoco serían rentables si no existiera la sanidad universal. Lo reconoce Asisa, el tercer jugador, que apunta que “la sanidad privada tiene un reconocido prestigio” y se ofrece “a un precio razonable. Los ciudadanos que lo tienen contratado solo prescinden de él en situaciones críticas”. Este crecimiento atrae a más competidores: Línea Directa irrumpirá a mediados de año. “Defendemos que una familia que hoy no se plantea un seguro de salud, pueda acceder a él. Como hicimos en otros seguros, en salud daremos un servicio accesible y eficiente”. El sector está expectante, lo ven un jugador fuerte.

Un gran negocio en cuatro regiones

Aunque en su conjunto, las estadísticas oficiales dicen que algo más del 20% de la población tiene un seguro privado de salud, la disparidad geográfica es enorme. Este factor provoca que se incrementen los costes de los servicios públicos de salud de algunas Comunidades Autónomas con poca población en el servicio privado, algo que castiga sus cuentas.

Según la Memoria Social de Unespa de 2015, última disponible, en Madrid un 33% de la población tiene seguro de salud; el 28,3% de la población de Cataluña, el 28% de la de Baleares y el 21,4% del País Vasco.

A partir de ahí las cifras descienden, hasta llegar a regiones como Cantabria donde solo el 5,8% cuenta con estos seguros. Este producto se asocia a las regiones ricas, pero Navarra es una excepción porque solo el 6,7% tiene seguros privados, quizá por la indiscutida calidad del servicio público navarro.

La reforma sanitaria de Trump dejará sin cobertura a 24 millones de personas en 10 años

La reforma sanitaria de Donald Trump se ha quitado la careta. Su aplicación implicaría, según un estudio oficial, que 14 millones de personas queden sin seguro médico el año próximo y hasta 24 millones en una década. Este machetazo no solo pulveriza la promesa del presidente de Estados Unidos de garantizar la cobertura universal, sino que da nueva munición a los demócratas y dispara las dudas de numerosos republicanos moderados. Unos y otros, la oposición y los escépticos, podrían bloquear la aprobación de la ley y abrir la primera crisis parlamentaria de Trump.

El cálculo ha sido elaborado por la Oficina Presupuestaria del Congreso, un organismo no partidista y cuyos estudios gozan de crédito general. Nada más conocer sus conclusiones, la Casa Blanca manifestó su “vigoroso” desacuerdo e insistió en que el plan no reduce el perímetro de la cobertura. “Si el Obamacare es tan bueno, por qué se gastan los millones del contribuyente en darle vida. ¡MAL!”, tuiteó un irrefrenable Trump.

El informe analiza los costes del proyecto legislativo presentado la semana pasada por los republicanos en la Cámara de Representantes. La iniciativa tiene como fin enterrar la reforma del anterior presidente, el Obamacare, vigente desde 2010. Para ello elimina la obligación de contratar seguro médico, congela el desarrollo del programa para los más desfavorecidos (Medicaid) y acaba con el sistema impositivo que permitió la expansión de la red asistencial (20 millones de nuevos asegurados). Como contrapartida, favorece las desgravaciones fiscales en función de la edad.

A la luz del estudio oficial, la aplicación del plan conservador acarrearía una pérdida masiva de población atendida. El motivo sería tanto la fuga de usuarios ante retirada de las penalizaciones para quien no contrate un seguro, como el aumento de los precios de las pólizas: entre un 15% y un 20% más en los próximos dos años. Este drenaje del sistema sanitario permitiría reducir el déficit en 337.000 millones de dólares en una década, pero al coste de aumentar la población desprotegida y dificultar la entrada de los más desfavorecidos.

No es una conclusión nueva. Desde su presentación, las asociaciones médicas han advertido que el nuevo modelo implicará una peligrosa merma en la atención en un país donde 28 millones de personas aún carecen de cobertura (9% de la población). “La asistencia médica será más cara o totalmente inasequible para los más pobres.Que nadie se engañe, es un proyecto que reduce la atención a los más vulnerables”, afirmó la Asociación Americana de Hospitales. “La Oficina Presupuestaria del Congreso ha puesto el semáforo en rojo y ha mostrado lo vacías que son las promesas del presidente de que todo el mundo tendría cobertura y que los costes se reducirían”, dijo el líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer.

Los republicanos siempre han contestado que el objetivo no es ampliar hasta el infinito las coberturas sino mejorar la efectividad de las prestaciones. El argumento, persuasivo en la oposición, ha quedado malherido ante las cifras. Con menos asegurados, pólizas más altas y una enorme población desatendida, el informe solo ofrece como ventaja la reducción del déficit. Todo ello sitúa a los conservadores ante un dilema: el dinero o la salud.

Será Trump quien tenga que sacar a su partido del atolladero. Acuciado por el escándalo del espionaje ruso, el presidente puso fin a su ambigüedad y hace dos semanas tomó el liderazgo de la reforma sanitaria. El paso le dio aliento político en una mala encrucijada pero ahora amenaza con pasarle factura. Si la ley decae en las Cámaras, si la mayoría republicana falla por la deserción de los moderados, Trump tendría que asumir el golpe. El gran forjador de acuerdos, el multimillonario que da lecciones al mundo sobre cómo negociar, habría fracasado.

“No quiero pensar que mis hijos puedan quedarse huérfanos”

Gabriel y María de la Cruz duermen tranquilamente en sus cunas. Este martes cumplen su primer mes de vida y su madre, Mauricia Ibáñez, recuperada ya de la cesárea, los observa durante unos segundos en silencio. “Todo ha valido la pena”, sentencia inmediatamente tras levantar la vista de los niños: “Los errores, los enfados, la inseguridad…”. “Son un don. Son un regalo. Son un milagro”, repite esta exfuncionaria del Ministerio de Asuntos Exteriores, sentada en una habitación del pequeño hospital privado Recoletas de Burgos. Aquí, el pasado 14 febrero, dio a luz a los dos bebés. Y lo hizo pese a su avanzada edad: 64 años. Y tras someterse a un tratamiento de fecundación en Estados Unidos después de que la Junta de Castilla y León le retirara en 2014 la custodia de su primogénita por desamparo.

La noticia ha generado una enorme polémica. Por la edad de la madre, por la retirada de la custodia de la primera hija y porque Mauricia fue incapacitada laboralmente por un trastorno psicológico. El debate se ha abierto entre los que destacan el carácter de proeza científica al servicio del deseo y libertad de ser madre, y los que consideran que haber permitido este caso constituye una irresponsabilidad.

“He decidido volver a ser madre porque la experiencia de tener a Blanca, mi primera hija, fue tan estupenda que yo me planteé: ¿Y si puedo tener más?”, explica esta vecina de Palacios de la Sierra, un pequeño pueblo de apenas 750 habitantes a unos 70 kilómetros al sureste de Burgos. “Además, no me preocupa en absoluto la edad. Es cierto que soy mayor, pero ha sido posible quedarme embarazada. La ciencia y la medicina son la última oportunidad que tenemos las personas mayores”, subraya Ibáñez, que dio a luz a su primogénita con 58 años. “Un hombre de 65 años puede tener hijos perfectamente, pero lo que se cuestiona es que lo haga una mujer… ¿Por qué?”.

Las razones de la mujer

“Tuve a mi niña y ahora la vida me ha dado por segunda vez la oportunidad de tener otros dos hijos”.

“Cuando me quedé de nuevo embaraza, me decían: ‘¿Qué has hecho, Mauri?’. Y yo les respondía: ‘Lo que está hecho”.

“Este milagro se ha producido gracias a la ciencia y a la medicina”.

“En el pueblo me preguntaban por qué me habían quitado a la niña y yo no sabía que contestarles”.

Mauricia se siente juzgada por mucha gente desde hace “bastantes años”. Pero no le importa. Solo tiene ojos para sus hijos. “¿Pienso en que se pueden quedar huérfanos? Sí, pero no lo quiero pensar. Si hubiese pensado en ello, quizás no hubiese tomado la decisión”. Gabriel fue el primero en nacer. Vino al mundo a las 16.08 y pesó 2,240 kilos. Un minuto después, lo hizo María de la Cruz, con 2,200.

Descendiente de una familia adinerada —su padre era propietario de una empresa maderera—, cuenta que de joven “no estaba segura de querer ser madre”. “Estaba destinada fuera y viajaba mucho”. Fue hace una década cuando lo decidió. En ese momento ya se encontraba incapacitada laboralmente por un trastorno paranoide de personalidad. Y su hermana recurrió a los tribunales para intentar que la declararan en “estado de incapacidad total”, con el objetivo de que le retiraran el pasaporte y le prohibieran viajar al extranjero, donde había iniciado un tratamiento de fertilidad. Pero el juez rechazó la demanda después de que los psicólogos concluyeran que su estado “no le impide cuidarse de sí misma, ni cuidar de un niño”. “No le impide ejercer funciones maternales”, apostillaron los técnicos en sus informes.

Entonces, en 2011, nació Blanca. La niña vivió con ella en Palacios de la Sierra hasta que la Junta logró que un magistrado le retirara la custodia. Según recoge la sentencia de la Audiencia Nacional, los servicios sociales determinaron que la menor sufría “cierto aislamiento”, que residía en una casa “sin las condiciones higiénicas mínimas y saludables”, que “vestía de forma inadecuada” y que la madre no la había escolarizado “pese a las indicaciones realizadas por los profesionales”. Toda una serie de argumentos que rechaza Ibáñez. “¿Desamparada? Pero si yo estaba con ella siempre. Éramos uña y carne”, aclara la sexagenaria, antes de negar las acusaciones y afirmar que no mandó a la pequeña a la escuela porque “solo” tenía tres años: “Y en España no es obligatorio hasta los seis”.

Tras la decisión del Gobierno regional, la alcaldesa de Palacios intervino y envió una carta donde relataba que Mauricia contaba en el pueblo con el apoyo familiar suficiente para atender a su hija, que fue entregada por servicios sociales a una prima de la menor que reside en Canadá. “Fue terrible. Llegaron cuatro guardias civiles y me la arrancaron de los brazos. No puede ser que puedan venir a tu casa a llevarse a tus hijos. O haces lo que los servicios sociales dicen o se llevan a tu hija”, denuncia la madre.

¿Teme que le retiren ahora la custodia de Gabriel y María de la Cruz? “Claro que me preocupa que me puedan quitar a los niños. Los ves tan indefensos, tan delicaditos… Tengo un poco de miedo por ellos. Solo le pido a Dios que no caigan en manos de los servicios sociales”, responde Ibáñez, que durante un año y medio estuvo trasladándose a Estados Unidos para someterse a este último tratamiento de fertilidad. En total, cuatro viajes de ida y vuelta. “He tenido que salir fuera. A un país donde las clínicas no ponen límite de edad”.