¿El yoga adelgaza?

Usted está sobre la esterilla haciendo sus asanas (las posturas de yoga). Todo fluye lento, ni se desplaza ni pega saltos. Incluso puede que haya dejado la mente en blanco. Pero su corazón se ha acelerado como si estuviera subiendo una montaña. ¿A son de qué? “La alternancia de contracción y estiramiento de los músculos aumenta el flujo sanguíneo e incrementa por ello el ritmo cardíaco a través de la compresión y expansión de las venas”, explica Macarena Cutillas, directora de Californian Hot Yoga, y maestra del estilo vinyasa. “Si además lo practicamos en una sala caldeada a 42⁰, como el hot yoga o bikram, la frecuencia cardíaca será superior: no solo hay que hacer frente a las demandas musculares, sino también a la refrigeración corporal”, previene. Usted sudará más y su pulso se acelerará más. No se alarme, la cosa no llega a taquicardia y es muy improbable que ese ajetreo cardíaco acabe en drama. “Cualquier postura en la que separemos los brazos o las piernas del tronco obliga al corazón a bombear más sangre. Sucede, por ejemplo, cuando levantamos los brazos por encima de la cabeza y juntamos las palmas. También, cuando situamos el corazón por debajo del resto del cuerpo porque le obligamos a bombear la sangre desde una posición de desventaja. Lo notamos, por ejemplo, en el arco en el suelo (postura: tumbados bocabajo levantamos los gemelos y agarramos los talones con las manos)”.

Llegado a este punto de agitación de su músculo cardíaco puede que usted se plantee si su clase de yoga cuenta como actividad cardiovascular. Pues todo dependerá del tipo de disciplina que siga. Si es muy estático, hará poca cosa. En cambio, si es más vigoroso, como el vinyasa o el power flow, irá bien encaminado. La clave la da el American College of Sports Medicine. Según este organismo, encargado de llevar la voz cantante a la hora de marcar las pautas en la medicina deportiva, se considera fitness cardiovascular aquella actividad que lleva a un sujeto a desarrollar entre el 65% y el 90% de su rimo cardíaco máximo, que dura al menos 20 minutos e involucra a grandes grupos musculares y se realiza de tres a cinco días a la semana.

“La alternancia de contracción y estiramiento de los músculos aumenta el flujo sanguíneo e incrementa con ello el ritmo cardíaco a través de la compresión y la expansión de las venas” (Macarena Cutillas, maestra de yoga)

El profesor Juan del Coso, responsable del laboratorio de Fisiología del Ejercicio de la Universidad Camilo José Cela, apunta: “Una persona sana tiene entre 60 y 80 latidos por minuto en reposo. Al realizar cualquier tipo de actividad se acelerará para satisfacer las demandas energéticas que se producen en los músculos. En este sentido, el yoga sí es en cierto modo una modalidad de fitness cardiorespiratorio suave. Ahora bien, siempre debe considerarse como una práctica complementaria, nunca como única actividad, ya que rara vez se van a superar las 100 pulsaciones por minuto”.

Menos lesiones

Si en su primera sesión nota que el corazón le late como una locomotora desbocada, pero un par de meses después empieza a doblarse como un junco en medio de un llevadero trajín cardiovascular, enhorabuena. Su músculo cardíaco empieza a ponerse a tono y necesita latir menos para bombear la misma cantidad de sangre. Además, estará ganando flexibilidad, una cualidad que escasea en la musculatura occidental. Del Coso apunta otra ventaja de practicar yoga: “Dado que el estrés cardíaco es limitado, las posibilidades de sufrir un infarto en una persona sana son también remotas”. Entonces, ¿no hay ningún riesgo? Como con las meigas, haylos. “Al no haber impacto ni contacto físico, la prevalencia de las lesiones es inferior a la de otras modalidades deportivas”. Dicho esto, practicarlo en el salón de casa con un DVD sin tener ninguna noción, puede acabar mal. Así lo corrobora el estudio Epidemiology of yoga-related injuries in Canada: el 73% de los osados sufrió algún daño articular, sobre todo, esguinces (34%) y lesiones de distinto grado en las extremidades inferiores (42%).

Cero estrés

¿Por qué ayuda a relajarse? “En el yoga o la meditación predomina la respuesta del sistema parasimpático [gestiona los estados de calma], se reduce la presencia de adrenalina y cortisol y como resultado llega esa ansiada relajación”, explica Tomás Fernández, jefe de la Unidad de Medicina Deportiva de la Clínica Cemtro. Mili Lazcano, instructora en Shambala Yoga Urbano, añade: “Al concentrarnos en cada inhalación y espiración calmamos la mente y conectamos con nosotros mismos”. Lo que Buda da por hecho, lo demuestran la neuropsicóloga Shirley Telles y científicos de Patanjali Research Foundation y del Instituto de Ciencias Médicas de Nueva Delhi: si al hacer yoga uno se concentra en la respiración o entra en un estado de meditación puede bajar hasta 19,6 pulsaciones por minuto. Y, de paso, barrer las reacciones vinculadas al estrés y la ansiedad. De ahí que Cesáreo Fernández Alonso, del Servicio de Urgencias del Hospital San Carlos, en el Libro de la salud cardiovascular (Fundación BBVA), señale que para que el estrés no acabe malogrando el corazón, además de tomar fármacos, no está de más apuntarse a técnicas de relajación, meditación o yoga.

Pero, ¿adelgaza o no adelgaza?

Es posible que a mitad de la clase su gurú diga (siempre hablan de tú a tú) aquello de “nota cómo masajeas tus intestinos, tu hígado, tu estómago”. ¿Sabe por qué? “Cada ‘asana’ afecta a un meridiano diferente (un canal por el que circula la energía o ‘prana’ hacia un determinado sector de órganos). Por ejemplo, en ‘anahatasana’, o ‘postura que derrite el corazón’, ese estiramiento suave del pecho beneficia los meridianos del corazón y el pulmón”, explica Lazcano. En otras palabras, usted se pasa todo el día hecho un siete en su despacho y la sangre le fluye como buenamente puede. “Al retorcernos, creamos ‘torniquetes’ por todo el cuerpo. Al soltar, la circulación fluye con fuerza irrigando lugares a los que no estaba llegando bien, y con sangre bien oxigenada (de ahí la matraca de los profesores con la respiración)”. Recuerde: masajear los intestinos favorece su regularidad. Pero no se esfumarán sus kilos de más. La Universidad de Harvard cifra que en una hora de hatha yoga una persona de 70 kilos quema unas 298 kilocalorías frente a las 600 que gasta pedaleando en ese mismo tiempo. “La actividad muscular del yoga es superior a la del reposo, pero siempre dentro de un rango bajo. Para perder toca recurrir a actividades de mayor gasto energético como el ciclismo, natación o correr”, apunta Del Coso. El yoga, añade, será un excelente complemento porque ayuda a estirar los músculos que en esos otros deportes suelen ir contraídos, mejora la oxigenación y contribuye a la concentración. Otra cosa es que al introducirse en esta disciplina se adopten hábitos de alimentación saludable (el mindful eating está muy vinculado a la relajación y la meditación) y menos calórica, y esto sí lleve a una reducción de peso”, matiza Del Coso. Tampoco tire la toalla: unas asanas al día le ayudarán a tonificar y esculpir los músculos.

 

Una epidemia (más) que sufren las mujeres

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Quizá usted no sepa que hasta 15 de cada 100 madres se deprimen antes o después del parto, una proporción cinco puntos mayor que en la población femenina en general. Que una de cada cuatro muertes de mujeres en el periodo que sigue al momento en que nace su hijo tiene que ver con problemas mentales. Que los bebés de madres deprimidas tendrán problemas.

La psicóloga María de la Fe Rodríguez-Muñoz, profesora de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) dentro del departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico, tenía estos datos en la cabeza y junto a su colega María Eugenia Olivares, psicóloga en el servicio de Ginecología del Hospital Clínico de Madrid y la ginecóloga del mismo centro Nuria Izquierdo, se plantearon como evitar esa epidemia llamada depresión perinatal. Un hachazo en una época crítica, la de traer un hijo al mundo, muy frecuentemente no diagnosticada (hasta en un 65% de los casos), y con graves consecuencias.

“Queríamos hacer un cribado durante el primer trimestre del embarazo para detectar el riesgo de que esas mujeres se deprimieran ”, dice Rodríguez-Muñoz. Se les pasó un cuestionario cuando iban a someterse a la primera ecografía. “Entre 445 gestantes, Identificamos a las embarazadas que tenían riesgo medio de padecer depresión, porque a las de alto riesgo las derivamos directamente a Salud Mental. Trabajamos con 15 de ellas en grupo con técnicas congnitivo-conductuales ”, detalla Izquierdo. ¿El resultado? “Ninguna se deprimió, según nuestro seguimiento, tanto a los tres meses después del parto como a los seis”.

Un experimento de la universidad de Massachusets en el que se comprueba como la actitud y gestualidad de la madre influye sobre el estado anímico del bebé.

Olivares recalca la importancia de la detección precoz de las mujeres en situación de riesgo para prevenir una enfermedad dolorosísima para ellas y con consecuencias para sus hijos. “Se hacen cribados de riesgo de diabetes o de alteraciones cromosómicas cuando la frecuencia es menor”, observa. Por ejemplo, la diabetes gestacional tiene una prevalencia de entre el 7% y el 14%. ¿Cuáles serían las razones de esa escasa atención a una enfermedad grave?. Responde la psicóloga Rodríguez-Muñoz: “Puede haber varias razones, que el embarazo y el postparto se entiende como algo ‘maravilloso’ por lo que no se espera que las mujeres puedan sentirse mal; y que en general no existe un interés por los aspectos psicológicos y si por los aspectos médicos. En este sentido la visión de la salud es todavía muy biológica. Finalmente, por falta de recursos”.

Su compañera Olivares explica otro hallazgo interesante. En la literatura científica, en estudios mayoritariamente realizados en Estados Unidos, se asocia la depresión puerperal a mujeres con bajo nivel educativo y socioeconómico, sin apoyo familiar o de sus parejas. “Sin embargo, el grupo de nuestras gestantes con riesgo de padecer depresión son mayoritariamente universitarias, más mayores y en mayor medida embarazadas mediante técnicas de fertilización”, observa Olivares. Es decir, un perfil radicalmente distinto, con mujeres informadas, formadas, apoyadas por sus parejas y con una actitud activa para conseguir el embarazo.

En cuanto a los niños, son muy sensibles a la interactuación con las madres y a su estado emocional. “Los hijos de mujeres que experimentan depresión posparto tienen problemas”, dice la ginecologa. Las investigaciones señalan que ”los bebés se vuelven menos reactivos, evitan la mirada y presentan un menor número de destrezas durante el tiempo en el que está interactuado con sus madres”, observan las investigadoras en un artículo publicado en la revista científica Clínica y Salud. “Se ha identificado que los hijos de madres deprimidas tienen un peor rendimiento durante su escolarización e incluso dificultades sociales a largo plazo”.

Lo que desean las tres expertas, después de esa experiencia tan positiva cuyos resultados se han presentado en un congreso, es obtener financiación para valorar distintos instrumentos de evaluación, extender el cribado de las mujeres, e identificar y actuar antes de la llegada del cuadro depresivo.

Arrastrada por el insomnio, metida en una rutina en la que no existía el descanso, “tampoco sabía delegar”, dice, Cristina fue al médico. “Me habló del baby blue, me puso los pies en la tierra. Me dijo que dejara al bebé un rato y me obligara a descansar”. Un ansiolítico la ayudó a superar ese primer mes. Después, todo comenzó a mejorar.

Juicio contra el curandero del joven que murió tras abandonar la quimio

En julio de 2013, Mario Rodríguez falleció por una leucemia cuando tenía 21 años. Durante un tiempo, Mario estuvo compatibilizando la quimioterapia, el tratamiento aconsejado por sus médicos, con unos remedios que le recomendaba José Ramón Llorente, quien se presentaba como médico naturista. Meses antes de morir, Mario eligió abandonar la quimio, de la que desconfiaba. Desde entonces, su padre Julián inició una cruzada para evitar que haya más enfermos a los que les “coman el tarro” con la esperanza de curarse con terapias alternativas que no les pueden curar.

“No hay duda: el investigado desplegó una praxis propia de un médico, sin serlo”, aseguran los magistrados

Fundó una asociación para proteger a los enfermos “de los mensajes de estos estafadores” y denunció a Llorente porque, según Julián Rodríguez, las autoridades sanitarias no hacían nada. Ahora, la Audiencia Provincial de Valencia le da la razón: el “médico naturista” debe ser juzgado “como mínimo” por intrusismo profesional, “con atentado grave contra la salud pública, en general, y daño irreversible al joven Mario en particular”.

Para la Audiencia, ha quedado acreditado que Llorente se presentaba públicamente como médico, aunque con el adjetivo de naturista continuación. “Le prescribía a Mario un tratamiento que decía ser contra el cáncer, que interfería en su recuperación, por llevar algunos elementos contraproducentes, como hongos o alcohol, o imponía su autorización y visto bueno a los pasos del tratamiento médico auténtico que precisaba Mario por su leucemia, pautándole personalmente el programa de su tratamiento, ajustándole la medicación”, explican los magistrados.

“No hay duda: el investigado desplegó una praxis propia de un médico, sin serlo”, asegura el tribunal, que rechaza así la decisión del juez instructor, que había archivado en dos ocasiones la causa contra Llorente. Esta vez, el juzgado de instrucción ha hecho suyos los argumentos del auto de la Audiencia Provincial y ha incoado el procedimiento para la apertura de juicio oral contra Llorente; basta con que los abogados de Rodríguez presenten escrito de acusación para que el imputado se siente en el banquillo.

Para la Audiencia, ha quedado acreditado que  “le prescribía a Mario un ‘tratamiento’ que decía ser contra el cáncer, que interfería en su recuperación”

Julián Rodríguez, que impulsó la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (APETP), se muestra esperanzado por lo que pueda suponer este juicio: “Ojalá sea un comienzo para que estas cosas dejen de pasar”.

Precisamente, ese es uno de los motivos por los que la Audiencia considera que se debe juzgar a Llorente, para que no “se sienta legitimado judicialmente para proseguir con tan peligrosa actividad”. Según explica en su auto, el curandero figura como “experto en medicina que aborda el cáncer” y aparece en vídeos en internet “hablando con terminología de apariencia médica del cáncer, de su más ventajoso tratamiento con vitaminas, frente a la quimioterapia”. En uno de ellos aparece en un despacho junto a un logo “Hospital Aquarius”, dando la apariencia de que actúa como médico, denuncian los magistrados, cuando carece de titulación.

Ante las denuncias de Rodríguez, la Sanidad valenciana hizo que Llorente retirara la placa de “medicina naturista”, que el denunciado cambió por otra que reza “Centro de Terapias Naturales”.

Los magistrados de la Audiencia creen que se dan los elementos del delito de intrusismo y citan una sentencia de 2005 del Tribunal Supremo: de nada sirve alegar que se dedica a una medicina alternativa, fuera de la medicina convencional que se enseña en las universidades. “Si el que ejecuta cualquiera de estas técnicas (de la supuesta medicina alternativa), antes de aplicarlas, practica exploraciones o reconocimientos clínicos, diagnóstico, pronóstico y decide una terapia determinada está incidiendo las funciones de la Medicina”, indicó el Supremo. Para la Audiencia, lo relevante penalmente es la “actuación de una praxis propia de un médico aunque no se atribuye a tal condición ni hubiera engaño al respecto entre los pacientes”.

Los testigos confirman la intromisión

El delito de intrusismo profesional tiene dos consideraciones en el Código Penal. La mínima se refiere a ejercer actos propios de una profesión sin poseer el correspondiente título, que en este caso sería actuar como médico sin la titulación. En ese caso la pena es de multa de seis hasta 24 meses. La figura agravada se produce si el culpable, además, se atribuye públicamente la cualidad de profesional. En este caso, la pena es de prisión de seis meses a dos años.

La Audiencia considera que se le debe juzgar para que no “se sienta legitimado judicialmente para proseguir con tan peligrosa actividad”

Además del intrusismo profesional, los magistrados creen que también puede ser relevante cómo los consejos de Llorente influyeron en el joven mientras se trataba con la quimio y en el momento de decidir abandonarla. Los médicos de Mario explicaron que los preparados pseudocientíficos que le daba Llorente incluían elementos contraindicados con la quimioterapia, como alcohol y hongos. En el auto se explica que los amigos de Mario declararon que el joven fallecido les dijo que el investigado le aseguró que “el tratamiento médico oficial no le iba a funcionar, que siguiera el suyo, y que le mandaba ‘pastillas de brocolí’ (sic)”. Además, la hematóloga del joven aseguró que Mario le advirtió de “que su médico naturista le iba a ajustar la medicación”.

Ni Llorente ni su abogado han querido contestar a las preguntas de este periódico, aunque el acusado reclamó que se respete su presunción de inocencia. Hace un año, Llorente aseguró a Materia que “si se equivocó [Mario], se equivocó él”. “No curo enfermedades, capacitamos al organismo para potenciar su recuperación. Y si se cura del cáncer, perfecto”, decía entonces este curandero, presidente de la Asociación Española de Nutrición Ortomolecular, una pseudociencia que carece de fundamento para curar enfermedades.

Consultado por este periódico, el abogado especialista en derecho sanitario Fernando Abellán encuentra paralelismos entre este caso y el del famoso Bio-Bac. Se trató de un falso remedio comercializado como antitumoral aunque no tenía ninguna capacidad curativa. “Los responsables del negocio del Bio-Bac fueron absueltos del delito contra la salud pública porque era inocuo”, recuerda Abellán, que reconoce que en aquel caso no se podía acusar de intrusismo a los acusados. “La clave sería poder demostrar que los productos que le daban al joven le causaron daño”, dice el abogado, que no tiene ninguna relación con este caso. Y añade: “En este caso se podría hablar también del daño moral causado por la pérdida de oportunidad, por el tiempo perdido sin usar las terapias validadas”.

A los niños sí les gusta leer

Si a usted le preguntaran si cree que a los niños españoles les gusta leer, ¿qué contestaría de buenas a primeras? Quizá la respuesta sería negativa o, al menos, una mueca de duda manifiesta. Porque con el día a día que tienen nuestros hijos, con mochilas llenas de textos y libros impuestos por su centro escolar (que no siempre son atractivos para ellos), cuya lectura será luego evaluada, nos resulta difícil que aún tengan la cabeza para leer por placer. Si a eso sumamos que en sus ratos de ocio (e incluso en los de estudio) los vemos seducidos e inmersos en un mundo repleto de propuestas audiovisuales, nuevas tecnologías e innovadores dispositivos y programas que muchas veces ni nosotros sabemos usar, el panorama lector se nos vuelve aún más complejo. Esto, sin olvidar las tardes llenas de deberes escolares y actividades, tras las cuales parece imposible que queden fuerzas, tiempo y ganas para mirar más allá de la primera página de un libro.

Lectores frecuentes

Sin embargo, contra todo pronóstico y titulares fatalistas, leer no es una práctica tan inusual como pensamos en nuestros hijos, sino por el contrario, leen y muy a gusto. Sí, sí leen. Lo que pasa es que puede que ya no lo hagan en el formato tradicional o lean menos a los clásicos, con los que tanto disfrutábamos cuando los padres teníamos su edad (no hace tanto, ¿eh?). Los pequeños han generado una alianza envidiable de los formatos tradicionales con las nuevas tecnologías, las que usan a su favor y con las que han aumentado su cuota lectora. Pero, si nos centramos solo en los libros impresos, seguimos con la buena noticia. Según el informe Hábitos de lectura y compra de libros en España 2012 (habitualmente llamado Barómetro), desarrollado por Conecta para la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), el 77,2% de los niños de entre 10 y 13 años es un lector frecuente, esto es, que lee todos o casi todos los días o, al menos, una o dos veces por semana, en su tiempo libre. Este dato posiciona a los niños y jóvenes como la franja etaria con mayor porcentaje y frecuencia lectora. De hecho, leen más que los adultos, ya que según los datos de Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), cerca del 37% de los españoles no lee libros nunca o casi nunca.

Los padres, la mejor influencia lectora

Las estadísticas van bien encaminadas en los niños de entre 10 y 13 años, pero ¿en qué situación está España con respecto a la lectura de los niños más pequeños? Teresa Colomer, directora del departamento de Didáctica de la lengua, de la literatura y de las Ciencias Sociales y del Máster Internacional en Libros y literatura infantil y juvenil (GRETEL), de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), señala que “no tenemos datos reales de la lectura de la población de menores de 10 años, pero las encuestas parciales indican una lectura bastante asidua y placentera”. Y esa es la idea: leer por placer.

“Hay que pensar -continúa Colomer- que en los más pequeños, la lectura en familia y en la escuela primaria se ha convertido en algo frecuente en las últimas décadas, pero el punto clave para saber si esa práctica se ha convertido en hábito es cuando se trata ya de lectura autónoma y en espacios no escolares”. En España, la lectura es una práctica ya asentada en la rutina familiar, como lo confirma el Barómetro de la FGEE, que indica que en el 80,5% de los hogares con niños menores de 6 años, los padres o algún miembro de la familia leen a los más pequeños y que un 90,7% les ha regalado libros a sus hijos.

Por eso, la participación de los padres parece ser bastante decisiva a la hora de promover el amor por los libros. De hecho, hace un par de años, la Academia Americana de Pediatría recomendaba oficialmente a los padres que leyeran en voz alta a sus hijos desde la primera infancia para fomentar su desarrollo cognitivo. Y empezar desde el nacimiento (o antes) a trastear con los libros puede tener unas buenas repercusiones en la formación de futuros lectores. Por otro lado, una investigación publicada en una edición de The Journal of Educational Research concluyó que a mayor implicación de los padres en la lectura, los niños demostraban mayor interés y curiosidad por los libros y el hábito de leer.

Consejos para que sus hijos disfruten leyendo

Ana Garralón, especialista en libros para niños, conferenciante, librera y Premio Nacional de Fomento a la Lectura 2016, nos aconseja cómo animar a nuestros hijos a leer por mero placer.

1. Padres lectores, hijos imitadores. Si los niños ven a sus padres leer, es un buen incentivo para ellos hacer lo mismo. Déjese ver leyendo. No importa qué tipo de lectura sea: un periódico, una revista, un libro. Todo suma a la hora de promover el acto de leer. Comparta también sus propias lecturas y las emociones que ellas le están produciendo en tiempo real.

2. Ellos eligen sus libros. Si ellos deciden, la lectura será más fácil, porque se trata de su propia selección de contenidos. Y si usted lo ha leído, comentarle su opinión es muy positivo. Como en todo, a veces, se equivocarán, optarán por alguno por impulso, por su portada o la reseña. Sin embargo, otras veces se enorgullecerían (y nosotros con ellos) de haber descubierto un nuevo título, un nuevo autor, un nuevo género, un nuevo mundo…

3. A veces, eligen los adultos. Los niños están menos expuestos a la información sobre los libros. Es válido que los padres compremos los libros que nos parezca pueden enriquecer la biblioteca de nuestro hijo.

4. Permitido tocar los libros. Estos se tocan, se abren, se miran, se huelen, se calcula el peso, se tienta el volumen. Hay que recorrerlos, saltar de uno a otro y no importa cuántos toqueteemos en el intento si finalmente encontramos el nuestro.

5. Repetir sabe bien. Los niños encuentran en las librerías o en las ferias, libros que ya han leído en casa, la biblioteca o el colegio. Y cuando los ven en el mostrador les embarga una gran alegría porque se trata de un momento de conexión.

6. Respetar las regresiones. Los pequeños, a veces pasan por momentos de desánimo en su proceso de lectura y necesitan libros más fáciles. A los adultos nos pasa lo mismo: si estamos cansados o llegamos de un largo viaje o, simplemente no estamos de humor, recurrimos a lecturas más ligeras. ¿Por qué negárselo a los niños? No pasa nada si lee algo por debajo de su nivel. Ya regresará al suyo cuando se sienta más motivado y seguro.

7. Interesarse sin juzgar. Un error que a veces cometemos los adultos es hacer un juicio de valor de las lecturas que los niños eligen. Es importante supervisar los contenidos, pero sin despreciarlos porque eso puede derivar en alejarlos más que acercarlos a los libros y al comentario en familia. La comunicación que resulta entre cada persona y un libro es única y personal, se da en el territorio íntimo, por lo que debemos confiar en lo que les guste a nuestros hijos, aun cuando a nosotros nos diga poco o absolutamente nada.

8. Asociar la lectura con momentos positivos. Regalar libros en cumpleaños o en Reyes, en ocasiones especiales o plantear una actividad en la biblioteca o alrededor del libro es una forma de asimilar el libro con un objeto agradable y sorprendente.

Ortega Cano, hospitalizado por problemas cardiacos

El torero José Ortega Cano, de 63 años, se encuentra ingresado en el Hospital Universitario Montepríncipe de la capital madrileña debido a unas dolencias cardíacas que ya padecía desde hace años, pero que se han agravado en estas últimas horas. Su pareja, Ana María Aldón, ha asegurado que el torero “está tranquilo” y que los médicos “están valorando” su situación.

El torero pasa por un momento delicado. Su hijo José Fernando ha ingresado en prisión por incumplir una orden de alejamiento de su exnovia Michu. Su hija Gloria Camila, acompañada de su novio Kiko Jiménez, también se ha desplazado al centro para acompañarle.

También su hermano Aniceto y su esposa Mari Carmen acudieron al hospital a visitarle y se hicieron cargo del pequeño José María, hijo de Ortega Cano y Ana María Aldón.

Veganismo: un estilo de vida sostenible

Por Estefanía Lozano, impulsora de la Veggie World

Hoy en día es innegable la capacidad que tenemos todos y todas de convertirnos en agentes del cambio. Es tan sencillo como elegir ser consumidores responsables. Nuestras decisiones a la hora de comprar influyen en la forma de producción. La misma ley de oferta y demanda que acaba con los recursos de nuestro planeta es la que puede reparar los daños, si escogemos de manera ética los productos que consumimos (o dejamos de consumir).

Sustituir el consumo de productos de origen animal por otros de origen vegetal es una de las formas más eficaces de conseguir un mundo más sostenible y justo. Hace ya más de 10 años la FAO publicaba “La larga sombra del ganado”, un informe donde se señalaba la imperiosa necesidad de disminuir drásticamente el consumo de carne, a fin de reducir nuestra huella ecológica. En 2009, la FAO publicó otro estudio en el que indicaba que la actividad ganadera producía el 14.5% de los gases de efecto invernadero vertidos a la atmósfera. Cuatro años después, informaba de que más del 70% de las tierras agrícolas se utilizaban para el pastoreo y para el cultivo de alimentos para el ganado en todo el mundo.

En definitiva, la producción pecuaria era y es uno de los principales agentes de la deforestación, la contaminación del agua y de la atmósfera, la pérdida de biodiversidad, el calentamiento global y un largo etcétera. La ONU reforzaba estos datos publicando, en 2014, un informe en el que afirmaba que “Un cambio global hacia una dieta vegana es vital para salvar al mundo del hambre, la escasez de combustible y los peores impactos del cambio climático”.

Más apabullantes que los datos sobre el impacto medioambiental del consumo de carne, son los de las vidas truncadas. Las cifras más recientes del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente son escalofriantes. Tan solo entre enero y octubre de 2016, fueron sacrificados en los mataderos españoles más de 39,5 millones de cerdos, 7,4 millones de corderos y 553 millones de pollos. Más allá del número de muertes, hay que tener en cuenta las horribles condiciones en las que viven los animales destinados al consumo humano. Cerdos hacinados que mueren por asfixia, gallinas cuyos picos son cortados para evitar que se automutilen debido al estrés, lechones a los que les cortan el rabo y los dientes nada más nacer… Con esta información, parece evidente afirmar que la ganadería industrial es la causa número uno del maltrato animal en todo el mundo.

Gracias tanto a estos informes oficiales como a la incansable labor de asociaciones por los derechos de los animales, mostrando las horribles prácticas de la ganadería industrial, cada vez más personas adoptan un estilo de vida vegano o, al menos, reducen el consumo de productos de origen animal. Según un reciente estudio de la consultora Lantern, actualmente en España el 7.8% de la población es veggie (vegana, vegetariana o flexitariana). Esta evolución también se ve reflejada en el número de negocios que se adaptan a esta nueva ética de consumo. Por ello, tan solo en nuestro país, el número de restaurantes 100% vegetarianos se ha duplicado en los últimos 5 años.

Esta revolución no contempla solo la alimentación, también abarca el mundo de la cosmética y la moda. En cosméticala preocupación ya no solo se queda en la lucha contra el testado en animales, sino que cada vez más marcas apuestan por unos productos 100% vegetales y sostenibles. Se dejan de utilizar ingredientes que antes pasaban desapercibidos, como la lanolina, la cera de abejas, la elastina y la cochinilla y se cambian las brochas de pelo animal por las de pelo sintético. En cuanto a la moda, cada vez más marcas se posicionan contra el uso de materiales como las pieles, el cuero, la lana y la seda, y buscan alternativas más respetuosas con los animales, como el lino, el cáñamo, la seda de soja, etc. Cada vez se invierte más en la creación de nuevas fibras de alta calidad, fabricadas a partir de plantas. Algunos ejemplos son el piñatex, un material hecho a partir de las fibras de las hojas de la piña, o el muskin, conocida como la piel vegana y hecha con hongos.

Otra de las señales del creciente interés por llevar una vida más respetuosa con el medio ambiente y con los animales es la llegada a España de la VeggieWorld, la feria del estilo de vida vegano más grande y antigua de Europa. Este evento es uno de los primeros proyectos de ProVeg, una nueva organización internacional provegana para la conciencia alimentaria cuya misión es reducir el consumo de animales en un 50% hasta el año 2040. En la VeggieWorld, que se celebra el 1 y 2 de abril en La Cúpula, parte superior del centro comercial Arenas de Barcelona, los visitantes podrán descubrir multitud de productos e innovaciones en las áreas de alimentación, moda y cosmética, así como asistir a actividades, showcookings y charlas sobre diversos temas relacionados con el veganismo y los derechos de los animales.

Visitar la VeggieWorld, independientemente del estilo de vida o de alimentación que uno lleve, es una fantástica oportunidad de dar un paso hacia un consumo responsable. Un consumo que ayude a crear un mundo más sostenible para los animales, las personas y el planeta. ¿Te animas?

¿Tengo derecho a comer?

Lástima, indignación y, a la vez, tranquilidad. Los tres sentimientos se debaten en el interior de millones de europeos cuando ven en películas o series como las exitosas House o Anatomía de Grey cómo una familia estadounidense se arruina por pagar el tratamiento de una enfermedad, o directamente no puede costear la cura. Lástima por el drama humano, indignación porque no se garantice lo que los ciudadanos de la Unión Europea tienen interiorizado como un derecho fundamental la atención sanitaria y tranquilidad, por tener la certeza de que a ellos, bajo el paraguas del bienestar comunitario, no les podría ocurrir algo parecido.

Y, por ahora con las salvedades que se quieran añadir— es así. La atención sanitaria, como la educación, son derechos reconocidos en la mayoría de las constituciones, regulados por leyes, y que los europeos pueden reclamar ante los tribunales en caso de que se les niegue. Pero lo que muchos europeos ignoran es que hay otra necesidad, más básica si cabe que las anteriores, ante la que están bastante más descubiertos: comer.

“No hay ningún país de la UE, ¡ninguno! que incluya expresamente el derecho a la alimentación en su marco legal”, se lamenta José Luis Vivero Pol, experimentado activista contra el hambre e investigador de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica). Pese a que todos los Estados miembros han ratificado un pacto internacional por el que se comprometen a asegurar el derecho de toda persona a “un nivel de vida adecuado para sí y su familia, incluso alimentación, vestido y vivienda adecuados”, ninguno lo ha desarrollado internamente, a diferencia de la enseñanza o la sanidad.

En Europa hay un miedo sociológico con la palabra hambre

José Luis Vivero Pol

Es probable que a ese mismo ciudadano europeo que da por sentado que le atenderán si enferma, no le preocupe este punto. Quizá porque piense que el hambre o la malnutrición, en cualquiera de sus formas— es cosa de otros continentes, un mal del que él y sus vecinos se encuentran a salvo.

Pero claro que hay hambre en Europa“, sentencia Lucía Lucchini, la encargada del comedor social de la Comunidad de San Egidio, en Roma (Italia), frente a enormes fuentes de fusilli con salsa de tomate que la organización ofrece a los más desfavorecidos de la capital italiana. “Quien no lo crea, solo tiene que salir, venir aquí o ir a la periferia… Es decir, abrir los ojos”, reta mientras señala a los cientos de hombres y mujeres que acuden en busca de una comida caliente. Y ni mucho menos son solo migrantes, como alguno pudiera pensar. “Vienen personas de más de 100 nacionalidades, entre ellos muchos italianos mayores, a los que la pensión no les llega, y se quitan de comer”.

En España, los bancos de alimentos atendieron en 2015 los datos más recientes disponibles a casi 1,6 millones de personas. Estas entidades, junto a miles de ONG como Cruz Roja, asociaciones vecinales y escuelas y colegios, llevan años complementando la dieta de millones de europeos. Y desde la crisis de 2008, estas situaciones de necesidad se han multiplicado exponencialmente por todo el continente. “En los peores momentos, sale lo mejor de la gente: la solidaridad”, se felicita Lucchini, relajando por un momento la severidad con que gobierna el comedor social.

Dar comida a la gente es totalmente diferente a reconocer que esa gente tiene derecho a recibirla

Tomasso Ferrando (Univ. Warwick)

“Sí, la solidaridad está jugando un papel fundamental. Pero dar comida a la gente es totalmente diferente a reconocer que esa gente tiene derecho a recibirla”, apunta Tomaso Ferrando, profesor adjunto de la Universidad de Warwick (Reino Unido). “El objetivo debería ser la desaparición de esos mecanismos, porque es el sistema el que tiene que garantizar que todos comen”, argumenta. Ferrando trabajó en la preparación en la región de Lombardía (Italia), de la primera ley de la UEaunque de rango autonómico— que reconoce el derecho a la alimentación. “Hasta ahora, todas las acciones y políticas de asistencia tras la crisis se han basado en la caridad”, denuncia Vivero Pol. “Es decir, si quiero y tengo dinero, apoyo a los bancos de alimentos o comedores escolares. Y si no, no”, ilustra.

Porque es cierto que la mayoría de las organizaciones benéficas o instituciones que prestan estos servicios reciben además de las donaciones privadas— financiación pública, ya sea a través de fondos europeos, nacionales o locales. Pero si los Estados decidieran un día dejar de aportar esos recursos, ¿qué podría hacer alguien al que no le llega para alimentarse? Reclamar ante la Administración o el juez un derecho a comer reconocido únicamente por el derecho internacional puede ser una misión imposible, sobre todo con pocos recursos. “Tener una ley nacional facilita todo eso. Porque identifica quién es el responsable de que todo el mundo coma, y señala a quién se le pueden pedir cuentas”, defiende Ferrando.

Reticencia a hablar de hambre

Quizá por eso haya tanta resistencia por parte de los países a fijar por ley “el derecho universal de acceder a una cantidad suficiente de alimento seguro, sano y nutritivo, como derecho humano fundamental”, como hizo Lombardía. Porque en Europa, a diferencia de otras regiones, la maquinaria judicial y administrativa está engrasada, y si se reconoce esté derecho, habría consecuencias.

Consejos vendo que para mí no tengo

Mientras Bruselas y distintos países europeos subvencionan y apoyan proyectos para que otros países reconozcan sus problemas de hambre y elaboren leyes de seguridad alimentaria, no se aplican su propia receta. “No parece que aquí se adopten esas recomendaciones que siempre hemos pensado que eran muy buenas para todos”, reflexiona Juan Carlos García y Cebolla, líder del equipo del Derecho a la alimentación de la FAO.

“Es una típica paradoja que también observamos en otros ámbitos, con dobles raseros en muchas regulaciones comerciales, o en la justicia internacional, en las armas nucleares…”, comenta Hilal Elver, relatora especial de Naciones Unidas para el derecho a la alimentación. “Los países desarrollados, no solo la UE, ponen muchas reglas, pero a la hora de implementarlas son los países en desarrollo los que son sometidos a un mayor escrutinio”, opina Elver. “Y la UE se ve a sí misma como donante, ignorando su propio patio trasero”, añade. 

En todo el continente, solo Bielorrusia y Moldavia reconocen explícitamente en sus constituciones el derecho a la alimentación, que no viene reflejado en la Carta Europea de Derechos Humanos. 

“Establecer y reconocer un sistema fuerte de derechos sociales no solo civiles y políticos sería el primer paso para apuntalar la seguridad alimentaria, pero en la UE los responsables políticos no están preparados para algo así”, mantiene Hilal Elver, relatora especial de Naciones Unidas sobre el Derecho a la Alimentación. Elver coincide con Ferrando y Vivero Pol en que a los Gobiernos no les interesa ese enfoque de derecho, porque les haría responsables y les obligaría a actuar. “Y también hay resistencia por parte de las empresas del sector”, observa.

Tampoco hay que olvidar que un movimiento así supondría reconocer que unas políticas de protección social exitosas como las europeas, presentadas como un modelo para el resto del mundo, ya no funcionan bien, sugiere Juan Carlos García y Cebolla, experto de la FAO (la agencia de Naciones Unidas para la alimentación). “Hasta ahora, la lucha contra el hambre se ha metido dentro de un paquete de acceso a un nivel de vida digno, pero no se ha tratado como una cuestión aislada”, agrega. Se suponía que con la seguridad social que a diferencia de la alimentación viene reconocida expresamente en la Carta Europea de Derechos Humanos— y distintas prestaciones, debía garantizarse el alimento. Pero la realidad insiste en que eso ya no es siempre así.

Y admitirlo puede dar vértigo. O vergüenza. “En Europa hay un miedo sociológico con la palabra hambre”, opina Vivero Pol. Tras la II Guerra Mundial se puso muchísimo empeño en acabar con ella y los expertos consultados coinciden en que hay un temor especial a reconocer que sigue entre nosotros. Ese rubor es compartido por los gobernantes y los necesitados, como Enrico (nombre ficticio) un anciano romano que no quiere hablar, ni mucho menos desvelar su edad ni su identidad tras comer fusilli, pollo con patatas y panettone en el comedor de San Egidio en el barrio del Trastevere. La reticencia a hacer pública esa penuria dificulta la elaboración de estadísticas precisas.

“¿Por qué no empezamos por poner mecanismos que nos muestren cuál es la dimensión real del problema?”, se pregunta García y Cebolla. Solo algunos países como Reino Unido han dado pasos en este sentido. “Hace falta un debate claro sobre qué cambios ha habido en los últimos 10 años, y analizar si estamos preparados para resolver cuestiones como la falta de acceso a la comida”, insiste.

¿Por qué no empezamos por poner mecanismos que nos muestren cuál es la dimensión real del problema del hambre?

Juan Carlos Gª y Cebolla (FAO)

Porque obviamente una ley no cambia nada por sí misma. Puede ser un acto meramente simbólico. En Lombardía, por ejemplo, la norma lleva vigente más de un año y medio con pocos avances. O, por ir al nivel local, en la ciudad de Coventry (Reino Unido, en la que casi dos de cada 10 habitantes recurren a bancos de alimentos) se ha reconocido el derecho, pero en un momento de austeridad y recortes desde el poder central, el Ayuntamiento dispone de poquísimos recursos para destinar a estas políticas. “Por eso el enfoque legal es necesario, pero no suficiente. Hace falta un compromiso institucional y financiero fuerte si la UE va en serio en este tema”, considera la relatora de Naciones Unidas.

Fondos y voluntad política para asegurar, por ejemplo, que los salarios mínimos llegan para costearse la canasta básica o que cualquiera puede recibir fácilmente los alimentos o las ayudas que necesite (“los mecanismos complicados para demostrar que eres pobre echan a mucha gente para atrás, también por vergüenza”, observa Vivero Pol). Pero no solo eso.

“Hace falta una visión más amplia que la de dar comida a quien no la tiene”, defiende Ferrando. Porque el derecho a la alimentación no solo implica eludir el hambre, si no poder llevar una dieta sana y adecuada a las necesidades nutricionales. Además hay que ir a las causas, y cubrir todos los ámbitos. Las leyes sobre el asunto como hace la aprobada en Lombardía bajo el manto de la Expo 2015 de Milán deberían proteger los derechos de todos en la cadena de producción: de los pequeños agricultores a los trabajadores migrantes o los consumidores, para fomentar la participación, impulsar los alimentos ecológicos y de temporada, enumera el profesor de Warwick.

Pero, aun cuando se apruebe una norma así, quedará mucho trabajo para hacerla realmente efectiva, reflexiona Ferrando. “Sin un cambio estructural, no llegaremos a nada. Pero siempre es mejor tener una ley que identifique los problemas del sistema y proponga algunas soluciones, que no tenerla”.

Sobrevivir al ébola, morir en el parto

En agosto de 2014 se produjo el punto de inflexión. El ébola, que había saltado a Liberia varias semanas antes, comenzó a expandirse rápidamente por todo el país y las alarmas en todo el mundo, que hasta entonces le había dado la espalda al problema, comenzaron a sonar. Para entonces, había ya 500 nuevas infecciones por semana entre Guinea, Sierra Leona y la propia Liberia (apenas dos meses después llegarían a ser casi 2.000 a la semana): a pesar de los enormes esfuerzos de las pocas organizaciones que estaban en el terreno, la epidemia parecía imparable. “Habíamos oído hablar de una enfermedad que causaba estragos en Guinea y Sierra Leona y todo el mundo estaba preocupado por lo que se nos venía encima. Sabíamos que antes o después acabaría llegando a Liberia, porque nuestros empresarios compran y venden cada día en el país vecino y las fronteras físicas con ellos son prácticamente inexistentes”, me contó Salomé cuando le pregunté si todo aquello les pilló por sorpresa.

En aquellas semanas en las que se desbordó todo, Salomé trabajaba como enfermera en la clínica de sus padres, a algo más de una hora y media en coche de Monrovia. “Fue mi tío quien trajo el virus a casa. Él era pastor de iglesia y fue una de sus feligresas, que se había contagiado al asistir a un entierro, quien se lo pasó. Cuando empezó a encontrarse mal, vino a la clínica para que mi padre, que era médico, le viera. Después de mi padre cayó mi madre, luego yo, después mi hermana, más tarde mi sobrina y finalmente James, mi novio”.

Cuando hablaba con los periodistas, Salomé dejaba fluir todo aquel torrente de detalles precisos que tenía guardados en su cabeza: “Otro de mis tíos trajo a mi padre al centro de tratamiento de ébola. Fue un 20 de agosto; murió al día siguiente, el mismo día que ingresamos mi madre, mi hermana y yo. Mi madre murió el 24 y el 29 enfermó mi prometido. Estuve fuera de mí durante una semana; creo que no lograba asimilar el fallecimiento de mis padres y que todo aquel olor a muerte a mi alrededor pudo conmigo. Pasé dos semanas y cuatro días ahí dentro hasta que logré curarme. Yo salí adelante, pero perdí a ocho familiares cercanos”.

Lo que más llamaba la atención del discurso de Salomé era la exactitud con la que recordaba cada fecha y cómo tenía claro el orden y la forma en la que se habían producido cada uno de los hechos de su trágica historia. Seguramente se debía a la cantidad de veces que habría revivido mentalmente aquella experiencia traumática y su necesidad de encontrarle una explicación lógica.

James Harris, marido de Salome Karwah, mira las fotos de su boda en su casa de Monrovia.
James Harris, marido de Salome Karwah, mira las fotos de su boda en su casa de Monrovia. ZOOM DOSSO AFP

Cada vez que se disponía a hablar con algún periodista, yo me colocaba discretamente cerca de ella y me quedaba escuchando atentamente aquella historia que ya había oído decenas de veces. Tras cada entrevista, en función de cómo ella se sintiese y cómo la viese yo, Salomé decidía cuánto tiempo debíamos dejar pasar hasta ponerse de nuevo en aquella tesitura. Mi trabajo como técnico de prensa incluía la labor de protegerla y velar por que los entrevistadores se mantuvieran dentro de los cauces del periodismo sin caer en el siempre fácil sensacionalismo al que invitan estas situaciones. Y es que, si por ella hubiera sido, tengo claro que habría acabado haciendo muchas más entrevistas de las que ya hizo, pues Salomé siempre estuvo convencida de que necesitaba compartir su experiencia para sentirse cada vez más fuerte. Y era plenamente consciente de que su historia podía servir para salvar muchas vidas y por eso no dudaba en contarla una y otra vez a todo el que quisiera oírla.

Cada vez que Salomé hacía el esfuerzo de sumergirse en las entrañas de su desoladora historia, se recordaba a sí misma que todos aquellos datos solo iban a ser el vehículo que le permitiría poder hablar de aquello que de verdad importaba: la necesidad de recibir tratamiento a tiempo, de acudir al centro con los primeros síntomas para no contagiar a otras personas, de ser fuerte y creer en tus posibilidades de recuperación, de recibir cariño, cuidados y apoyo en los momentos en los que más enfermo y más solo estás y de acabar con el estigma que sufrían los afortunados que lograban curarse. Su entereza era asombrosa. Y sin embargo, a veces tenía que interrumpir las entrevistas para que pudiera recuperar el aliento y seguir adelante. En aquellos momentos tan difíciles, dolía no poder darle un abrazo de consuelo, pero aquella enfermedad inhumana ni siquiera permitía transmitir un poco de calor humano a quienes lo necesitaban.

Pero además de su labor altruista para sensibilizar a través de los medios, Salomé se convirtió en alguien imprescindible por algo que era aún más importante: su enorme labor para sacar adelante a los pacientes. Semanas después de curarse, Salomé tuvo el valor de regresar al centro donde vio morir a sus padres para ofrecerse a trabajar como cuidadora y consejera de salud mental. Obviamente, la recibieron con los brazos abiertos. Su tarea consistía en dar cuidados y apoyo psicológico a otras personas que sufrían la misma enfermedad que a punto estuvo de acabar con ella. “Si un paciente no tiene fuerzas para comer, yo lo animo a comer. Si están débiles y no pueden bañarse solos, yo los ayudo. Los ayudo con todas mis fuerzas, porque entiendo por lo que están pasando. Y además yo sí puedo tener contacto físico con ellos. Para mí, cada paciente es casi como si fuera mi hijo y le cuido como tal. Yo he sufrido lo mismo que están sufriendo ahora. Por eso sé que lo que más necesitan es sentirse queridos y acompañados. Les cuento mi experiencia y les digo que, si yo he sobrevivido al ébola, ellos también pueden hacerlo. Sé que mi labor aquí es importante”, decía de trabajar en aquel lugar que estaba tan lleno de recuerdos tristes para ella.

Salomé se convirtió en alguien imprescindible por su enorme labor para sacar adelante a los pacientes

Y sí, Salomé estaba en lo cierto cuando decía que su trabajo era importante. Tanto fue así que, Time, una de las revistas más prestigiosas del mundo, valoró su triple papel como superviviente, trabajadora sanitaria y sensibilizadora para llevarla hasta su portada. Ella, al igual que todos los que lucharon contra el Ébola durante 2014 fueron nombrados por la revista como Persona del año.

Hace unos días me enteré de que Salomé había muerto de la manera más injusta y cruel que le podía deparar el destino. Solo habían pasado tres días desde que diera a luz a su cuarto hijo, Salomon, cuando empezó a sentirse mal y a convulsionar. James, ahora su marido, la llevó inmediatamente hasta el hospital. Fue James quien nos contó más tarde que Salomé ingresó echando espuma por la boca y que, al saberse en el hospital que era una superviviente del ébola, nadie se atrevió a atenderla. El Gobierno de Liberia ha iniciado una investigación para esclarecer lo ocurrido, ya que hoy en día no es tan habitual que un superviviente no sea atendido debido al estigma.

Lo que subyace es además, otra gran crisis: la de la mortalidad materna, que cada año se cobra la vida de cientos de miles de mujeres en el embarazo o el parto. La epidemia destrozó el ya deficitario sistema de salud liberiano y Salomé chocó de frente con un problema que afecta a muchas mujeres de su país, y en general de los países sin recursos, hayan sufrido o no una como esta: la atención pre y posnatal es muy deficitaria y muchas mujeres y sus hijos mueren por complicaciones que en Europa no te cuestan la vida. Así pues, parece muy probable que Salomé muriera por dos causas que en el fondo se concatenan: haber tenido un parto complicado en el lugar equivocado y tener que luchar contra el miedo de un país que quedó tocado tras sufrir la peor epidemia de ébola de la historia.

Salomé sobrevivió después de plantarle una dura batalla. Y sin embargo, ha muerto de la manera más absurda cuando tenía tan solo 29 años, cuatro hijos pequeños y toda una vida por delante.

El teatro se moja

La cartelera barcelonesa pone el foco este marzo en problemas y realidades sociales. La enfermedad, la discriminación de las mujeres o la transexualidad saltan al escenario. Es el caso de Abans que arribi l’alemany, montaje de Marta Barceló que se representa desde ayer en Sala Joan Brossa de La Seca. La obra arranca cuando diagnostican alzhéimer a Júlia. La protagonista, interpretada por Muntsa Alcañiz, lidia con el desgarro que le produce el descubrimiento tanto a ella como a su familia. “La enfermedad está en fase inicial. Por eso se pregunta qué tiene que hacer con su vida”, explicó ayer Barceló sobre Abans que arribi l’alemany, que se representa hasta el 9 de abril.

La dramaturga ganó con el texto el II Torneo de Dramaturgia de las Islas Baleares. Júlia se enfrenta a su destino con coraje, valentía y entretejiendo reflexiones identitarias. “Decide ser dueña de su propia vida. La obra no rehúye de la profundidad de la situación, pero hay mucha luz”, dijo Barceló, quien remarcó que la protagonista se centra en el presente. “No vemos su desenlace cognitivo. Hay un mensaje vitalista y optimista”, añadió la creadora. Dirigido por Joan Fullana, el montaje combina el humor con el drama que comporta el alzhéimer, una dolencia que Barceló conoce de cerca. En 2009 ya estrenó un montaje sobre ello. “Mi abuela murió por esta enfermedad. Después a una persona muy querida se la diagnosticaron”, afirmó Barceló. La obra se estrenó en septiembre en Calvià producida por los baleares En Blanc.

El actor Pedro Mas se desdobla en más de una decena de personajes. Mas hace de neurólogo, amigo, hijo, abogado o capellán. La escenografía “conceptual”, dijo Barceló, juega con la iluminación y el sonido para recrear desde una consulta médica hasta la casa de la protagonista. Barceló ganó la última edición del Torneo de Dramaturgia Catalana celebrado durante el Festival Temporada Alta con el texto Tocar Mare.

En paralelo, la Sala Beckett se cuestiona la construcción de los estereotipos del hombre y la mujer a través de La revolució dels gèneres, el tercer ciclo programado esta temporada. La muestra incluye conferencias, talleres y tres espectáculos a partir del 16 de marzo. Sobre el cuerpo y el género también trata desde hoy la serie TRANSaccions, en el Mercat de les Flors y la Sala Hiroshima.

“Uno de los objetivos de la nueva Beckett es que sirviese para reventar la burbuja en la que han vivido los creadores y relacionar el teatro con otros problemas de la sociedad. Este ciclo nos interpela directamente”, reflexionó ayer el director de la Sala Beckett, Toni Casares. Coordinado por Laia Grau, el ciclo aborda el machismo, los clichés en torno a la feminidad o la transexualidad. El programa incluye disecciones de series de televisión, charlas sobre el pensamiento monógamo y hasta un taller de performance Drag King. “Está pensado para los creadores de relatos, que van desde la sociología hasta la arquitectura y la política. Los relatos saltan de la ficción”, expuso Grau.

En este contexto se estrenará Eva i Adela als afores, un montaje de Mercè Sarrias producido por la Sala Beckett. Sílvia Bel i Rosa Renom protagonizan la obra. En ella dos mujeres viven en los márgenes de la sociedad del año 2050. Eva y Adela, “dueñas de su vida sentimental” y personajes un tanto “estrafalarios”, describió Sarrias, se dan cuenta de que va a cometerse un asesinato. “Viven en sus ficciones y en sus juegos”, declaró Sarrias, mientras debaten entre alertar o no a la víctima. Esto permite abordar desde un universo “poético y lúdico” los límites establecidos. “El teatro no tiene todas las respuestas pero sí las preguntas”, relató Renom. La obra se representará desde el 22 de marzo al 30 de abril.

La aceptación de la sexualidad y del cuerpo, en cambio, son los motores de Crotch, de la compañía Baal. Dirigida por Catalina Carrasco y Míriam Escurriola, transita entre la danza y las vivencias del colectivo LGBTI Trans* de Barcelona. “Bailan cuerpos muy diferentes junto a testimonios cocinados para la ficción”, dijo Escurriola sobre la pieza, en cartel del 23 al 26 de marzo.

Para cerrar el círculo, la Sala Beckett programa Limbo, una obra multidisciplinar de Escurriola, Clara Peya, Ariadna Peya y Marc Rosich. “Habla de un tránsito. Yo era amiga de María. Un día nos encontramos en un bar y me dijo que se llamaba Miquel. Me dio vergüenza mi desconocimiento del tema”, recordó Clara Peya.

Limbo se representará del 30 de marzo al 9 de abril. La ficción, reflexionó la pianista, es “una manera fácil de conectar con los espectadores por la vía de la emoción” para entender todo un abanico de realidad en ocasiones tan complejas como cercanas.