Los casos de tosferina se triplican en un año en Cataluña

La tosferina repunta en Cataluña. La enfermedad infecciosa, provocada por una bacteria y caracterizada por una crisis de tos convulsiva, ha afectado a 3.183 personas en 2015, un 213% más que el año anterior. Pese a que existe una vacuna que inmuniza contra esta dolencia, el Departamento de Salud justificó ayer que la tosferina “sigue un patrón cíclico y, cada cuatro o cinco años, cambia la incidencia”. Desde 2011, que se detectaron 1.572 casos, la cifra de enfermos no ha bajado del millar.

La subdirectora general de Promoción de la Salud, la doctora Carmen Cabezas, argumentó ayer que este incremento de casos se debe a que “ha aumentado la vigilancia epidemiológica y los pediatras son más sensibles a esta dolencia, por lo que se mejora la detección”. Además, apuntó la facultativa, “pasar la enfermedad no te da inmunidad y puedes volver a sufrirla”.

La vacuna también tiene un cometido capital en el aumento de diagnósticos. Teniendo en cuenta que la mortalidad está fuertemente vinculada a la edad —la mayor parte de los casos se dan en el primer año de vida—, el calendario vacunal recomienda inmunizar contra la tosferina a los dos, cuatro y 11 meses. Luego, a los seis, 14, 40 y 65 años se dan otras dosis de recordatorio y también a las embarazadas para proteger al bebé. Cabezas señaló que, pese a haber reducido un 46% la incidencia desde que se implantaron en 1984, las vacunas “pierden eficacia con el tiempo”. “En 2005 incorporamos la vacuna celular, que tiene menos efectos adversos pero puede perder eficacia con el tiempo”, apostilló. La doctora indicó como otra opción probable que al haber distintas cepas de las bacterias, puede que alguna no corresponda con las que se han incluido para hacer las vacunas.

Cabezas descartó, por otra parte, que el repunte de casos diagnosticados esté vinculado a un problema de desabastecimiento de existencias en toda Europa para las dosis de los seis años. Desde hace varios meses, Salud reconoce que “hay dificultades de suministro en Europa que afectan a las vacunas que contienen antígenos contra la tosferina”. De hecho, a la luz de los problemas de suministro, la Agencia de Salud Pública adaptó temporalmente el calendario y permitió retrasar la vacuna de los seis años.

Con todo, las vacunas durante la gestación son las grandes aliadas para combatir la enfermedad en las edades de mayor riesgo vital. La inmunización a embarazadas redujo los casos detectados en menores de tres meses. El porcentaje de afectados se redujo del 9% en 2014 al 3,8% en 2015 y se consiguió un 72% de cobertura en mujeres embarazadas (22 puntos por encima de lo que se registró en 2012). Salud insistió en la eficacia de inmunizar antes del parto y advirtió de que dos de cada tres menores de tres meses afectados son hijos de madres no vacunadas.

Él anduvo con un zombi

Vudú, tambores, la noche tórrida entre las cañas, una ceremonia atávica y salvaje con bailes desenfrenados ante siniestros altares, y en medio de las sombras que rozan apenas los pálidos dedos de la luna y lamen fugaces las lenguas de las hogueras, sus ojos abismados en la nada como en un pozo, el zombi.

Por Dios, qué miedo me da ese mundo de la brujería afroamericana caribeña. Nadie lo ha representado mejor que Jacques Tourneur en I walked with a zombie, aquí Yo anduve con un zombi, la fascinante y aterradora película de 1943 que narra la zombificación de una hermosa mujer, Jessica Holland, y se mueve magistralmente entre la incredulidad y lo sobrenatural, desplegando entre ambas un espacio estremecedor, una tierra movediza, de tenebrosa poesía. Ah, el vudú.

Cuando el otro día me llamó Jaume Ollé apenas le presté atención, hasta que mencionó que había trabajado en Haití, la isla oscura. Ollé, especialista en enfermedades infecciosas y epidemología, presidente de ACTMON (asociación para la prevención y tratamiento de la tuberculosis), me explicó que ha publicado Crónicas de un médico en el mundo (Icaria, segunda edición ampliada), un conjunto de historias de sus treinta años de profesión en lugares del Tercer Mundo que le ha prologado Eduardo Mendoza. Me sonaba todo a literatura bienintencionada y humanitaria. Eso para lo que suelo andar justo de tiempo. Pero entonces me explicó lo del zombi.

“Un paciente, un hombre, murió de un fallo multiorgánico provocado por una insuficiencia renal. Yo no lo vi morir pero un colega estadounidense firmó el certificado de defunción y me consta que el tipo estaba muerto y bien muerto. Pues bien al cabo de unos días todo el mundo me decía que lo que veían por la calle. Vivo, o casi. Por unos minutos no me lo encontré yo mismo: acababa de irse de un bar en el que entré. Allí todo el mundo cree en los zombis. Es el único lugar del mundo en el que a los familiares no es que no les importe que hagas la autopsia a un muerto sino que te lo agradecen efusivamente. Incluso hay moribundos que te dicen. ‘Cuando muera, sáquemelo todo’. Para que no te conviertan en zombi, claro”.

Gwen Mellon con un pequeño paciente, en Haití.
Gwen Mellon con un pequeño paciente, en Haití.

Tomábamos un café junto al diario y la atmósfera pareció llenarse de efluvios de candomblé y macumba, incluso me pareció ver en un rincón en el suelo un muñeco atravesado por alfileres, pero era una servilleta de papel arrugada. El camarero que nos retiró las tazas para que estuviéramos más cómodos era igualito al Barón Samedi, el enterrador, el loa vudú guardián de los cementerios. Hay que ver cómo me lo estaba pasando. Ollé, entre cuyas aventuras se cuentan que le pegaran un tiro en Misisipí y sufrir un coma cerebral por la malaria en Uganda, se inclinó sobre la mesa. “He visto a gente bailar sobre las brasas sin dolor ni rastro de quemaduras. Y a una mujer sobre un muro de espinas. Probablemente es la sugestión, el poder de la mente sobre el cuerpo. Ayudan los tambores, el ron…”.

Los creyentes del vudú se sienten poseídos, “cabalgados”, por los loas, los dioses sincréticos de divinidades yorubas y santos católicos que en otros ritos se conocen como orichas. En Haití hay verdadero pavor a que los brujos, los bocors, te conviertan en zombi. En Amanecer Vudú, la estupenda recopilación de relatos de horror y brujería afroamericana que hizo Jesús Palacios (Valdemar,1993), y que incluye el relato de Inez Wallace Yo anduve con un zombi, que dio pie a la película (tras mezclar la historia original con Jane Eyre) y otros clásicos como Zombi blanco, de Vivian Meik, y Madre de serpientes de Robert Bloch, se cuenta que el Código Penal de Haití califica de intento de asesinato inducir un coma letárgico en una persona con el empleo de cualquier tipo de sustancias. Si después de haberle administrado tales sustancias la persona fuera enterrada, continúa el texto, “el hecho será considerado asesinato sin tenerse en cuenta el resultado que se derive de ello” (el subrayado es mío).

Comenté con Ollé lo que me explicó una vez el etnobotánico Wade Davis de que el coup de poudre que se usa para zombificar a alguien (inducirle un estado cataléptico y luego convertirlo en sirviente sin voluntad) pudiera ser la tetradotoxina (TTX) del pez globo o el estramonio, que se conoce en Haiti precisamente como cocumbre zombie, pepino zombi.

Entonces Ollé empezó a hablarme del doctor y filántropo William Larimer Mellon jr. y su esposa Gwen, que fueron buenos amigos suyos y con los que trabajó en Haití curando tuberculosos, entre otras cosas. Mellon, de una familia de millonarios de Pittsburgh, consagró su fortuna a montar y hacer funcionar un hospital en Deschapelles en el valle Artibonite al norte de Port-Au-Prince. Lo hizo tras conocer a Albert Schweitzer, con cuyo nombre (y bajo su impulso) bautizó el centro, y estudiar la carrera de médico ¡a los cuarenta años!. A mí me pareció que Mellon y su bella esposa tenían un aire de los protagonistas de I walked with a zombie, y esperé una historia acorde. Aunque no hay serpientes venenosas en Haití, sí que hay tarántulas. Por no hablar de que Mellon había sido agente de la OSS durante la II Guerra Mundial. Pero Ollé iba por otro rumbo. Me relató la increíble labor de la pareja. El doctor Mellon pasó 35 años en Haití y murió en su propio hospital. Luego, en la biografía de los Mellon (Song of Haiti, de Barry París, 2000) leí que Mrs. Mellon, aunque consideraba el vudú parte de la vida cotidiana, no estaba de acuerdo con un doctor al que oyó decir: “Estamos aquí para combatir el vudú”. Le atajó: “No, estamos aquí para luchar contra la malnutrición y el analfabetismo. El vudú no es nuestro enemigo, lo son la mala salud y la mala educación”.

Los Mellon y su equipo, entre ellos Ollé, no acabaron con los zombis, pero erradicaron el tétanos, entre otros milagros, como lograr que la esperanza de vida en la zona pasara de 30 a 53 años. Empecé a entender que la historia de Ollé, el vital, impaciente, caótico Ollé, tan fiel a Montaigne (“No hago nada sin alegría”), era otra. Sus aventuras eran otras. No hay héroes de acción, escribió una vez Schweitzer, solo de renunciación y sufrimiento, pero pocos de ellos son conocidos, e incluso esos no por la multitud sino por unos pocos. “¿Mordeduras de serpiente? ¿Dentelladas de león? ¿Zombis? Olvídalo Jacinto. Lo que amenaza a mis pacientes en Haití, en Djibuti, en Mali, en Etiopía, a Boané, Odet, Antony, es una miseria absoluta que les devasta el cuerpo y la mente”.

Escuché sus historias, más conmovedoras aún porque las explicaba sin añadirles dramatismo. Y comprendí que, efectivamente, antes de despertarlo con la sal de la humanidad de sus relatos (es sabido que los muertos vivientes no pueden ingerirla sin tomar conciencia de su estado), Ollé había caminado con un zombi: era yo.

Coreografía del entendimiento

Hablamos de “cantidades astronómicas” para referirnos a las cifras muy grandes, pero las que llevamos dentro del cráneo no tienen mucho que envidiar a las estrellas. Piensa, por ejemplo, que el número de neuronas de nuestro cerebro es similar al de estrellas en nuestra galaxia (unos 200.000 millones). Sal de tu ciudad, echa un vistazo al cielo nocturno y contempla la Vía Láctea: podrás sentir allí no solo el vértigo metafísico del espacio exterior, sino también el embrujo interior de tu propio cerebro, el objeto más complejo del que tenemos noticia en el universo.

¿Cómo orientarse en la jungla de las cifras astronómicas? Cuando los astronautas del futuro viajen por la galaxia utilizarán mapas, naturalmente, y verán callejuelas y avenidas, barrios y provincias, allí donde nosotros no vemos más que masas de algodón luminoso. Y lo mismo vale para el cerebro: lee en Materia el mapa del lenguaje que acaban de construir los neurocientíficos, de donde emerge una geografía deslumbrante de la que teníamos muy poca idea, y encima de poca errónea.

Es probable que hayas oído hablar del área de Broca, y tal vez incluso del área de Wernicke, dos pequeños módulos situados en el hemisferio izquierdo del córtex cerebral, uno en la sien y el otro un poco por encima de la oreja, y a las que el estudio de las lesiones cerebrales ha definido desde hace un siglo como “las áreas del lenguaje”. Y es cierto que, cuando fallan por un accidente o una enfermedad, la capacidad del habla se ve gravemente mermada. Pero eso, debemos concluir ahora, solo significa que son una parte importante de la maquinaria lingüística. El lenguaje es mucho más que eso.

Las palabras se asocian zonalmente según su proximidad semántica. Es el espectáculo de la mente en el ejercicio de comprender una narración, la coreografía del entendimiento de las cosas

El nuevo mapa del significado de las palabras –construido mirando por resonancia magnética el funcionamiento del córtex de siete personas mientras oían largas narraciones— revela una constelación semántica que, redondeando un poco, cubre el cerebro entero, y de una manera regionalizada que tendrá todo el sentido para los lingüistas y los científicos de la computación. Las palabras se asocian zonalmente según su proximidad semántica, como enjambres de insectos que se agrupan en barrios y provincias según su conocimiento del mundo. Es el espectáculo de la mente en el ejercicio de comprender una narración, la coreografía del entendimiento de las cosas.

No, no va a ser posible dotar de lenguaje a un mono mediante la inserción de un chip de Broca o un pen drive de Wernicke. El lenguaje no es un módulo del cerebro, sino que aparece distribuido por todo el córtex, como un nuevo estrato de significado superpuesto a su viejo sistema operativo. ¡Con lo fácil que parece escuchar la radio!

¿Están las mujeres menos capacitadas para viajar al espacio?

A finales de 2014, la italiana Samantha Cristoforeti se convirtió en la 59º mujer –la última hasta el momento- en llegar al espacio en el vuelo Soyuz TMA-15M hacia la Estación Espacial Internacional (EEI). La primera lo había hecho 51 años antes; la cosmonauta soviética Valentina Tereshkova emprendía su vuelo pionero a bordo de la nave Vostok el 6 en junio de 1963. En medio siglo, solo 59 féminas han dado ese salto estelar frente a un total de 477 hombres. Un hecho lejano a cualquier atisbo de paridad que nada tiene que ver con las capacidades, aptitudes o facultades de uno u otro género. Hombres y mujeres son efectivos por igual a la hora de afrontar misiones espaciales, pero el estar ahí fuera nos afecta de distinta manera. Así lo hizo constar la NASA en un estudio publicado en 2014: alejarnos de la Tierra, exponernos al espacio exterior, afrontar la ingravidez y un mayor rango de radiaciones (entre otras cosas), incide de distinta forma en ambos sexos. Los informes redactados de forma conjunta por la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos y el Instituto de Investigación Biomédica de la NASA (NSBRI) y especializado en el estudio de los riesgos derivados de los vuelos espaciales de larga duración en el organismo, lo detallan claramente. Las instituciones recopilaron los datos conocidos y concernientes a los sistemas cardiovascular, inmunológico, sensoriomotor y músculo-esquelético, al aparato reproductor y al comportamiento. Todos los resultados fueron publicados por Journal of Women’s Health, en noviembre de 2014, sobre la base de las 201 personas que han viajado a la EEI entre 1998 y 2013. Si el foco se pone solo en los astronautas estadounidenses, los más numerosos, la estadística arroja resultados similares: de 129, 103 son varones (el 80%).

La paternidad sí marca una importante diferencia: el 67% de ellos tienen como mínimo un hijo y solo el 38% de las mujeres son madres

Distinto bagaje entre hombres y mujeres

Los autores resaltan ciertos rasgos distintivos en la historia curricular de los astronautas de uno y otro sexo, diferencias educacionales que, quizás, podrían influir en cómo se afrontan las dificultades espaciales. Por ejemplo, entre los astronautas de Estados Unidos, el 72,8% de los hombres ha realizado el servicio militar, frente a un 38,5 % de las mujeres. En cuanto a la educación, el nivel de licenciaturas es muy similar y mientras que ellas han optado más por la biología, a ellos les tira la ingeniería. Sin embargo, en esta disciplina, las chicas tienen casi el doble de doctorados (un 50% frente a un 28%) y ellos mayor cantidad de másteres (85% a 58%). Respecto a la edad, las mujeres son, de media, dos años más jóvenes que sus contrapartes masculinos cuando viajan al espacio. Y en lo concerniente a la familia y la prole, la tasa de hombres casados es solo un poco superior, pero la paternidad sí marca una importante diferencia: el 67% de ellos tienen como mínimo un hijo y solo el 38% de mujeres son madres. Si en la Tierra la conciliación familiar ya se las trae, imagínense más allá de la estratosfera.

¿Están las mujeres menos capacitadas para viajar al espacio?

La radiación: un problema en vías de solucionarse

En lo referente a las implicaciones físicas de hombres y mujeres en el espacio, hay diferencias a tener en cuenta. Una de ellas es que la radiación, lógicamente nociva para ambos sexos, afecta en mayor grado a las mujeres. La dosis a las que se expone una tripulación en misión espacial depende de múltiples factores. Una es el destino; mientras que, por ejemplo, una misión de seis meses en la Estación Espacial Internacional expone a los astronautas a unas 40 veces la dosis promedio que recibiría en la Tierra en todo un año, la cosa se eleva mucho más si fueran a Marte. También incide la duración del viaje, el tipo de vehículo o/y estación donde se alojen los astronautas, la cantidad de rayos cósmicos presentes fuera del campo magnético de la Tierra y las condiciones solares presentes durante la misión: las erupciones solares, por ejemplo, incrementan la dosis de radiación. Para los dos géneros, las gónadas son los órganos más sensibles a estas exposiciones. Pero el umbral máximo de radiación tolerable es menor en mujeres que en hombres, por lo que, hasta ahora, este es un factor que limita la participación femenina en determinadas misiones espaciales, provocando que solo puedan participar en la mitad de ellas. Pero se está trabajando para solucionarlo. Entre otras iniciativas, existe el proyecto europeo SR2S (Project Space Radiation Superconductive Shield), que estima que en los próximos 3 años se conseguirá dotar a las misiones de una mayor protección radiológica. ¿Cómo? Gracias a la construcción de un escudo superconductor capaz de generar un campo magnético 3.000 veces más fuerte que el de la Tierra, que protegerá la nave o estación espacial, apantallándola frente a la mayor parte de las partículas radiactivas más dañinas.

Debido a la radiación, las mujeres solo pueden participar en la mitad de las misiones que los hombres 

Psicológicamente muy parecidos

Pues eso: según los resultados del estudio, entre hombres y mujeres no hay diferencias relevantes a la hora de afrontar situaciones complicadas durante una misión. Solo cabe destacar que, ante una emergencia, ellas anteponen la precisión a la velocidad y, ellos, a la inversa. Ciertamente, los candidatos a astronauta se someten a pruebas psicológicas tan exigentes que las posibilidades de que aparezcan comportamientos inestables o de desórdenes psiquiátricos son mínimas. En cuanto a la respuesta física ante el medio espacial, varía un poco más. A grandes rasgos, las mujeres son más proclives a desmayarse si tienen que estar de pie durante largo rato (lo que se conoce como intolerancia ortostática), pierden mayor cantidad de plasma sanguíneo durante el vuelo espacial y sufren mayores infecciones del tracto urinario. En la Tierra, las féminas presentan mayor respuesta inmunológica que los hombres, lo que las protege mejor frente a virus y bacterias pero, a su vez, las hace más proclives a enfermedades autoinmunes. Sin embargo, no se ha detectado que esta diferencia sea extrapolable al espacio exterior. Por su lado, ellos tienden, con el paso del tiempo, a presentar más problemas auditivos, en especial en el oído izquierdo (esto se debe a que como la mayoría ha hecho el servicio militar y por estadística, muchos son diestros, apoyan el arma en el brazo izquierdo por lo que las explosiones continuas afectan a ese oído), y también visuales.

La paridad como meta

En 2013 la NASA hizo la última selección de personal para el programa de entrenamiento de cara a futuras misiones espaciales. Fueron elegidos cuatro hombres y cuatro mujeres, todos ellos formados en el ejército de los Estados Unidos, lo que puso de relevancia la intención de la Agencia Espacial estadounidense por afianzar la paridad en lo concerniente a la exploración espacial. La igualdad de género debe ser una prioridad para este mundo y para salir de él. El día que la humanidad tenga claro ese concepto, seguramente se dará «un salto de gigante», de mucho más largo alcance que el que afirmó haber dado el astronauta Neil Amstrong cuando pisó por primera vez la Luna en 1969.

¿Puede el cerebro ser ‘justo’ ante la ley?

Cuando en el comienzo de la película se ve a los doce hombres alrededor de una mesa, algunos inquietos o apurados, otros desconcentrados o con angustia, lo que está por suceder es un veredicto que absuelva o mande a la silla eléctrica a un joven acusado de matar a su padre. Así se desenvuelve la votación preliminar que deberá ser unánime y funcionará como el punto de inicio del conflicto que atravesará todo el film: once votan que es culpable, pero uno, tan solo uno, que no. Cuando con fastidio algunos le preguntan por qué, él solo atina a responder: “Tenemos que hablar”. “La duda razonable es imprescindible”, podría haber agregado el personaje de Henry Fonda en Doce hombres sin piedad. Por eso cuando le vuelven a preguntar sobre la culpabilidad o inocencia del muchacho, él dice con seguridad: “No lo sé”.

Más allá del desarrollo de las instituciones, los estudios y redacción de leyes, debemos recordarnos que tanto jueces, como abogados, testigos e imputados son personas con sus memorias, decisiones, emociones y razonamientos humanos. Es por eso que aquellos avances ligados al estudio de la mente necesariamente tienen un impacto en la reflexión y administración del derecho en la sociedad. Así, las neurociencias modernas han dado lugar a nuevas preguntas, impensadas hace unos años atrás en el ámbito de la ley, del tipo: ¿nuestros actos son automáticos o voluntarios? ¿Existe el libre albedrío y la responsabilidad personal? ¿Podemos comprender la impulsividad, la adicción y el cerebro en desarrollo? ¿Interviene en las acusaciones, los testimonios e, inclusive, en los veredictos el sesgo o prejuicio racial? ¿Se puede mediante imágenes cerebrales distinguir la verdad de la mentira?

Un claro ejemplo de esto es la creación del Centro de Derecho, Cerebro y Comportamiento en el prestigioso Hospital General de Massachusetts de la Universidad de Harvard. Este centro reúne a expertos en el campo de la ley, la neurología, la psiquiatría, la psicología y las neurociencias cognitivas, entre otros, con el fin de hacer una traducción científica adecuada de los avances en el estudio del cerebro a la esfera legal.

Los seres humanos tendemos a pensarnos como seres racionales. Sin embargo, en nuestra conducta diaria hay una gran cantidad de sesgos y aspectos emocionales que se apartan de lo que sería una decisión racional. Veamos un ejemplo. Un estudio analizó las sentencias de ocho experimentados jueces israelíes que durante diez meses debían decidir sobre otorgar o no la libertad condicional a 1112 personas presas. El ritmo de trabajo era agobiante, ya que debían decidir por día alrededor de 35 casos. Los resultados de esta investigación demostraron que había un 65% más de probabilidades de que concedieran la libertad condicional si tenían que decidir el caso después del almuerzo y un 0% al final del día. Tomar decisiones es un trabajo mental que requiere de gran cantidad de recursos cognitivos, mayormente localizados en la corteza prefrontal, área clave en la toma de decisiones. Estos recursos tienen una capacidad limitada que se recupera con tiempos de descanso y una alimentación adecuada. En este estudio, el agotamiento de recursos influyó en que los jueces decidieran acudiendo a sus sesgos o cansancio en el final de la jornada. El sistema judicial intenta ser racional y equilibrado, por eso resulta bastante perturbador pensar que pueda ser condicionado por el funcionamiento automático de las decisiones humanas.

Tanto jueces, como abogados, testigos e imputados son personas con sus memorias, decisiones, emociones y razonamientos humanos

Décadas de investigación en neurociencias han dado evidencia de que la memoria es reconstructiva, es decir, los recuerdos no permanecen inalterables y se pueden modificar: en parte son construcciones que reflejan cómo interpretamos nuestras experiencias, en lugar de ser reproducciones literales, fotográficas y objetivas de esas experiencias. Además, la evocación de nuestra memoria puede distorsionar los recuerdos de una manera sutil. La memoria y la imaginación dependen de muchos de los mismos procesos cognitivos y neuronales, por lo que es fácil confundir una experiencia imaginada con una experiencia recordada real. Cada vez que recordamos un evento alteramos el trazado de esa memoria. Estudios de los neurocientíficos Elizabeth Loftus y John Palmer dieron cuenta de que es posible cambiar el recuerdo de los testigos a través de preguntas sugestivas.

En un conocido experimento se les presentó a diferentes grupos de personas el mismo video de un accidente automovilístico y se les pidió que estimaran la velocidad que llevaban los autos al momento del impacto. Los participantes tendían a recordar que iban a mayor velocidad cuando en la pregunta se usaba verbos como “embistieron” y mucho menos velocidad cuando se usaba verbos como “entraron en contacto”. Lo que es más sorprendente es que cuando se les preguntaba si habían visto vidrios rotos, el doble de personas contestaba que sí cuando se usaba un verbo más intenso en comparación a cuando se usaba uno más atenuado. Estos resultados demostraron que el modo en que se realizan las preguntas (incluso ciertas afirmaciones) durante un interrogatorio puede influir sobre la manera en la cual recordamos un evento. Este experimento evidencia lo maleable que pueden ser nuestros recuerdos por la sugestión.

Hoy, además, sabemos que el porcentaje de error en la identificación en una rueda de reconocimiento es excesivamente alto (entre un 40% y un 70%) y su valor diagnóstico de la implicación de alguien en un delito es realmente muy bajo, prácticamente lo que esperaríamos producto del azar. Por otra parte, distintas investigaciones sugieren que el sesgo o prejuicio racial es básicamente automático, por lo cual también podría operar sobre la percepción, el reconocimiento y/o el testimonio. Asimismo cuando una persona es testigo de un suceso y después adquiere información nueva sobre ese hecho, esta puede provocar alteraciones en su recuerdo. Si esa nueva información es falsa, entonces es posible que dé lugar a errores en el informe de memoria del testigo. En los Estados Unidos alrededor de trescientos individuos fueron liberados luego del análisis de la evidencia de material genético en la escena del crimen. Más del 70% de estas personas habían sido condenadas en base a la memoria de testigos. Estos testigos no eran mentirosos, sino gente común convencida de que su memoria era precisa y lamentablemente para los condenados no lo había sido.

En nuestra conducta diaria hay una gran cantidad de sesgos y aspectos emocionales que se apartan de lo que sería una decisión racional

La psicología del testimonio es una rama de la psicología jurídica que estudia la exactitud y credibilidad del testimonio. La capacidad de un testigo para percibir no suele ponerse en duda ni por el sentido común (a mí no me lo contaron, se suele decir comúnmente para dar valor de verdad) ni en muchos casos por la propia justicia (de lo que hablamos no es del flagrante falso testimonio). Esta presunción debe ser modificada, puesto que el testigo debería ser sometido a una serie de pruebas para determinar su capacidad de percepción. La exactitud del testigo hace referencia a si los hechos que relata han sucedido tal como él dice; en tanto que la credibilidad del testigo se refiere a si se considera que ese testigo o una parte de su declaración inspira confianza e induce a creer que los hechos sucedieron tal como declara.

En otro orden, hay casos dramáticos dentro del ámbito jurídico que involucran cuestiones éticas sobre las que las investigaciones en neurociencias tienen mucho para aportar. El estado vegetativo suele ser permanente luego de tres meses de un daño cerebral por anoxia (deprivación de oxígeno) o de doce meses luego de un traumatismo de cráneo. Un caso muy impactante en los Estados Unidos fue el de Terri Schiavo (una paciente en estado vegetativo permanente), que dividió a la sociedad: ella aparecía despierta (sus ciclos vitales eran normales), pero no consciente (conectada con el entorno). Frente a esa situación constante, el marido quería desconectarla y sus padres no. Este tipo de casos generan un debate ético relacionado con la naturaleza de la conciencia, la calidad de vida, el valor que la sociedad le atribuye a la vida y cómo manejamos la incertidumbre. En algunos pacientes en estado vegetativo se observa, con las neuroimágenes modernas, activación cerebral ante ciertos estímulos. Los datos de estos experimentos y de otros similares permiten estudiar las bases neurales de la conciencia. Sin embargo, hay que ser muy cautos, ya que la existencia de actividad cerebral no significa que la red de conciencia esté preservada: se trata de islas de reserva cognitiva que no representan un sistema integrado de conciencia.

La interacción entre la ciencia y otras disciplinas que parecen ajenas permiten poner en cuestión ciertas seguridades y patrones que muchas veces parecen inamovibles. Esto no vale únicamente en este caso para el derecho o la historia, también sirve para tensar las seguridades de la ciencia. Como lo pidió el Jurado 8 en Doce hombres sin piedad, debe existir diálogo entre juristas, neurocientíficos y profesionales de otras disciplinas y determinar así de manera crítica y consensuada en qué ámbitos y medida los estudios sobre el funcionamiento de los procesos mentales pueden ser utilizados eficazmente para producir innovaciones en el sistema legal. Este campo común de trabajo brindará herramientas para una mejor justicia, es decir, para una mejor vida en comunidad.

Facundo Manes es neurólogo y neurocientífico (PhD in Sciences, Cambridge University). Es presidente de la World Federation of Neurology Research Group on Aphasia, Dementia and Cognitive Disorders y Profesor de Neurología y Neurociencias Cognitivas en la Universidad Favaloro (Argentina), University of California, San Francisco, University of South Carolina (USA), Macquarie University (Australia)

La mayor campaña contra el cólera

En febrero de 2016 fue declarado un nuevo brote de cólera en Lusaka, capital de Zambia, una ciudad que no se veía afectada por esta enfermedad desde el año 2010. Fue entonces cuando Médicos Sin Fronteras (MSF), en colaboración con el Ministerio de Sanidad y la Organización Mundial de Salud (OMS), lanzó una campaña de vacunación para proteger a las 500.000 personas que corrían mayor riesgo de caer enfermos. Desde el inicio de esta crisis y hasta el pasado 7 de abril, se han notificado un total de 664 casos y 12 muertes en esta ciudad.

Ahuyentando el cólera a voces

Tras varios días de cielos nublados y lluvias, el sol reaparece en Lusaka, la capital de Zambia. Quienes viven en los suburbios y en los asentamientos informales en los que la epidemia de cólera se ha extendido de forma silenciosa, empiezan poco a poco a recuperar el ánimo.

Los largos meses de sequía secaron todos los pozos. Y como resultado, la gente empezó a consumir el agua de pozos improvisados y poco seguros. Las fuertes lluvias que vinieron después inundaron las letrinas, vaciando su contenido en las calles y los pozos, contaminando las fuentes de agua, y creando piscinas de agua estancada y sucia en las abarrotadas calles de los suburbios de Lusaka, hogar de 1,2 millones de personas.

El cólera, una enfermedad que se transmite a través del agua, encontró en este ambiente las condiciones perfectas para extenderse fácilmente, lo que se traduce en los 804 casos y 15 muertes que se han producido desde el pasado mes de febrero.


Mathilda va a la vacunación con su hija Edna, que acaba de cumplir los tres años.ver fotogalería

Mathilda va a la vacunación con su hija Edna, que acaba de cumplir los tres años. Laurence Hoenig (MSF)

Lusaka ya había sufrido varias epidemias de cólera en el pasado. Sin embargo, tras cinco años sin que apareciera ningún brote, los habitantes de la ciudad han perdido gran parte de la inmunidad que habían adquirido, lo que les deja mucho más vulnerables ante una nueva infección.

Por esta razón, los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF), junto con el Ministerio de Sanidad de Zambia, están llevando a cabo la mayor campaña de vacunación oral contra el cólera que jamás se haya puesto en marcha. Nos hemos marcado el objetivo de inmunizar a un total de 578.000 personas y vamos por buen camino.

Mover a las masas

Se trata de un enorme reto para los ocho trabajadores de terreno de MSF, los 60 trabajadores del Ministerio de Sanidad y los 1.135 voluntarios de los cuatro suburbios afectados en Lusaka –Kanyama, Bauleni, George y Chawama. La logística en una campaña como esta, en la que se quiere vacunar a tanta gente y en la que hay tantas personas implicadas, es verdaderamente complicada; más aún si se tiene en cuenta que tenemos que vacunar en 41 puntos diferentes a lo largo de estos días. Por ello, antes de comenzar con la vacunación, hay que informar adecuadamente a la población y conseguir que la gente entienda la importancia de los que estamos haciendo.

La gente empezó a consumir el agua de pozos improvisados y poco seguros. El cólera encontró las condiciones perfectas para extenderse

Antes de ir a vacunar, los equipos de promotores comunitarios de salud han ido hoy a Kanyama para animar a la población. Se sienten implicados y saben que están haciendo una labor crucial para sus comunidades, así que, armados de megáfonos y pancartas, comienzan a difundir el mensaje por las calles para conseguir que todo el mundo esté preparado cuando llegue el resto del equipo. Esta localidad, que alberga aproximadamente a unas 250.000 personas, fue el epicentro de los brotes anteriores de cólera. Eso hace que llevar hasta aquí una campaña de vacunación como esta no resulte una tarea sencilla de poner en marcha.

“Sólo os llevará dos minutos”

“Dos minutos es todo el tiempo que necesitáis para recibir la vacuna contra el cólera. Evitaréis caer enfermos y no correréis riesgo de morir”, le dice Beenzu Chiwele, promotora de salud comunitaria, a cuatro hombres que se están junto a la puerta de una barbería. “Venid hoy, porque mañana es nuestro último día en Kanyama”.

Mientras habla, Beenzu reparte hojas informativas a los vecinos. “¡Ayúdanos a hacer retroceder al cólera!”, se lee en el panfleto amarillo, en el que también destacan las fechas de la campaña de vacunación y consejos sobre cómo evitar la infección. Sin embargo, con aquellas personas que inicialmente muestran algo de desconfianza, Beenzu utiliza otra estrategia; les enseña otro folleto impreso en Nyanje (una lengua hablada en Lusaka), que muestra a dos líderes de la comunidad exhibiendo con orgullo sus tarjetas de vacunación. Al final, ayudándose de todas sus habilidades de persuasión, Beenzu consigue que el cuarteto se comprometa a ir más tarde hasta el punto de vacunación.

La vergüenza del cólera

La gente en Kanyama conoce perfectamente el estigma que conlleva la enfermedad. “Desde siempre Kayama se ha asociado con el cólera”, dice Beenzu. “Si tú le dices a alguien que eres de Kanyama, te responderán: ‘¡Aléjate de mí, los de Kanyama tenéis cólera! Ese sitio es un lugar muy sucio y nos estáis trayendo la enfermedad’”.

A fecha de 20 de abril ya hemos suministrado unas 342.213 dosis

Beenzu recuerda perfectamente el último brote. “Yo estaba todavía en el colegio”, me explica. “Mucha gente murió. Recuerdo a un hombre de mi barrio que tenía cólera y que se cayó al suelo en plena calle. No paraba de vomitar y de hacerse todo encima. Todos aquellos que estábamos cerca tuvimos que ser rociados con una solución de cloro para no caer infectados”.

A pesar de que la gente sabe que el cólera puede llegar a matar, muchos esperan hasta el último momento para acudir en busca de ayuda. “La gente viene cuando ya está gravemente deshidratada y en estado crítico. Muchos pacientes han muerto en la recepción de los centros de tratamiento de cólera. Incluso buscan ayuda en otros barrios para evitar que sus vecinos les vean enfermos. Mucha gente muere en casa por miedo a sufrir estigma social”, afirma Beenzu.

Una forma de mantenerse sano

Beenzu tiene el temperamento adecuado para ser promotora de salud, un trabajo que además hace de manera voluntaria. “Mi nombre significa visitantes”, afirma Beenzu. “Mi madre me llamó así porque cuando estaba embarazada de mí, mucha gente vino a verme. Quizás esta sea la razón por la qué me gusta tanto interactuar con las personas”.

Beenzu también estudia salud pública y ambiental “Antes yo quería ser médico. Empecé a reflexionar en qué es lo que evita que las personas enfermen y fue entonces cuando me interesé por todo lo relacionado con el equilibrio medioambiental y la promoción de la salud. En vez de atender pacientes en un hospital, vi que lo que en realidad me motivaba era encontrar la mejor manera de mantenerlos sanos”.

A medida que los días pasan, el número de personas vacunadas crece a un ritmo constante. A fecha de 20 de abril ya hemos suministrado unas 342.213 dosis. MSF y el ministerio de Sanidad están expandiendo sus actividades de promoción de la salud para alentar a más gente a venir y ser vacunados. Y al mismo tiempo, los equipos del ministerio de Sanidad continúan atendiendo a las personas infectadas en los centros de tratamiento que han sido instalados en las áreas más afectadas.

Borrie La Grange es responsable de comunicación de MSF en Sudáfrica.

Posgrado en desnutrición

Mariama Aboubacar es la psicóloga del CRENI de Mayahí. Vital, alegre, entregada, se encarga de atender los problemas motores, de humor o de lenguaje de los pequeños, a los que intenta estimular para acelerar su recuperación. En la imagen atiende a la pequeña Habsou Maman que llegó cuatro días atrás al centro en estado de inconsciencia. La niña, de 11 meses, presenta un grave retraso motor y es incapaz siquiera de sentarse. Su madre, Nana Mariama Tanco, dejó de darle el pecho bruscamente cuando supo que estaba embarazada de su decimotercer bebé.

Conjurados contra el hambre

Cuando la pequeña Habsou Maman llegó inconsciente hace cuatro días al hospital de Mayahí, en el interior de Níger, el doctor Adamou Abass, responsable del Centro de Recuperación Nutricional (CRENI) no pudo evitar una mueca de desagrado. La niña, de once meses, presentaba signos evidentes de marasmo y no estaba claro que pudiera salir con vida de allí.

Aunque el tratamiento de choque ha permitido que hoy Habsou abra los ojos y reaccione a los estímulos visuales, su recuperación está aún lejos y presenta un retraso psicomotor evidente. Apenas se mueve, casi no llora y ni siquiera se puede sentar. En el origen de su grave enfermedad está que su madre la destetó cuando supo que se había quedado embarazada por decimotercera vez, una práctica habitual en este Níger rural castigado por la falta de recursos pero también por unos hábitos y costumbres que perpetúan el ciclo perverso de la desnutrición.

Las cifras son tan elocuentes como dramáticas. Casi la mitad de los niños de Níger (un 45%) sufre retrasos en su crecimiento a causa de la desnutrición, que en su estado más grave afecta cada año a un 15% de los pequeños, sobre todo en regiones como Tahoua, Maradí, Zinder y Diffa, esta última amenazada además por la presencia cercana de Boko Haram, que ha provocado el asentamiento de unos 300.000 refugiados y desplazados.

Es un reto enorme para un país donde la mayor parte de sus habitantes vive de una agricultura dependiente de los precios fluctuantes del mercado y de las escasas lluvias y que en veinte años va a doblar su población debido a la tasa de fertilidad más alta del mundo, superior a los siete hijos por mujer. “Un verdadero desafío para el desarrollo de la nación”, como lo ha calificado el presidente del país, Mahamadou Issoufou, quien ha incluido la erradicación del hambre como una de sus grandes prioridades. La tarea es inmensa.

En Mayahí, la psicóloga Mariama Aboubacar, de 35 años, agarra la manita de la pequeña Habsou y trata de hacerla reaccionar. Está acostumbrada a ver casos similares cada día. “En este país y en concreto en esta región de Maradí las mujeres tienen embarazos muy próximos unos de otros, lo que acaba por destruir la relación madre-niño”, explica Aboubacar. “El caso de Habsou es un ejemplo más. Los bebés sufren mucho cuando se interrumpe el pecho y es entonces cuando caen en la desnutrición y en los problemas psicomotores y de comportamiento asociados a ella”. Muchos pequeños que a los ocho o diez meses ya han comenzado a caminar sufren un parón en su desarrollo en cuanto asoman los primeros síntomas. En ocasiones tardan años en hablar.

Casi la mitad de los niños de Níger sufre retrasos en su crecimiento a causa de la desnutrición

La psicóloga, que está destinada al CRENI de Mayahí desde julio de 2013, no sólo se encarga de la recuperación psicomotriz mediante la estimulación de los niños durante los días que pasan en el centro. Intenta ir más allá y hacer un seguimiento cuando regresan a casa al menos durante un mes. Por eso visita las comunidades surcando los impracticables caminos de tierra del distrito. “Lo consigo con el 35% de los casos, pero dependo de la logística. Muchas veces no tenemos vehículos y hay épocas en que estamos desbordados de trabajo”, explica. La última cosecha de cereales, que no ha sido mala, ha permitido a las familias tener algo de liquidez y mejorar su seguridad alimentaria. Pero el problema no son siempre los recursos: hay agricultores que, en lugar de usar el dinero para alimentar a sus hijos siempre al límite, lo emplean en casarse con otra mujer.

Demasiadas veces se descuida el aspecto psicológico de la desnutrición infantil, pero es clave. “Algunos niños se recuperan del todo, otros parcialmente y muchos no lo hacen jamás y arrastran secuelas toda su vida”, asegura Mariama Aboubacar. Consciente de la importancia de la prevención y la sensibilización, esta psicóloga hace de puente entre el CRENI y el hospital para fomentar la planificación familiar entre las mujeres que, un año tras otro, llegan hasta aquí con sus hijos desnutridos. “Es el gran problema”, dice. “El otro día tuvimos a una mujer que había tenido ya trece partos y que estaba alumbrando hijos trisómicos. El médico le dijo que tenía que parar, pero ella le contestó que tras enviudar se había vuelto a casar y que tenía que dar hijos a su nuevo marido”. La mayoría de ellas rechaza la contracepción, muchas temen la reacción de su cónyuge, pero la sensibilización empieza a dar sus frutos y una de cada cuatro acepta tomar medidas. “Eso para nosotros ya es un éxito”, asegura.

A Mariama Aboubacar se le ocurrió la idea de integrar la planificación familiar en el CRENI tras recibir una formación específica de Control de Calidad por parte de Acción contra el Hambre (ACH). El proyecto, de 180.000 euros, se ha puesto en marcha con la colaboración de la Obra Social de LaCaixa y durante dos años ha servido para reforzar las capacidades de 212 enfermeros, médicos y agentes de salud que se ocupan de la desnutrición. “Los cursos nos han permitido optimizar la gestión de los pacientes desde que entran hasta que salen. Ahora es todo más ordenado”, explica el doctor Abass. Por su parte, la enfermera Barkissa Seydou, que trabaja en el hospital de Mayahí desde hace dos años, pone el acento en la mejora de las condiciones higiénicas tras la formación. “Se nota mucho. Ahora todas las jeringuillas usadas van a una caja, antes estaban tiradas por todas partes”, explica.

La formación del personal sanitario es clave en un país donde hasta hace unos años ni siquiera se reconocía el problema de la desnutrición. En Niamey, la capital, se encuentra el Instituto de Salud Pública. De allí salen los profesionales que luego se distribuyen por todas las regiones con el objetivo evidente de salvar vidas, pero también el de contribuir a reducir la tasa de niños desnutridos, esa pesada losa que lastra a todo Níger. El Instituto abrió sus puertas hace quince años y cuenta con 811 alumnos. Desde 2013, presume orgulloso del primer Máster en Nutrición del país gracias a la iniciativa de ACH en colaboración también con la Obra Social de La Caixa, otro proyecto financiado con 375.000 euros que ha permitido formar a 53 estudiantes al más alto nivel académico.

En el máster, que cuenta con veinte módulos y dura dos años, hay matriculados 24 alumnos, la mayoría mujeres. Aishatou Ibrahim, enfermera de 25 años, es una de ellas. “Una vez termine me gustaría trabajar para el Estado, apoyar a mi país en esta lucha”, asegura. Gracias al apoyo y esfuerzo de su familia ha podido pagar los 1.500 euros que cuesta, una cantidad importante que percibe como una inversión de futuro. Porque los estudiantes saben que trabajo no les va a faltar, bien en la estructura pública de Salud o en las numerosas ONG y organismos internacionales que se enfrentan a la desnutrición en Níger. Issa Akadi, enfermero de 35 años con experiencia en el terreno, dejó de trabajar para seguir formándose. “Me ha impresionado el máster en un sentido técnico, me va a permitir ser más competitivo”, asegura.

“El otro día tuvimos a una mujer que había tenido ya trece partos”

Un 40% de los alumnos son ya trabajadores del Ministerio de Sanidad y están becados por el Gobierno. Además de no pagar por la formación, siguen cobrando su sueldo mientras se preparan. Es el caso de Mahaman Sani Salaou, de 42 años, un experto nutricionista que ocupaba la jefatura de la división de vigilancia alimentaria y nutricional en Niamey hasta que comenzó el máster. “Reforzaré mis conocimientos en la materia”, explica. Igual que la enfermera Zeinabou Ibrahim, de 41 años, que trabajó durante ocho años en Mayahí y ha regresado a la capital para formarse.

Hasta ahora el único máster similar que existía en la región estaba en Benín, lo que obligaba a un costoso desplazamiento, y la matrícula era mucho más cara. El de Niamye, además de su cercanía, refuerza las capacidades en materias específicas como la gestión de proyectos o el análisis de datos. De él no solo saldrán expertos, sino jefes de equipo.

Sin embargo, el máster se enfrenta a algunos desafíos. El primero, la escasez de profesores cualificados en la materia, lo que obliga en ocasiones a alterar el programa y los horarios. Salissou Mahaman coordina la sección de Nutrición del máster, y se formó en Quebec gracias a una beca canadiense. “Faltan docentes de calidad en Níger y muchos de los que hay trabajan ya para organismos internacionales”, explica. De cara al futuro está previsto construir un laboratorio de Bromatología para que los alumnos puedan hacer más prácticas en el centro.

El doctor Malam Harou Sakiou, que como especialista en Nutrición ha trabajado desde 2005 en las sucesivas crisis alimentarias que ha vivido el país, también decidió hacer un alto en el camino para reforzar su formación. “Níger necesitaba algo así. Antes los que podían se iban a Benín, Túnez o a Europa, pero ahora es posible obtener esta formación aquí, sin salir de casa”. Por el contrario, Jamila Mahamadou Abdoulaye carece de experiencia en el terreno, pero sabe que con el título bajo el brazo puede optar sin problema a un puesto de trabajo. “Me atraen las ONG internacionales, la acción humanitaria”, asegura.

Los alumnos no son solo nigerinos, también vienen de Chad, Gabón, Togo o Burkina. “Existe una gran demanda de plazas”, asegura Abdou Sadou, secretario general del Instituto de Salud Pública. El interés ha provocado incluso que otros organismos como la Universidad de Niamey se hayan animado a crear sus propios másteres en Nutrición. Ya montado y funcionando, el desafío será mantener la calidad siendo autosuficiente.

Desde Mayahí, Ousmane Mahamane, responsable de Nutrición de Acción contra el Hambre en la región de Maradí, confía en ello. “El Instituto funciona bien, es un buen socio. Ahora tenemos en este país una formación específica y de calidad. Lo hemos podido comprobar con los alumnos que hicieron las prácticas con nosotros en Keita o en Madaoua, nos aportaron muchas cosas”. Mahamane, de 32 años, ve el futuro con optimismo. “Ahora el Gobierno es consciente de que la desnutrición es un problema que hay que abordar. Hay que centrarse mucho en la prevención como único medio para atajar este drama. Seguridad nutricional, contracepción, planificación familiar, cambios de comportamiento. En todo eso estamos trabajando ahora”, concluye. “Estoy seguro de que lograremos reducir la cifra de niños afectados. Lo lograremos”.

Este reportaje ha sido posible gracias a la colaboración de Acción contra el Hambre.

Así pueden ayudar los padres a sus hijos con preocupaciones


Los niños manifiestan sus preocupaciones de manera diferente a los adultos. EL MUNDO

La base de todo está en potenciar la comunicación diaria y establecer un nivel óptimo de confianza

Si el problema persiste en el tiempo y no se ha podido solucionar en casa, es recomendable buscar ayuda profesional

  • BEATRIZ G. PORTALATÍN
  • Madrid

30/04/2016 02:10

No sólo los adultos tienen problemas, los más pequeños y jóvenes de la casa, también se preocupan por sus cosas y pasan, como todos, por baches en su día a día. Su forma de manifestar que algo les preocupa es fundamentalmente, con cambios de actitud y de comportamiento. De modo que si nota que su hijo tiene algún cambio de conducta, probablemente esté disgustado o inquieto por algo.

Muchas veces los padres se preguntan cómo ayudar a sus hijos, cómo saber si les pasa algo, el porqué, por ejemplo, están tan tristes o irascibles: si es por porque están enfadados con algún compañero de clase, porque no han aprobado el control que esperaban etc. Preocupaciones propias de la niñez y adolescencia que pueden inquietar mucho a los chicos.

La solución, en cambio, es mucho más fácil de lo que parece: sólo hay que estar atentos a los que les pasa, hay que estar presentes en su día a día, conocerles, realmente. Saber cómo son. 

Según explica a EL MUNDO Montserrat Dolz, jefa del servicio de Psiquiatría y Psicología infantil y juvenil del Hospital Sant Joan de Déu (Barcelona), los padres deben establecer una relación de proximidad y confianza con sus hijos, pues si tú como padre fomentas una relación de confianza, promoverás una relación de confianza con tu hijo: “Es importante estar atento a lo que le pasa, y para ello hay que conocerle bien, saber qué le gusta, qué le pone triste o con qué cosas disfruta”, asegura esta especialista. 

Dialogar y compartir la cotidianidad 

Para conocer a los hijos y mantener con ellos esa relación próxima y de confianza, es fundamental hablar de lo que sucede en el día a día y comentar en familia esas pequeñas cosas que ocurren a diario. Los padres suelen preguntarse por qué sus hijos no le cuentan las cosas, pero es que los hijos también quieren saber de sus padres: si tienen problemas, si se han enfadado con algún compañero en el trabajo, si se lo han pasado bien con sus amigos etc. No sólo son los padres quienes quieren saber de sus hijos. 

Si tú no le cuentas nada a tu hijo, no esperes que él te cuente nada“, asegura Dolz. Por supuesto, ese diálogo hay que adaptarlo a la edad del niño. Por ejemplo, un niño de seis años no entenderá que su padre ha tenido algún problema en el trabajo pero un joven de 14 años sí lo hará. Se trata por tanto de hablar, de dialogar acorde a la edad del niño, todos los días mientras se cena o mientras se ve la televisión, la clave es comentar la cotidianidad: “Compartir es la base de la relación, es importante fomentar esa cultura de proximidad”, asiente la facultativa.  

Es fundamental además propiciar esa relación desde que son pequeños, que vean y que vivan en ese ambiente de diálogo y confianza, es muy bueno generar un buen ambiente familiar. “Así, cuando el niño crezca como un joven adulto habrá interiorizado un modelo positivo de relación”, asegura Rosa Collado Carrascosa, especialista en psicoterapia integradora del centro Álava Reyes de Madrid.

Es cierto que por el ritmo de vida que la sociedad demanda muchos padres no pueden estar con sus hijos todo lo que les gustaría, incluso muchos de ellos se sienten culpables por ello. Sin embargo, no se trata de pasar cuánto más tiempo mejor sino de “hacerles saber que son importantes para sus padres, que estos les respetan y que están  cuando se les necesita, aunque sea en pequeños momentos del día a día. La base está en potenciar la comunicación y establecer un nivel óptimo de confianza”, insiste Collado. Se trata por tanto, de calidad y no tanto de cantidad: “El tiempo de calidad adaptado a las actividades de cada edad. Un niño tendrá más necesidad de jugar o tener la atención de los progenitores, un adolescente buscará más su apoyo y su valoración”, añade.

Por otro lado, es importante también educar a los hijos en la cooperación y solidaridad. Según la opinión Felix Notario, miembro de la Asociación de Medicina del Adolescente, uno de los errores más frecuentes de las actuales generaciones de padres, compartido desde la generación de los ahora abuelos, es darse por satisfechos con los hijos, si estos van bien en sus estudios y no tiene conductas problemáticas. “Trabajar la importancia de la cooperación  y la solidaridad en la escuela y la comunidad es también central si queremos tener ciudadanos responsables y solidarios que, además serán también más felices”, señala este experto. 

Atentos a los cambios de conducta 

Bajo esa base de confianza y conocimiento, es importante estar atento a cambios. Si por ejemplo, señala Dolz “tu hijo llega siempre silbando a casa y de repente no lo hace, probablemente le pase algo”. Es necesario captar los cambios de comportamientos: “Los niños más pequeños no expresan la tristeza como lo expresan los adultos, los pequeños pueden estar tristes y preocupados por algo y en general, no lo manifiestan”, añade. Suelen  expresarlo, por ejemplo, con el mal humor, irritabilidad o con el enfado. 

En el caso de los adolescentes, a ellos lo que más les importa y les preocupan son, entre otros aspectos los relacionados con los cambios físicos y su imagen corporal (que tiene que ver con su identidad y su autoestima); con el despertar sexual y las relaciones amorosas (sentirse queridos y no rechazados; miedo a los embarazos no deseados etc); y con sentirse aceptados en un grupo. “Sentir que no cumplen las expectativas que se tienen sobre ellos (a nivel individual, intelectual o social) o sentirse sumamente exigidos o fuera de lugar o sobreprotegidos o abandonados y poco atendidos, puede generarles mucha tristeza y preocupación en ellos, hasta el punto de afectarles en sus relaciones interpersonales y su cotidianidad”, afirma Collado. 

Los adolescentes ya sí suelen expresar sus emociones, más parecidas a las de un adulto, pero también en ellos suelen estar muy presentes otros aspectos como por ejemplo, la irritabilidad o la apatía. En este sentido hay que estar más atentos a los cambios de conducta que puedan tener, pues la adolescencia en sí ya es una etapa de cambios, por tanto, algo nos tiene que alertar más de lo común. 

Sin embargo, “hay padres que por el hecho de estar en la adolescencia lo excusan todo, y en parte es cierto porque los chicos en la adolescencia cambian su forma y estilo habitual, pero también tenemos que dejar un margen o observar. Es decir, no hay que ponerlo todo en el ‘saco’ de la adolescencia, porque es una época en la que les pueden pasar muchas cosas: desde preocupaciones cotidianas que les pueden generar malestar y preocupación hasta problemas más serios como por ejemplo, enfermedades mentales. No debemos olvidar que la gran mayoría de las enfermedades mentales empiezan en la adolescencia aunque la mayoría se diagnostica en la edad adulta”, expone Dolz. 

Cómo ayudarle en sus problemas

Una vez que sabemos que el chico está preocupado por algo, lo primero que hay que hacer es dejar que lo solucione él sólo, especialmente en el caso de los adolescentes, con la ayuda y el consejo de sus padres, pero sin que sean los padres quienes le solucionen el problema, sobre todo en los adolescentes. “Hay que estar ahí, pero tampoco los padres lo tienen que solucionar siempre todo”, aclara Dolz. 

Por ejemplo, si tu hijo adolescente tiene un problema escolar con las notas o algún enfado puntual con algún amigo y tú le ves que lo está pasando mal, que no está como siempre, primero él tiene que encontrar sus herramientas para solucionar su problema. Es decir, “no hay que buscar la ayuda profesional para todo porque si no creamos adolescentes inválidos. Eso sí, debemos como padres, acompañarlo y aconsejarle”, insiste.

En segundo lugar, si ha pasado un tiempo razonable y el problema aún no se ha solucionado, y el adolescente sigue teniendo mucho malestar (la clave está sobre todo en el nivel de malestar) es recomendable buscar ayuda profesional. Por ejemplo, si el chico no puede dormir o está angustiado, si está cambiando hábitos de su vida cotidiana porque es una situación que le puede, entonces merece la pena consultar a un especialista para ver qué está ocurriendo. 

Pero sin duda, “el mejor enfoque es darle soluciones a su nivel, es decir, sin ‘psicologizar’ todo, buscar la solución a lo que sucede, y si la cosa no va bien y se prolonga en el tiempo, entonces es mejor acudir a un profesional con toda libertad y confianza”, concluye Dolz.