¿Sabes qué hacer con tu vida (deportiva)?

La falta de tiempo y voluntad son, por este orden, las excusas estrella de los vascos que no realizan de manera habitual ningún tipo de deporte. Y el porcentaje no es precisamente residual, sino que alcanza casi un tercio de la población. En concreto, según la última Encuesta de Salud del Gobierno Vasco, un 27% de hombres y un 34 de mujeres en Euskadi es inactivo, es decir, no cumple con los requisitos mínimos de actividad física reconocidos por la Organización Mundial de la Salud. Además, cerca de la mitad de los vascos realiza su trabajo sentado y solo uno de cada cinco va al trabajo diariamente de forma activa, esto es, andando o en bicicleta. De hecho, esta última tiene una presencia meramente simbólica: solo es empleada por uno de cada cien, frente al 9% de media en Europa.

Detrás de todos estos números lo que asoman son riesgos para la salud en forma de hipertensión, diabetes, obesidad o cáncer, señala la directora de Salud Pública, Miren Dorronsoro. Así que para conseguir que dejemos de buscar ‘peros’ en la letra pequeña de nuestras vidas el Gobierno Vasco desarrolla Mugiment, un conjunto de estrategias dirigidas a diferentes públicos y sectores de actividad cuyo fin último es combatir el sedentarismo y fomentar un estilo de vida saludable. “Cambiar hábitos es difícil, somos conscientes de ello y por eso trabajamos con aspectos como la motivación. Es necesario individualizar las necesidades de cada uno y que podamos elegir”, señala Dorronsoro. Así acaba de nacer Mugibili, una página web que, a modo de buscador, nos ofrece todo tipo de actividades organizadas por centros públicos, federaciones, gimnasios privados o clubes deportivos. Es una enciclopedia de la vida activa, actualizada constantemente, en la que cualquier usuario puede acotar la búsqueda de su deporte favorito según su ubicación –en un radio de hasta 25 kilómetros-, modalidad, público objetivo y lengua en que se imparte.

Cualquier usuario puede acotar la búsqueda de su deporte favorito

En unos segundos, la pantalla del ordenador nos cuenta que los niños de ocho años pueden practicar waterpolo todos los lunes por la tarde en un club de Leioa o que, si nos animamos, la tercera carrera de montaña Lezo-Jaizkibel ha abierto ya su período de inscripción. Esta herramienta ha conseguido convencer a 10.000 vascos en apenas un mes, pero para quienes, tras visitar www.mugibili.euskadi.eus, sigan encontrando argucias para no ponerse las zapatillas, hay más. Por ejemplo, Mugilan, plan enfocado al entorno laboral que desarrolla su programa piloto con los trabajadores del Gobierno Vasco en Lakua (Gasteiz). Entre las iniciativas que contempla, elaborar rutas para caminar por los alrededores del centro de trabajo en los ratos libres, proporcionar bicicletas a los empleados para que las dos ruedas sean el medio de transporte de cada día hasta la oficina o implantar reuniones walk and talk, es decir, trasladar una parte de las tareas diarias de la mesa del despacho al aire libre. Junto a ellos hay también planes dirigidos a sectores concretos de la población. El primero, Mugikasi, destinado a aumentar la actividad física en escolares.

De momento está en desarrollo en los ciclos de Primaria y Secundaria e intenta, por ejemplo, crear caminos saludables por los que desplazarse hasta los colegios. Junto a él, Mugibeti, centrado en mayores de 65 años. Y es que en estos dos grupos de edad se agravan respectivamente dos de los principales problemas de salud del siglo XXI: la obesidad y la dependencia. Completa este apartado Mugiegun, dirigido especialmente a mujeres que nunca han practicado deporte. Su finalidad es fomentar la implicación de éstas en actividades ya existentes reorientándolas hacia objetivos más allá de la mera competición. Es, por tanto, una estrategia global, pero que asienta sus bases en lo particular: ahora cualquiera está a un click de empezar a cambiar las estadísticas, a un click de dar sus primeros pasos como gimnasta en Oiartzun, de prepararse específicamente para la temporada ciclista aficionada en Gasteiz o de descubrir que su pasión es el alpinismo gracias a un curso de iniciación que la Federación Vizcaína de Montaña organiza en Lezama este mes de febrero.

“La realidad con la que convivimos es una simulación de nuestro cerebro”

Susana Martínez-Conde, directora del laboratorio de Neurociencia Visual del Instituto Barrow (Phoenix, EEUU), muestra el que quizá sea el único vídeo donde es posible ver feo a Brad Pitt. El actor estadounidense aparece con el mismo rostro de siempre, junto a otros compañeros de profesión, pero un pequeño detalle lo trastoca todo. Una simple cruz en el centro de la imagen, en la que el observador ha de fijarse mientras se suceden las caras, cambia el punto de vista y las expectativas del que mira que pasa a comparar unos rostros con otros convirtiendo en extremas las diferencias entre sus rasgos.

La investigadora española utilizó este y otros ejemplos durante una presentación en la Casa de América de Madrid para mostrar que aunque “existe una realidad ahí fuera, nosotros no interactuamos con ella”. La única realidad con la que convivimos de verdad es una simulación creada por nuestro cerebro que a veces coincide con lo real y a veces no”, añade. En el mismo encuentro en torno a lo que se sabe sobre el cerebro, compartió su conocimiento con otros dos investigadores iberoamericanos: Facundo Manes, neurocientífico y rector de la Universidad Favaloro de Buenos Aires, y Raúl Rojas, experto en inteligencia artificial de la Universidad Libre de Berlín. Los tres trabajan para entender cómo nos acerca a la realidad ilimitada nuestro cerebro limitado y, en el caso de Rojas, qué posibilidades tenemos de inventar inteligencias mecánicas que nos echen una mano con la vida.

Lo más alto de la inteligencia es la mentira, porque para mentir he de tener un modelo mental del otro

“Muchas veces pensamos en la visión como una experiencia pasiva, pero siempre es dinámica y activa”, continúa Martínez-Conde, que investiga las bases neuronales de nuestra experiencia subjetiva. “El cerebro siempre está buscando información y con los pocos aspectos que percibe después completa la información”, continúa.

Manes recuerda también otra particularidad de nuestra manera de acercarnos al mundo. Aunque nos gusta pensar que somos seres racionales, las decisiones nunca se toman después de un análisis frío de los datos. “Durante mucho tiempo se consideró que para tomar una decisión racional debíamos dejar las emociones de lado. Hoy sabemos que las emociones y la razón trabajan en tándem en la toma de decisiones”, señala el científico argentino.

Esas emociones tienen una base biológica generada por millones de años de evolución. Los ancestros humanos, en su lucha por la supervivencia, se acostumbraron a clasificar el mundo entre nosotros y ellos, asignando emociones contrapuestas a cada uno de los grupos. “Nosotros en Chile hicimos un experimento con chilenos mapuches y no mapuches, poniéndoles electrodos y mostrándoles fotos de ambos grupos sociales”, cuenta Manes. “En cuestión de milisegundos el cerebro se da cuenta de si la foto pertenece a su etnia o no y si pertenece lo asocia con algo positivo y si no con algo negativo”, afirma. “Por este motivo va a ser difícil solucionar el tema palestino y judío desde una oficina en Washington, porque biológicamente en el cerebro ya tenemos prejuicios contra el que es diferente a nosotros y justamente la clave de la armonía es buscar puentes con el que piensa distinto”, señala. “Entendiendo el mecanismo de la empatía no solo vamos a poder ayudar a pacientes con problemas de déficit de interacción social, como la esquizofrenia o el autismo. También entenderemos fenómenos sociales como conflictos que escapan a la lógica y tienen más que ver con impregnaciones biológicas de la historia personal que pasa de generación en generación”, concluye.

Biologicamente en el cerebro tenemos prejuicios contra el que es distinto de nosotros

Raúl Rojas considera que la neurociencia puede ser una inspiración para la inteligencia artificial, aunque cree que su función no consiste en recrear cerebros humanos. “En inteligencia artificial, entre los 50 y los 90 el esfuerzo se dirigió a resolver problemas combinatorios aplicando reglas una detrás de otra”, apunta. “El ejemplo típico es el ajedrez. Los humanos juegan reconociendo patrones, conociendo la situación del juego y haciendo después los movimientos, pero una persona no está calculando millones de movimientos en su cabeza”, explica. “La computadora calcula esas alternativas de movimientos propios y contrarios y como es muy buena haciéndolo las máquinas ya ganan a los humanos al ajedrez con esa solución de fuerza bruta”.

Desde los 90, el interés está en los problemas que los humanos resuelven de manera subconsciente. “Reconocer caras, traducir un idioma o conducir un automóvil se hace sin conciencia. Yo puedo conducir, llegar a mi casa y no sé cómo he llegado”, ejemplifica. “Con estas ideas hemos desarrollado robots futbolistas que juegan muy bien al fútbol. De hecho, cuando empezamos a desarrollarlos uno podía tomar el joystick y jugar contra los robots y ganarles, pero ahora juegan tan rápido y tan bien que no hay manera”, explica.

Aunque los robots pueden ganar a los humanos en muchas cosas, aún quedan espacios en los que los humanos tienen ventaja. Por ejemplo, la mentira. “Lo más alto de la inteligencia es la mentira en el sentido de que si yo le cuento mentiras a una persona tengo que saber qué sabe esa persona, tengo que tener un modelo mental de la persona para que me crea las mentiras”, explica Rojas. “Por eso es tan difícil decir mentiras, porque cuando lo agarran a uno por un lado con una información que no cuadra, hay que cambiar la historia y rehacerla inmediatamente. El test de Turing consiste en que la computadora cuente mentiras al humano para parecer humana, pero para hacer eso tiene que tener un modelo mental de la otra persona”, indica.

Emociones y razón trabajan en tándem en la toma de decisiones

En este sentido Manes recuerda que “un grupo de investigadores de Oxford encontró una correlación entre la capacidad de engaño táctico de una especie y su capacidad cerebral”, algo que puede indicar que esa capacidad fue un salto evolutivo más allá de lo social que nos hizo humanos. Martínez-Conde discrepa de sus colegas sobre la mentira como actividad humana por excelencia: “Tenemos una capacidad más refinada de engaño como una capacidad más refinada en muchas cosas, pero hay muchos engaños en el mundo animal, desde el mimetismo o el camuflaje en insectos a otros más sofisticados en algunos primates”. “En mi investigación me he interesado en por qué funcionan los trucos de magia en el cerebro. Es fácil engañar a un animal y lo hacen entre ellos, pero no creo que la magia funcione en un animal. Lo que es diferente para una persona en un espectáculo de magia, esta capacidad de asombro y maravilla es lo que nos hace humano”, afirma. Rojas sin embargo considera que sin un modelo mental del otro y un conocimiento de la diferencia entre la verdad y la mentira, lo que se está haciendo es simplemente despistar al rival, algo distinto del engaño.

El engaño, pero de uno mismo, es otro de los mecanismos de adaptación humana para gestionar el mundo con un cerebro limitado. Muchas veces tomamos una decisión y la justificamos aunque haya indicios de que ha sido un error. “Existe una gran inercia a mantener la opinión una vez que decidimos”, explica la investigadora. “Es un mecanismo de atajo mental, la disonancia cognitiva. Después de tomar una decisión no puedo cuestionarla todo el rato porque no tienes los recursos neurales para estar analizando de nuevo los datos una y otra vez”, añade.

Tras siglos de investigación, cree Martínez-Conde que será posible conocer al detalle la biología cerebral y, si la tecnología del futuro lo permite, construir una máquina con las capacidades del cerebro humano. Rojas, sin embargo, no cree que eso vaya a suceder, por cuestiones técnicas y por falta de interés. “No creo que una computadora, que puede ser muy rápida para tomar decisiones y mejores que las personas al poder sopesar más información, vaya a tener una inteligencia como nosotros. También porque las emociones juegan un papel muy importante en la toma de decisiones humana, y no creo que una computadora vaya a tener emociones”, explica. Además, en opinión de Rojas “no se puede reconstruir un cerebro con computadoras digitales porque el cerebro es un sistema analógico y en sistemas analógicos el mejor modelo con lo que sabemos actualmente es el sistema analógico mismo”. “Para construir cerebros humanos la mejor manera que tenemos ahora es tener hijos”, concluye.

¿Son seguras las cafeteras de cápsulas? Tiembla, George

A nadie se le escapa mantener la nevera limpia para conservar los alimentos. De igual forma, todo el mundo conoce lo temerario que resultaría higienizar utensilios para la comida con trapos de cocina sucios. Pero en esa conciencia pulcra por lo que comemos, la cafetera es una gran olvidada. Cuando la clásica italiana de rosca se ha convertido casi en objeto de museo en beneficio de las cápsulas, un reciente trabajo de investigación publicado en Scientific Reports, del grupo Nature y realizado por investigadores del Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva de la Universidad de Valencia, es el primero en identificar las bacterias de las modernas cafeteras de la oficina o del hogar.

Esta máquina da cobijo a variadas y abundantes familias de bacterias, pero no hay motivo para la alarma, como advierte Manuel Porcar, director de la investigación, en un trabajo enmarcado en la llamada bioprospección, una disciplina que pretende buscar hábitats poco habituales de microorganismos con aplicación industrial o biotecnológica, y la metagenómica, el estudio de las comunidades microbianas mediante la secuenciación de su ADN.

“Es un aparato totalmente seguro. Las cápsulas y el café no contienen ningún tipo de microorganismos que hayamos sido capaces de detectar. Pero en la bandeja que recoge las cápsulas usadas se produce la contaminación. A pesar de la relativa capacidad antibacteriana del café, hay una gran cantidad de microorganismos que podrían ser patógenos [que provocan enfermedad]. Por tanto, se debe evitar el contacto del líquido que se acumula en el compartimento inferior de las cápsulas usadas. Es cuestión de limpiar la máquina con cierta frecuencia (una vez a la semana, con agua y jabón o incluso unas gotas de lejía) y lavarse las manos después de hacerlo”, anota Porcar. 

Culturalmente, observa este investigador, parece que no se considera igual la limpieza de un trapo que de una cafetera. “Los microbiólogos vemos el mundo de otra manera, y siempre me ha sorprendido la gente que toma café de las cafeteras clásicas de rosca, y lo deja encima de la mesa de la cocina durante toda la semana y lo va bebiendo de ahí. Eso no lo haría nadie con la leche. El café no deja de ser un medio relativamente rico para el crecimiento de microorganismos”, dice.

“Los microbiólogos vemos el mundo de otra manera, y siempre me ha sorprendido que la gente que toma café de las cafeteras clásicas de rosca, lo deje encima de la mesa de la cocina durante toda la semana y lo vaya bebiendo de ahí”

A menudo, las cargas microbianas no nos hacen ningún daño: el cuerpo está preparado para ello. Pero un caso extremo de ausencia de higiene, en el que la bandeja donde caen las cápsulas usadas presente un completo abandono, podría causar problemas digestivos, a pesar de que la posibilidad sea remota, como señala Porcar. “Sucederá solo si hay un contacto significativo entre el líquido acumulado en el compartimento de las cápsulas usadas y el café que uno se bebe”. Pero el riesgo sirve para dejar claro lo siguiente: “Siempre que tratemos con alimentos no vale con tener limpio lo que se come o bebe, sino todo lo que le rodea [en este caso, la bandeja inferior]. Ingerir el líquido que se acumula [o que haya un trasvase tras su manipulación] podría generar trastornos leves”.

A partir del análisis de diez cafeteras, unas de uso doméstico (de una a tres usuarios) y otras de oficina (de 10 a 30 usuarios), los investigadores extrajeron y secuenciaron el ADN de los residuos acumulados. “El tipo y la cantidad de bacterias no difieren en función del número de cafés que haga la máquina. En todas las cafeteras se ha detectado un caldo similar, compuesto por el café diluido procedente del goteo de las cápsulas y agua”, aclara el investigador.

Un caso extremo de ausencia de higiene, en el que la bandeja donde caen las cápsulas usadas no se limpie con frecuencia, podría causar problemas digestivos, pero la posibilidad es remota

Tras detectar el número de bacterias en las cafeteras, un segundo análisis consistió en adquirir una máquina nueva de café, utilizándola dos meses en una sala cercana al laboratorio que dirige Porcar, con el resultado de observar que la comunidad microbiana no era la misma que la del principio del proceso de colonización. Un símil, indica este investigador, corresponde al del bosque quemado. “Como la sucesión ecológica posterior de un bosque que queda devastado por un incendio, lo mismo pasa con los microorganismos. En los restos de café de una máquina nueva, hemos visto que las primeras bacterias que llegan son, en muchos casos, generalistas y también fecales, pero poco a poco son sustitutivas por una comunidad microbiana muy parecida a las máquinas con meses o años de funcionamiento, formada por bacterias que toleran muy bien o, incluso, degradan la cafeína”.

Entre los 100 artículos de mayor impacto en Nature

La familiaridad del café y el sexapil de sus máquinas de cápsulas ha situado este estudio español entre uno de los de mayor impacto del grupo Nature, según el indicador Altmetrics, colocándose entre los 100 más vistos de los de más de 120.000 trabajos de investigación de su misma edad.

Con eco en diarios como The New York Times y miles de referencias en todo el mundo, el impacto mediático ha sido espectacular, reconoce Porcar, cuyo grupo acaba de publicar un trabajo similar sobre las bacterias en los paneles solares. “El impacto era de esperar. Una de las razones es la creciente preocupación por lo que comemos. Ojo: nadie va a morir por tomar café. En el artículo advertimos de que algunas bacterias son patógenas, pero con un mantenimiento normal de la cafetera se eliminan los problemas”. No se han documentado casos de intoxicación por consumo de café de máquina. Continúa el científico: “Cualquier titular sobre ‘Investigadores advierten del riesgo de…’ tiene muchas lecturas y la gente lo comparte en las redes sociales. Como sociedad, estamos ávidos de buscar nuevos peligros que nos amenacen, pero nunca hemos vivido tan bien como hasta ahora, al menos en Occidente”.

México confirma ya 18 casos de infectados por el virus del zika

El Gobierno de México ha confirmado 18 casos de infección por el virus del zika en el país. La secretaria de Salud, Mercedes Juan, ha informado de que la mayoría -13- se han localizado en el estado de Chiapas, al sur del país. Cuatro más se han detectado en Nuevo León y otro en Jalisco.

El virus del zika procede de África. Un mosquito, la misma especie que contagia el dengue y el chikungunya, infecta también del zika. Además de México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Colombia, Venezuela o Brasil sufren actualmente el ataque del mosquito. El caso de Brasil parece de momento el más grave, pues decenas de mujeres embarazadas, infectadas del virus, han dado a luz bebés con microcefalia.

Los síntomas del zika son malestar general, conjuntivitis, dolor en músculos y articulaciones, dolor de cabeza y vómitos.

La última leprosería


Vídeo: SERGIO GONZÁLEZ VALERO

El sanatorio de Fontilles acoge a 29 pacientes con lepra

Erradicada en Occidente, la lepra sigue presente en países pobres

La lepra en España: 130 casos en los últimos 10 años

  • PEDRO SIMÓN
  • Fontilles (Alicante)

Actualizado 31/01/201612:08

Cuando Francisco Rodríguez entró con el cuerpo lleno de bultos a la leprosería de Fontilles (Alicante), Fidel Castro aún seguía combatiendo en Sierra Maestra, Cela acababa de ser elegido académico y el Real Madrid alzaba su segunda Copa de Europa.

Allí sigue el anciano desde que ingresó con lepra en 1957.

Allí sigue el viejo pabellón para matrimonios infectados.

Allí sigue el cementerio de leprosos.

Y allí sigue el muro patibulario -tres kilómetros de largo, tres metros de alto y medio metro de grosor- que rodea el conjunto de edificios. Levantado en mitad de unos riscos para confinar a los enfermos de los que todo el mundo huía. Hasta sus propias familias.

-Llegué aquí en 1957. Con veintitantos años. Me salían tubérculos en la cara, en las manos, en los brazos…

-¿Y dolían?

-Sí, claro… Mi padre estuvo 10 años sin venir a verme.

El dolor.

Si usted es de los que piensa que el leproso tiene el rostro carcomido, los pies tullidos y los ojos llagados; si se imagina a un andrajoso que camina haciendo sonar una carraca para advertir a los sanos de su presencia; si cree que tocarles conlleva el contagio letal, entonces a lo mejor le conviene pararse unos minutos a leer este artículo.

A la primera que le vendría bien leerlo es a la mujer del cronista, que nada más escuchar a dónde iba a viajar el marido se quedó con la cuchara de la sopa parada a mitad de camino de la boca.

-Me voy a una leprosería. En Alicante. La única que hay en Europa.

-Ya puedes tener cuidado.

A la segunda que le vendría bien leerlo es a la mujer del fotógrafo.

-Tengo que ir a hacer fotos a una leprosería.

-Di que no. Diles que tenemos un niño pequeño.

Nada justifica semejante cautela en el sanatorio de Fontilles. Ni el número de internos (entre estas paredes viven 29 residentes que pasaron la enfermedad y hay 35 enfermos en tratamiento ambulatorio). Ni la prevalencia de la enfermedad (en España sólo se dan entre 15 y 20 nuevos casos por año). Ni las posibilidades actuales de contagio (el largo tratamiento multiterapia que se aplica desde 1982 mata el 99,9% de la bacteria desde la primera dosis).

Nada justifica semejante cautela, decíamos. Ni por supuesto lo que le ocurrió una tarde a Abilio Segarra, un residente que ingresó con 17 años y que hoy -en estas páginas, por primera vez- le está diciendo a mucha gente de su entorno una cosa que no sabían: él tuvo la lepra.

-Varios del sanatorio fuimos a una obra de teatro a Murla, entramos a un bar por hacer tiempo, íbamos a tomarnos una cerveza. Nos reconocieron y nos echaron… Fue lo mismo que le pasó a mi abuelo, que también estuvo enfermo de lo mismo. En cuanto se enteraron de que era leproso, le sacaron de la taberna y quemaron el taburete en el que se había sentado.

-¿Todavía sigue el estigma?

-Claro. Muchos familiares se me han muerto sin saber que fui leproso. Otros ni siquiera lo saben. Mejor no hablar de esto.

En el mundo occidental -donde la lepra ha sido prácticamente erradicada-, la última leprosería de España es también la última leprosería de Europa. Visto desde la balconada en la que estamos, frente al vetusto pabellón principal, las 73 hectáreas que ocupa la finca ofrecen un aspecto a mitad de camino entre un balneario y un presidio. Porque una sutil mezcla de las cosas fue o es.

Como pasa muchas veces en el periodismo, para entender el lugar no sólo hay que abrir mucho los ojos. Sino también cerrarlos.

Desde que el sanatorio abrió sus puertas en 1909, el centro fue creciendo hasta constituirse en un auténtico pueblo de leprosos, con 400 enfermos viviendo intramuros. Había una herrería y una carpintería, una panadería y una peluquería, una zapatería y una imprenta, una banda de música y hasta un camposanto.

Hoy, los últimos de Fontilles no quieren hablar de muertos. Sino de vida.

Debe ser que los residentes no tienen costumbre de que se les toque: cada vez que les tendemos la mano para estrechársela, nos quedamos con ella suspendida en el aire.

“Todo empezó aquí cerca, en un pueblo llamado Parcent, a finales del siglo XIX: allí, de los 800 vecinos, 60 tenían lepra. Y en muchos pueblos de la zona pasaba lo mismo. Por eso se creó este espacio, para tratarles”, explica el doctor José Ramón Gómez, director médico de la leprosería. “Se buscaba un lugar con terreno y agua, abierto al mar, porque entonces se decía que los enfermos podían tener malos olores”, señala a lo lejos, donde asoma el Mediterráneo. “La enfermedad afecta mucho a la piel, al sistema nervioso periférico, los enfermos pierden el tacto, el sentido del calor y del frío, tienen úlceras; a la bacteria le gusta vivir en los nervios y los pacientes sufren mutilaciones. Desde el punto de vista estético generaban mucho rechazo porque daban miedo”.

La culpa es de las malas lenguas y de las buenas películas. De la escena del valle de los leprosos de Ben-Hur. De la secuencia de la isla de contagiados de Papillón. Del final de Molokai. De La ciudad de la alegría. De todo ese imaginario que nos pinta a los leprosos como zombis vivientes que se te llevan al otro mundo.

Y ya ven. Con su mesita repleta de fotos de los sobrinos, con su medalla de la virgen de la patrona de su pueblo al cuello, con su telenovela venezolana en la pantalla, Josefa Cruz es lo menos parecido a un zombi y lo más parecido a una abuela que te gana a la brisca.

La suya es una historia de soledad, de postración y de estigmas. Pero también es una historia de amor en los tiempos del cólera.

- Me puse enferma cuando era la modista más famosa del pueblo. Con 26 años me dijeron que tenía lepra. En el pueblo estaba muy mal visto. A la gente le dio mucha pena lo mío. ¿Pero qué me iban a decir? Me tuve que ir. Primero a Madrid. Luego me mandaron al sanatorio de leprosos que había en Trillo. Y fue allí donde conocí a un chico enfermo, Emilio, mi marido, también leproso. Nos casamos en la capilla del pueblo. No fue nadie. Sólo los hermanos míos.

Nos lo cuenta acercándose mucho, como para vernos bien: ciega de un ojo, en el otro sólo conserva un 25% de visión.

Los últimos de Fontilles te cuentan historias brutales piel adentro y piel afuera. Los 43º de fiebre. Los contagiados que venían después de años de vivir en cuevas y llegaban negros de hollín a Fontilles. Familias que trajeron a su enfermo en un carro de mulas, lo depositaron en la puerta y se dieron a la fuga. Los que perdieron la nariz o las orejas. ¿Marca más una cicatriz o el ostracismo?

Abilio no para de hacerles fotos con el móvil a los periodistas. No es porque sea un groupie de EL MUNDO. No es porque estéticamente la instantánea merezca la pena. Es porque en su cuenta de Facebook (ahí sí) tiene “un montón de amigos” y él quiere compartir este momento.

“Todavía en la calle se creen que les pegamos algo”, musita. “Yo dije que de aquella enfermedad mala iba a hacer una vida de paraíso”. Y se curó. Y se hizo camionero. Y se casó. Y tuvo un hijo. Y hace un año, cuando falleció la esposa, decidió regresar al lugar donde no es distinto.

Los pies de Abilio a veces están hinchados. Tienen marcas. Y todavía se le ponen morados en invierno por culpa de aquella enfermedad. Los finales felices siempre tienen alguna esquirla que se te clava cuando andas descalzo.

La esquirla: el día en que Abilio regresó a Vinaroz curado después de seis años, cuando entró en su casa y dijo aquí estoy, allí no hubo fiesta ni serpentinas.

Su padre le miró de arriba abajo y luego se dirigió a él. Un padre como un muro de tres metros de alto, tres kilómetros de largo y medio metro de grosor.

-¿Ya has venido… tan pronto?

Dentistas contra clínicas dentales


Uno de los establecimientos de Funnydent en Madrid. EL MUNDO

Actualizado 31/01/201602:29

El cierre repentino de las clínicas Funnydent, que deja tras de sí a miles de damnificados, no ha pillado por sorpresa a los especialistas, que llevan tiempo alertando de los riesgo de la proliferación de clínicas odontólogicas en España que precarizan su profesión y ponen en riesgo la salud de los pacientes.

Según datos del propio Consejo, las 19 cadenas más importantes de clínicas dentales tienen actualmente más de 1.000 centros abiertos, con una media de cuatro gabinetes por empresa. “Podemos estimar que existen unos 4.300 gabinetes operativos empleando a tiempo parcial o total a unos 5.000 profesionales”, explica a EL MUNDO Óscar Castro Reino, presidente del Consejo General de Colegios de Dentistas de España.

Este Consejo lleva tiempo alertando de los riesgos de este tipo de clínicas en las que el criterio de rentabilidad prima por encima de cualquier otro, con el ‘gancho’ incluido de personajes famosos en su publicidad. “Hemos visto azucarillos en de cafetería que sirven como ‘vale por un empaste’, tickets de gasolinera que anuncian ‘un empaste gratis’, ortodoncias para niños gratis con la compra de libros de texto…”, todo esto no está regulado por ley”, advierte Castro Reino. Además, desafortunadamente, añaden, el cierre repentino de estos establecimientos, como el caso de Funnydent, no es infrecuente y citan los casos de Caredent en Sevilla, Dental Family en Cádiz, Dental Line en Alicante…

El número de denuncias por mala praxis en los Colegios de Odontólogos ha aumentado un 30% en los últimos cinco años y los especialistas denuncian que en muchos de estos casos, el carácter de franquicia de muchos de estos establecimientos dificulta los litigios a la hora de reclamar responsabilidades por parte del paciente.

En el periodo 2010-2014, el 36% de las quedas recibidas en los colegios provinciales de dentistas procedía precisamente de clínicas dentales no autónomas, que representan el 4,5% del total.

A menudo, advierten, para obtener precios tan competitivos estos nuevos empresarios de la boca no sólo precarizan a los propios dentistas que emplean, sino que emplean materiales de peor calidad o tecnología sanitaria que no cumple los estándares necesarios.

Castro Reino recuerda que desde los años 90, el número de facultades de Odontología en España se ha multiplicado un 120%, pasando de sólo nueve públicas a un total de 20 (12 de ellas públicas y ocho privadas).

Este auge del número de dentistas que salen anualmente al mercado laboral (unos 1.850 dentistas al año) está detrás de un fenómeno que preocupa desde hace años al Consejo de Dentistas. “Antes, el dentista era mayoritariamente un autónomo puro, ahora ha pasado a ser un trabajador de empresas de servicios dentales, que contratan mano de obra barata, abaratan los servicios y hacen que el facultativo no sea dueño del diagnóstico”, explica Castro Reino a EL MUNDO.

En 1995 había en España 13.500 dentistas. Veinte años más tarde esa cifra ha alcanzado los 35.000. “La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un dentista por cada 3.500 habitantes; aquí tenemos uno por cada 1.367 habitantes”, explica el representante de los odontólogos españoles. De todos ellos, explica, en 2020, casi el 40% será un trabajador por cuenta ajena en clínicas tipo franquicia.

A su juicio, la desatención que han tenido en España los servicios dentales en el ámbito de la sanidad pública es otro elemento en este cóctel explosivo. “Países vecinos como Francia y Portugal hacen un reembolso directo y allí se cubren hasta el 80% los tratamientos dentales”, señala como ejemplo. “No queremos una atención privada, somos partidarios de que el estado se comprometa, porque está demostrado que eso funciona. Cuando se implantaron planes de atención bucodental infantil en una serie de comunidades, se redujo la incidencia de caries un 40%”.

El virus del zika se expande por Colombia, el segundo país más afectado

El Instituto Nacional de Salud (INS) de Colombia constató ayer el aumento en el número de casos de personas infectadas con el virus del zika en todo el territorio nacional. Según datos del organismo, hasta la tercera semana de enero se contabilizan 20.297 afectados. Una semana atrás, de acuerdo con los mismos registros, la cifra llegaba a los 16.419. La preocupación, dice el Ministerio de Salud, es que en las próximas semanas siga en aumento. De todos los casos registrados, 1.911 corresponden a mujeres embarazadas. En el reporte de la semana anterior el número de gestantes con el virus llegaba a los 890 casos. En pocos días se duplicó.

El ministro de Salud, Alejandro Gaviria, señaló que el país debe esperar alrededor de 600.000 casos de zika hasta finalizar el año, con 500 casos probables de microcefalia y 500 casos de alteraciones neurológicas relacionadas con Guillain Barré. Aseguró que las próximas 15 semanas son claves para la prevención de la enfermedad. “En Brasil están distribuyendo repelente para la población vulnerable y hacia ese lado debemos encaminarnos”, señaló. Justamente Colombia, según las cifras oficiales, aparece como el segundo país más afectado por el zika después de Brasil. El gigante sudamericano contabiliza 3.893 casos sospechosos de haber desarrollado microcefalia y ha decidido distribuir repelentes contra mosquitos a 400.000 mujeres embarazadas.

En Colombia, los nuevos datos confirman que Norte de Santander, en el oriente del país y fronterizo con Venezuela, es el que más casos de embarazadas infectadas registra, con 787 gestantes.

El Gobierno colombiano decretó el nivel de alerta verde, que exige a los hospitales de las ciudades y pueblos ubicados a 2.200 de altura tomar medidas de prevención ante la inminente fase expansiva del virus. La recomendación se suma a la que el Ministerio de Salud ha hecho a las parejas que quieren tener hijos para que pospongan los embarazados durante ocho meses.

El virus del zika es transmitido por un mosquito del género Aedes y causa normalmente una infección leve, pero se asocia a dos graves problemas de salud como lo son la microcefalia en hijos de madres infectadas y algunos casos del síndrome de Guillain Barré.

La Organización Panamericana de Salud (OPS) pide ampliar el acceso a los anticonceptivos en América Latina ante la expansión del virus, pero recuerda que la decisión de concebir es un derecho exclusivo de la mujer. Puerto Rico, Ecuador, Colombia, República Dominicana, Jamaica, Honduras, Panamá y El Salvador han pedido a sus ciudadanas que no se queden embarazadas mientras exista peligro de infección por el zika en el país, hasta que se sepa más del virus y, en el caso de El Salvador, hasta dentro de dos años.

El ministro de Salud de Colombia viajará esta semana a Uruguay para participar en la cumbre de ministros de salud de América que busca idear una estrategia en la región para la lucha contra el zika.

El arte de cambiar de peso

“¿Te ves capaz de adelgazarme?”, le dice Borja, un tipo regordete que quiere quitarse unos kilos de más a María en la cinta Requisitos para ser una persona normal. Pero en la vida real la cuestión fue al revés. Manuel Burque, el actor que interpreta a Borja, tuvo que subir 15 kilos en dos meses y medio para poder encarnar al entrañable personaje. Como Burque muchos han sido los actores que han accedido a sacrificar su físico por un personaje.

Pero ¿cuál es el riesgo que corre la salud al engordar y adelgazar en poco tiempo? Lo explica Ángela Quintas la responsable de hacer que Burque aumentará de peso. “Si se hace de manera correcta su salud no tiene por qué verse mermada. Pero puede ocurrir que sus parámetros lipídicos se vean alterados”, expone la experta en nutrición clínica. Quien además confiesa que engordar no siempre es tan fácil como se cree. “Muchas veces cuesta subir de peso de manera salúdale porque no consiste en comer todo lo que se quiera (bollería industrial, embutido, pan) hay que comer cosas saludables que contengan poca cantidad de grasas saturadas”.

El actor de El partido confirma la tesis. “Fueron dos meses de sufrimiento. Tengo el metabolismo rápido”, cuenta Burque por teléfono desde Berlín, donde se encuentra rodando la serie Buscando el norte. Y es que para aumentar los 15 kilos tenía que comer siete veces al día. “Desayunaba tres veces; la comida era a base de muchos hidratos y proteínas, además de pan, postre y un batido. Luego la merienda y para la cena era lo mismo que la comida”, relata. Durante ese tiempo tuvo prohibido cualquier actividad física, incluido el sexo. Volver a su peso no fue tan difícil, solo le tomo dos meses.

El camaleónico Bale

Uno de los casos más famosos de adelgazamiento fue el del musculoso Christian Bale. En 2004 el intérprete quedó en los huesos tras bajar 29 kilos, para su papel como Trevor Reznik en El maquinista. El actor realizó una dieta extrema en la que comía únicamente atún y yogur. Al principio también acompañaba su régimen con ejercicio. Hasta que con el tiempo y tras la excesiva pérdida de peso “ya no podía ni correr. Era más como andar a tropezones”, confesó.

En aquel entonces el protagonista de Batman: El caballero oscuro, admitió que cuando que leyó el guion pensó: “¡Qué bien! ¡Tendré la oportunidad de perder peso!”. Se ha hecho fama de tener facilidad para engordar o adelgazar, —un año después de El maquinista, reapareció como Batman donde tuvo que aumentar de peso y masa muscular, para luego volver a transformarse en un tipo raquítico en El ganador, papel por el que se llevó el Oscar a mejor actor de reparto— .Ahora, en cambio, no ha estado dispuesto a someterse otra vez a este tipo de dietas y ha declinado a interpretar al creador de la escudería italiana, Enzo Ferrari, pues “no puede engordar tanto” y menos con tan poca antelación.

Las actrices tampoco se salvan. Charlize Theron es una de las que aceptó el desafío de alterar su figura. En la cinta Monster tuvo que aumentar 15 kilos para dar vida a Aileen Wuormos —papel que le mereció un Oscar como mejor actriz—; o Renée Zellweger que también subió 15 kilos para interpretar el rol que la perpetuó en la fama: Bridget Jones. Incluso hay algunas que pusieron su vida en peligro. Este es el caso de Antonia Campbell-Hughes, en 3.096 días. Durante el rodaje se rompió un tendón y se fracturó una costilla por su dramática pérdida de peso.

Otros que cambiaron su imagen fueron los protagonistas de Dallas Buyers Club: Matthew McConaughey bajó 22 kilos y Jared Leto 14. Este además se depiló las cejas para encarnar a un transexual.

 

La lucha contra una enfermedad que conocemos “poco y mal”

De la lepra sabemos “poco y mal”. Es la opinión de José Ramón Gómez, un médico que conoce mucho y bien esta enfermedad olvidada y estigmatizada de la que apenas queda un ligero recuerdo en los países ricos. A los pobres nunca dejó de azotarlos. Es un mal que, como la mayoría, se esparce mejor entre la miseria, el hacinamiento y la ausencia de condiciones higiénicas. El último dato de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que 214.000 personas se infectaron en 2014.

Cada último domingo de enero, el Día Mundial de la Lucha Contra la Lepra trata de recordarnos a ricos y pobres que, aunque puede estar en el olvido, el mundo no ha terminado con la enfermedad. “Ni va a hacerlo”, puntualiza Gómez, que hace 30 años se fue a Valencia para echar una mano “durante unos meses” en la Fundación Fontilles. Hoy es su director médico de lepra y miembro del equipo de cooperación internacional. Ha vivido en Brasil y siempre que puede viaja por África y Latinoamérica para luchar contra la dolencia.

No aspira a terminar con la lepra porque donde permanece es precisamente en lugares con carencias sanitarias en las que, según cuenta, lo máximo a lo que se puede ambicionar es diagnosticarla de forma temprana para curarla y evitar las tremendas secuelas que deja si no se trata a tiempo. Porque sí, tiene cura. Pensar lo contrario es uno de los mitos sobre la enfermedad de los que se queja Gómez. Pero desde 1982 existen fármacos que, en un tratamiento de un año, plantan cara a la Mycobacterium leprae. De hecho, según la jerga de la OMS la eliminación mundial —es decir, una tasa de prevalencia de menos de un caso por 10.000 habitantes— se alcanzó en el año 2000. Desde 1995 la organización proporciona gratuitamente a quienes la requieren un tratamiento multimedicamentoso que, a lo largo de las últimas dos décadas, ha conseguido curar a cerca de 16 millones de pacientes.

La lepra es una enfermedad curable y poco contagiosa, pese a que muchos piensan lo contrario. La clave es el diagnóstico temprano

Por eso, la clave está en el diagnóstico. “Mi reto cuando viajo a los lugares donde la enfermedad causa más problemas es preparar al personal sobre el terreno para detectarla, si se consigue concienciar sobre esto, no tiene por qué ser un gran problema”, asegura el médico.

El último informe de la OMS, sin embargo, indica que la tasa de personas con discapacidades visibles en el momento del diagnóstico ha aumentado en el último año. Esto significa que la lepra se está diagnosticando tarde y que falta información sobre los primeros síntomas de la enfermedad: manchas en la piel ausentes de sensibilidad y nervios gruesos, sobre todo. El problema de esto no es solo el de las secuelas que deja en los enfermos, que estas sí pueden ser irreversibles, sino también que al no estar tratada se puede contagiar, algo que se frena cuando quien la padece está bajo medicación.

A pesar de todo, otra de las cosas que “sabemos mal” es la transmisión de la lepra. “Casi todo el mundo piensa que es muy contagiosa, y sucede todo lo contrario. Existe una predisposición genética que hace más probable la infección y esto se potencia en condiciones de vida precarias, pero en situaciones normales es muy complicado que unas personas transmitan la bacteria a otras”, explica Gómez.

En la Fundación Fontilles, donde trabaja, todavía tratan a una veintena de pacientes que sufrieron la enfermedad y que mantienen secuelas: problemas de movilidad en las extremidades y úlceras son las más frecuentes. Sin embargo, en España la lepra es prácticamente inexistente. Se detectan una veintena de casos al año y prácticamente todos son importados de otros países, de aquellos de donde procede buena parte de la inmigración que ha llegado en los últimos años, como Ecuador, Colombia o Brasil, según cuenta el médico.

Después de tres décadas dedicado a esta enfermedad casi por accidente —en Vitoria, de donde es natural, había trabajado en el ámbito de la neurología, una especialidad que guarda relación por los síntomas de la lepra—, Gómez sigue con ganas de viajar por el mundo para frenar en la medida de lo posible a la bacteria, aunque los recortes que afectan a la cooperación española se lo pongan cada vez más difícil.

Seis aplicaciones robóticas que no conocías

Tiene brazos, piernas y es de textura métalica: es un robot. Las imágenes de R2D2, el robot de Star Wars, o Terminator son las primeras en aparecer cuando hablamos de robótica. Pero este campo no deja de avanzar y ya se han introducido en terrenos en los que no se esperaba como la agricultura, la medicina o el reciclaje. Ahí estos robots más desconocidos se alejan del patrón humanoide. Presentados en la Global Robot Expo de Madrid, van desde esqueletos metálicos hasta lanchas naúticas que se dirigen solas . Aunque todos los investigadores coinciden en que el objetivo no es sustituir a los humanos, sí reconocen que cada vez se dota a los robots de más inteligencia artificial.

1. Terapia y rehabilitación:Volver a caminar. Eso es lo que promete el traje de músculo o exoesqueletodel profesor japonés Hiroshi Kobayashi. Este robot, que se adapta a la espalda y a la piernas, permite dotar de fuerza adicional a las piernas y al tórax. Funciona con aire comprimido y un neumático de goma. Una vez colocado es posible activarlo con la boca e incluso con la barbilla. “Lo hemos pensado tanto para personas sanas como con alguna discapacidad”, explica el profesor Kobayashi, de la Universidad de Tokio. Se puede utilizar para trabajos que requieran un gran esfuerzo físico como la distribución, la agricultura o el cuidado asistencial de personas sin movilidad. “Puedes levantar mucho más peso sin apenas esfuerzo”, razona Kobayashi. Pero su objetivo principal es ayudar a la rehabilitación de personas que han perdido parte de la movilidad y puedan lograr andar por sí solas. Tiene un precio de 4.500 euros, aunque de momento solo se comercializa en Japón.

2. Reciclaje: Los expertos en robótica suelen hablar de las tres D (dirty, dull, dangerous): “Si un trabajo es sucio, aburrido y peligroso, es un trabajo para robots”. Esa es la premisa que ha llevado a Sadako a idear unos robots destinados a la separación de basura en las plantas de reciclaje. “En un primer momento solo pretendemos complementar a los servicios que ya se hacen, pero quizás en un futuro podamos sustituir ese tipo de trabajo por las características que tiene”, explica Javier de la Ossa, de Sadako.

El proyecto de esta empresa catalana son unos robots autómatas, equipados con cámaras y un ordenador para analizar las imágenes, que eligen y separan los productos para reciclar. “Las latas, los plásticos y los bricks son los productos que más se reciclan. Pero actualmente solo se recupera el 20% porque hay un espectro donde no llegan ni las grandes máquinas de reciclaje ni las personas”, cuenta De la Ossa. Estos robots cubren esa zona. La novedad: ellos son capaces de elegir sin que nadie los dirija qué productos hay que reciclar. “Aprenden como los humanos: les metemos un millón de imágenes de botellas de plástico y a partir de ahí deciden qué es una botella”, añade este ingeniero.

Así, los robots pueden reconocer y separar las botellas cuando pasan por la cinta, aunque estén chafadas, sucias o torcidas. Tres plantas de reciclaje, dos en Barcelona y una en Mallorca, ya están utilizando esta tecnología. De la Ossa es concluyente: “No son tan rápidos como una máquina, pero les hemos dotado de inteligencia y pueden llegar a ser tan eficientes como una persona”.

3. Búsqueda y rescate en catástrofes: Los robots de rescate, ideados por el proyecto ICARUS FP-7, cubren aire, tierra y mar. Los primeros son drones, equipados con una cámara RGB y una cámara térmica, que permiten crear mapas actualizados de la superficie de la catástrofe. “Esto soluciona uno de los grandes problemas a los que se enfrentan los equipos de rescate cuando ocurre un terremoto o un tsunami: no hay planos de cómo ha quedado el terreno”, explica Daniel Serrano, de Eurocat y miembro de ICARUS. El análisis de los datos y de las fotografías tomadas por estos robots permite establecer las áreas prioritarias de actuación: qué zonas están más afectadas, dónde se encuentran los obstáculos para acceder a ellas y, lo más importante, permite localizar a las víctimas gracias al calor que emite el cuerpo. Para rescatar a los afectados en tierra, actúan los robots grandes y pequeños. Los de mayor tamaño son una especie de grúas autónomas -funcionan sin que nadie las dirija, basta con enviarles una orden para que la ejecuten- y sirven para retirar bloques de hormigón o troncos, mientras hacen un mapeado del terreno. “Los pequeños son los más inteligentes y ágiles”, señala Serrano.

Templo hindú semidestruido tras el terremoto de Nepal de 2015.
Templo hindú semidestruido tras el terremoto de Nepal de 2015. Bernardo Pérez

Estos robots que tienen una mayor inteligencia artificial -y así una mayor autonomía- pueden entrar en edificios dañados o derruidos y encontrar mediante sensores a las personas que hubieran quedado atrapados. “Entran antes que los equipos humanos, para minimizar riesgos y evitar peligros”, detalla el investigador. Los robots con forma de lancha recogen a las víctimas que se encuentren en el agua (tras un tsunami o un naufragio). Se mueven de forma autónoma y localizan los cuerpos humanos mediante sensores y gracias a la comunicación con los drones del aire. Cuando están cerca del punto exacto lanza cápsulas de rescate con la forma de flotadores. “Esto puede permitir a las personas aguantar alrededor de una hora más hasta que llegue un equipo humano y se las lleve”, razona Serrano. La principal novedad de estos robots es su capacidad de cooperación entre ellos.

4. Ciudades inteligentes: La creación de ciudades autoeficientes sigue siendo una quimera, pero la robótica está permitiendo dar los primeros pasos para permitir que la tecnología solucione problemas cotidianos en las urbes. La empresa Wairbut lleva desde 2015 desarrollando un proyecto de Smart city en Pozuelo de Alarcón (Madrid). Esta localidad de 84.000 habitantes ya cuenta con sistemas de riego y de iluminación telegestionados. Los jardines y parques de este municipio cuentan con sensores de humedad y lluvia que permite parar automáticamente el riego programado cuando detectan que está lloviendo o que lo ha hecho recientemente. En tres de las calles principales se han incorporado sensores para personas que permiten regular la iluminación de las farolas. Así, cuando no hay nadie en esas calles la iluminación es del 30% y cuando detectan la llegada de individuos se encienden al 100%.

“Este tipo de ciudades están pensadas para ahorrar energía y recursos”, explica Antonio Sánchez, director de Wairbut. Una de las novedades que se han incluido en Pozuelo es una aplicación que localiza y avisa de las plazas de aparcamiento libres en toda la localidad. “Instalamos un sistema con el que sabíamos si estaba libre u ocupada y pensamos en poner esa información al servicio del usuario”, detalla Sánchez. La app se llama Smarpark Pozueloy se puede descargar de forma gratuita para iOS y Android.

Mapa de vigor con infrarrojos para agricultura de precisión.
Mapa de vigor con infrarrojos para agricultura de precisión. Agro Mapping

5. Agricultura: Los campos de cultivo son uno de los lugares a los que más está tardando en llegar la automatización. A diferencia de en otros ámbitos, el uso de robots para la agricultura todavía no está muy extendido. Esa fue la oportunidad que vio el equipo de Agro Mapping, una empresa catalana que utiliza drones para mapear las parcelas y poder hacer una evaluación del estado de las plantas. “Los drones toman unas imágenes aéreas con un sensor de infrarrojos que permite saber el grado de estrés vegetativo que tiene la planta según una base agronómica”, explica el director Fran García. Conocer cómo está cada zona del terreno tiene por objetivo aplicar a cada área un tipo personalizado de riego, fertilizante y variedad. Es lo que se conoce como agricultura de precisión. “Estos robots permiten mostrar qué tipos de cultivos funcionan mejor en cada campo y aprovechar ese conocimiento para innovar y desarrollar producto”, detalla García.

6. Medicina: Mover células, penetrar en tejidos o transportar fármacos dentro del cuerpo humano podrá ser posible gracias a nanorobots. Ese es el proyecto del investigador del IBEC (Instituto de Bioingeniería de Cataluña) Samuel Sánchez. “Podemos capturar una célula específica. Imagina que es una célula cancerígena, puedes dirigir ahí los anticuerpos para que solo actúen sobre ella”, detalla Sánchez. Estos robots diminutivos redondos o tubulares (hechos de sílica y de material polimérico) podrían moverse dentro de los vasos sanguíneos a través de los índices de temperatura, de PH y del campo magnético. Se autopropulsarían gracias a las reacciones químicas. “El objetivo es que logren ser autónomos y puedan dirigirse del punto A al punto B sin que tú controles cada movimiento”, explica Sánchez.