Un hospital real con pacientes de mentira

Todo es de verdad en el hospital 4DHealth de Igualada (Barcelona), desde las gasas y las jeringuillas hasta la sala de quirófano. Todo es real excepto una cosa: los pacientes. Los maniquís y los actores que se pasean por los pasillos del hospital con el pijama corporativo desvelan la verdadera cara del 4DHealth: es el primer complejo sanitario simulado de Europa. “Nuestro objetivo es entrenar a los profesionales de la salud para aumentar la seguridad de los pacientes”, explica el cirujano Enric Macarulla, director del 4DHealth. El error médico es, junto a las infecciones en quirófano, una de las causas de muerte más común en entornos hospitalarios.

A diferencia de otros centros de simulación o de las salas de ensayo de los hospitales, el 4DHealth es capaz de recrear procesos médicos completos, desde que el paciente entra en ambulancia al box de urgencias hasta su convalecencia en una cama de planta. Con la ayuda de un fondo FEDER dotado de 1,5 millones de euros, el Ayuntamiento de Igualada apostó por rescatar del olvido el viejo hospital comarcal (estaba vacío desde 2010) y restaurar sus instalaciones para convertirlo en un gran hospital simulado. “Lo que hacemos es desarrollar escenarios de simulación para entrenar a los profesionales o para probar productos nuevos del ámbito sanitario antes de aplicarlos en la realidad”, explica Macarulla.

La sirena de una ambulancia de la Cruz Roja resuena en las paredes del 4DHealth, que mantiene el 80% de la estructura del antiguo hospital comarcal. Dos técnicos sanitarios bajan a un tal José de la camilla y entran a toda prisa en el box de urgencias mientras informan a viva voz del estado del paciente. El celador le quita la camisa y la doctora empieza a auscultarlo. El hombre se queja de fuertes molestias abdominales. Casi se le saltan las lágrimas del dolor, y las risas cuando el medidor de las constantes vitales interrumpe su discurso con incómodos pitidos. En realidad, José se llama Josep Galters, es actor de la compañía teatral Nu y no está enfermo. Forma parte del atrezo del plató. “Improvisamos bastante pero siempre tenemos un guion preescrito porque yo no sé cómo tengo que reaccionar. Vienen los profesionales de verdad y me dicen cuánto y qué me tiene que doler. Esto que hacemos es una cosa muy seria porque se está formando a la gente joven que entra en la sanidad”, explica el actor. A su lado, hace las veces de médica Esther Brugués, enfermera real en el servicio de críticos del hospital de Igualada. “Todo el mundo se lo toma muy en serio. Es muy interesante porque con esta formación refuerzas un montón la parte humana, que a veces es lo que falta”, relata.

El 4DHealth está pensado para entrenar a equipos médicos, universitarios, cuidadores no profesionales e incluso, para que empresas farmacéuticas prueben la eficacia de nuevos tratamientos dentro del entorno hospitalario. “No sólo se evalúan competencias, sino también la gestión del liderazgo y el estrés. Ponemos a prueba, en situaciones críticas diseñadas por nosotros mismos, la comunicación y el saber hacer de los equipos. Así se trabaja la línea formativa y el factor humano”, señala Macarulla.

Pero la formación y la práctica de los profesionales no se queda sólo en la propia simulación. El 4DHealth desarrolla su propia metodología y el aprendizaje va más allá del “plató”. Con cámaras, micrófonos y pinganillos agazapados por todas las esquinas del hospital, cualquier movimiento o conversación queda grabado y recogido por el equipo audiovisual que controla los mandos en la sala de realización. La estancia, llena de pantallas, micros y walkies-talkies, comunica a los evaluadores con los actores en plató. En esa sala se decide si el falso paciente tiene que quejarse, llorar de dolor o hacerse pasar por un extranjero que no habla español. También ahí se detectan los errores y aciertos de los profesionales que están entrenando en ese momento. “Hay situaciones que hacemos que no nos damos cuenta de que son errores. Eso es lo que se llama el incompetente inconsciente”, apunta el director del 4DHealth.

Tras la simulación y su evaluación paralela por parte de los expertos, los profesionales se reúnen en una sala aparte para comentar las buenas y malas prácticas durante la simulación. En una pantalla gigante, el equipo que participó en el entreno estudia, junto a los evaluadores, cómo ha ido la práctica. “Se evalúa la formación para que haya una transferencia del conocimiento del profesional a su entorno y produzca un impacto positivo en el paciente”, concluye Macarulla.

La finalidad, asegura el equipo fundador, es “desarrollar programas que innoven en procesos para mejorar la atención a los pacientes e influir en nuevos circuitos”. “Es mejor que te equivoques aquí que en la vida real. Aquí no va a pasar nada”, apostilla el cirujano.

Caminar

Coinciden desde hace tiempo en las librerías varios libros y reediciones de otros ya antiguos con una temática común: la relación entre caminar y pensar, entre pasear y reflexionar, ya sea libre o voluntariamente. El arte de pasear, Andar y pensar, El caminante, Elogio del caminar, son algunos de esos títulos que se refieren de modo explícito a una actividad que siempre ha formado parte de nuestras vidas pero en la que pocas veces pensamos como algo más que un ejercicio físico. Ya el profesor García Gual prestó atención hace tiempo en el suplemento literario de este periódico a esa moda editorial y ahora vuelve a hacer lo propio una revista digital, Altaïr, denotando que aquélla no solo no mengua, sino que aumenta, como vienen a denotar nuevos títulos.

Ya el alemán Walter Benjamin inmortalizó la figura del flâneur baudeleriano, contrapunto urbano y moderno al excursionista o el caminante clásicos, propios del campo o de los espacios abiertos, que estaría más cerca de la figura del paseante tradicional, pero con un punto de distraimiento que le hace más novedoso. Caminar, en el contexto del mundo contemporáneo, podría suponer, al decir del francés David Le Breton, una forma de nostalgia o de resistencia, puesto que no deja de ser una pérdida de tiempo. Y perder el tiempo es un gran pecado, o cuando menos una equivocación, en esta sociedad de urgencias y de “disponibilidad absoluta para el trabajo o para los demás (convertida, con la aparición del teléfono móvil, en una caricatura)”.

De donde nace, por tanto, ese interés repentino de los españoles, y supongo que también de los europeos, por conocer las entrañas de una actividad a la que hasta ahora no se le había prestado mucha atención más allá de sus consideraciones médicas o deportivas. El descubrimiento de su valor filosófico, en tanto en cuanto el paso rítmico del caminante alienta su fantasía y su capacidad de ensimismamiento y de reflexión, por la gran cantidad de personas que sobreviven hoy en buena forma a su jubilación y que han hallado en las caminatas un nuevo modo de entretenimiento, podría ser una explicación, además de la mayor curiosidad de una sociedad cuyo nivel cultural ha ido en aumento, pero hay una segunda que a mí, caminante irredento y flâneur urbano, se me antoja también importante. Y es la necesidad que tenemos de interrogarnos mientras andamos, de separarnos de la corriente general, de transgredir normas que cada vez son más asfixiantes y que tienen que ver con el control completo de nuestras vidas por parte de ese Gran Hermano que hemos creado entre todos, voluntariamente o no. Caminar nos da libertad lo mismo que el pensamiento.

El asesino de la clínica abortista de Colorado: “No más trozos de bebés”

Dos días después de que un hombre la emprendiera a tiros contra un centro de planificación familiar en Colorado Springs, Estados Unidos, el móvil del suceso sigue siendo tratado con discreción por las autoridades, pero empiezan a trascender algunos detalles que dan una idea de la mentalidad del sospechoso. Tras ser detenido, Robert Lewis Dear dijo a los agentes: “No más trozos de bebés”, según aseguró un miembro de las fuerzas de seguridad a los medios de comunicación con la condición de anonimato. La fuente dijo también que el interrogatorio del sospechoso había sido caótico. Dear comparecerá este lunes ante un juez.

El pasado viernes por la mañana, el sospechoso entró con un arma larga en un centro de la organización Planned Parenthood en la segunda ciudad de Colorado y la emprendió a tiros. Actuó solo, diría después a los agentes. Mató a tres personas, una de ellas un agente de policía de 44 años. Hirió de bala a otras nueve, cinco de ellas policías, que están fuera de peligro. Fue detenido después de estar atrincherado durante más de cinco horas y disparar contra la policía.

Los investigadores y la propia organización de planificación familiar han sido muy cautos a la hora de determinar que se trate de un crimen ideológico. El domingo por la tarde, fue la fiscal general de Estados Unidos, Loretta Lynch, quien dijo: “No es solo un crimen contra la comunidad de Colorado Springs, sino contra las mujeres que reciben atención médica en Planned Parenthood”. El alcalde de la ciudad, el republicano John Suther, dijo que el motivo del tiroteo “se puede inferir del lugar elegido”. El presidente, Barack Obama, cargó contra el fácil acceso a las armas en su país, una de las cuestiones más frustrantes de su mandato, pero no hizo ninguna referencia al móvil.

El gobernador de Colorado, el demócrata John Hickenlooper, se pronunció el domingo en televisión para pedir “que se baje el tono” de la “retórica incendiaria que vemos en todos los niveles”. “Creo que debemos tener un debate como mínimo para exigir cautela cuando discutimos estas cuestiones, de forma que la gente no llegue hasta el punto de ponerse violenta”, dijo el gobernador.

El grupo Planned Parenthood es contratista del Gobierno federal en la atención médica a mujeres con pocos recursos en el área de planificación familiar, con asesoramiento sobre anticonceptivos, pruebas médicas y práctica de abortos. Tiene 700 clínicas por todo el país y recibe unos 500 millones de dólares del presupuesto federal.

Planned Parenthood es objeto desde hace años de las iras de la derecha cristiana antiabortista, que tiene gran influencia en parte del Partido Republicano. En la actual campaña por la nominación presidencial, la retórica antiabortista se ha convertido en un asunto central en el bando republicano, con sus 16 candidatos compitiendo en los debates por mostrar la máxima dureza verbal posible contra Planned Parenthood. Los republicanos prometen acabar con todas las fuentes de dinero público para estas clínicas, hasta el punto de convertirlo en el principal punto de fricción en la negociación del último presupuesto, en octubre, cuando amenazaron con bloquear de nuevo la Administración federal.

Un grupo antiabortista inició una campaña de desprestigio este año contra Planned Parenthood consistente en varias horas de vídeo grabado con cámara oculta en el que activistas se hacen pasar por personas interesadas en comprar tejidos fetales de restos de abortos. El uso político de estos vídeos alcanzó su máxima exposición pública en el debate que los candidatos republicanos celebraron en California en septiembre, cuando la candidata Carly Fiorina dijo que en los vídeos se ve “fetos vivos, moviendo las piernas, mientras una voz dice que hay que mantenerlo con vida para cultivar su cerebro”. Tal escena no existe, según quienes han revisado los vídeos completos. Internet está lleno de referencias a estos detalles fáciles de encontrar.

Mientras, van emergiendo detalles del asesino de Colorado Springs. Robert Lewis Dear tiene 57 años y vivía solo en una caravana en un pueblo de las montañas Rocosas al oeste de Colorado Springs. Es originario de Carolina del Sur. Tiene antecedentes por violencia doméstica. Tras divorciarse, vivió un tiempo solo en una cabaña en el bosque en Carolina del Norte sin agua ni luz. Los pocos que le conocieron han asegurado a los medios que es un hombre conservador, pero nunca dio la impresión de ser un extremista. Su conversación era escasa y desordenada.

Más de 200.000 personas, ‘deseando’ enfermar para que le traten su hepatitis C

‘Me siento como una bomba andante. Hay medicación y como no estoy grave, no me la dan’

Un arsenal terapéutico cada vez más ‘nutrido’ para curar la hepatitis C

Actualizado 30/11/201503:40

Gustavo (54 años, vive en Palma) y Sara (nombre ficticio) son dos caras de la misma moneda. Ambos tienen hepatitis C en fase inicial (entre F0 y F1). Sin embargo, así como él es consciente de que tiene que “empeorar para ser tratado con los fármacos nuevos”, ella ha tenido la suerte de acceder a ellos y ya celebra su curación. Se trata de una terapia revolucionaria (hay varias combinaciones) que logra una tasa de curación del 95%-98%, muy superior al porcentaje de éxito de los fármacos clásicos, que oscila entre el 57% y el 66% y conlleva efectos secundarios (por el interferón).

Actualmente, los nuevos medicamentos se están ofreciendo a las personas cuya enfermedad corresponde a los niveles más avanzados (F2, F3 y F4). El resto de afectados (F0 yF1) no se consideran “urgencia vital”, por lo que, de momento, deben esperar. Sin embargo, el Plan Estratégico para el Abordaje de la Hepatitis C, constituido en abril, contempla algunas excepciones. Tal y como resume Miguel Ángel Serra, jefe de Medicina Digestiva del Hospital Clínico de Valencia, “las mujeres que quieran procrear, enfermos que tengan alguna contraindicación expresa al tratamiento convencional, personas de alto riesgo de contagio como los sanitarios y los trasplantados”.

Sara, de 33 años, es enfermera en Almería. Le diagnosticaron hepatitis C hace nueve años a través de una analítica rutinaria. Primero recibió la terapia clásica. Sufrió los efectos secundarios típicos del interferón: “Síntomas gripales continuos, fiebre, cefaleas, pinchazos en las piernas, cambios de humor… El tratamiento es largo [en su caso duró 14 meses] y difícil de soportar”, y no siempre funciona. Como no tuvo éxito, a finales de abril de este año, su médico le propuso una de las nuevas combinaciones farmacológicas: Viekirax y Exviera. A los tres meses, los resultados fueron contundentes. “Milagroso y sin efectos adversos”, cuenta. “Mi mayor deseo es que el nuevo tratamiento llegue a todos, porque no es un lujo, es un derecho”.

En la misma línea se posicionan médicos y asociaciones, y así lo manifestaron durante el VII Congreso Nacional de Enfermos y Trasplantados Hepáticos que se desarrolló en Madrid a principios de noviembre. Ahora que “ya se está tratando a los pacientes que considerábamos imperativos (aunque en algunos sitios aún hay cola), lo razonable del Plan Nacional es que todos los afectados reciban las nuevas terapias”, afirma Javier Crespo, jefe de servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander y vicesecretario de la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH). ¿Por qué? En primer lugar, porque es la única manera de “eliminar esta infección en la salud pública”. No hay que olvidar que “las personas con infección leve son capaces de contagiar igual que las graves”. Uno de los ponentes en el congreso, Javier García-Samaniego, jefe de Hepatología del Hospital La Paz de Madrid, explicaba que “el virus de la hepatitis C es 10 veces más infectivo que el VIH [...] Teniendo en cuenta que la hepatitis C es la única infección viral crónica susceptible de ser curada en el humano, está más que justificado su tratamiento en todos los afectados”.

Tratamiento rentable

De lo contrario, conforme pasa el tiempo, el hígado se va dañando (aparecen cicatrices -fibrosis-) y, finalmente, se produce cirrosis (el hígado está repleto de cicatrices que restringen el flujo de sangre e impiden el funcionamiento correcto). Entre el 10% y el 20% de los pacientes desarrollan esta enfermedad a los 20-30 años de la infección. “Los antivirales de acción directa eliminan la infección, pero desconocemos hasta qué punto el daño hepático es reversible y a partir de qué grado no hay retorno”. El hecho de poder curar esta enfermedad precozmente descarta esta incertidumbre, reduce el riesgo de cáncer de hígado (la hepatitis C es la causa de este tipo de tumor en el 25% de los casos) y otras afecciones asociadas como diabetes, vasculopatía, linfomas, vasculitis, afectación renal…

Aparte de los beneficios para el propio paciente, también repercute en el resto del sistema sanitario. Aproximadamente la mitad de los ingresos en las unidades de digestivo se producen por enfermedad del hígado y de éstos, alrededor del 40% están relacionados con el virus de hepatitis C. “Tratando a todos los afectados, se reduciría un 25% los ingresos”, apunta Crespo. Si hoy, “más o menos el 40% de los trasplantes corresponden al hígado y están relacionados con la hepatitis C, en unos tres años, con la curación masiva de los pacientes, este porcentaje se reducirá notablemente, lo que significa que aumentará la disponibilidad de órganos para otros pacientes”. Cabe señalar que “unas 8.000 personas al año mueren por enfermedad hepática mientras esperan un trasplante”.

Como argumenta el doctor Serra, “tratar a todas las personas con hepatitis C en fase 0 y 1 conlleva un gasto inicial muy importante”, y el tiempo del retorno de la inversión realizada aumentaría. Según este experto, y dados los resultados de uno de sus estudios, “el retorno de inversión de un F0 se produciría más allá de los 40 años, mientras que un F4 años cuatro años”. Sin embargo, agrega Serra, “si se tratan a todos los pacientes, el retorno se obtendría a los 11 años, aproximadamente. Si se trata sólo F2, F3 y F4, el dinero invertido se recuperaría a los siete años”. Lógicamente, “si los precios de los medicamentos se redujeran, el tiempo se acortaría”. Un estudio que acaba de publicar la revista JAMA Internal Medicine concluye que se ahorrarían 3.300 millones de dólares en gastos de atención médica de por vida si todos los pacientes de hepatitis C recibieran el tratamiento con los medicamentos punteros independientemente de su gravedad.

El pasado mes de febrero, el ministro de Sanidad, Alfonso Alonso, anunció que en los próximos tres años se gastarán unos 727 millones de euros en financiar esta innovadora y costosa medicación, para tratar a unos 52.000 pacientes. En lo que va de año, apunta José Luis Calleja, hepatólogo del Hospital Puerta de Hierro de Madrid, “ya se han tratado a alrededor de 34.000 enfermos“. En líneas generales, el “plan está funcionando”, aunque es cierto que sigue habiendo comunidades autónomas con más dificultades. Así lo señala Mario Cortés, fundador de la Plataforma de Afectados de la Hepatitis C, quien asegura que “en Euskadi, por ejemplo, aún hay pacientes en fase 4 sin la medicación” de última generación. Por el contrario, en autonomías como Madrid, Cantabria, Andalucía y Cataluña “se están poniendo pocas limitaciones y si el médico considera razonable tratar a un F0, se le trata”, argumenta Crespo.

Sin cifras oficiales

Otro de los objetivos del Plan Nacional de la Hepatitis C pone el acento en la necesidad de cuantificar la magnitud del problema y describir las características de los pacientes. “Se desconoce la prevalencia real de infectados en nuestro país [la mayoría por transfusiones de sangre recibidas antes de 1990]“, remarca Serra que, junto con Calleja y Crespo se están encargando de poner en marcha varios estudios epidemiológicos para averiguar este dato. Sólo hay estimaciones. “Creemos que hay unas 900.000 personas afectadas por hepatitis C y de éstas, en torno al 25%-30% correspondería a los grupos 0 y 1″, apunta Serra. No todos están sin tratar. Quizás “el 6% de las personas que reciben los antivirales de acción directa pertenece a este nivel”, puntualiza el hepatólogo del Hospital Puerta de Hierro, como es el caso de Sara.

Otros, como Gustavo, aún están a la espera. “El diagnóstico te cambia la vida, te dispone de forma muy particular de cara al futuro”, apunta el afectado que vive en Palma. Tras 12 meses de tratamiento clásico con interferón, ribavirina y telaprevir (en 2012), no ha logrado curarse y, además, continúa arrastrando algunos síntomas derivados, como el cansancio y los cambios de humor. Con las nuevas terapias, “sé que las probabilidades de éxito son del 95%”. Sin embargo, “como estoy entre la fase 0 y 1, no entro en el protocolo. Voy a necesitar estar peor para acceder a los nuevos tratamientos. No es así como debería ser [...] Es contradictorio. No quiero estar peor, pero estoy deseando estarlo para poder curarme”. Lo mismo le ocurre a Enrique (52 años, vive en Madrid), quien se enteró de su diagnóstico el pasado mes de septiembre. También tiene un grado de fibrosis 1. “Me siento como una bomba andante, puedo infectar. En mi casa, hasta el peine lo tengo apartado y en el trabajo voy siempre con guantes [es instalador de PVC, ]“. No obstante, a pesar del cuidado que Enrique tiene con su enfermedad, la hepatitis C no se transmite por estar en contacto con objetos personales del afectado, sino que el contagio es a través de la sangre. La mayoría de las infecciones producidas en España ocurrieron por haber recibido una transfusión con sangre de una persona infectada, cuando aún no existía el test que detectaba la presencia del virus en la sangre.

La mujer de Enrique no comprende “cómo es posible que existiendo un tratamiento no se lo ofrezcan a un enfermo”. En palabras de Enrique, “es una injusticia. Estás enfermo, pagas a la Seguridad Social, hay medicación que cura y, sin embargo, no te la dan“.

Tanto afectados como médicos apuestan por dar un paso más y ofrecer los antivirales de acción directa a todos los afectados. Esto “requeriría nueva inversión del plan nacional”, subraya Calleja.

Un arsenal terapéutico cada vez más ‘nutrido’ para curar la hepatitis C

Más de 200.000 personas, ‘deseando’ enfermar para tratarse

Actualizado 30/11/201503:41

Fue en agosto de 2014 cuando el Ministerio de Sanidad incorporó entre sus medicamentos financiados el primer antiviral de acción directa para curar la hepatitis C (simeprevir -Olysio, de Jannsen-). Unos meses después, la noticia la protagonizó otro de estos fármacos de última generación: sofosbuvir (Solvadi, de Gilead). Desde esa fecha, han sido muchos más los medicamentos que han salido al mercado y que han sido aprobados por las agencias reguladoras para tratar a las miles de personas, en España se calcula que hay 900.000, que están infectadas por el virus de la hepatitis C.

El año 2015 se estrenaba con un tercer medicamento de este tipo, daclatasvir o Daklinza -su nombre comercial-, de Bristol-Myers Squibb (BMS). Detrás de estos fármacos, se sumaron dos nuevas terapias de última generación. Una fue Harvoni (de Gilead), que combina el ledipasvir con sofosbuvir. La otra, desarrollada por la farmacéutica AbbVie, que combina el Viekirax (que contiene los principios activos ombitasvir, paritaprevir y ritonavir) con Exviera (dasabuvir), y está indicada especialmente para los genotipos 1 y 4 del virus, que afectan al 80% de los pacientes en España.

Aparte de estas opciones terapéuticas, adelanta José Luis Calleja, hepatólogo del Hospital Puerta de Hierro de Madrid, “en 2016 se esperan dos nuevas combinaciones: sofosbuvir y velpatasvir, y grazoprevir y elbasvir”. La elección de la terapia, señala el especialista, “depende del tipo de genotipo (el 1 es el mayoritario en España) y del paciente. En función de otras medicaciones que tomen, interactuará mejor una combinación que otra”.

La gran ventaja es que con este arsenal terapéutico, “hemos eliminado el interferón, salvo en casos muy anecdóticos con genotipo 3″. Esta variedad facilitará uno de los objetivos propuestos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) durante la Cumbre Mundial de la Hepatitis que se celebró en Glasgow (Escocia) en septiembre: que al menos el 80% de los pacientes tengan acceso a un tratamiento. Para ello, instó a todos los países a poner en marcha planes nacionales con los que, además, se reduzcan los nuevos casos de hepatitis víricas, la B y la C, en un 90% de aquí a 2030. La idea es también reducir en un 65% las muertes por hepatitis B y C.

Variabilidad de precios entre países

Sin embargo, hasta ahora la principal barrera para generalizar este tipo de tratamientos es su coste. El precio de estos fármacos en distintos países del mundo ha sido objeto de análisis en una investigación publicada el pasado mes de octubre en la revista The Lancet. Los datos demuestran significativa disparidad entre las cantidades que pagan distintos países por los antivirales de acción directa que se emplean para tratar la hepatitis C. Hasta el punto de que algunas naciones de ingresos medios están desembolsando tanto o más que los estados más ricos.

Así, por ejemplo, Turquía y Malasia están pagando más por la combinación ledipasivir y sofosbuvir que Reino Unido, Francia e Italia y obtienen estos fármacos al mismo precio que Suiza. Malasia también paga más por sofosbuvir que Francia, Italia o España, cuando por ejemplo, Francia tiene un ingreso nacional bruto casi un 70% superior a Malasia.

Tal y como señalan los autores del análisis, de hospitales en Brasil y Pakistán y de Médicos Sin Fronteras (MSF), entre países que se encuentran en el mismo grupo según su estatus socioeconómico también se producen algunas diferencias importantes. Sudáfrica paga seis veces más por simeprevir que Brasil, a pesar de que Brasil tiene un ingreso bruto nacional superior. Del mismo modo, Costa de Marfil (con un PIB casi la mitad que el de India) paga casi tres veces más por sofosbuvir genérico que India.

La competencia de los genéricos en algunos países ya se está materializando en una reducción de precios de los antivirales de acción directa para la hepatitis C. En Egipto, una versión genérica local de sofosbuvir está disponible por unos 350 dólares y se espera que disminuya a 100. En este sentido, cabe subrayar un estudio realizado por la Universidad de Liverpool, que apuntaba que el coste de la producción del sofosbuvir para un tratamiento completo es de sólo 101 dólares.

Una bomba de efecto retardado

Uno de los debates que Cataluña deberá afrontar en la nueva legislatura es si debe permitir que los centros públicos ofrezcan en sus instalaciones asistencia privada y si el modelo del que es paradigma el Hospital Clínico de Barcelona es generalizable a todo el sector. El Clínico es un centro de titularidad pública que sin embargo alberga una sociedad denominada Barnaclínic que ofrece asistencia privada en las instalaciones del centro y con facultativos del propio hospital. Otros muchos centros concertados han adoptado iniciativas parecidas. El debate sobre la convivencia entre lo público y lo privado en el mismo centro es complejo, como se ha visto en la X jornada anual de los Comités de Ética Asistencial de Cataluña dedicada a este asunto.

Lo primero que hay que constatar es que si la iniciativa privada está tratando de colonizar o parasitar de diversas formas la red pública de hospitales, ello es debido a un cambio de paradigma que hemos de celebrar: hace treinta años se presuponía que la calidad asistencial y la innovación estaban en el sector privado. Ahora, nadie discute que la garantía de calidad asistencial e innovación está en el sistema público, lo que demuestra lo mucho que ha mejorado su gestión. Y también el acierto político de consolidar un modelo que tiene una alta valoración ciudadana y que además de calidad, garantiza equidad en el acceso. Con iniciativas como la del Clínico, la nítida división funcional entre red pública y red privada se desdibuja.

Los gestores que defienden esta opción ofrecen algunos argumentos consistentes: con este modelo se aprovechan mejor instalaciones y utillajes que están infrautilizados; el centro puede fidelizar a sus profesionales ofreciéndoles una remuneración adicional; y en algunos casos, una parte de los beneficios obtenidos por la asistencia privada revierte en mejoras en el propio centro.

Todo eso puede ser cierto. Pero no deja de ser un planteamiento meramente economicista. Las razones de eficiencia son importantes, desde luego, y más en tiempos de recortes. Pero no son las únicas a tener en cuenta. Hay también consideraciones sociales y éticas. Los ciudadanos pueden preguntarse por qué se destinan esos recursos públicos a satisfacer una demanda privada cuando hay largas listas de espera para ser atendidos en esos mismos hospitales. Si se trata de aprovechar quirófanos que estarían cerrados por la tarde, ¿por qué no se usan para acortar esas listas de espera? Los gestores responden que el Servicio Catalán de Salud no lo financia. Habrá que dirigir pues la pregunta al Departamento de Salud que mientras mantiene cerradas instalaciones propias, deriva pacientes a clínicas privadas mediante conciertos especiales.

El ciudadano que está en la lista de espera se encontrará en una situación inédita: la posibilidad, si tiene dinero, de saltarse la espera y ser atendido inmediatamente en el mismo hospital y por el mismo excelente profesional, pero pagando. A la larga, esta nueva situación puede acabar erosionando algo fundamental en un sistema público: su legitimación social. Si se rompe el principio de equidad en el acceso, resultará gravemente dañado ese intangible tan valioso que es la confianza.

Como sostiene el filósofo norteamericano Michael J. Sandel en Lo que el dinero no puede comprar (Debate), la ciudadanía tiende a rechazar por injustos los atajos y privilegios que atentan contra la equidad. Si el sistema español de trasplantes se ha convertido en un modelo admirado e imitado en todo el mundo es precisamente porque garantiza la equidad. Tenemos las tasas más altas de donaciones porque los donantes saben que los órganos serán implantados según un estricto orden de necesidad. Que no habrá favoritismos ni mediará transacción económica alguna.

En el modelo de sistema de salud universal como el nuestro existe una tensión permanente entre los recursos disponibles, siempre limitados, y la demanda, siempre creciente. En este modelo, la asignación de las prestaciones no puede regularse únicamente por el orden de llegada. La sociedad confía en los médicos la potestad de priorizar, de decidir quién debe ser atendido primero, en función de la gravedad.

Mezclar dos formas de acceso en un mismo hospital de la red pública puede dar lugar a dinámicas perversas incluso en el caso de que la autoridad exija una estricta separación de flujos. Supone sustituir la ética de la prioridad por la ética del mercado. Con el tiempo, la pendiente resbaladiza en favor de la opción privada será dificil de evitar pues cuanto más crezca esta, mayor beneficio obtendrá el médico. Introducir la lógica mercantil en el sistema público puede ser una bomba de efecto retardado para la legitimación social del modelo público.

Obama, tras los asesinatos en una clínica de abortos: “Ya basta”

La matanza el viernes en un centro de planificación familiar en Colorado Springs, Estados Unidos, volvió a provocar este sábado la condena cargada de frustración del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quien en un comunicado dijo que el país tiene que “hacer algo sobre el fácil acceso a armas de guerra en nuestras calles de gente que no tiene ninguna razón para llevarlas”. “Ya basta”, añadió Obama, quien tras la matanza del pasado octubre en Oregón, visiblemente irritado, dijo que sus propias declaraciones sobre este asunto se habían convertido en “rutina”. 

Tres personas, una de ellas agente de policía, murieron el viernes en el asalto a tiros contra un centro de planificación familiar en Colorado Springs, Estados Unidos. Un hombre identificado por la policía como Robert Lewis Dear, de 57 años, entró armado en el centro de planificación familiar tras disparar a los coches desde el exterior. Se mantuvo atrincherado más de cinco horas hasta que la policía logró entrar, hablar con él y conseguir que se rindiera. Nueve personas, cinco de ellas policías, resultaron heridas de bala aunque están fuera de peligro.

El único rastro biográfico del presunto homicida es que vivió en una cabaña sin luz ni agua en las montañas de Carolina del Norte, en la otra punta del país. Los investigadores han interrogado al detenido, pero el sábado por la mañana aún no había trascendido su declaración. Sus vecinos, citados por Associated Press, aseguran que era una persona reservada cuya escasa conversación era caótica. Al día siguiente del asalto se desconocía aún si tiene alguna conexión con esa clínica o con Colorado Springs. Dear se encuentra detenido sin fianza y comparecerá ante un juez el lunes.

Aunque los motivos del atacante no estaban aún definidos el sábado, el hecho de que sea una clínica de Planned Parenthood hizo saltar las alarmas sobre la seguridad de unos centros que son vilipendiados constantemente por la derecha fundamentalista cristiana que tiene una gran influencia en una parte del Partido Republicano. El presidente evitó en su declaración referirse a los motivos del asesino. Tampoco la policía ni la propia organización de planificación familiar quisieron en un primer momento especular con el móvil del asaltante.

El viernes no es uno más en un país donde alrededor de 10.000 personas al año mueren víctimas de las armas de fuego. El alcalde de Colorado Springs, John Suthers, dijo el sábado que el móvil de la matanza se podía “inferir del lugar donde ocurrió y la manera en la que ocurrió”. La policía de Nueva York, por ejemplo, reforzó la seguridad de los centros de Planned Parenthood en la ciudad el viernes en cuanto se tuvo noticia del asalto. Se trata del primer ataque a una clínica abortista en seis años, según Reuters.

El nombre de Planned Parenthood es citado sin excepción por todos los candidatos republicanos a la presidencia de Estados Unidos en los debates, que compiten por mostrar su contundencia contra la organización y prometen retirar todos los fondos federales que recibe por prestar atención médica a mujeres con pocos recursos (unos 500 millones de dólares al año) en las 700 clínicas que tiene en todo el país. El pasado octubre, estos fondos estuvieron en el centro de la discusión pública sobre el presupuesto, hasta el punto de que los republicanos amenazaron con bloquear de nuevo la Administración federal. Los republicanos usan una controvertida investigación con cámara oculta en la que, según su interpretación, se revelan prácticas macabras de comercio de tejidos fetales.

Colorado Springs, unos 100 kilómetros al sur de Denver, Colorado, es un bastión de la derecha cristiana de Estados Unidos, tiene una gran población de militares y es sede de congregaciones religiosas muy influyentes. La clínica de Planned Parenthood en la ciudad es objeto de protestas regularmente y recientemente se mudó a su actual localización en las afueras.

Un país con 250 médicos

El país que visita el Papa tiene uno sistema sanitario muy frágil

Así muere un sistema sanitario

  • EL MUNDO
  • Madrid

Actualizado 29/11/201502:36

“Iba en el autobús hacia casa a la salida del colegio, cuando éste empezó a arder”, dice Niatou Christy Judicael, un niño de 11 años que resultó herido en sus dos piernas cuando el autobús en el que viajaba fue atacado. El reciente brote de violencia que se está produciendo en la ciudad de Bangui, la capital de República Centroafricana, está produciendo que cada vez más niños sean ingresados en el hospital pediátrico de la ciudad, el único del país que todavía sigue dando atención especializada a los más pequeños.

“Estamos colapsados”, explica Assaye Abel, director interino del centro, que apunta que “a menudo”, tienen “a dos, o a incluso a tres niños compartiendo una misma cama”.

Con poco más de 300 camas y sólo 15 médicos, el hospital ofrece servicios pediátricos gratuitos, como el cuidado del recién nacido, la vacunación, cuidados intensivos, tratamientos de desnutrición e intervenciones quirúrgicas. Cada día, 250 pacientes son admitidos en el centro, la mayoría con cuadros de malaria, diarrea o desnutrición.

“Debido a la inseguridad, los centros de salud de Bangui se cierran por la noche. Todos los casos de emergencia llegan a nuestro hospital, a pesar de que, en esta unidad sólo tenemos la mitad del personal cualificado que necesitamos “, dice el doctor Nganda Bangue Marie-Collette, jefe adjunto de la unidad de cuidados intensivos. “Vemos una gran cantidad de niños con malaria grave, meningitis e infecciones del recién nacido”.

La mortalidad infantil es de las más altas

Desde principios de 2014, República Centroafricana se ha enfrentado a crisis recurrentes que han afectado mucho a su sistema de salud, ya de por sí débil. Una encuesta de la OMS de 2014 ponía de manifiesto que 213 instalaciones sanitarias en el país -una de cada cuatro- son disfuncionales. Otras sólo funcionan parcialmente.

De esta forma, ante la falta de profesionales de la salud, de que muchos centros están dañados y de hay escasez de equipos y medicamentos, muchas personas se han quedado sin acceso a los servicios básicos.

La mortalidad infantil del país es una de las más grandes del planeta: 139 niños de cada 1.000 nacidos vivos mueren antes de su quinto cumpleaños. En la República Centroafricana, sólo hay 250 médicos, es decir 1 médico por cada 20.000 personas, una cifra casi cuatro veces menos que el promedio de África.

Además, las enfermedades infecciosas son recurrentes, ya que sólo el 41% de los bebés de menos de un año reciben todas las vacunas del programa de inmunización rutinaria, lo que provoca brotes de saramapión en distintas zonas del país.

Dependencia de la ayuda exterior
 

La misma encuesta de la OMS vio que sólo la mitad de los centros de salud suministran atención traumatológica de emergencia, y que menos de la mitad del personal sanitario del país tiene una formación adecuada.

“La mitad de los centros de salud del país funcionan gracias al poyo de una ONG o una agencia humanitaria, lo que significa que el sector sanitario es extremadamente dependiente de la ayuda exterior”, narra el doctor Michel Yao, representante de la OMS en el país, que apunta que los agujeros de financiación actuales “pueden dejar a cientos de miles de personas sin atención médica”.

Debido a la falta de recursos y capacidades, la OMS está intentando paliar estas carencias con tres oficinas en el país, y otros dos que están proyectadas, cuyos equipos han sido cruciales en la detección y respuesta a los brotes. Desde que empezó la crisis, la organización ha entregado más de 300 toneladas de suministros médicos a los centros de salud y a las organizaciones no gubernamentales que trabajan en distintas partes del país.

A pesar de esto, el déficit de financiación sigue siendo enorme. En 2015, la comunidad sanitaria señaló que el país necesitaba 59,7 millones de euros, pero, a fecha de mediados de noviembre, se ha recibido menos de la mitad de dicha cantidad.

“La OMS está apoyando financieramente al hospital pediátrico de Bangui, pero hace seis meses tuvimos que parar el proyecto debido a la falta de financiación,” explica el doctor Yao.

“Nuestro gobierno hace lo que puede. Todavía necesitamos apoyo externo y estamos agradecidos a todas las organizaciones humanitarias que trabajan con nosotros”, concluye Abel.

Nace la Agencia Estatal de Investigación

  • EFE

Actualizado 27/11/201514:30

El Consejo de Ministros ha aprobado este viernes la creación de la Agencia Estatal de Investigación, un organismo que se encargará de la financiación, evaluación y asignación de fondos para la investigación y desarrollo (I+D), y cuya puesta en marcha recogía la Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación de 2011.

Dicha norma mandaba la creación de este agente financiador de la ciencia sin aumento del gasto público y en el plazo de un año (2012).

El objetivo de esta agencia aprobada hoy es dotar al sistema español de ciencia, tecnología e innovación de una gestión “más flexible, ágil y autónoma”, ha señalado la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros.

La planificación de esta agencia será plurianual con objetivos a medio plazo, lo que “dotará de estabilidad a las convocatorias”, según la Secretaría de Estado de I+D+i.

Este organismo, que contará con aproximadamente 300 empleados, se crea a coste cero con los recursos humanos y materiales de la Secretaría de Estado de I+D+i y su puesta en marcha será en 2016.

En un plazo no superior a 60 días se constituirá el órgano de gobierno de la Agencia, el Consejo Rector, que deberá nombrar como director -único responsable ejecutivo- a un investigador o tecnólogo con experiencia en la gestión de la I+D