Una cama vacía

Los hechos que describo aquí ocurrieron hace algunos meses. Me ha llevado bastante tiempo ser capaz de escribir sobre ello, tiempo para poder pensar y hablar sobre el tema, pero la historia de esta familia y cómo me conmovió me pesan cada día más y siento que su historia merece ser contada.

La primera vez que vi a Benedict estaba en brazos de su madre, que la acunaba mientras permanecía sentada en la terraza de del hospital. Tenía diez días de vida y pesaba solo un kilo y medio. Como la niña llevaba con diarrea dos días, su madre no había querido darle el pecho.

Le quité la manta, la desenvolví y coloqué su cuerpo, ligero como una pluma, sobre mi regazo. Desnuda, Benedict protestaba mientras la examinaba para ver si tenía signos de deshidratación.

Su manera de darme las gracias fue hacerse pis sobre mis pantalones; no estaba muy deshidratada. Sonreí con ironía, suspiré, comprobé la pequeña mancha de humedad y le pasé la niña a Alex, nuestro médico expatriado, para que iniciara todos los procedimientos para su ingreso.

Chequeo médico, vía intravenosa, antibióticos, papeleo… El bebé nació en nuestro hospital, así que enviamos a uno de nuestros auxiliares de enfermería a la maternidad para averiguar cuánto pesaba cuando vino al mundo.

Mientras, ayudo a la madre a sacarse un poco de leche materna y la colocamos en un recipiente estéril. En ese momento, le enseño cómo alimentarla utilizando una jeringuilla. No hace falta mucho para que un bebé prematuro, como Benedict parece ser, pierda las ganas de succionar adecuadamente, pero en cuanto usamos la jeringuilla toma los primeros mililitros con la avidez suficiente.

Indicamos a madre y abuela dónde pueden instalarse. Tres generaciones de mujeres de la familia comparten una cama en una esquina de la sala de pediatría. Soy cautelosamente optimista, creo que podemos acabar con esta infección.

Durante el siguiente par de días no ocurre nada nuevo; Benedict ingiere bien su alimentación a través de la jeringuilla, orina y depone regularmente. Incluso retoma la lactancia con normalidad.

La madre de Benedict, habla en voz baja, con un tono de voz gutural muy bonito.



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Puerta de entrada del centro de salud Mamadou M’Baiki. / MSF

Quizás paso con ellas un poco más de tiempo que con otros pacientes, atraída por las sonrisas y el calor con el que nos reciben cada vez que entramos en la sala; y por la fuerza de ese pequeño e indomable ser que está en la cama y en el que todos estamos centrados.

Todo esto tiene lugar en un momento en el que el hospital vive un cierto periodo de agitación. Uno de mis cometidos era optimizar el sistema de pedidos y suministros médicos locales para que estén alineados con los protocolos de Médicos sin Fronteras. Cada pequeño cambio nunca es fácil de lograr y mi objetivo era mejorar el seguimiento de los pedidos y el inventario del material.

El sábado nuestro optimismo decae. La temperatura y los niveles de oxígeno de Benedict están muy bajos y la pequeña carece de la energía necesaria para poder mamar.

Le colocamos una cánula de oxígeno mientras nos mira con los ojos abiertos y volvemos a intentar alimentarla mediante jeringuilla. Su madre y su abuela se turnan para cuidarla, colocándola sobre sus pechos.

Alex revisa su historial clínico: según el informe del parto, los resultados de las pruebas de laboratorio son normales y la madre se encontraba en buen estado de salud durante el embarazo y el parto. Cruzamos los dedos y esperamos que los antibióticos empiecen a dar resultados pronto.

Una hora más tarde voy caminando hacia el hospital cuando veo a uno de nuestros auxiliares de enfermería corriendo hacia la sala de Pediatría. Acelero el paso y cuando llego, veo a Alex agachado al lado de la cama de Benedict con un resucitador manual en la mano. Aún están intentado colocarle una vía intravenosa (la anterior cánula ha dejado de funcionar, así que no tenemos manera de darle la medicación de manera directa).

Tan pronto le veo, pido a gritos que alguien me traiga una aguja intraósea. Esta aguja especial nos permite realizar una punción y suministrar así líquidos y medicamentos directamente en la médula ósea de un paciente en shock para el que no tenemos otro tipo de acceso intravenoso, como es el caso de nuestra bebé.

Las delgaditas piernas de Benedict están extendidas sobre la cama, agarro con fuerza una de ellas para que permanezca recta mientras clavo la aguja en su tibia.

Una vez que le administramos glucosa, coloco mis manos alrededor de su pecho y comienzo la reanimación cardiopulmonar. En un bebé tan pequeño solo hace falta aplicar una mínima presión sobre su caja torácica, que puedo ejercer con mis pulgares.

La mascarilla infantil que Alex está colocando sobre el rostro de Benedict es demasiado grande y el aire se escapa estérilmente por el espacio que queda alrededor de su barbilla. Tratamos de ajustarla varias veces, pero sin éxito. En el hospital no tenemos máscaras de estas características para bebés prematuros. Por segunda vez en el día pregunto: “¿Estáis seguros de que su madre ha realizado todo el seguimiento de su embarazo aquí?”

“Sí”, vuelven a contestarme un coro de voces procedentes del confundido personal que no sabe por qué insisto en preguntarlo.

El porqué de mi insistencia es sencillo: Médicos Sin Fronteras realiza las pruebas del VIH y de otras infecciones de transmisión sexual a todas las madres que dan a luz con la organización, así que si la mamá y/o el bebé hubieran dado positivo a alguna de estas enfermedades ya lo sabríamos.

Sabiendo esto, respiro profundamente y aparto suavemente la mano de Alex, que sujeta el respirador manual en la cara de Benedict. Me acerco a ella para hacer algo que hasta el momento sólo había practicado con un maniquí de goma.

Tras un pequeño soplo de aire a través de mi boca sobre la nariz y los labios de Benedict siento que su pecho se levanta. El esfuerzo por mi parte es minúsculo; puedo proporcionarle las cinco respiraciones que necesita con menos de una de las mías.

Mientras, reanudo las compresiones sobre su caja torácica. Dos respiraciones más. 15 compresiones más. Dos respiraciones más. 15 compresiones. Pierdo la cuenta de cuántas veces he hecho esto cuando el bebé finalmente se estremece e inhala un poco de aire, dejando escapar un débil sonido.



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Comprobar la temperatura de los bebés en zonas endémicas de malaria es crucial. / MSF

Alex coloca de nuevo la máscara y el oxígeno sobre la cara del bebé mientras sus respiraciones se vuelven más regulares y las palpitaciones de su corazón más regulares. Nos miramos el uno al otro con una mezcla de alivio y resignación. Alivio porque está respirando de nuevo. Resignación porque siendo realistas no sabemos por cuánto tiempo lo hará.

Alex explica a la mamá y a la abuela que Benedict sigue estando muy enferma y que vamos a administrarle glucosa y leche materna a través de una sonda nasogástrica. Su madre nos mira tranquila mientras asiente y entiende que la situación es complicada.

Cuando vamos a tratar de reanudar el trabajo en el resto del hospital, Benedict entra en apnea (la respiración se detiene) otra vez. A lo largo de la tarde tenemos que reanimarla hasta en tres ocasiones.

Apenas son las cuatro de la tarde y me encuentro agotada. Me duelen muchísimo la espalda y los hombros a causa de la tensión y siento como si me hubiera pasado una apisonadora por encima.

Tras la tercera reanimación colocamos a Benedict, que respira de forma irregular, sobre el pecho de su madre, piel con piel; fatigada, de rodillas, me inclino sobre la cama.

La abuela se sienta a mi lado, pone su mano suavemente sobre la mía y después la levanta para tocarme ligeramente la cabeza mientras murmura algo en sango, uno de los idiomas locales.

“Desea que Dios te acompañe”, me traduce amablemente la mamá de Benedict. Sus cálidos ojos me miran y, de repente, me siento irremediablemente conmovida por estas dos mujeres y por su bendición. Si alguien necesita que Dios esté con ella es Benedict, pero en lugar de eso, ellas piden por mí.

Nunca me he sentido más miserable o inútil en toda mi vida, murmuro algunas excusas y me levanto torpemente para salir de la habitación mientras mis ojos se enrojecen producto de la frustración e impotencia.

Alex coloca con simpatía su brazo alrededor de mis hombros mientras nos alejamos del edificio del hospital. Apoyo, por un segundo, mi cabeza en su hombro, agradecida, por poder aferrarme a algo, a alguien más fuerte que yo, por el apoyo de alguien cuya respiración no parece depender de la mía. Pero no puedo abandonarme a estos sentimientos. Ponerme a llorar ahora significaría no parar de hacerlo hasta llegar a casa.

Mientras caminamos revisamos una vez más las opciones de tratamiento que tenemos aquí, lo que hemos hecho y lo que podemos hacer por Benedict.

Las respuestas son: no mucho, todo, y nada. En ese orden.

Necesita una incubadora para estabilizar su temperatura, una vía central para que podamos administrarle medicamentos y líquidos, un ventilador y un sofisticado equipo de para ayudarle a respirar. No tengo ninguna duda de que en mi país y con los recursos occidentales, la supervivencia de Benedict estaría asegurada.

Pero todo lo que tiene aquí es el calor del cuerpo de su madre, un gotero de glucosa y mi aliento. Y las probabilidades demuestran que no será suficiente.

Esa noche, de vuelta a la casa, me encierro en mi habitación y me sumerjo en la mundana tarea de actualizar los stocks de la farmacia, comprobar los medicamentos que hemos recibido y separarlos cuidadosamente.

Mi walkie-talkie está colocado a mi lado, rodeado de papeles. Cada pequeño ruido me pone en alerta. No estoy de guardia esta noche, pero compruebo y sintonizo el canal correspondiente con la esperanza de que no tenga lugar la llamada desde el hospital, una llamada que parece inevitable.

Y llega justo después de la medianoche.

Salto de la cama completamente vestida, echo a correr a través del complejo y arranco el todoterreno, que avanza dando tumbos a través del camino. Recojo al médico y a la enfermera local y subimos a la colina donde se encuentra el hospital. Tengo la sensación de que vamos más despacio de lo habitual.

Tan pronto como entramos en la sala de pediatría compruebo que en la esquina hay una cama vacía, una cama que debía estar ocupada. Una auxiliar de enfermería acude a explicarnos que después de que Benedict dejara de respirar por cuarta vez, su familia expresó el deseo de llevarla de vuelta a casa.



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En el hospital de Berberati, MSF trata a los menores de 14 años. Las actividades psicosociales, como pintar, cantar y bailar son frecuentes. / MSF

Ojalá hubiera estado aquí; es todo lo que puedo decir. Aunque, de todos modos, probablemente, no habría sido capaz de hacer nada.

A pesar del ritmo frenético que llevamos en el hospital, el peso de la muerte de Benedict y el hecho de no haberme podido despedir de ella ni de su familia me pesan durante el resto de la semana. En más de una ocasión me invade un sentimiento aplastante de impotencia y tengo que morderme el interior de mi mejilla para evitar empezar a llorar. Sin embargo, por la noche, de regreso ya a la intimidad de mi habitación, mis ojos permanecen obstinadamente secos.

Unos días más tarde, mientras estoy fuera del laboratorio explicando que tenemos que planificar los pedidos de medicamentos y para ello es esencial realizar periódicamente un estricto inventario, dos mujeres llaman mi atención mientras caminan en mi dirección. Durante un breve instante no logro reconocerlas, pero tan pronto escucho la voz gutural de la más joven, los recuerdos vienen a mi mente. Son la madre y la abuela de Benedict que vuelven para vernos.

Las palabras se secan en mi boca y se me hace un nudo en la garganta. Lo siento, quiero decirles. Siento mucho que no hayamos podido hacer más, que no tuviéramos más que ofreceros. Siento que después del tiempo que pasamos juntos ninguno de nosotros estuviera acompañándoles en los últimos momentos de su hija. Pero no puedo.

Al ver mi silencio incómodo, la abuela alza la mano y repite la frase que me dirigió en la unidad de pediatría días antes. La marea de lágrimas que he estado guardando desde hace días me asalta. Lloramos juntas; somos solo lo que somos: tres mujeres unidas en nuestro duelo por una hija.

Las miro mientras se alejan lentamente, y me siento, de alguna manera, diferente, capaz de estar un poco más erguida. El peso de la pena, de la responsabilidad y del fracaso que había estado cargando desde la muerte de Benedict no ha desaparecido, se ha transformado; en su lugar queda el peso del privilegio de estar aquí y ser capaz de demostrar que valía la pena luchar por salvar la vida de su bebé. La carga no es menos pesada, pero yo soy un capaz de soportarla un poco mejor.

A medida que desaparecen tras las puertas del complejo, me doy la vuelta y regreso hacia el hospital. Sé que probablemente no volvamos a vernos, pero sospecho también que nunca nos vamos a olvidar. Me siento afortunada por haberlas conocido.

Los nombres empleados han sido modificados para proteger la identidad de los pacientes.

Emma Pedley es enfermera de Médicos Sin Fronteras en República Centroafricana.

Este post forma parte del Concurso de Post Solidarios que la Fundación Mutua Madrileña ha puesto en marcha con motivo de los III Premios al Voluntariado Universitario.

Tomar la ofensiva contra la tuberculosis

La tuberculosis es una de las enfermedades más letales del mundo. Solamente en 2013 causó más de 1,5 millones de muertes y un quinto de las defunciones de adultos en los países de bajos ingresos. Si bien está disminuyendo la estimación de personas que la contraen cada año, el ritmo de decrecimiento ha sido muy lento. Y la tendencia podría revertirse, si se considera la creciente prevalencia de la tuberculosis (TB) resistente a múltiples medicamentos.

Sin embargo, hoy el mundo tiene una estrecha ventana de oportunidad para erradicarla. Para aprovecharla será necesario el rápido desarrollo y diseminación de herramientas de diagnóstico eficaces, tratamientos con nuevos medicamentos y vacunas novedosas, e iniciativas para asegurar que los sistemas sanitarios cuenten con el equipamiento para brindar la atención adecuada. No será una tarea fácil.

La buena nueva es que la comunidad internacional parece muy dispuesta a actuar. La Estrategia Global contra la TB de la Organización Mundial de la Salud para después de 2015, apoyada por la Asamblea Mundial de la Salud en mayo de 2014, apunta a erradicarla para el año 2035. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que los 193 estados miembros de la ONU adoptarán formalmente en septiembre, prevén alcanzar este objetivo cinco años antes.

Para limitar el desarrollo y la propagación de la TB resistente a los medicamentos se requiere una iniciativa global de dos vías: asegurar la detección temprana y el tratamiento adecuado de los pacientes con TB sensible a los fármacos, y encontrar nuevas maneras de tratar a los pacientes infectados con cepas resistentes. El problema es que las herramientas que existen en la actualidad para el diagnóstico, el tratamiento y la prevención de esta enfermedad tienen serias limitaciones.

Para comenzar, no hay una prueba de diagnóstico rápido en el punto de atención. En los países de bajos ingresos, la forma de diagnóstico predominante es la observación microscópica de muestras de saliva, un método obsoleto que no logra detectar la TB en cerca de la mitad de los pacientes infectados, con una tasa de éxito incluso menor en el caso de los niños pequeños y pacientes coinfectados con VIH. De hecho, no más de uno de cada diez niños con TB se diagnostican mediante microscopía de saliva.

Más aún, para los pacientes con TB farmacorresistente, el tratamiento con los medicamentos disponibles en la actualidad logra su objetivo solamente la mitad de las veces, incluso en las mejores condiciones. Y el proceso terapéutico es complicado: dura al menos dos años e implica hasta 14.600 pastillas y cientos de inyecciones, con serios efectos secundarios.

Necesitamos con urgencia fármacos con mecanismos novedosos, no solo para tratar la TB multirresistente, sino también para acortar el tiempo de tratamiento de la TB sensible a los medicamentos. En este aspecto hay algunas novedades promisorias: hace poco la Bedaquilina se convirtió en el primer medicamento contra la TB en ser aprobado por la Administración de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos en 40 años. Pero todavía tiene que demostrar su capacidad de tratar con eficacia la TB farmacorresistente, y existen muy pocas opciones adicionales.

En el ámbito de la prevención se dan problemas similares. La vacuna Bacillus Calmette-Guérin (BCG), única disponible para esta enfermedad y el principal pilar para la prevención, solo tiene una eficacia parcial. De hecho, si bien protege a los niños de las principales formas de la enfermedad, no lo hace para la variante más común, que es la pulmonar, por lo que ha tenido poca incidencia en la reducción de la cantidad de casos de TB. Y si bien varias nuevas posibles vacunas han pasado las pruebas clínicas preliminares, la BCG seguirá siendo la única disponible en los años venideros.

Está claro que los retos son formidables, pero retroceder no es una opción si se piensa en los millones de vidas que hay en juego.

A fin de cuentas todo se reduce a la investigación, como lo reconoce la estrategia global de la OMS. Sin embargo, elevar la inversión en tratamientos y herramientas de diagnóstico para la TB cuesta mucho más dinero que el asignado. De los 1.730 millones de euros que, se estima, son necesarios cada año para investigación y desarrollo, sólo se invirtieron 589 millones en 2013.

Para empeorar las cosas, la muy importante financiación de donantes (cuyo número es muy escaso, principalmente entidades de gobierno y grupos filantrópicos de países de la OCDE) se redujo en cerca de un 10% el año pasado. En la actualidad, un solo donante, la Fundación Bill y Melinda Gates, financia más del 25% de la investigación de nuevas herramientas para combatir la tuberculosis.

En cuanto al sector privado, las farmacéuticas se han ido retirando de la investigación para la TB, como parte de una tendencia general que prefiere el desarrollo de nuevos fármacos contra enfermedades crónicas en lugar de medicamentos antiinfecciosos. Pfizer abandonó la investigación de la TBC en 2012, seguida por AstraZeneca en 2013 y Novartis el año pasado.

Para cerrar la brecha de financiación y poner fin al azote de la TB será necesario el involucramiento de más y diversos donantes. Si el sector privado no está dispuesto a asumir su parte, dependerá de los gobiernos comprometerse de manera sostenida (a través de aportes directos e iniciativas para crear los incentivos adecuados) para lograr la meta del ODS que han acordado.

En resumen, la erradicación de la epidemia de TB presupone iniciativas para asegurar que los sistemas sanitarios tengan la capacidad de prestar la atención adecuada. Y para ello es necesario el rápido desarrollo y diseminación de nuevas herramientas, entre las que se cuentan pruebas de diagnóstico rápido en el punto de atención, fármacos seguros y de acción rápida, y una vacuna eficaz.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

Gunilla Källenius es profesora de Ciencia Clínica en el Instituto Karolinska de Solna, Suecia.

Copyright: Project Syndicate, 2015.

www.project-syndicate.org

Los niños suponen el 27% de los muertos en los bombardeos de Siria

“Los civiles son el blanco principal del armamento y soportan una parte desproporcionada del coste de los bombardeos. Si estamos buscando las causas profundas de la crisis de migrantes y refugiados en la Europa de hoy, este es sin duda un factor principal”. Con estas palabras resumen su trabajo los autores de un estudio que analiza las víctimas mortales civiles en la guerra de Siria, desglosando su causa, situación y otros datos demográficos. Entre sus datos, resalta uno: los bombardeos golpean con mayor crueldad a niños y mujeres. De cada cien muertos que deja tras de sí un ataque, 27 son menores.

“En Siria, tanto el Gobierno como las facciones rebeldes afirman que los objetivos de sus bombas y proyectiles son objetivos militares enemigos, pero nuestros resultados indican que son las armas que con más probabilidad causarán la muerte de niños”, asegura el estudio, publicado por epidemiólogos especializados en desastres en la revista British Medical Journal. Según explican, la situación es similar a la observada en Irak, pero en la guerra de los Balcanes el daño causado por bombas y explosivos en los niños fue mucho más limitado, casi residual en comparación.

Los autores denuncian con sus datos cómo las bombas se están usando, cuando menos, de forma desproporcionada e indiscriminada contra la población más vulnerable. “También podría ser resultado de ataques deliberados a viviendas civiles y áreas susceptibles de contener una gran proporción de niños”, señalan en el estudio. Los investigadores, liderados por Debarati Guha-Sapir, relatan que se han documentado ataques suicidas dirigidos específicamente contra menores dentro de colegios o barriles bomba lanzados desde helicópteros contra hospitales por parte de fuerzas gubernamentales. Lo presentan como ejemplo de que estas bombas, armas supuestamente indiscriminadas, se están usando “de forma selectiva contra niños y otros grupos civiles”. “Por lo tanto, no se puede suponer que las muertes de mujeres y niños a causa de armas explosivas de gran impacto se producen por la naturaleza indiscriminada de la explosión”, añaden.

Analizando el tipo de causa de muerte entre civiles, los niños representan el 9% de los muertos en tiroteos, frente al 84% de hombres adultos. En los bombardeos, el 26,8% de las víctimas mortales son menores frente al 54% de hombres. Esta desproporción lleva a los responsables de este trabajo a denunciar que se están usando las armas pesadas deliberadamente contra la población más vulnerable y a reclamar que se tomen medidas para detener esta sangría.

No es imposible: ya se logró detener el uso de armas químicas. Mientras se estuvo usando gas sarín y otros agentes, se mató a un millar de civiles (13% niños), pero la destrucción de armamento químico a partir de 2012 ha salvado muchas vidas. “Aunque las armas químicas son un objetivo internacional para su control y destrucción, los bombardeos, que son tan letales o más para los niños, permanecen sin sanción efectiva”, critican.

Hasta enero, han muerto 220.000 personas como consecuencia directa de acciones de guerra, según la Organización Mundial de la Salud. Los autores del estudio utilizan los datos del Centro de Documentación de Violaciones de Siria (VCD), que está realizando un censo de víctimas civiles muy detallado, lo que ha permitido desglosar en detalle las causas de muerte. Por ejemplo, 852 niños fueron ajusticiados durante el conflicto, algunos de ellos tras sufrir torturas.

Este trabajo, que cuenta con la aportación de universidades de Bélgica, Reino Unido, EE UU y Líbano, se centra en víctimas civiles muertas a consecuencia directa de las armas, no por causas indirectas como desabastecimiento de bienes de primera necesidad, desplazamientos, etc. Por ejemplo, de los 1.783 centros de salud que había en Siria antes de la guerra, solo la mitad funciona con normalidad y el 59% de los hospitales públicos no están operativos o solo parcialmente. Los suministros de agua se han reducido un 50% respecto a los niveles anteriores al conflicto y las condiciones de vida insalubres para los desplazados han provocado brotes de enfermedades como la leishmaniosis, la hepatitis A, la fiebre tifoidea y otras dolencias que hasta 2011 se mantenían en niveles bajos.

‘Nadie piensa que te tengan que quitar el útero por un anticonceptivo’

Un millón de mujeres lleva este ‘muelle’ que bloquea las trompas

Sanidad admite que ha recibido notificaciones y las estudiará

Si es usted usuaria de Essure puede escribirnos a elmundosalud@elmundo.es

Actualizado 30/09/201500:53

A los 33 años, después de tener a sus tres hijos, Angélica del Valle decidió implantarse un anticonceptivo permanente que su hermana ya había probado con éxito. Se llamaba Essure y es una especie de muelle metálico que se implanta en las trompas de Falopio hasta ir produciendo una inflamación del tejido que bloquea el paso de los espermatozoides. Ahí comenzó una tortura de dos años que -y sólo ahora lo sabe- comparte con miles de mujeres en todo el mundo.

En EEUU, la presión de la activista Erin Brokovich obligó la semana pasada a la agencia del medicamento (FDA por sus siglas en inglés) a convocar una audiencia pública (un advisory comittee) para escuchar a miles de mujeres que sufren diversas secuelas después de la implantación del Essure (un producto que ahora pertenece al laboratorio Bayer tras la compra en 2013 de su fabricante inicial, Conceptus).

Autorizado en EEUU en 2002 (un año más tarde en España), Essure se posicionó rápidamente como una alternativa no quirúrgica y mucho más barata que la ligadura de trompas. Mediante una sencilla intervención, esta especie de muelle de níquel se coloca en las trompas de Falopio de manera que produce una inflamación del tejido que lo va rodeando hasta que la trompa se osbtruye e impide el paso del espermatozoide.

Según datos citados por The New York Times, se han colocado alrededor de un millón de implantes Essure en todo el mundo en los últimos 13 años (el 60% de ellos en EEUU, y unos 80.000 en España, según datos que maneja el doctor José Eduardo Arjona, ginecólogo de la Sociedad Española de Contracepción y uno de los especialistas que más muelles ha implantado en España). También en EEUU se concentran por ahora la mayor parte de notificaciones de efectos adversos por parte de unas 17.000 usuarias, algunas de las cuáles ya han demandado a la compañía.

La mayoría de ellas, como se hizo público la semana pasada ante el panel de expertos convocados por la FDA, sufre intensos dolores en la zona pélvica y abdominal; aunque también hay cientos de casos de alergia al níquel (uno de los componentes del dispositivo) o perforación de las trompas. También se han documentado más de 600 embarazos no deseados por un mal funcionamiento del implante (un método de esterilización femenina sin hormonas).

Los problemas de Angélica comenzaron el primer día después de que le implantasen Essure en el Hospital La Paz de Madrid (este método anticonceptivo está cubierto por la Seguridad Social). “Me salieron cinco manchas redondas en cada cadera, pero pensé que eran marcas del cinturón”, relata esta madrileña de 38 años, que preside la recién creada Asociación de Afectadas por Essure en España. Sólo 48 horas después empezó a sufrir picores por todo el cuerpo, y aunque en Urgencias le dijeron que podía ser alergia al dispositivo, en Ginecología le quitaron importancia y le dijeron que podía ser una alergia alimenticia.

Aunque las pruebas de alergia indicaron que era muy alérgica al níquel y un dermatólogo le recomendó quitarse el implante, los ginecólogos que se lo implantaron le explicaron que en tres meses -cuando se hubiese producido la fibrosis del tejido alrededor del muelle- se le pasaría. Su relato continúa con dos años de problemas de salud que le hicieron ir encadenando picores vaginales, reglas irregulares, dolores de cabeza, hemorragias vaginales cuando iba al baño… “Mi familia me decía que me estaba obsesionando, mi marido decía que siempre me dolía algo… llegué a un punto que lo hablaba con nadie”. Hasta que un día, tras dos años de sufrimiento, “y después de 15 días con la regla doblada de dolor”, empezó a buscar en Internet: “Ahí me encontré a miles de mujeres con los mismos síntomas que yo en EEUU”.

La búsqueda de Angélica en el ordenado tuvo dos consecuencias. La primera es que regresó a La Paz e insistió para que le quitasen el implante (la cirugía se llevó por delante no sólo el implante, sino también sus trompas de Falopio). Además, fundó una asociación de usuarias de Essure en España, que agrupa ya a 240 mujeres que el sábado se reunirán por primera vez en Colmenar Viejo (Madrid). “Hace un año, sólo una de nosotras había sido operada; a día de hoy ya somos 12 y hay cuatro más en lista de espera”.

Según los datos citados por el diario The Wall Street Journal, las quejas de usuarias de Esure en EEUU se han multiplicado por 20 desde el año 2011, hasta alcanzar más de 2.200 en 2014 y 1.363 hasta junio de 2015. Algunas de ellas han tenido que recurrir incluso a una histerectomía (una extirpación del útero total o parcialmente) para retirar el implante ya que no todos los ginecólogos se ofrecen a retirarlo.

Es el caso de Elena Fernández (44 años), a quién se lo implantaron en 2011 en un hospital público de Madrid y se lo retiraron dos años más tarde en una clínica privada después de infecciones reiteradas, inflamación abdominal constante y hemorragias continuas. “Yo no quería tener más hijos, pero tampoco te imaginas que por un anticonceptivo te van a quitar el útero”.

Como confirma a EL MUNDO la Agencia Española del Medicamento (AEMPS), se han recibido comunicaciones por parte de pacientes que llevan este dispositivo, “así como incidentes notificados por el fabricante (Bayer). “También hemos pedido opinión de profesionales sanitarios que han implantado estos dispositivos, los cuales han referido que las complicaciones son similares a otros métodos anticonceptivos”, explica Sanidad a través de un correo electrónico. La Agencia asegura a este periódico que “va a seguir recabando la opinión de los especialistas con el fin de determinar si es necesario introducir algún tipo de precisión sobre las condiciones o limitaciones de uso de este dispositivo”.

Por su parte, un portavoz oficial de Bayer explica que “los datos reportados de Essure a la AEMPS están dentro de la normalidad y de lo esperable, por lo que no se requiere ninguna actuación especial”. Aunque la compañía conoce la existencia del grupo de afectadas en Facebook, insiste en que existen cauces oficiales de comunicación “y las pacientes pueden ponerse en comunicación con Bayer”. “Lo haremos”, responde Angélica, que también aconseja a las usuarias que transmitan sus problemas por escrito a la Agencia (psvigilancia@aemps.es).

La reunión del Advisory Committee en EEUU puso sobre la mesa las dudas sobre los estudios científicos que permitieron la aprobación del método por parte de las autoridades sanitarias de aquel país. Esta vista pública, como quiere resaltar Bayer, no tenía por objetivo decidir si se retira o no del mercado Essure. Aunque como reconoce Angélica, ésa va a ser la lucha de las afectadas. Y, al menos, mientras eso se produce, facilitar a las usuarias que lo deseen que se les pueda retirar el implante en los mismos hospitales públicos donde se les implantaron. Porque como reconoce Gemma López, otra de las asociadas, el problema para muchas mujeres es que en los hospitales donde les colocaron el dispositivo no encuentran un interlocutor para que lo retiren quirúrgicamente. “A mí me han dicho que tengo colon irritable, pero cada vez me ve un ginecólogo diferente y me dicen que mis dolores no son por el Essure”, explica esta mujer de 47 años en lista de espera para que se lo retiren en el quirófano.

“Nosotras no decimos que le vaya mal a todo el mundo, ojo, pero a algunas de nosotras nos ha hipotecado la vida”, concluye Angélica.

Un hospital de Galicia incumple su reciente ley sobre muerte digna

Andrea sufre una enfermedad rara y degenerativa y está ingresada en el Hospital Clínico de Santiago

El Parlamento gallego aprobó en julio una ley de derechos para enfermos terminales sin eutanasia

  • EL MUNDO
  • Madrid

Actualizado 30/09/201510:13

A pesar de presumir de una situación legal más avanzada que otras comunidades autónomas, la muerte digna en Galicia todavía depende del criterio de algunos médicos por encima del manifestado por un comité de bioética y de la voluntad de una familia que ve cómo su hija, Andrea, de 12 años, sufre irremediablemente a pesar de la enfermedad irreversible que tiene.

Los padres de Andrea llevan meses intentando que su hija tenga una muerte digna, tal y como ha informado la Cadena SER. Ella, afectada por una enfermedad rara y degenerativa, está ingresada en el Hospital Clínico de Santiago. Allí, a pesar de que el Comité de Bioética emitió un informe el pasado 14 de septiembre a favor de que se le retirase el soporte vital que prolonga artificialmente su vida. Sin embargo, el departamento de Pediatría de este centro se niega a efectuar esta medida y la gerencia del hospital le respalda. Algo incomprensible para los padres.

La situación también es incomprensible dentro del contexto legal de esta comunidad. El pasado mes de julio el parlamento gallego aprobó una ley de derechos para enfermos terminales sin eutanasia. Con ella, en teoría se asegura que el paciente tenga garantizados unos cuidados paliativos y el uso de la sedación si la finalidad es aliviar el sufrimiento.

En esos términos, es en lo que la familia de Andrea se está centrando. Pues su hija está en una situación irreversible, se enfrenta a una “desnutrición calórico-proteíca importante” y su cuerpo ya no tolera la alimentación artificial.

Un portavoz del Hospital Clínico de Santiago ha confirmado a EL MUNDO que desde esta mañana los padres de la pequeña mantienen una reunión con los pediatras que la atienden, “pero no es una reunión con la gerencia del centro, sino clínica”. El hospital mantiene que no puede dar más información del paso porque vulneraría la confidencialidad de la menor, pero sí subraya que “nuestro servicio de Pediatría está actuando con respeto a la legalidad vigente y a los principios éticos”.

En nuestro país no hay una ley nacional que regule el derecho a una muerte asistida. El gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero quiso reforma la Ley de Autonomía del Paciente de 2002 pero ese intento cayó en saco roto. Desde entonces, diversas normas autonómicas han intentado dar más pasos que el Gobierno Central.

Andalucía fue la pionera en crear una Ley de Muerte Digna en 2010. Tras ella, Aragón y Navarra y después Canarias, Baleares, Galicia y País Vasco crearon sus propias normas para regular esta asistencia que, en la práctica clínica muchos médicos realizan, pero que no está regulada con una normativa nacional.

Las mujeres y los niños, objetivo de los bombardeos en Siria

El BMJ denuncia los efectos de las armas en la población civil

Según la publicación, se ha incumplido la lesgilación internacional

Actualizado 30/09/201509:59

Lo que empezó en marzo de 2011 con unas manifestaciones pacíficas animadas por el fervor del ejemplo tunecino y egipcio, desembocó rápidamente en Siria en un cruento conflicto armado que se ha convertido ya en una de las crisis humanitarias más largas del siglo XXI.

Aunque para los europeos la guerra en Siria es hoy más evidente que nunca por la llegada de miles de refugiados que buscan asilo en el viejo continente, los sirios llevan años sufriendo los estragos del enfrentamiento. Ya en el año 2012, el conflicto se había convertido en la primera causa de muerte de los sirios.

Además, la guerra ha colapsado el sistema sanitario del país, destruyendo infinidad de infraestructuras médicas, lo que ha causado todavía más muertes indirectas. En diciembre de 2014, el 20% de los hospitales públicos del país estaban totalmente parados, y un 35% sólo ofrecía servicios parciales. Además, según cifras de la Organización Mundial de la Salud, el 45% del personal sanitario ha abandonado el país desde que empezó el conflicto.

Mientras que la precaria situación sanitaria de los sirios ha sido más o menos estudiada por distintas organizaciones no gubernamentales y organismos internacionales, el impacto real de los distintos tipos de armamento entre la población civil no lo ha sido tanto, a pesar de ser una información que sin duda podría ser muy útil para los actores humanitarios que están sobre el terreno, así como para manejar mejor el proceso post-conflicto. El British Medical Journal (BMJ) ha dado un importante paso en esta dirección, publicando el primer análisis que estudia el impacto de cada arma entre la población siria.

La investigación, liderada por Debarati Guha-Sapir, de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), pone de manifiesto que, a pesar de que tanto los rebeldes como el Gobierno afirman que el objetivo de sus ataques son siempre las fuerzas combatientes enemigas, la realidad es que las armas explosivas tienen un efecto desproporcionado y letal en mujeres y niños.

Guha-Sapir y sus colegas han analizado 78.769 muertes violentas de civiles acaecidas entre marzo de 2011 y enero de 2015 para comprobar cuáles eran las armas que afectaban más a uno u otro grupo. Los autores se encontraron con una especial vulnerabilidad de las mujeres y los niños: a pesar de que la mayoría de las víctimas de la guerra son hombres, estos dos grupos sufren especialmente las consecuencias de los bombardeos.

Mientras que los hombres han muerto mayoritariamente por disparos y ejecuciones, las mujeres y los niños lo han hecho por armas de tipo explosivo. Concretamente, y en este orden, han sido primero los bombardeos, después los explosivos, y finalmente las armas químicas lo que más niños ha matado durante estos cuatro largos años de guerra, mientras que en las mujeres el orden es armas químicas primero, seguidas de bombardeos y, finalmente, explosivos.

‘Uso indiscriminado y desproporcionado’

Estas cifras demostrarían, según los autores, un uso “desproporcionado e indiscriminado” de los explosivos y las bombas como armas de guerra, ya que son la principal causa de muerte entre mujeres y niños, a pesar de que estos grupos no suelen tener un rol combativo en la guerra siria, y por tanto, estos ataques no deberían afectarles. Por si fuera poco, los autores mantienen que se ha estado bombardeando intencionadamente zonas civiles y llenas de niños, como los colegios.

Para la agencia de Naciones Unidas para la infancia, UNICEF, los niños son uno de los grandes perjudicados de la guerra en Siria. La organización habla de “riesgo de una generación perdida” y recuerda que el conflicto ya ha acabado con la vida de más de 10.000 niños, al tiempo que mantiene a otros 5,6 millones dentro del país sufriendo situaciones extremas de pobreza, desplazamiento o estado de sitio. Mientras tanto, en toda la región, la cifra asciende a 14 millones de niños que sufren los efectos cada vez más intensos del conflicto.

“Estos hallazgos deberían hacer reflexionar a todo aquel que piense que todavía puede haber un lugar seguro para las mujeres y los niños cuando los explosivos se utilizan en áreas densamente pobladas, o para quien imagine que todos los edificios bombardeados en Siria han sido previamente evacuados”, puede leerse en un editorial que acompaña el análisis. En un informe mundial de Human Rights Watch (HRW) sobre Siria, la organización internacional realiza una denuncia que va en la misma línea que el llamamiento realizado hoy por el BMJ, ya que afirma que se está realizando un uso sin control de las armas contra los civiles.

Por su parte, el pasado 11 de septiembre, Médicos Sin Fronteras informaba también de un “incremento del flujo masivo de heridos tras 20 días de intensos bombardeos sobre mercados y edificios civiles”, y denunciaba que en los 13 hospitales provisionales que reciben apoyo de la organización en Ghouta Este, una de cada cuatro víctimas eran menores de 15 años.

Tanto en la publicación médica como en el informe de HRW denuncian el incumplimiento de la lesgislación internacional, ya que no se ha seguido, sostienen, lo acordado por unanimidad en el Consejo de Seguridad de la ONU en febrero de 2014 mediante la resolución 2139, que reclamaba que cesasen los ataques contra la población civil. En contra de lo acordado, “el gobierno persistió en el lanzamiento de un gran número de bombas de barril altamente explosivas sobre la población civil”, y “continúa imponiendo asedios que afectan a más de 200.000 civiles”, señalan desde HRW.

Por su parte, los firmantes de este análisis que hoy recoge el BMJ no sólo denuncian lo sucedido, sino que piden que los bombardeos indiscriminados tengan consecuencias legales: “A pesar de que las armas químicas sí que están controladas y vigiladas a nivel internacional, los bombardeos y los ataques con misiles, que son, como mínimo, igual de letales, y según nuestro análisis, todavía más, especialmente para los niños, continúan sin ser sancionados“, escriben los autores.

Igualdad lanza un protocolo contra la violencia de género en Internet

Bajo los teclados de los ordenadores y de las pantallas de los móviles se pueden esconder fuertes amenazas, ofensas, insultos, acosos, maltratos que inciden en las personas con la impunidad que ofrecen las redes sociales. Para evitar estas otras violencias, con especial incidencia en mujeres y jóvenes, la Consejería de Igualdad ha presentado este martes en el Consejo de Gobierno el documento del primer protocolo institucional en España ante la violencia de género en las redes sociales. “Este texto surge tras la necesidad detectada entre nuestros trabajadores de establecer unas pautas de actuación ante las víctimas que sufren síntomas de ciberdelincuencia de género”, detalla Carmen Cuello, directora del Instituto Andaluz de la Mujer (IAM).

El protocolo será una herramienta diseñada para los trabajadores de la institución, psicólogos, juristas, trabajadores sociales y técnicos, en el que se plantean los pasos a seguir para orientar y defender a la víctima de las posibles agresiones. Así las capturas de pantallas, la desactivación de geolocalizadores para evitar ser perseguidas o la terminología concreta utilizada para acosar mediante las redes serán algunas de las herramientas descritas en el protocolo para la optimización del trabajo. “Cuando la violencia pasa al ámbito virtual se producen nuevos riesgos y consecuencias que hemos recogido en este protocolo, que se añade al ya existente para ampliar la capacidad de acción”, resalta Cuello.

Según se describe en los estudios, las redes podrían producir riesgos como la multiplicación de los insultos por su difusión, repetición y viralidad; proteger el anonimato del agresor; mantener la ilimitada exposición de la intimidad de la víctima, o suplantar su identidad.  Así, la publicación de fotos íntimas, el control de la ubicación, el seguimiento de las acciones por las redes, la revelación de secretos, las injurias y la captación para su abuso son algunos de los posibles delitos que estarán recogidos en el protocolo, que se redacta con la aportación de los agentes del cuerpo y la seguridad del Estado y expertos informáticos.

“La información será recogida fundamentalmente por el área de atención psicológica de las víctimas, que después elaborará un diagnóstico sobre el que se podrán seguir pautas de seguridad informática, y en coordinación con el área jurídica, las medidas legales necesarias así como estrategias terapéuticas”, recoge el documento presentado este martes en el Consejo de Gobierno.

El Defensor del Pueblo niega a las ‘doulas’ un papel activo en el parto

El conflicto que ha enfrentado a las doulas (mujeres que se dedican a acompañar durante el parto a otras mujeres) y las comadronas (y los enfermeros por extensión) llegó esta mañana al Senado de la mano de la titular de la oficina del Defensor del Pueblo, Soledad Becerril. “Nuestra posición es que creemos que estas personas no reúnen las cualificaciones legal y reglamentariamente exigidas para el desempeño de una profesión, de una actividad”, dijo esta durante su explicación de la actividad este año, según recoge el acta del Cámara alta.

Fuentes del organismo matizan que, en reuniones que ha mantenido Becerril con representantes del Consejo General de Enfermería, les ha transmitido que las doulas “no pueden tener un papel activo en el proceso asistencial médico-sanitario durante el embarazo y el parto”. Pero, también, les ha manifestado que “el apoyo afectivo y acompañamiento” durante el parto “es de libre elección”, con lo que deja abierta la puerta a la presencia de estas mujeres.

Las doulas son “mujeres, en su mayoría madres, que acompañan a otras mujeres durante la gestación, parto y puerperio, ofreciendo soporte, tanto físico como emocional”, afirma la Estrategia de Atención al Parto Normal en el Sistema Nacional de Salud, elaborada por el Ministerio de Sanidad.

La discusión acerca de estas supuestas profesionales sanitarias fue provocada por un informe encargado por los colegios de enfermería, en el que se las acusaba de “poner en riesgo la salud de la madre y el bebé”, de realizar prácticas ilegales, de ofrecer consejos “sin evidencia científica” y de intrusismo profesional.

Desde que, en febrero de este año, se hizo público este informe, las asociaciones de doulas se movilizaron. En primer lugar, manifestaron que las actividades denunciadas por los enfermeros no eran propias de las auténticas acompañantes. “Entiendo que las matronas se sientan mal cuando hay intrusismo, pero quiero dejar claro que ese no es en absoluto el trabajo de la doula. Con este informe, desconocen el trabajo que puede hacer una y lo bien que pueden trabajar las dos figuras juntas”, dijo, por ejemplo, Clara Vergés, presidenta de Mares Doules. “No somos personal sanitario ni tampoco lo queremos ser. Somos personal de apoyo, de asistencia. Somos acompañantes”, afirmó Bea Fernández, presidenta de la Asociación Española de Doulas.

Parte de la indignación de estas asociaciones las llevó a acudir a la institución del Defensor del Pueblo. Y así lo ha reconocido Becerril esta mañana en el Senado, donde dijo que gran parte del aumento de la actividad, sobre todo relativo a temas sanitarios, se debe a la llegada de numerosas quejas de estas mujeres. “Hay un número alto este año en comparación con 2014 por una razón que quizás conozcan sus señorías y es que un grupo numeroso, un colectivo numeroso de personas que reciben el nombre profesional en su actividad o de su quehacer de doulas han manifestado sus quejas en altísimo número y ahí están reflejadas”. La defensora esbozó una queja sobre el recurso a la institución por parte de las doulas. “Así se lo manifestamos”, dijo en alusión a su opinión de su falta de preparación, “pero [las quejas] no dejan de llegar”, afirmó.

En total, hasta la fecha, el número de quejas en el área de Sanidad ha pasado de 815 a 1.289 en un año, no tanto por un aumento de los fallos del sistema, sino por este tema en concreto. Estos requerimientos para que el Consejo General de Enfermería retirara sus apreciaciones “han sido desestimados”, añaden fuentes del Defensor del Pueblo.

El cierre de la planta de Crevillent obliga a repartir la basura

Aunque el propósito es lograr que los municipios de La Vega Baja traten sus propios recursos, el cierre judicial de la planta de Crevillent que se produjo el jueves pasado ha forzado a la Generalitat a buscar una solución de urgencia para acoger la basura procedente de 24 municipios de la comarca, más de 200 toneladas diarias. La mayor parte recaerá en Villena, pero como los técnicos de Vaersa, empresa que gestiona esa planta, advirtieron que los residuos previstos superarían su capacidad, será necesario enviar una parte de ellos a Xixona y Elche, tal como el Consell comunicó ayer a sus respectivos alcaldes.

Con vistas a la resolución definitiva del asunto, la Consejería de Agricultura, Medio Ambiente, Cambio Climático y Desarrollo Rural ha acordado constituir un consorcio para el tratamiento de residuos urbanos de La Vega Baja junto a la Diputación de Alicante y los ayuntamientos de la comarca. La reunión constitutiva se celebrará el próximo día 13 de octubre y en ella está previsto abordar también la elaboración del plan zonal de residuos urbanos de la comarca.

La reunión de urgencia que tuvo lugar el lunes en la consejería con alcaldes de los municipios afectados por el cierre de la planta de Crevillent como consecuencia de un fallo judicial, a la que asistieron los de Orihuela, Rafal, Redován, Rojales, Villena, el diputado de Medio Ambiente y técnicos de la Diputación, así como el director de Vaersa, supone para el secretario autonómico de Medio Ambiente y Cambio Climático, Julià Álvaro, “el primer paso para comenzar a resolver el problema de los residuos en la comarca de La Vega Baja, que todas las decisiones que se tomen van a estar fundamentadas en el consenso y en el diálogo con todas las entidades y todos los colectivos a los que les afecta, han de satisfacer a todos y tomarse con vistas a una solución definitiva”.

Álvaro añadió que, aunque en el futuro “la comarca deberá ser capaz de tratar sus propios residuos domiciliarios, sin necesidad de enviarlos a otros lugares para su procesamiento”, el problema requería una solución a corto plazo, debido a la sentencia reciente del juzgado de Elche que anuló el contrato de tratamiento y eliminación que el ayuntamiento de Crevillent adjudicó a la firma Abornasa para su gestión en 2013.

También a corto plazo habrá de diseñarse un plan de reordenación de los flujos de los residuos, que puede pasar por la apertura de una planta de transferencia que permita limitar el aumento de costes que va a producirse al aumentar la distancia del transporte de basuras.

La Consejería apuesta a medio plazo por fomentar una recogida más selectiva, en colaboración con los ayuntamientos, así como por realizar campañas de divulgación y sensibilización en materia de reciclaje y tratamiento de residuos entre la población.

En esta situación, el ayuntamiento de Xixona ha acordado este martes, por unanimidad de todos los grupos municipales, rechazar que se sobrepase la capacidad de su planta de tratamiento de residuos (Piedra Negra) ante la inminente llegada de basuras procedentes de la Vega Baja.

La junta de portavoces de Xixona se ha reunido hoy de urgencia a raíz del anuncio del secretario autonómico de Medio Ambiente y Cambio Climático, Julià Alvaro Prat, sobre el desvío de la basura de la Vega Baja a las plantas de residuos sólidos urbanos de Villena y Xixona, por el cierre de la planta de Abornasa en Crevillent.

Según un comunicado del ayuntamiento, los portavoces del PSPV-PSOE, Més Xixona, PP, Ciudadanos y Compromís han acordado que “en ningún caso permitir sobrepasar la capacidad de Piedra Negra en su cómputo anual, estableciendo también una limitación diaria de entrada de basura”.

Además, han aprobado “exigir que se adopten medidas que no saturen el tráfico de la CV-800″ y poner en práctica políticas medioambientales que den una solución adecuada y a largo plazo a la gestión de los residuos.