¿Emilio o Luis? Trucos para recordar un nombre

No lo niegue, a usted también le ha pasado alguna vez: estar en una fiesta o una reunión de trabajo y que le presenten a una persona y, pasados dos segundos, olvidar por completo su nombre. Se estará preguntando si su problema es que tiene memoria de pez o, simplemente, se trata de algo común sin la menor trascendencia.

Antonio Yusta Izquierdo, jefe del servicio de Neurología del Hospital Universitario de Guadalajara y neurólogo en el Hospital Quirón San Camilo de Madrid, reconoce que no recodar nombres es una conducta muy característica del ser humano. “Se debe, en los casos en los que no hay patología neurológica, a que para rememorar de forma adecuada hay que haber grabado en nuestra memoria esa información. Es como un casete de los antiguos, si queremos grabar hay que dar al Rec. Pero la falta de atención y estar a cuatro cosas a la vez hace que nos olvidemos de pulsar el botón. A veces, no recordamos ni lo que hemos hablado”, explica.

De la misma opinión se muestra Marisa Fernández, neuropsicóloga de Unobrain: “Hay distintas causas para olvidar nombres. Normalmente, estamos más pendientes cuando nos presentan a alguien de nuestro aspecto o de decir nuestro propio nombre que de escuchar el del otro. Además, los nombres son algo totalmente arbitrario en muchas culturas. ¿Qué más da que sea Pedro o Manuel? No hay nada significativo, a primera vista, en los nombres y su relación con las personas que los poseen”.

Para Jesús Francisco Javier Ramírez, del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, “si nos centramos en la psicología dinámica (Freud), hay un acto fallido que es precisamente este, el olvido de nombres que conocemos perfectamente, pero que nos cuesta recordar en un momento dado. No tiene la menor importancia, aunque el psicoanálisis se la da: en el sentido de que lo relaciona con amores, odios… En realidad, la memoria no es más que un cúmulo de neurotransmisores, proteínas… Y es fácil que se produzcan los olvidos, por lo tanto, estamos hablando de algo normal”.

Ansiedad o desgana

El estado emocional puede ser un factor que nos predisponga al olvido. “Como le sucede a los estudiantes en los exámenes, que siempre dicen que ‘tienen la respuesta en la punta de la lengua’, pero no les viene a la cabeza, debido a la propia ansiedad”, recalca el doctor Yusta.

El desinterés también nos impide recordar el nombre de los demás. Eso defiende al menos el psicólogo Richard Harris de la Universidad Estatal de Kansas (EE UU) en un artículo publicado en Science Daily. Para el profesor, no es la capacidad cerebral de cada individuo lo que determina lo bien que se pueden recordar los nombres, sino más bien el nivel de interés. “Algunas personas, quizás los que son socialmente más conscientes, están más interesados en las personas, más interesados en las relaciones, y ellos estarían más motivados para recordar el nombre de alguien”, ha afirmado el experto, que defiende que es el caso de los individuos con profesiones como la política o la enseñanza, donde conocer los nombres es beneficioso.

La memoria, como cuenta el neurólogo Antonio Yusta, se sitúa en la cara interna de los lóbulos temporales, donde está el área de asociación. “Por eso es frecuente que para recordar el nombre de las cosas derivemos la mirada hacia arriba, al lado izquierdo; mientras que si inventamos, tornamos la vista hacia la derecha”, detalla.

Consejos practicos para no olvidar el nombre de su interlocutor

- “Además de prestar atención cuando nos dan a conocer a una persona, utilicemos la memoria visual, no solo la verbal”, manifiesta Antonio Yusta. “Del rostro de una persona se recuerda lo más extremo, por ejemplo, una nariz prominente. Un detalle exagerado de la cara puede ayudarnos a recordar el nombre”, añade.

- “Asociemos el nombre de una persona a ejercicios nemotécnicos, como recordar sus iniciales. Será más sencillo después. También ayuda relacionar el hecho de la presentación con varios sentidos, como la vista o el oído”, revela el psicólogo Jesús Francisco Javier Ramírez.

Marisa Fernández continúa dándonos unas sencillas pautas:

- Preste atención a la persona cuando se dirija a usted. Intente concentrarse en ella y no pensar en cuando le toca hablar a usted, en si estará bien peinado o si el traje que lleva es el adecuado.

- Intente asociar el nombre a algo importante o conocido para usted. Por ejemplo, si nos presentan a María del Mar, pensaremos en aquellas fantásticas vacaciones en la playa dándonos un baño en el mar, o recordaremos si tenemos otra amiga o familiar con ese nombre.

- Utilice la repetición. Repita el nombre de la persona cuando se la están presentando. “Encantado de conocerte, Verónica”, podría pronunciar. Haga esto lentamente y no de forma rápida, para que quede claro. Emplee el nombre de la persona al principio y al final de las conversaciones. Por ejemplo: “Me preguntaba si le gustó la cena, Verónica”. El uso del nombre por lo menos tres veces continuadas le ayudará a recordarlo después.

- Entrene previamente su memoria de trabajo, ya que es esa la capacidad que nos permite atender, retener y manipular distinta información durante el tiempo necesario para responder a una situación. Una forma entretenida de hacerlo es mediante el entrenamiento en gimnasios cerebrales online.

“El mecanismo por el que muchas de estas técnicas funcionan es porque promueven un procesamiento más profundo de la información, haciendo que le pongamos más esfuerzo cognitivo a la hora de aprender nuevas cosas. Repetir, relacionar, asociar, visualizar, etcétera, son acciones que consiguen que dotemos de significado a las nuevas informaciones y favorecen así su almacenamiento en la memoria a largo plazo”, insiste la neuropsicóloga.

¿Tiempo de esperanza?

Aunque sea verano y me encuentre de vacaciones, me resulta ciertamente difícil levantarme cada día con mi mejor cara y ánimo: la realidad que me rodea es absolutamente decepcionante y, aún más, tremendamente inquietante. La crisis institucional en la que estamos sumergidos deja poco lugar al optimismo: la clase política rezuma corrupción frente a la anhelada —y obligada— eficiencia y pulcritud que debiera presidir su gestión; las instancias judiciales ofrecen una dudosa credibilidad a resultas de las decisiones que adoptan; la situación económica, para muchos ciudadanos, no mejora por ninguna parte —más bien todo lo contrario— y, si a eso añadimos la pandemia que algunos dicen se avecina con el dichoso virus del ébola, o las atrocidades —denominación eufemística de verdaderos genocidios— que se están cometiendo actualmente, en defensa de vaya usted a saber qué legalidad supuestamente vigente, dan ganas de no levantarse de la cama y así evitar la mayor de las desazones.

Depresión total. Ni siquiera me anima que haya empezado nuevamente la Liga de fútbol. Y eso que es lo más importante que nos puede pasar. O eso parece.

Si cierra su establecimiento mi panadero de toda la vida porque ya no puede soportar la losa de las deudas que le acucian, no es en absoluto comparable a que le paguen al delantero estrella de mi equipo de toda la vida un millón de euros menos de lo que vale —pobrecillo—, no vaya a ser que se nos vaya al equipo rival. Y si su club no va bien, ¡que le den ayudas públicas o privadas, o de lo que sea, hombre! Eso, como se las dieron a mi panadero. El colmo.

¿Qué nos queda entonces? ¿No hay remedio posible para tanta desdicha? No desesperemos. Rotundamente sí. Nos queda algo que, aunque muchos olviden —e incluso denosten—, constituye el valor más seguro con el que contamos: la persona.

Más allá de las ideas, el dinero o el poder, no hay que olvidar que todavía existen grandes profesionales, ya que hemos referido tales ámbitos, en la política —algunos aún generan confianza y todo—, en las esferas judiciales —esos que “no se casan con nadie”, salvo con esa apacible mujer que porta una balanza—, en cualquier sector —mi panadero era un buen ejemplo—, en la sociedad en general. Y, sobre todo, que hay muchas personas que no sólo piensan en sí mismas, sino que incluso se abandonan en favor de otros —aunque luego el debate se centre en algo “tan trascendental” como el coste de la repatriación de alguno de ellos cuando lo necesitaba—. Sirvan, por ello, como fuente de esperanza. Al menos, a mí me valen. Y no es el último recurso o el clavo que arde.

Es una realidad que quizá teníamos olvidada y que, gracias a la penosa basura circundante, estamos recuperando. Un ejercicio de introspección que merece la pena, oiga. Quizás es lo único que no nos pueden quitar y que además está en la base de cualquier sociedad, sea del signo que sea. Por eso merece la pena seguir en la brecha. Por eso mismo continúo levantándome cada día, por difícil que me resulte.

La ONU usará Ghana como base logística en su lucha contra el ébola

Ghana, país de África occidental donde no se ha producido ningún caso de ébola por ahora, es el lugar escogido por Naciones Unidas para convertirse en la base del material, suministros y personal necesarios para enfrentarse a la actual epidemia de este virus que ha provocado ya 1.552 muertos y más de 3.000 personas contagiadas en cinco países de la región, Guinea, Sierra Leona, Liberia, Nigeria y Senegal, último país donde este viernes se confirmó un primer y único caso. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, telefoneó directamente al presidente ghanés, John Dramani Mahama, para solicitarle la instalación de una base logística en Accra, la capital del país, a lo que este ha dado su visto bueno.

Desde esta ciudad se abrirá un corredor para que el personal que está luchando contra la rápida expansión de la epidemia pueda acceder a materiales y suministros. De esta manera se pretende hacer frente a uno de los grandes problemas logísticos que existen en este momento, la cancelación de la mayor parte de los vuelos hacia los países afectados por parte de las compañías aéreas, lo que dificultaba los esfuerzos de las ONG y agencias internacionales en su lucha.

En Senegal, donde el viernes se confirmó el primer caso de ébola, un joven estudiante guineano de 21 años que está ingresado en el hospital de Fann, en Dakar, el Gobierno ha localizado ya la vivienda donde este permaneció diez días, situada en el popular barrio de Parcelles Assainiés, y ha procedido a su desinfección. Además continúa la búsqueda de todas las personas con las que el joven pudo estar en contacto durante las dos o tres semanas que estuvo en Senegal. “Sólo si percibiéramos que las autoridades no son capaces de controlar este brote recomendaríamos la salida de nuestros ciudadanos, pero no es el caso”, aseguró el cónsul español en Senegal, Luis Cacho, que tiene registrados a unos 2.000 españoles.

Por otra parte, este viernes se han producido incidentes violentos en N’zérékoré, una ciudad de Guinea, ante la sospecha por parte de los comerciantes de que el mercado había sido desinfectado por la noche. Decenas de personas armados con palos y piedras, al grito de “¡El Ébola es falso!” destrozaron varios vehículos particulares y de distintas agencias de la ONU, así como los vidrios del hospital. Militares y policías usaron gases lacrimógenos para impedir que llegaran hasta la sede de Cruz Roja, que pretendían atacar. El Gobierno, que ha decretado un toque de queda nocturno, calcula al menos 27 heridos.

Mientras tanto, la presidenta liberiana, Ellen Johnson-Sirleaf, ha decidido levantar la cuarentena que impuso la semana pasada sobre el barrio de West Point (70.000 habitantes), en Monrovia, para tratar de frenar el avance del ébola en esta ciudad.

 

La policía busca en Marbella al niño sacado del hospital por sus padres

La policía británica ha informado de que busca en el sur de España a Ashya King, el niño de cinco años afectado por un tumor cerebral que el jueves fue sacado del hospital sin el permiso de los médicos por sus padres, sobre los que pesa una orden de arresto europea. Si bien la Interpol lanzó el viernes una alerta global para localizar al chico, cuya vida corre más peligro según van pasando las horas, ahora los investigadores han enfatizado en la posibilidad de que la familia se encuentre en Marbella, donde mantienen “estrechos lazos”.

Los King, testigos de Jehová, se llevaron a su hijo del hospital general de Southampton, en el sur de Inglaterra, el jueves al mediodía. Ashya llevaba tiempo ingresado allí y se recuperaba de una delicada operación a la que había sometido apenas una semana antes. “La necesidad de encontrar a Ashya es ahora mismo desesperada. Es realmente importante encontrarle para que reciba atención médica cuanto antes”, afirmó un portavoz de la policía del condado de Hampshire.

Se sabe que la familia tomó un ferry y cruzó, efectivamente, el canal de la Mancha. Llegaron a Francia durante la tarde del jueves. Allí se les perdió la pista. Las fuerzas de seguridad británicas han asegurado que están colaborando con las autoridades españolas después de que la Interpol lanzara el viernes la alerta mundial para tratar de encontrar al niño y de que este sábado se lanzara una orden de arresto europea.



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Ashya King, de cinco años. / AFP

“Con esa orden, cuando encontremos a Ashya y su familia podremos hablar con sus padres sobre lo que ha ocurrido”, ha declarado el subjefe de policía del condado de Hampshire, Chris Shead. Además, ha subrayado que la orden se basa en una posible “negligencia” pero que “no significa necesariamente que se les vaya a acusar de un delito”. “Simplemente nos otorga la capacidad de arrestarles y hablar con ellos”, ha explicado.

La policía del condado al sur de Inglaterra divulgó que la familia del menor viaja en un vehículo Hyundai I800 de color gris y detalló que el niño se traslada probablemente en una silla de rudas debido a que no tiene movilidad. “Nos gustaría animar a cualquiera, especialmente a aquellos con vínculos en España, que nos ayuden a extender esta llamada a través de las redes sociales”, dijo Shead a la cadena pública BBC. “No estamos seguros de que la familia King tenga suficientes baterías para que continúe funcionando la máquina que suministra comida a Ashya a través de un tubo”, señaló el portavoz de la policía, quien subrayó que sin esa ayuda mecánica “la situación del niño sería muy grave”.

Un responsable del hospital dijo por su parte que el niño “es un paciente de largo historial que tenía permiso para abandonar las instalaciones bajo la supervisión de sus padres como parte de su rehabilitación”. Esa es la razón por la que la salida del niño en una silla de ruedas con su padre no alertó a nadie en el centro sanitario. “Cuando su ausencia se hizo demasiado larga, el personal comenzó a preocuparse y, al no poder contactar con la familia, dio aviso a la policía”, afirmó.

10 claves para aprobar en septiembre

Para todo en la vida, existen las segundas oportunidades y septiembre es el mes idóneo para llevarlas a cabo. Los estudiantes lo saben bien. Según los últimos datos publicados en el INE, en 2012 un total de 278.818 alumnos accedieron a las pruebas de acceso a la universidad (PAU). De ellos, 198.952 se presentaron en junio y 45.701 en la convocatoria de septiembre (el resto accedió a través de las pruebas para mayores de 25 y 45 años).

Cada año alumnos de bachillerato, universitarios y demás estudiantes de otras formaciones se enfrentan en el noveno mes del calendario a exámenes de recuperación. Sin embargo, la preparación de estas pruebas conlleva mucha más presión que durante el curso ordinario. De hecho, el porcentaje de aprobados en las PAU en 2012, como suele ocurrir en otros años, fue mayor en la convocatoria de junio (91,5% vs 75,1%) que en la septiembre.

Las situaciones donde nos sentimos evaluados nos generan emociones negativas (estrés, inseguridad o preocupación) que dificultan y ralentizan nuestros procesos cognitivos (atención, concentración y memoria). De este modo, y según explican a EL MUNDO Cecilia Martín y Marina García, directoras del Instituto de Psicología y Desarrollo Personal PSICODE de Madrid ante los exámenes de septiembre el alumno siente mucha más presión y tensión, sobre todo si lo vive como una última oportunidad. Como una especie de todo o nada.

“Sus emociones negativas se incrementan, su rendimiento empeora e incluso puede producirle un bloqueo mental y emocional. Además, tiene que emplear más esfuerzo en estudiar porque durante las vacaciones ha perdido el hábito, tiene que recordar los conceptos aprendidos durante el curso y aprender a decir no a otros planes alternativos que surgen en verano. Todo ello hace que suponga un coste extra a nivel psicológico y emocional”, detallan ambas especialistas. En definitiva, “los exámenes de junio son el resultado de una evaluación continua durante todo el año, los de septiembre en cambio, son exámenes finales”, mantiene José Manuel Suárez Sandomingo, presidente de la Asociación Profesional de Pedagogos y Psicopedagogos de Galicia (APEGA).

Hábitos saludables de estudio

La alimentación y el sueño son elementos fundamentales en el estudio. Es importante que la alimentación antes de comenzar a estudiar no sea copiosa, mantiene Suárez.

Si el alumno lo desea puede comer algún alimento dentro de las horas de estudio. A ser posible, alimentos que contengan glucosa. “Diversos estudios sobre la glucosa han demostrado cómo puede mejorar el funcionamiento cognitivo, en particular la memoria a corto plazo y la atención”, explican Martín y García. Tal es así que, si un alumno pasa la noche previa al examen estudiando sin dormir y desayuna poco puede llegar al examen y sentir que no recuerda nada. Este fenómeno, detallan las especialistas, se produce porque sus reservas de azúcares se han agotado durante la noche y al llegar al examen los procesos de memoria no funcionan correctamente produciéndose el efecto de mente en blanco. Un buen consejo es tomar un tentempié rico en azúcares antes del examen.

Uno de los hábitos más extendidos en la población estudiantil es el de pegarse atracones o pasarse la noche estudiando antes del examen. Esto es un verdadero error, asevera Suárez. “Estimularse con café u otras sustancias no hace más que alejar el sueño pero no ayuda a la mente a absorber los conocimientos y, además, el cansancio acumulado hará que la recuperación física posterior sea más larga y el cuerpo se encuentre más estresado. Los conocimientos que se repasaron no habrán sido fijados convenientemente porque la mente necesitaba en aquellos momentos de un descanso que no se le ha dado y su embotamiento no le permitirá recuperarlos en las horas siguientes”, expone.

Por ello, el sueño es fundamental, no sólo porque fija los conocimientos sino porque nos ofrece el descanso necesario para poder recuperar la atención y activación. “Las horas de sueño deben ser las adecuadas a cada uno, entre siete y nueve horas normalmente”, puntualiza el presidente de APEGA.

El estudio requiere una serie de rutinas. Por ejemplo, es importante tener “el mismo lugar de estudio, las mismas horas, las mínimas distracciones, luz suficiente, y todos los recursos necesarios para realizar las tareas”, especifica Suárez.

En cuanto al espacio físico, ha de tener en cuenta que la habitación esté bien iluminada, que preferiblemente la luz le entre por la parte contraria al brazo con el que se escribe, que esté aireada, y que no haya ruidos que le puedan distraer. Es preferible que “el lugar o contexto de estudio sea el mismo que durante el curso escolar“, añaden por su parte las expertas de Psicode.

Planificar las horas de estudio es una de las claves del éxito. Según Martín y García, el aprendizaje es mucho más eficaz cuando la práctica se realiza de una forma distribuida y no de forma masiva. Por ello, es importante, planificar tiempo para imprevistos y descansos. No es recomendable alargar los periodos de descanso más de 15 minutos porque tras ese intervalo, explican las psicólogas, se pierde la capacidad de concentración y cuando el alumno retome el estudio le costará mucho más esfuerzo y tiempo volver a rendir al mismo nivel. Es recomendable también una fragmentación del temario de estudio en pequeños temas. “Si divide las grandes tareas en pequeños trozos será más fácil que se motive a estudiarlo y que lo termine”, informan.

Por otra parte, los especialistas aconsejan iniciar el estudio con aquellas tareas más difíciles o que más esfuerzo y concentración nos requieran, y dejar para las últimas horas del día aquellos temas que sean más amenos y fáciles para el alumno. “El momento más propicio es en las primeras de las horas de la mañana -el cuerpo está más cargado de energía- o en las últimas de la tarde -al remitir la actividad física intensa, la mente está más relajada para concentrarse-”, comenta Suárez.

Por último, algo fundamental para la preparación en los exámenes es reducir al máximo los ‘ladrones del tiempo’: evitar las interrupciones, estudiar sin móvil ni internet cerca; y repasar lo aprendido. “Si algo se estudia pero no se repasa, fácilmente será olvidado, cuantas más repeticiones mejor”, sostienen las expertas en psicología.

Igual que es importante una buena preparación física y cognitiva, también es muy importante que el alumno tenga la mente firme, que esté seguro de sí mismo y que, sobre todo, crea en sus posibilidades. Algunos consejos que ofrecen García y Martín para tener una buena preparación psicológica son los siguientes: Visualizar el éxito porque esto es clave para afrontar cualquier desafío, combatir los pensamientos negativos y cambiarlos en seguida por otros positivos acordes con el objetivo. Repasar todas las ventajas que va a tener si consigue ser consecuente con el plan de estudio marcado. Compensarse con pequeños premios según se vaya avanzando en las planificaciones del estudio. Por último, si tiene una preocupación que impide la concentración, hay que hacer un pacto con ella: “si no es muy importante, hay que posponerla para la última hora del día y repetirse mentalmente: ‘Pensaré en ello cuando termine de estudiar’”.

  1. Hacer un plan realista de lo que se tiene que estudiar intentando distribuirlo en el mayor número de días posibles.
  2. Poner el modo alerta para rechazar cualquier excusa o pensamientos negativos que boicoteen la planificación, motivación y calma.
  3. Tener en cuenta los descansos e imprevistos en la planificación.
  4. Evitar las distracciones cerca de la mesa de estudio.
  5. Posponer el momento de preocuparse para después de la jornada de estudio.
  6. Empezar estudiando los temas más complicados y dejar para el final los más amenos.
  7. Repasar cada tema en días diferentes para que se consolide la información en la memoria a largo plazo.
  8. Imaginarse a uno mismo cumpliendo la planificación y realizando el examen con seguridad y éxito.
  9. Durante todo el proceso hay que ofrecerse pequeños premios por el esfuerzo y por conseguir las planificaciones establecidas.
  10. Descansar, alimentarse bien y creer en uno mismo, sobre todo antes del examen.

La industria del porno se detiene 24 horas por un falso positivo de VIH

El caso de positivo por VIH que llevó al lobby de la industria del porno a pedir una moratoria de todos los rodajes el pasado jueves ha resultado ser falso, según anunció el viernes por la tarde la organización Free Speech Coalition (FSC). Solo 24 horas después la organización, que representa a la industria del entretenimiento para adultos, autorizó la reanudación de los rodajes. La organización asegura que los casos de falsos positivos son muy raros y por eso prefiere excederse en la prudencia.

“Entendemos que la moratoria rompe los nervios a los actores y es difícil para los productores”, dice en un comunicado en su web FSC. “Sin embargo, es esencial que cuando se trata de la seguridad de los actores nos equivoquemos por el lado de la prudencia”. La organización agradece a los actores, productores y agentes que detuvieron los rodajes y facilitaron una lista de posibles relaciones sexuales recientes del actor afectado. Estas personas también dieron negativo en los tests. FSC explica en su web que se incluyen todas las personas con las que ha tenido contacto sexual en los últimos 14 días.

La organización utiliza el test RNA Aptima que, asegura, “es el más preciso que hay”. Aunque reconoce que pueden ocurrir falsos positivos, “nunca nos hemos encontrado un falso negativo y entendemos que los casos de falso negativo son extremadamente raros”. La industria asegura que gracias a sus tests no ha habido un solo caso de contagio de VIH entre actores durante el rodaje de una película en todo EE UU en nueve años.

El caso anunciado el jueves era el primer positivo que se producía en la industria del porno en 2014. El año pasado hubo tres, que dieron lugar a dos moratorias en los rodajes que duraron todo el verano.

La alarma del jueves llegó en un momento delicado para esta industria multimillonaria que, en el caso de Los Ángeles, genera miles de empleos según datos de FilmLA. El Condado de Los Ángeles aprobó en 2011 una ley que obliga a utilizar preservativo en las escenas de sexo. La consecuencia fue un descenso del 90% en los rodajes, que huyeron de la ciudad. Hace solo dos semanas, la industria respiraba aliviada cuando una propuesta similar para extender la medida a todo California fue derrotada en el Senado estatal.

El ébola golpea “peor que una guerra” a la economía de los países

“Las consecuencias económicas de esta epidemia de ébola son peores que las de una guerra. Cuando hay un conflicto hay sectores perjudicados, pero otros siguen funcionando. Pero el ébola —y sobre todo el miedo al ébola— es capaz de paralizar por completo a un país, como está siendo el caso de Liberia”, asegura Demba Moussa Dembele, reconocido economista senegalés. Fronteras cerradas al tránsito de personas y mercancías, compañías aéreas que dejan de volar a los países afectados, tierras de cultivo que se abandonan, turismo que cae en picado, inversores que huyen, empresas internacionales que suspenden sus operaciones. Los expertos ya prevén una caída del PIB de en torno al 2% en África occidental, ante lo que el Fondo Monetario Internacional (FMI), que habla de un impacto “agudo” en la economía, ha previsto otorgar una ayuda financiera adicional que en principio iría destinada a Guinea, Liberia y Sierra Leona, los países por ahora más afectados, de 285 millones de euros.



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RECURSOS CONTRA EL ÉBOLA. 

En la calle Sandiniery, junto al mercado de Sandaga de la capital senegalesa, Yunus Haidara vende frutas y verduras. Bueno, vendía. Toda su mercancía venía de Guinea y hace tres días que no llega ni un solo camión. “Esto es lo que me queda”, dice, señalando tres tomates y un puñado de ajos. “De todas maneras llevo tres meses complicados, la gente no quiere comprar nada que venga de Guinea. Pero ahora con el cierre de fronteras voy a tener que echar el cierre. No sé de qué voy a vivir”, se lamenta. Senegal es el principal importador de la producción hortofrutícola guineana. Pero el problema es mucho más amplio. En total, son seis los países de África occidental que han prohibido la entrada de todo lo que provenga de la zona afectada por el ébola: Benín, Burkina Faso, Costa de Marfil, Guinea-Bissau, Malí y la propia Senegal.

“Al cierre de fronteras hay que añadir que la decisión de las compañías aéreas de cancelar todos sus vuelos con la región va a tener un impacto enorme en nuestras economías”, ha asegurado Donald Kaberuka, presidente del Banco Africano de Desarrollo (BAD). “Hay países a 8.000 kilómetros de aquí, como Sudáfrica, que han prohibido la entrada a los ciudadanos de África occidental. No se justifica de ninguna manera”.

Tras unos años noventa marcados por las guerras, Sierra Leona y Liberia, y con ellas toda África occidental, estaban experimentando un crecimiento económico que la convertían en una región cada vez más atractiva para la inversión extranjera. Pero la epidemia de ébola va a ser, sin duda, un frenazo. En seco.

Un empresario turístico que opera en Senegal —país que este viernes ha confirmado su primer y único caso— asegura que “esto es una catástrofe”. “Todos los días recibo una media de dos cancelaciones. No hay más que darse una vuelta por Sally y La Somone, uno de los principales destinos turísticos del país. Los hoteles están vacíos”, se queja. Un ejemplo: la selección estadounidense de baloncesto tenía previsto jugar en amistoso en Senegal y lo cancelaron por el ébola antes incluso de que hubiera ningún caso confirmado.

Y es que las consecuencias se están dejando notar en África como destino. Algunos países que lo empiezan a sufrir, como Kenia o Sudáfrica, están a miles de kilómetros del brote epidémico. “Es un terremoto que afecta a todos. Hay un epicentro en tres países, pero la onda expansiva llegará en mayor o menor medida a todo el continente”, insiste Dembele, presidente del African Research and Cooperation for Supporting Endogenous Development.

En Liberia, la empresa minera Solomon ha suspendido todas sus actividades y buena parte de su personal se dedica ahora a recorrer los centros de ébola tratando de llevar comida y ropa a la gente. ArcelorMittal, gigante mundial del acero, ha suspendido las obras que tenía en marcha en la mina de Yekepa y en el puerto de Buchanan, evacuando a todos sus trabajadores. En Freetown (Sierra Leona), el hotel Radisson, recién inaugurado y muy utilizado por los grandes empresarios, ha visto caer en picado las reservas. “Hay una gran inquietud, el dinero ha dejado de circular”, asegura Alan Duncan, empresario residente en la capital sierraleonesa.

“Incluso en el supuesto de que la epidemia se llegue a controlar en seis meses, como dice la OMS, la economía tardará aún dos o tres años en volver a la situación de 2013”, añade Dembele. “África occidental estaba atravesando un periodo realmente bueno de estabilidad y avances hacia una mayor unión. Para 2020 estaba previsto alcanzar la unión monetaria. Pero estoy convencido de que todos estos procesos se van a ralentizar”. Los expertos no dudan en que esta crisis económica vendrá acompañada de una mayor conflictividad social y de inestabilidad política en los gobiernos de los países más afectados.

Vigilía por una doctora

Maureen B. Kabrik, activista de “#Bring Back Our Girls”, habla durante la vigilia por la doctora Ameyo Stella Adadevoh y otras víctimas del ébola en la ciudad de Abuja (Nigeria), el pasado 26 de agosto. Adadevoh, endocrinóloga, murió tras haber estado en contacto con Patrick Sawyer, un compañero de nacionalidad liberiano-americana también infectado de ébola al que estuvo tratando en el hospital.

Médicos que el ébola se llevó

Complejo hospitalario de Kenema, en Sierra Leona. Diez de la mañana. Nancy Djoko, vestida con el típico uniforme celeste de enfermera de Urgencias, sale a la puerta del centro de aislamiento para pacientes de ébola y se pasa el antebrazo por la frente. Lleva toda la noche trabajando. Es una mujer robusta, camina con determinación, pero se la ve agotada. “He tenido que enterrar con mis propias manos a tres de mis compañeras, ¿cómo me voy a sentir segura?”, se pregunta. “Tengo miedo, pero aquí estoy. Esta enfermedad no podrá con nosotros, no señor”, añade. Desde que comenzó la epidemia de ébola que sacude como un terremoto invisible a África occidental, más de 225 trabajadores sanitarios africanos se han contagiado y unos 130 han muerto, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Son la primera barrera frente al ébola, los más expuestos, y están pagando un precio muy alto.

En este mismo hospital trabajaba el doctor Khan, quien el pasado 22 de julio encogía el corazón a toda Sierra Leona. Ese día, el Gobierno anunciaba que se había contagiado de ébola. El hombre que se había puesto al frente de la lucha contra la expansión del virus, quien desde el hospital de Kenema coordinaba los esfuerzos y atendía personalmente a los enfermos, la persona que mejor conocía este mal y en quien todos confiaban, también había caído. El golpe psicológico fue terrible para todos. Sheikh Umar Khan era un reputado virólogo especializado en la fiebre hemorrágica de Lasa, un científico que adoraba su trabajo. Y ahora se enfrentaba a una lucha por su propia vida cuando estaba a punto de cumplir los cuarenta años. Durante días, el país entero siguió atento las noticias hasta que el 29 de julio la vida de Khan se apagó para siempre.

Ahora mismo, una enorme pancarta con su imagen preside la entrada del hospital de Kenema. Es un homenaje al héroe nacional, pero también un recordatorio. Sólo aquí, una veintena de médicos y enfermeros ha muerto en las últimas semanas. Pero si para algo sirvió el sacrificio de Khan fue para que la mayor parte de la población adquiriera conciencia de que la enfermedad es real, no un invento del Gobierno o de los occidentales, rumores de negación que han estado muy presentes durante toda esta epidemia. Pero también para que se ponga en valor la actitud de muchos profesionales sanitarios que, superando su propio miedo, el desconocimiento de cómo abordar esta enfermedad nueva para ellos y las malas condiciones de seguridad, se enfrentan al letal virus del ébola a costa incluso de sus propias vidas.

Umar Khan no fue el primero, desde luego. Este brote comenzó allá por el mes de diciembre en la Guinea Forestal y durante los primeros meses el personal sanitario de Gueckedou y Macenta atendió a decenas de pacientes sin ningún tipo de protección especial. Nadie sospechaba entonces que estábamos ante el ébola. Y cuando el virus llegó a Conakry, los trabajadores de una clínica privada de Kipé Dadia cayeron uno detrás de otro. Fue el lugar en el que ingresó la primera persona contagiada en la ciudad. Médicos, enfermeros, hasta técnicos de rayos… Casi todos se contagiaron y algunos fallecieron. El 22 de marzo, por fin, se declaró la epidemia, se activó la alerta y todos empezaron a tener más cuidado. Pero aún así, los trajes de protección y, sobre todo, la experiencia necesaria para usarlos, no estaban al alcance de todo el mundo. El propio Umar Khan, que se hizo popular porque abrazaba a los pacientes sanados para infundirles confianza y tratar de borrar el estigma, era muy meticuloso con la seguridad, lo que sin embargo no impidió su contagio.



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El doctor Khan, fallecido el 22 de julio por ébola. / Umaru Fofana (REUTERS/)

“Estás sometido a un gran estrés, la carga de trabajo es enorme y somos humanos. No se puede perder la concentración ni un instante”, asegura Josephine Sellu, doctora responsable del centro de aislamiento de Kenema. El brote que empezó en Guinea rápidamente se extendió a Sierra Leona y Liberia. En este último país, la mortandad entre sanitarios ha sido también enorme. El hospital católico de San José, donde trabajaba el religioso español Miguel Pajares, tuvo que cerrar sus puertas tras la muerte de su director, Patrick Nshamdze. La mayoría de las personas que le cuidaron sin saber que tenía ébola, entre ellos el propio Pajares y varios médicos, acabaron contagiados, como la hermana Chantal, fallecida, o las hermanas Paciencia y Helena, que han logrado sobrevivir.

En el Sant Joseph de Monrovia trabajaba también el doctor ugandés Omeonga Senga, uno de los primeros africanos que ha recibido el tratamiento experimental ZMapp y que evoluciona bien, así como el doctor de origen nigeriano Aroh Cosmos Izchukwu, que ha sobrevivido sin suero, “sólo con paracetamol”, y ha contado a El País los detalles de su estancia en el centro de aislamiento del hospital ELWA. “Aquello es como un campo de la muerte, lo de menos es el ébola. Está todo sucísimo, hay un baño para 50 personas. Había una familia allí, los padres y sus dos hijos pequeños. La mujer murió primero. Luego el padre fue al baño y sufrió un colapso dentro. Cuando su hijo le echó de menos fue a buscarlo y se lo encontró muerto. El cadáver estuvo 24 horas allí tirado, nadie venía a recogerlo. Hay heces, orina, vómitos por todos lados. No dejan que la gente tenga teléfonos con cámaras para que no salga una fotografía de aquello. He visto cómo le robaban hasta a los muertos”, asegura. “Que actúe ya la comunidad internacional porque esto es insoportable”, dice.

En las puertas de este centro de aislamiento gestionado por el Gobierno liberiano se produce casi a diario la misma escena. La pareja formada por Mutako Longin y su esposa Justine están de visita. Ambos son liberianos de origen ruandés, trabajaban en el Redemption Hospital, él médico, ella técnico de laboratorio. Pero ahora este centro está cerrado y ambos dedican su tiempo y su dinero a ayudar a los enfermos en lo que pueden. “Les llevamos ropa y comida porque no le están dando, sobre todo comida”, asegura Longin. Algunos enfermos de ébola reciben ayuda de sus familiares, pero muchos no tienen a nadie en la capital o sus parientes tienen miedo de acercarse por allí. “Están abandonados, aquello es un lugar donde los dejan morir, no les rehidratan ni les hacen transfusiones”.



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Un médico da de beber a un enfermo de ébola en el centro de aislamiento de Kailahun (Sierra Leona). / Médicos Sin Fronteras

Longin y Justine recaudan fondos para pagar incluso la sangre. Por ejemplo, hace unos días, entregaron a Médicos sin Fronteras material por valor de 75.000 euros recaudado íntegramente en España entre donantes privados e instituciones de la Iglesia. Otros han corrido peor suerte que Senga o Cosmos. El doctor Abraham Borbor, jefe médico del hospital JFK de la capital liberiana, falleció hace unos días de ébola pese a que también recibió el ZMapp, el supuesto suero milagroso que genera aún muchas dudas. Borbor parecía evolucionar favorablemente al tratamiento, pero el virus pudo finalmente con él.

De momento, Nigeria es el país menos afectado de los cuatro a donde ha llegado esta enfermedad. Y ello se debe en buena medida a la determinación y la valentía de una mujer, la doctora Stella Ameyo Adadevoh, endocrinóloga de 57 años. El pasado 20 de julio un avión de la compañía ASKY aterrizaba en Lagos con el estadounidense de origen liberiano Patrick Sawyer a bordo. Nada más llegar al aeropuerto, Sawyer fue trasladado al First Consultant Hospital con fiebre alta, malestar y vómitos, donde quedó en observación hasta que dos días después se confirmó que tenía ébola. La doctora Adadevoh lideraba el equipo médico que se hizo cargo del paciente y fue ella quien, personalmente y junto a la enfermera Justina Obi Ejelonu, impidió que Sawyer saliera del hospital en dirección a Calabar, a cientos de kilómetros de Lagos, donde tenía una reunión. Este gesto, que evitó que Sawyer fuera dejando a su paso un rastro mortal entre quienes intentaran ayudarle, probablemente salvó la vida de decenas de personas. Si no más. El virus ébola campando a sus anchas por el país más poblado de África hubiera sido un escenario aún más dramático que el actual, que ya es suficientemente complicado, sobre todo en Sierra Leona y Liberia. A los pocos días, tanto la doctora Adadevoh como la enfermera Ejelonu dieron positivo en las pruebas de ébola. Ambas fallecieron poco después.

Entre las ruinas de sistemas sanitarios que han colapsado, como el de Liberia, o que se enfrentan como pueden a un virus tan letal como el ébola, allí donde la combinación de la falta de recursos y el miedo hace estragos y vacía los hospitales de personal sanitario, como ocurrió por ejemplo en Kenema, emerge también la figura de miles de profesionales que han decidido jugarse su propia vida para plantar cara a la enfermedad. Son la avanzadilla de un Ejército que lucha contra una epidemia devastadora, la primera barrera, y muchas veces van sin escudos ni casco. Umar Khan, la doctora Adadevoh, los médicos del Hospital Católico Sant Joseph, Abraham Borbor, Nancy Djoko o la enfermera Ejelonu son sólo algunos de ellos. La mayoría son héroes anónimos cuyo nombre no sale en los periódicos. Muchos sobreviven, otros no. Y sigue pasando cada día.