Radiografía al sistema sanitario

La Generalitat ha realizado una radiografía del sistema sanitario. El resultado es una cascada de datos que ponen de manifiesto el efecto de los copagos sobre el gasto farmacéutico o las diferencias en la valoración que hacen los ciudadanos de los distintos equipos de atención primaria en todo el territorio.

El gasto farmacéutico público cayó un 11% en Cataluña en 2012, dos puntos más que en el resto de España. La Generalitat atribuye este descenso a la implantación de las medidas de copago: el euro por receta —en vigor durante seis meses hasta que fue suspendido por el Tribunal Constitucional— y la aportación de los pacientes según su nivel de renta, aplicado en toda España. El gasto público en recetas por paciente fue el año pasado de 292 euros —frente a los 327 del año anterior— según los datos de la Central de Resultados publicados por el Departamento de Salud esta semana. La Generalitat, satisfecha por el ahorro, hará un seguimiento de estos indicadores.

Salud ha estudiado también los equipos de atención primaria de las 369 áreas básicas de salud (ABS, la división territorial del sistema sanitario) que hay en Cataluña y, por primera vez, también los centros de salud mental, con el objetivo de comparar los resultados. Los indicadores recogen información sobre la satisfacción de los ciudadanos, la facilidad para obtener una cita con el médico de primaria o el número de visitas de cada profesional. Las cifras esconden importantes diferencias entre los centros de primaria (CAP), tanto en número de pacientes atendidos como en la valoración que hacen los usuarios de algunos servicios.

Los médicos de primaria atienden a una media de 24,5 pacientes al día, pero este dato presenta una importante variación. Si algunos médicos, como los del ambulatorio de L´Escala, no atienden a una media superior a los 13 pacientes al día, otros, como los del equipo te atención primaria de Calafell, realizan una media de 47 visitas. Las diferencias son también notables en la facilidad para obtener una cita. Solo un 43,8% de los usuarios encuestados respondieron que les resulta fácil obtener cita el día deseado en uno de los equipos de Rubí, mientras que el porcentaje alcanza el 95,6% en el CAP Marc Aureli, en Sant Gervasi (Barcelona).

Salud ha estudiado también los niveles de satisfacción de los usuarios. De forma global, los encuestados otorgaron una puntuación media de 7,90 a los servicios recibidos. Lo que más valoran es la información recibida, mientras que lo peor valorado son las urgencias: un 77,6% de los pacientes valoraron bien la atención de urgencias recibida en su CAP, aunque este indicador también sufre grandes variaciones según los centros de primaria que se examinen. Solo el 52% de los pacientes del CAP de Montcada i Reixac valoran bien la atención recibida en urgencias, frente al 96% que lo hace en Besalú.

Las visitas a los ambulatorios de primaria han caído con respecto a años anteriores. Los pacientes realizaron cerca de 45,5 millones de visitas en 2012, un millón menos que el año anterior —lo que representa una caída del 2,1%—, y cerca de 5,5 millones menos que en 2009, lo que supone un descenso del 10,7%. Los catalanes visitaron a su médico de primaria una media de 6,2 veces al año en 2012, una cifra que está por encima de la media de los países europeos: en los países nórdicos, es de 4 visitas por habitante. La media catalana aumenta aún más si se dejan fuera los que no fueron nunca al CAP: 8,6 visitas por usuario.

La Generalitat ha estudiado, por primera vez, el ámbito de la salud mental y las adicciones y la conclusión es clara: la crisis económica acentúa el efecto de los determinantes sociales sobre la salud mental. El riesgo de sufrir un trastorno mental entre las personas más pobres es un 40% mayor que entre las de nivel social más elevado, concluye el estudio. Los centros de salud mental atendieron a más de 200.000 personas el año pasado. Entre los adultos, los principales diagnósticos fueron los trastornos mentales graves, los trastornos depresivos y las psicosis.

Un 4,2% de los menores catalanes fueron atendidos en uno de los centros de salud mental infantil y juvenil. Los trastornos mentales graves han aumentado entre este grupo de población: un 10% de los niños y adolescentes atendidos sufrían este tipo de patología, un porcentaje que casi dobla los del período que va entre 2006 y 2012. Josep Maria Argimon, director de la Agencia de Calidad y Evaluación Sanitaria (AQuAS), lo atribuyó a la pérdida del estigma que pesaba sobre las patologías mentales.

El 10,7% de la población de 15 años o mayor está en riesgo de sufrir algún trastorno mental a lo largo de un año. Las mujeres tienen el doble de riesgo que los hombres: un 14,4% frente a un 6,9%.

“La música solo cura cuando no se está aterrorizado”

Tiene 26 años y dos carreras. Empezó a estudiar la primera de ellas, Biología, con 13. A los 19 ya había acabado la segunda. Robert Gupta es músico y científico de formación. A lo largo de su vida ha tenido que elegir en varias ocasiones entre su pasión, el violín, y lo que le exigían sus padres, que continuara trabajando en el laboratorio. Cuando tenía 19 años, decidió presentarse a las pruebas para obtener plaza en la Filarmónica de Los Ángeles. Y la consiguió. Hoy sigue siendo el miembro más joven de la orquesta. Además de tocar en los auditorios más selectos del mundo, también interpreta a Bach y a Beethoven y a Mozart frente a otro tipo de público, enfermos mentales que viven en la calle o en la cárcel. “Al principio creí que estaba haciendo una gran labor social, pero luego caí en la cuenta de que no podía estar más equivocado. Ellos me enseñan a mí, juntos nos sentimos seguros”, dice.

Gupta está acostumbrado a hablar en público, lo hace dos o tres veces al año, normalmente, en su país, Estados Unidos. Recientemente ha estado en Madrid, en la IV edición del Congreso de Mentes Brillantes, donde, con la ayuda de su violín, trató de explicar a un millar de personas que la música cura.

“Hay estudios científicos que revelan cuáles son los efectos en el cerebro, pero para que eso suceda, que la música cure, es fundamental que los pacientes no estén aterrorizados. Y así es como se encuentran los enfermos mentales en la cárcel —donde viven muchos—, en la calle o en los albergues a los que van a dormir. Han sido excluidos de la sociedad. Nosotros creamos una verdadera conexión con ellos, y eso hace que vuelvan a sentirse personas, les recuerda que pueden y tienen derecho a experimentar algo bonito”, relata Gupta mientras bebe un café solo.

Su vida cambió cuando, con 20 años, conoció a Nathaniel Ayers, un músico que sufre esquizofrenia paranoide y que, durante tres décadas, fue indigente. “Es un virtuoso, podría tocar el contrabajo en cualquier orquesta, pero está enfermo”, lamenta. Y continúa: “Él venía al auditorio y yo le daba clases de violín. Para llegar, tenía que subir una colina y aparecía fatigado y sudoroso. Un día decidí hacer yo el camino contrario e ir a Skid Row, una zona de los suburbios de Los Ángeles en la que viven miles de indigentes, muchos con problemas con las drogas o el alcohol o veteranos de guerra con trastornos mentales. Pensé entonces que Ayers no pasaría más apuros porque su historia había inspirado un libro y una película [El Solista], ¿pero y el resto?”. Por ello, al ver cómo la calle se congregaba a su alrededor cuando tocaba, fundó Street Symphony, una asociación que cuenta con 35 músicos y que, desde 2010, ha ofrecido unos 150 conciertos en albergues y cárceles.

Con la agenda repleta entre la filarmónica, las charlas en colegios, su organización y su reciente boda —“me casé en mayo”, afirma orgulloso mientras muestra su alianza—, se declara feliz. Cree que, por fin, después de una adolescencia “dura” en la que no hizo otra cosa más que estudiar, ha conseguido encontrar un equilibrio: “Mi objetivo es provocar, que la gente se pregunte por qué músicos como yo van a la cárcel a tocar el violín. Y no estoy dispuesto a dejar de hacerlo. Quiero seguir estando ahí para ellos”.

Lluna y Moonwinds, en el recital contra el cáncer de Godella

El clarinetista Joan Enric Lluna dirige este sábado a los coros de Godella, el Cor de Cambra de València y la Moonwinds Sinfonietta, en un concierto benéfico organizado por la Asociación contra el Cáncer de esta población de L’Horta Nord.  orquesta formada para la ocasión, todos ellos dirigidos por Joan Enric Lluna. Es una de esas pocas ocasiones en la que el director valenciano actúa junto Moonwinds, una orquesta formada por colaboradores que Lluna “hacía tiempo que esperaba tener la oportunidad de juntar”, confiesa.

Está formada por un 60% de músicos de la Orquesta del Palau de les Arts, un 25% de profesionales de Valencia, algunos de los cuales son antiguos miembros de la Orquestra Acadèmica de València, de la que fue titular entre 1997 y 2001, y un 15% de estudiantes, la mayoría de Música Cordis.

De esta manera, explica, “pretendo entroncar el más alto nivel profesional internacional, con gente que se está formando y sus profesores”. La han bautizado como Moonwinds Sinfonietta “para dar coherencia a otro de mis proyectos”, puntualiza. “No es una época fácil para dar continuidad a un proyecto de este tipo, pero lo vamos a intentar”. Con el Cor de Cambra de Godella, intervendrán también los Coros de Godella, es decir, el Coro de la Villa, Coro Lambert Alonso, Coro del Casino y Coro Sant Bertomeu.

Actuarán como solistas la soprano Maite Alberola y la mezzosoprano Marina Rodríguez-Cusí. Lluna propone en esta ocasión a la vez un nuevo proyecto musical y una iniciativa solidaria. El concierto se celebrará en el teatro Capitol de Godella, con un programa que incluye el Gloria de Vivaldi, con el Cor de Cambra, y cuatro obras de Mozart. 

Asestar un golpe definitivo a la pandemia de VIH

Por primera vez en la historia, los importantes avances científicos conseguidos indican que tenemos la posibilidad de reducir las tres pandemias del VIH, la tuberculosis y la malaria a epidemias de bajo nivel, algo que la humanidad no podría siquiera haber imaginado tan sólo diez años atrás. Aún no hemos alcanzado esta meta y la oportunidad que nos brinda la historia no seguirá presente durante demasiado tiempo, así que tenemos que actuar rápido y usar con inteligencia las herramientas de que disponemos.

Una cantidad ingente de información epidemiológica está revolucionando nuestros conocimientos sobre el VIH y ofrece a la comunidad dedicada a la salud mundial la posibilidad de dirigir las intervenciones sanitarias adecuadas a las poblaciones más necesitadas.

La cartografía epidemiológica y geográfica nos ha revelado que el VIH se está concentrando en nichos poblacionales rodeados de niveles de infección muy inferiores. En Kenya, por ejemplo, el riesgo de infección puede variar diez veces entre condados, mientras que en uno de los lugares de mayor prevalencia de Sudáfrica, hasta un tercio de las infecciones pueden darse dentro de tan sólo el 6% del área. Estos oscuros rincones son habitados por personas marginadas por la sociedad, a veces incluso criminalizadas, a menudo sin el acceso necesario a la atención sanitaria precisa.

Sea en África, América Latina, Asia, Europa o Estados Unidos, las poblaciones que sufren las mayores tasas de infección por el VIH y las más elevadas tasas de prevalencia de la enfermedad son las que están quedando desatendidas, lo que amenaza seriamente la esperanza mundial de una posible eliminación del SIDA. Estos grupos poblacionales suelen incluir a mujeres jóvenes, hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, consumidores de drogas inyectables, trabajadores del sexo y presos, y en ocasiones presentan tasas de prevalencia del VIH tan altas como el 30% o incluso el 40% en algunas partes del África subsahariana, aun cuando la prevalencia en la población general pueda ser tan baja como el 1%.

Con estos datos, ministros de Salud y Finanzas, jefes de Estado, asociados para el desarrollo y líderes de la sociedad civil están trabajando codo con codo para estructurar intervenciones en torno a los diferentes enfoques que plantea la transmisión con el objetivo de maximizar las inversiones en salud.

La información epidemiológica de que disponemos nos indica que para convertir la pandemia de VIH en una epidemia de bajo nivel tenemos que enfocar y priorizar nuestras intervenciones atendiendo a las personas de los nichos poblacionales referidos. Los modelos informáticos hacen pensar en que la repercusión de las intervenciones podría incrementarse en un 20% simplemente destinando los recursos necesarios a las poblaciones más vulnerables a la infección y la transmisión.

Si se adoptara este enfoque, es posible que para el año 2029 un programa altamente eficaz pudiera dar lugar a una reducción de hasta el 70% en el número de nuevas infecciones. Destinar recursos de manera prioritaria a esos focos puede aumentar radicalmente la eficacia de los programas y generar más salud por el mismo presupuesto. Esto es exactamente lo que el nuevo modelo de financiamiento del Fondo Mundial preconiza: dotar a la comunidad internacional de la capacidad para localizar y atajar el VIH en los reductos donde se está refugiando.

Los asociados en la lucha contra el VIH han trabajado denodadamente para reducir las infecciones, esfuerzo que se ha visto recompensado por los buenos resultados obtenidos en un número cada vez mayor de países. Tales reducciones, además de ser importantes por sí mismas, también pueden “suavizar” la epidemia al debilitar la capacidad de transmisión de la enfermedad.

Si somos capaces de obtener los recursos necesarios y dirigir nuestras intervenciones de salud hacia los grupos más vulnerables, podemos hacer que la epidemia de VIH se vuelva mucho más débil y dejar el terreno abonado para que la futura generación de vacunas y tecnologías puedan asestar el golpe definitivo a la epidemia. Una vacuna parcialmente eficaz no tendría gran impacto en una epidemia desbocada pero sí que podría conseguir que una epidemia debilitada alcanzase un punto de inflexión.

La derrota de la enfermedad está cada día más cerca gracias no sólo a los avances científicos y los programas que se han creado en la última década, la disminución en los costos de la medicación administrada también ha sido un factor determinante. Desde 2007, el precio del conjunto preferido de antirretrovirales ha disminuido en un 70%, y durante la última década el costo de administrar tratamiento antirretroviral se ha visto reducido en un 11%. Esto es debido a que los centros sanitarios están madurando y aprendiendo con la práctica y las cadenas de suministro están ganando en eficacia.

Todos estos datos son muy inspiradores pero debemos ser conscientes de que estas oportunidades de actuación no seguirán presentes durante mucho tiempo. La dinámica económica de las intervenciones de VIH determina que, cuando empezamos a observar descensos en los niveles de infección, es el momento de invertir, y las actuaciones que necesitamos no serán posibles si retrocedemos a una fase de rápido crecimiento de la epidemia. Si, por ejemplo, el financiamiento internacional destinado a Zambia se congelara o recortara, asistiríamos en 2030 a un rápido repunte de la enfermedad, con 700.000 nuevas infecciones más y 400.000 muertes, lo que supondría una sustancial pérdida del enorme progreso conseguido en los últimos años.

Así pues, justo cuando el mundo se apresta a emprender lo que podría ser el tramo final en la lucha contra este flagelo moderno, el desafío al que nos enfrentamos es saber invertir con inteligencia, basándonos en los datos epidemiológicos disponibles, para fortalecer los sistemas creados hace 10 años y asegurarnos de que nuestras intervenciones llegan a todos y cada uno de los grupos de riesgo y las áreas geográficas con el objetivo de reducir la transmisión del VIH a niveles bajos.

Las oportunidades de disminuir los efectos de una pandemia no se presentan a menudo. Cerciorémonos pues de que no dejamos atrás a nadie.

Mark Dybul es Director Ejecutivo del Fondo mundial y Timothy Hallett es profesor de Salud Mundial del Imperial College de Londres.

La elite de los seropositivos

El médico Josep Llibre, de la unidad de VIH del Hospital Germans Trias i Pujol de Barcelona y la Fundación Lucha contra el Sida vio a su primer controlador de élite hace 12 años. Era un hombre que había llegado a su consulta con un positivo en la prueba del VIH pero, cuando le hizo un análisis para saber su carga viral, vio que la presencia del virus en su sangre era casi nula. “Era como si estuviera sano y pensé que era un error, por lo que mandé repetir la serología [el test del VIH]“, recuerda Llibre que reconoce que, por aquel entonces, no sabía prácticamente nada sobre este tipo de pacientes.

Tras buscar bibliografía, todo le llevó a Bruce Walker, un investigador que ejercía en el Ragon Institute, un centro dependiente de la Universidad de Harvard. Este hombre, el mayor experto en controladores de elite del mundo y el que identificó al famoso paciente 161J- el sacerdote y activista social Bob Massie, que adquirió el VIH en una transfusión y sigue sin rastro del virus 35 años después de la infección- dio a Llibre todo tipo de información sobre este peculiar tipo de pacientes, que se calcula son uno de cada 300 seropositivos.

“En realidad, es algo que pasa con muchas otras infecciones, como con el sarampión o la varicela. Las adquieres, las pasas y luego estás protegido frente a ellas en el futuro”, explica Llibre. Eso es lo que le pasó a Santiago (nombre ficticio), un médico colombiano que en 2010 se encontraba en Barcelona estudiando cuando recibió una llamada muy poco deseada: su ex novio le confesó que era seropositivo. Él acudió al BCN Checkpoint, un centro de detección del VIH que lleva en Barcelona la ONG Hispanosida y allí le confirmaron que también tenía el virus. “Pasé por todas las fases del duelo y pedí cita en el hospital para que me dijeran cuándo tenía que empezar con el tratamiento”, Santiago no había oído hablar de los controladores de élite y confiesa que no tiene una explicación para lo que le pasa. “Es verdad que de pequeño no me resfriaba casi nunca, pero no sé más”, indica.

Un caso similar vivió Tomas, un holandés residente en Barcelona desde hace casi 20 años, que también prefiere ocultar su apellido. “Digan lo que digan, la gente todavía tiene en la cabeza la imagen del seropositivo de la película Philadelphia“, comenta. Tomas señala que siempre utilizaba preservativo (“era incluso un poco paranoico”, afirma) y hoy en día no sabe cómo adquirió el virus. No recuerda exactamente el momento en que le dijeron que era controlador de elite, pero ya lleva cuatro años desde que ese primer test del sida, también en BCN Checkpoint, le dijo que era seropositivo. Año y medio después, su médico le dijo literalmente: “Creo que esta enfermedad no pinta nada en tu cuerpo”. Tomas no las termina de tener todas consigo y reconoce que va nervioso a las pruebas semestrales y que se preocupa si algún día se encuentra más cansado o tiene fiebre. Como Santiago, tampoco sabe por qué pertenece a esta élite pero, por si acaso, se cuida. “Hay carga genética pero, si te cuidas, será mejor“, deduce.

Para Llibre, a estos pacientes “les ha tocado la lotería”. “Es algo que no solo tiene implicaciones para su propia salud, tampoco trasmiten el virus a sus parejas ni a sus hijos“, señala. También aclara que ni él en su consulta ni ningún estudio clínico ha descubierto alguna característica que pueda predecir quién será controlador de elite. “Se ha estudiado todo, si toman vitaminas, el tipo de dieta… y nada”, destaca.

Sin embargo, la ciencia sí sabe datos sobre esta élite de seropositivos, como explica Christian Brander, director científico del IrsiCaixa-HIVACAT y profesor de la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados (iCREA), que maneja una cohorte de 38 controladores de élite. Brander recuerda que la primera vez que se oyó hablar de estos pacientes fue con la llamada Cohorte de la Ciudad de San Francisco, dirigida por la investigadora de la UCSF Sudan Buchbinder. “En primer lugar, está la llamada elasticidad viral. Puede ser que si te infectas con un virus débil, tu sistema inmune lo pueda controlar. Esto no sería interesante para un futuro desarrollo de la vacuna, porque no se podría aplicar a todos los virus. Lo que sí es interesante es que sea el estatus inmunológico de la persona lo que provoque esa resistencia”, subraya.

En la cohorte internacional de controladores de élite, la más grande de este tipo de pacientes, se ha localizado un componente genético. En concreto los genes HLA o de histocompatibilidad son más fuertes. “Esos genes los estamos utilizando para desarrollar vacunas”, apunta Brander, cuya institución desarrolla varios prototipos de estas inmunizaciones. Otro dato que se conoce es que el sistema inmune de estas personas dirige su respuesta a posiciones particulares del virus, en concreto a GAG, VIF y RT. También se están estudiando las llamadas firmas de citoquinas, el patrón determinado que siguen estos mensajeros entre células del sistema inmune. Es algo que un investigador de la Universidad de Stanford, Tony Wyss-Coray logró utilizar para determinar las personas que sufrirán alzhéimer precoz. “Con su colaboración, estamos intentando ver si la historia se repite en los controladores de élite del VIH y ya se han visto datos muy interesantes. Se trataría de saber cómo cambiar el equilibrio de estas citoquinas”, resume Brander.

Para este investigador, la futura cura funcional contra el VIH pasa por estos peculiares pacientes. Por esta misma razón, Llibre -que no tiene tan claro que los controladores de élite sean imprescindibles para la cura, sino una vía más de investigación- señala que, en la práctica, muchos controladores de élite van al hospital más a menudo que lo que se estipula (un análisis de sangre cada seis meses). Lo hacen para participar en ensayos clínicos. “Lo hacen encantados”, señala el médico. Santiago también aportó su sangre a la ciencia.”Sé que mandaron mis muestras a Alemania, pero creo que no pudieron replicar el ADN del virus”, recuerda. Por supuesto, a Santiago le gustaría contribuir de alguna forma a mejorar la situación de otros. Mientras tanto, no baja la guardia y sigue utilizando preservativo en sus relaciones. “Me aterra una reinfección”, concluye.

Esto último es algo en lo que insisten muchos los especialistas. Aunque un individuo sea controlador de élite, el contacto con un nuevo virus de distinto tipo puede no hacer reaccionar por igual a su sistema inmune. “Les decimos que se sigan protegiendo excepto si tienen pareja estable. Hemos visto casos de pacientes que han perdido el control y que, cuando se les ha analizado, se ha visto que se habían reinfectado con otro tipo de virus”, destaca Llibre.

La ciencia todavía tiene mucho que decir sobre los controladores de elite. Brander señala por ejemplo, la curiosa observación del investigador de la Universidad de Oxford Philip Goulder. En Sudáfrica, el científico ha visto una gran diferencia entre el número de controladores de élite entre pacientes seleccionados en 2012 y otro grupo reclutado en 2012. En esta última cohorte, el porcentaje de estos seropositivos asciende al 10%. “Puede ser que el virus se esté acostumbrando a nosotros y que esté siendo cada vez menos patogénico. Si esto es así, a lo mejor en 500 años ya no necesitamos una vacuna. En cualquier caso, son datos que tenemos que analizar, saber por qué ha habido esa variación, que también puede deberse a que la población de estudio sea sesgada”, destaca.

Además de los controladores de élite, existen otros individuos con una relación peculiar con el VIH. Los más afortunados son aquellos que no llegan a infectarse nunca, las personas con dos copias (portadores homocigócitos) de una versión mutada del gen CCR5. Suponen aproximadamente un 1% de los caucásicos europeos y el porcentaje varía según la raza. El único caso documentado de curación del VIH vino de uno de estos individuos. Timothy Brown era un seropositivo que contrajo una leucemia y recibió un trasplante de médula de un donante con la mutación. Para sorpresa de todos, se curó de su enfermedad oncológica y de la infección que llevaba años acompañándolo. Existe una empresa, Delta 32 que, por menos de 200 euros, desvela si se pertenece a ese grupo. Los siguientes afortunados son más difíciles de identificar. Se trata de los highly exposed seronegatives (HES), personas que practican actividades de riesgo y nunca llegan a infectarse. El ejemplo más utilizado es un grupo de prostitutas de Nairobi (Kenia), que describió la investigadora de la Universidad de Oxford Sarah Rowland-Jones. Por último, existe otro grupo con una relación peculiar con el VIH. Son los llamados progresores lentos o controladores virémicos, que tardan hasta 25 años en requerir tratamiento. “En muy pocos casos necesitan tratamiento”, comenta Llibre.

Abierta una unidad para enfermos mentales con causas penales

Euskadi cuenta desde hoy con la primera unidad psiquiátrica de alta seguridad dedicada específicamente en España a internos con enfermedades mentales graves implicados en procesos judiciales por delitos derivados de su propia patología psiquiátrica. Esta Unidad de Psiquiatría Legal, que está emplazada en el Hospital Aita Menni de Mondragón, Gipuzkoa, y dispone de “las más estrictas y avanzadas medidas de seguridad para minimizar el riesgo de autolesiones y fuga”, es resultado del trabajo en común del departamento vasco de Salud del Gobierno vasco y la Audiencia Provincial de Gipuzkoa y el citado centro sanitario.

Al acto de inauguración han asistido el viceconsejero vasco de Salud, Guillermo Viñegra, el presidente de la Audiencia Provincial de Gipuzkoa, Iñaki Subijana, y el obispo de San Sebastián, Ignacio Munilla, quien ha bendecido esta instalación regida por la orden religiosa de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús.

Este nuevo centro ya fue inaugurado extraoficialmente en diciembre del pasado año, cuando tuvo lugar un acto que sirvió para dar “visibilidad” al protocolo firmado por Osakidetza y la Audiencia de Gipuzkoa, entre otros agentes, que establece diferentes mecanismos de actuación para conseguir una atención sanitaria adecuada de todos los casos que, presentando una patología psiquiátrica crónica, se vean incursos en procedimientos judiciales.

Según ha explicado el presidente de la Audiencia de Gipuzkoa, Iñaki Subijana, este protocolo delimita tres áreas, en la primera de las cuales se encuentra la nueva unidad y que se centra en el “cumplimiento de medidas de seguridad privativas de libertad” para enfermos mentales graves con límites “para comprender el carácter ilícito” de lo que han hecho.

Los dos ámbitos restantes del protocolo pretenden dar respuesta a los “supuestos en los que se acuerde la suspensión de la pena de prisión por entender que hay un problema de adicción a sustancias tóxicas o etílicas” y a los casos que precisen “tratamientos ambulatorios en casos de patologías mentales o de adicción que han conducido a ellas”.

La puesta en marcha de la nueva Unidad de Psiquiatría Legal ha supuesto una inversión de 1,3 millones de euros, sufragados en su integridad por las Hermanas Hospitalarias, ha informado esta orden en un comunicado.

Durante la inauguración de la nueva unidad, su director, Iñaki Madariaga, ha explicado que el “plus” de este nuevo equipamiento respecto a otras instituciones de internamiento reside en su servicio de psiquiatría “con una orientación totalmente asistencial y al mismo tiempo con unas medidas de seguridad que permitan atender” a estos pacientes “a pesar de la complejidad de los trastornos que padecen”.

La Unidad de Psiquiatría Legal tiene 882 metros cuadrados distribuidos en diez habitaciones individuales, dos salones polivalentes, despachos para el personal sanitario, cocina, comedor y un patio exterior.

Cabanela: “El Rey se echó betadine y fingió haberse caído”

—¿Está el doctor Cabanela?

—No, ahora no está.

—¿Eres su hijo?

—No, su mujer.

—Yo soy el Rey.

—…

—El rey Juan Carlos.

Rosa, la esposa de Miguel Cabanela (Mondoñedo, Lugo, 1942), el cirujano que acaba de operar al Monarca, pensó que le tomaban el pelo. “Ella tiene una voz grave”, explica el doctor ante un café con EL PAÍS poco antes de coger el avión para regresar a Rochester (Minnesota, EE UU). “Cuando llegué a casa, diez minutos más tarde, la encontré nerviosísima. Se levantaba y se sentaba en el sofá y me dijo: ‘¡Creo que te ha llamado el Rey y yo pensé que era broma y he estado a punto de decirle que yo era la Reina!”.

Aquel día, 31 de diciembre de 1992, se produjo el primer contacto entre el Monarca y Cabanela. Don Juan Carlos se había operado de la rodilla, sabía que sus médicos habían consultado a Cabanela y le llamó para decirle que estaba bien. Desde entonces hablaron un par de veces, hasta que el pasado septiembre La Zarzuela volvió a telefonearle ante un nuevo percance de don Juan Carlos, este mucho más serio. “El Rey estaba agobiado”, revela el cirujano. “¿Cómo estaría usted si le han hecho seis operaciones en dos años, la última ha tenido una complicación grave y cree que va a tener que operarse no una sino dos veces más? Una infección de cadera es una cosa muy seria, la complicación más grave, la más devastadora de una prótesis de cadera”.

El Rey se echó Betadine y fingió una caída

Natalia Junquera

En los últimos dos meses, el Rey y Cabanela han hablado dos veces a la semana por teléfono y se han hecho amigos. Preguntado por una vez que el Monarca le hubiera hecho reír, el cirujano revela una conversación con don Juan Carlos el día antes de operarlo por segunda vez de la cadera: “Me dijo, muerto de risa: ‘¡Mira lo que les he hecho a estos!’, y me contó que se había cubierto la frente con unas manchas de betadine, se había puesto un esparadrapo en la nariz, se había vendado la muñeca y había ido a ver a los médicos de La Zarzuela para decirles que se había caído. Y los médicos, consternados hasta que el Rey, claro, rompió a reír”.

La anécdota revela que don Juan Carlos estaba mucho más relajado ahora que en septiembre, cuando sufría intensos dolores y supo que tendría que volver a pasar otra vez por el taller.

Cuenta Cabanela que el Rey era como se lo había imaginado, “quizá con un sentido del humor más espontáneo de lo que pensaba”, y que ha tenido una rehabilitación “de luxe”. “El equipo médico de La Zarzuela ha hecho una faena sensacional”. Está convencido de que no tendrá secuelas: “Queda Rey para rato. Primero porque de achaques ortopédicos es raro que uno se muera. Creo que va a poder caminar normalmente, sin cojear, o con una cojera levísima. Está en buena forma física, no tiene hipertensión, no tiene problemas cardíacos… Tiene cuerda para rato”.

—¿La infección fue solo mala suerte?

—Por supuesto que es mala suerte. ¿Que podría haberse evitado? Probablemente, pero como decía Kierkegaard, la vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero ha de ser vivida mirando hacia adelante.

Lo primero que el Rey preguntó a Cabanela al despertarse de la anestesia el pasado 21 de noviembre fue precisamente si seguía habiendo infección, lo que quedó totalmente descartado cinco días después al llegar el resultado de los cultivos. Rey y cirujano estaban mucho más relajados en esta segunda operación para sustituir la prótesis temporal colocada en septiembre por una permanente. El Monarca contaba chistes e incluso gastó una broma a los médicos fingiendo que se había caído. Cabanela también estaba más tranquilo esta vez. “Operar al Rey da vértigo. En la primera operación había muchas incógnitas. No sé cuántas prótesis infectadas habré operado, pero sin ninguna duda esta ha sido la más difícil”.

Este cirujano calcula que a lo largo de su carrera ha colocado cerca de 10.000 prótesis en cadera y rodilla, algunas sin apenas medios a gente sin recursos en hospitales de África. De hecho, el 17 de noviembre, cuatro días antes de volver a operar al Rey, Cabanela estaba en Kenia, colocándole una cadera nueva a una mujer llamada Mónica Kimondo.

Hace cinco años dejó de trabajar oficialmente en la prestigiosa Clínica Mayo de Rochester para poder dedicar más tiempo a operar en países como Vietnam, Guatemala o Ghana —“allí, sobre todo, fracturas a gente joven. Los viejos no sobreviven”—, y a formar a médicos locales. En algunos de los sitios en los que ha operado apenas había el equipo más rudimentario, pero a Cabanela le resulta más fácil hacer eso que meterse en un quirófano con el jefe del Estado. “En un sitio sin medios tienes que improvisar constantemente, pero es mucho más fácil improvisar que soportar la carga emocional de operar a un personaje tan importante”.

Cabanela irrumpió en palacio en un momento muy delicado, como prueba que la primera pregunta de la primera rueda de prensa de la historia de la Casa del Rey fuera si el Monarca se había planteado abdicar. La espontaneidad del cirujano, cualidad proscrita en La Zarzuela, donde está prohibida la improvisación, ha resultado ser su mejor aliado. La naturalidad de sus comentarios —“No sé exactamente lo que hace un Rey” o “A mí no me gustaría que fuese ni a Vitigudino de Abajo”— restó trascendencia al hecho de que el Monarca volviera al quirófano por sexta vez en dos años.

“La Reina me dijo que le había hecho mucha gracia lo de que no sabía qué hacía un Rey. Creo que se malinterpretó”, comenta Cabanela. Ahora duda si debió decir que se había hecho amigo del Monarca. “Yo me considero su amigo, que él me considere su amigo es otra cosa. Me da la impresión de que el Rey me ha cogido cariño, pero es una impresión mía, nada más. El Rey es un personaje atractivo, se hace querer. Es el paciente que a uno le gusta… cuidar”, concluye tras tomarse un momento para traducir lo que está pensando del inglés al castellano —lleva 46 años en Minnesota—. Cuando llegó a EE UU, no obstante, apenas hablaba el idioma, pero aprendió rápido: “En seis meses ya podía presentar las historias con cierta soltura. Ya sabía alemán y francés. Creo que los gallegos tenemos un oído distinto, no sé si tendremos un hueso extra”, dice totalmente serio.

Cabanela está acostumbrado a decir lo que piensa. Tanto es así, que esa es una de las advertencias que hacen sus pacientes: “Es uno de los mejores cirujanos ortopédicos del mundo. Quizá no te guste que llame a las cosas por su nombre, pero si estás gordo y por eso necesitas cirugía, él no tiene la culpa”, comenta, por ejemplo, Sheila. Otros hablan de cómo, diez años después de haber pasado por sus manos, el doctor Cabanela sigue en contacto con ellos.

Se hizo médico, explica, “por exclusión”. “A mí lo que me gustaba eran las matemáticas, pero descubrí que no tenía lo que hacía falta”. De pequeño acompañaba a su padre, “cirujano de aldea”, por caminos “por los que no podía ni pasar el coche” para ver a algún vecino. “Mi padre tenía mal genio. Nunca tuvimos una relación demasiado cercana. Le pasaba un poco lo que me pasó después a mí: trabajaba demasiado y no tenía tiempo para los hijos. Afortunadamente, yo, cuando mi hijo mayor tenía 13 años, me di cuenta de que no recordaba nada de cómo era cuando tenía 3, 5, u 8, y traté de recuperar el tiempo perdido. A su hermano también le dediqué más tiempo”.

Antes de coger el avión, come con la Reina, que le acribilla a preguntas sobre la recuperación del Rey. Cabanela viene bastante a España —uno de sus hijos vive en Bilbao—, pero desde que murió su padre, en 2008, va menos a Mondoñedo. Cuando está allí, los vecinos peregrinan a su casa con radiografías. “Tengo muchos amigos. Cuando voy me llaman y me dicen, por ejemplo: ‘Miguel, ¿podrías ver a mi hijo, que tiene los pies planos?’. Y yo les digo la verdad, que no sé nada de pies planos. Pero luego voy y los veo”.

 

Médico de familia al aparato

Será una decisión voluntaria y dependerá exclusivamente del paciente. A partir de diciembre, la Consellería de Sanidade extenderá a todos los centros de salud el servicio de consulta médica telefónica que ya estuvo en pruebas en siete ayuntamientos gallegos. Lo anunció ayer el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, tras la reunión semanal con sus conselleiros.

El Gobierno gallego lo denomina Plan de Atención no Presencial de Atención Primaria y engloba a todos los médicos de familia. Tal y como lo explicó el presidente, el programa solo tiene ventajas: “Evita desplazamientos y esperas innecesarias”. El objetivo de Sanidade es que a partir de ahora entre el 15% y el 20% de las consultas médidas sean atendidas por esta vía y que solo una de cada diez llamadas de los pacientes requieran de una consulta presencial.

El método es sencillo: requiere que el enfermo telefonee a su centro de salud para pedir una cita y pacte el día y la hora de la llamada. Posteriormente, será el médico de familia el que se ponga en contacto con el paciente a la hora acordada. La consulta telefónica pasa a constar en el historial clínico del paciente, igual que si este hubiese acudido a su centro de salud. Las pruebas realizadas en los centros de salud de Covada-Oleiros, Ares, Baleira, Cerdedo, A Baña, Salvaterra y Toén han convencido a la conselleira de Sanidade, Rocío Mosquera, de la conveniencia de extender el procedimiento a todos los ayuntamientos de Galicia.

La decisión se toma partiendo de las encuestas de satisfacción realizadas a médicos usuarios. Los resultados los facilitó ayer el propio presidente: “El 93% de los pacientes aseguraron que su experiencia fue buena o muy buena y que al 95% le pareció adecuado el tiempo de la consulta. El 93% de los pacientes aseguraron que les habían quedado claras las indicaciones de su médico”. Según Sanidade, la respuesta de los médicos que participaron en el programa también fue muy positiva. Ese grado de satisfacción explica la universalización del servicio.