Las cicatrices invisibles de la guerra

Tras ser objeto de una intervención militar extranjera -ya sea corta o larga, más legítima que ilegítima, más o menos devastadora- la mayoría de los países pasan lentamente a un segundo plano. Poco a poco van desapareciendo de la lista de prioridades inmediatas del llamado orden mundial. Sin embargo, para los testigos directos de cualquier drama bélico resulta imposible que el recuerdo de la guerra se desvanezca, independientemente del bando en el que estuvieran. En el terreno del conflicto, la población civil constata los estragos de la intervención y trata de reconducir sus vidas, pero fuera de él, a cientos de kilómetros de distancia, las secuelas del horror de la guerra persiguen a todos los que la vivieron in situ. Como el de tantos otros, este el caso de los soldados de Estados Unidos que han servido en las guerras de Afganistán e Irak.

Más allá de las heridas físicas, a muchos de ellos la contienda les ha dejado unas cicatrices invisibles: todo tipo de efectos psicológicos y psiquiátricos que pueden convertir en un infierno el regreso a sus vidas previas al conflicto. Un infierno que se traduce en daños cerebrales, depresiones, adicciones al alcohol y las drogas… y en el peor de los casos en suicidios. En la última década, casi se ha duplicado el número de integrantes del Ejército que se han quitado la vida. De tal magnitud es la “epidemia” -como la calificó el presidente Obama en agosto-, que el año pasado hubo más suicidios de militares estadounidenses en activo (se elevaron en 48, hasta un récord de 349) que bajas mortales registradas en Afganistán (295). En el caso de los que ya están fuera del Ejército, las cifras son mucho peores: se calcula que hay unos 8.000 suicidios de veteranos al año, lo que equivale a un trágico promedio de 22 al día.

“El Ejército afecta a tu identidad, te modela para que seas de un modo concreto y luego cuando te quitan todo eso puede ser muy devastador. Una vez te retiras, de golpe sientes que te lanzan de vuelta al mundo y tienes que encontrar tu lugar. Te preguntas quién eres y cuál es tu propósito en la vida. Tu desarrollo personal ha quedado en pausa o ha empeorado”, relata Ian Smith, un exmarine de 38 años, que hasta 2005 estuvo desplegado en Irak en tres turnos de seis meses, y que reconoce abiertamente que posiblemente se habría quitado la vida si no fuera por el apoyo que le brindaron su mujer, sus tres hijos y los psicólogos que lo siguen tratando. En su caso, tras cuatro años en que sentía que su vida iba más o menos avanzando, se derrumbó emocionalmente cuando le empezó a faltar dinero para llegar a fin de mes. “Fue duro porque no has sido entrenado para pedir ayuda. En teoría eres invencible”, comenta con ironía.

Con los meses, Smith consiguió ir alejándose del abismo gracias a la ayuda de una organización de servicios sociales, en la que descubrió que muchos soldados padecían síntomas de angustia parecidos a los suyos y recuperó la sensación que tenía en el Ejército sobre el “significado” del trabajo. Ahora participa activamente en asociaciones de apoyo a veteranos hasta el punto que ha decidido reenfocar por completo su vida a esta causa. Asesora sobre cómo afrontar la “transición” entre la etapa militar y la civil, y trata de localizar a antiguos soldados que puedan sentir-se deprimidos pero que, por miedo al estigma, no se atreven a pedir auxilio. “Los veteranos son cabezudos y cerrados”, explica. “A muchos les cuesta ver qué les pasa, no quieren hablar, van entrando en la oscuridad sin afrontar sus problemas y se automedican con drogas y alcohol. Y lamentablemente para muchos llega un momento en el que ya es demasiado tarde”.

Los especialistas no creen que haya unas causas concretas que expliquen este drama, pues el colectivo de afectados es muy heterogéneo, sino que apuntan a una amalgama de factores que confluyen en un cóctel devastador. “La exposición excesiva a explosivos provoca daños cerebrales que derivan en patologías psicológicas”, asegura Michael D. Matthews, profesor de psicología en la academia militar de West Point y que investiga sobre los trastornos de estrés postraumático ocasionados por las guerras. “Aparentemente cuando el soldado vuelve a casa parece 100% normal y sin ningún daño visible, pero al tener afectado el cerebro irá notando cambios emocionales, de comportamiento, de adaptación a su vida y entorno”.

Otro factor es el efecto de la llamada “lesión moral”, según destaca Judith Broker, una psiquiatra que en 2005, tras constatar la escasez de servicios de asistencia por parte del Ejército y la reticencia de muchos combatientes a pedir ayuda, decidió fundar The Soldiers Project, una organización que ofrece tratamiento telefónico gratuito y confidencial a soldados en activo y retirados, y a sus familias. “En la guerra hacen cosas que van tan allá de lo que uno considera moral que se convierten en una herida, y cuando vuelven a casa no pueden olvidar lo que han visto, hecho y cómo han tenido que ser para sobrevivir”, afirma. La entidad trata de convencer a los militares que sus sentimientos “son normales y que no deben avergonzarse”.

Broker sostiene que las secuelas psicológicas son inherentes a toda contienda -desde las que se libraban en el imperio romano hasta las actuales-, pero advierte que éstas se han agravado en las guerras de Afganistán e Irak: “Al estar basadas en mentiras hace que sea muy difícil para las tropas entender que están luchando por una buena causa”. Una tesis que certifican las estadísticas. Los expertos estiman que entre una cuarta parte y un tercio de los militares de Estados Unidos sufre algún tipo de trastorno al retornar de la guerra, pero alertan que esta proporción va creciendo según el número de veces que estén desplegados. “En Vietnam los soldados estaban un año y después no tenían que volver nunca más, pero en Afganistán pueden llegar a ir hasta seis o siete veces, lo que puede suponer que hayan pasado seis de los últimos doce años alejados de sus familias”, subraya, por su parte, el profesor Matthews.

Para el exmarine Smith tampoco existe un motivo concreto que justifique el desplome emocional tras la guerra, sino varias “capas” que se sobreponen y que van socavando el estado de ánimo de los excombatientes. La primera de ellas viene condicionada por los orígenes y las expectativas de los soldados: “La mayoría de gente que se alista al Ejército no proviene de la alta sociedad sino de guetos o zonas rurales. Tienen 18 años, se les promete que viajarán, que serán unos héroes y mucho de eso es cierto porque hay personas que quizás tenían problemas, que no avanzaban en sus vidas y a las cuales el Ejército les da la opción de cambiar. Pero cuando esa etapa se acaba puede ser muy traumático, similar a lo que siente un niño ante un divorcio o un cambio de país”. A esta sensación de “don nadie” se le pueden sumar otras capas, como el sentimiento de culpabilidad por lo que el soldado hizo y presenció en la guerra, la tristeza por la muerte de algunos compañeros cercanos, o el haber sufrido algún tipo de discriminación o abuso en el Ejército. “Entonces, llega un momento en el que todo esto es demasiado y te rompes”, revela Smith, que añade que la capacidad de reacción depende mucho del entorno familiar.

Esta diversidad de causas pone de manifiesto lo poliédrico que es el perfil de afectados. Por ejemplo, aproximadamente la mitad de los militares que se suicidaron no viajaron ni a Afganistán ni a Irak, y la gran mayoría no llegaron ni a tener experiencia directa de combate. Además, a algunos de ellos el derrumbe psicológico les golpeó a los pocos meses de volver a Estados Unidos, por ejemplo por la dificultad de encontrar un trabajo; mientras que a otros no les llegó hasta varios años de aparente normalidad. Por este motivo, los expertos insisten en que es fundamental dar un tratamiento preventivo. “Los planes del Ejército son demasiado reactivos, los soldados no van a por ayuda hasta estar muy mal, y en ocasiones puede ser demasiado tarde o muy difícil ayudarlos”, lamenta la psicóloga Marjorie Morrison, que también ha investigado sobre el fenómeno del auge de los trastornos posbélicos.

Ante el incesante aumento del número de suicidios entre las tropas, el Pentágono ha reforzado en los últimos años sus programas. Uno de ellos analiza el estado psicológico de los soldados cada año, y antes de que entren en combate les entrena en “salud emocional, social, familiar y espiritual”. También se ha impulsado un sistema de asistencia telefónica para los excombatientes y se ha mejorado la difusión de la actividad de los centros de ayuda. No obstante, especialistas como el profesor Matthews, de la academia militar de West Point, consideran que hay que hacer mucho más. Él propone actuar en dos campos. Por un lado, advierte que en diez años puede haber una “epidemia” de casos de soldados con daños cerebrales, dado que actualmente la mayoría solo pueden diagnosticarse cuando la persona ya ha fallecido. Y por el otro, alerta de la larga lista de veteranos que sufren alguna patología psicológica pero no lo suficientemente grave, por lo que “se quedan fuera de las redes de seguridad”.

Y es que, en definitiva, el verdadero riesgo latente es que el drama de las cicatrices invisibles de la guerra sea incontrolable y que los casos no dejen de aflorar. Estados Unidos sacó a todas sus tropas de Irak a finales de 2011 y tiene previsto hacer lo mismo en Afganistán en 2014, tras trece años de guerra. Los expertos recalcan, sin embargo, que el buen o el mal recuerdo del conflicto perdura sin fecha de caducidad en la mente de los soldados, y sus efectos también. Como prueba de ello, los casos de excombatientes de la guerra de Vietnam que ahora, cuatro décadas después de su fin, están empezando a recibir asistencia psicológica.

Güemes y Lamela siguen imputados tras la desestimacion de sus recursos

El titular del juzgado de instrucción número 4 de Madrid, Marcelino Sexmero, ha desestimado el recurso que el exconsejero de Sanidad Juan José Güemes presentó el verano pasado  contra el auto de admisión de la querella por prevaricación, cohecho y malversación de la asociación de médicos Afem. En un auto de 29 de octubre, pero adelantado por El Mundo hoy, el juez no solo desestima la petición de Güemes y de dos de las empresas supuestamente beneficiadas por la privatización sanitaria en Madrid (Asisa y Unilabs) sino que defiende la necesidad de investigar los hechos presuntamente delictivos que relata Afem. Además, el auto concreta un poco más qué delitos corresponderían a cada uno de los nueve imputados en el proceso. En el caso de los exconsejeros Güemes y Manuel Lamela, cohecho y prevaricación.

Al admitir a trámite la querella, Sexmero decidió en junio pasado investigar el proceso de privatización de la gestión hospitalaria que inició el Gobierno regional en 2003. En el auto de admisión solicitó una extensa lista de información de tipo económico, mercantil, de facturación y administrativa. También imputó a la cúpula de la sanidad madrileña: dos exconsejeros de Sanidad y dos altos cargos actuales, y cinco representantes de las empresas que supuestamente se beneficiaron de las decisiones políticas.

Poco después de conocer su imputación, Güemes presentó un recurso en el que alegó la falta de legitimación de Afem y la inconcreción de su imputación. El fiscal del caso, Salvador Ortolá, envió varios escritos en agosto en los que se adhería a los recursos de Güemes y el resto de imputados y pedía cerrar las diligencias. Ahora Sexmero reconoce que “el escrito de querella debería haber sido más claro en el relato de los hechos e imputaciones”, pero afirma que “no puede decirse que del relato no puedan deducirse de manera explícita los hechos que pudieran ser constitutivos de delito y las personas a las que se imputa estos hechos”. El juez está decidido a continuar investigando: “Resulta indispensable la práctica de las diligencias de investigación necesarias tendentes a esclarecer los hechos relatados en la querella incluso aunque pudieran ser confusos”.

En septiembre, el titular del Juzgado de Instrucción número 4 suspendió el interrogatorio de la viceconsejera de Sanidad, Patricia Flores, y del director general de Hospitales, Antonio Burgueño, que estaban llamados a acudir al juzgado como imputados en el marco de la querella por presuntas irregularidades cometidas en la primera fase de la privatización hospitalaria en Madrid. El juez no había recibido la información solicitada a la Consejería de Sanidad madrileña. Todas las comparecencias se suspendieron y aún no se han retomado.

El juez acredita la legitimación de Afem: “El interés del colectivo médico y en consecuencia de la asociación querellante, que se ve afectado o puede serlo en sus condiciones de trabajo y económicas, así como en la prestación del servicio de salud, por las irregularidades denunciadas, está sobradamente acreditado”.

Sexmero resume brevemente los hechos que describió con mayor precisión en el auto de admisión a trámite de la querella: “Del mismo modo se imputa el delito de prevaricación, y cohecho a los querellados que han intervenido en las adjudicaciones a empresas con un accionariado opaco incumpliendo alguno de los requisitos previstos en la ley como la no exigencia del canon y que se han beneficiado de dichos acuerdos para después contratar los servicios de anteriores consejeros de Sanidad como el Sr Güemes y el Sr Lamela, responsables políticos de la adjudicación a los que imputa en unión de Capio, Ribera Salud y Unilabs, habiéndose contratado incluso en la Consejería de Sanidad a cargos de estas empresas como el propio Burgüeño Carbonell que participó en su dia en la creación del “modelo Alcira” en la Comunidad Valenciana o Jose A. Azofra , director medico del hospital Infanta Elena de Valdemoro y a la vez coordinador de M.I de la Fundación Jiménez Diaz (Capio) a donde se derivan pacientes desde centros públicos de manera interesada según la querella y ajena al interés público y al servicio de salud”.

Las personas que fueron imputadas en junio son los dos exconsejeros de Sanidad, Manuel Lamela y Juan José Güemes, y dos altos cargos, Patricia Flores (actualmente número dos de la consejería) y Antonio Burgueño, director general de Hospitales. El juez también citó con abogado al gerente de la Fundación Jiménez Díaz (centro privado concertado) y a los responsables de Capio (que recientemente cambió su denominación comercial a IDC Salud), Ribera Salud, Unilabs y Asisa.

En la cama, ¿eres alondra o búho?

De lado o boca arriba, en colchón de muelles o viscolátex, solo o acompañado, en pijama o sin él. Hay tantas maneras de dormir como personas. Aunque los seres humanos tenemos en común que somos animales diurnos. Hay, sin embargo, quienes son más madrugadores y activos por la mañana –conocidos como alondras– y otros que alargan la jornada hasta la madrugada porque se sienten más productivos por la tarde –los búhos–. Estas diferencias pueden deberse a razones fisiológicas, pero también culturales y de costumbres.

“Todos tenemos un reloj interno biológico que se sincroniza con factores externos. En el caso del sueño esa sincronización se da con la luz. Dormimos por la noche y estamos activos durante el día”, explica Odile Romero, neurofisióloga, jefa de la unidad multidisciplinar del sueño del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona.

Ese reloj biológico, que en el caso del sueño reside en el cerebro, es el responsable de mantener los ritmos circadianos, es decir, que determinadas funciones se repitan todos los días a la misma hora, por ejemplo: dormir.

Consejos para un sueño reparador

Además de las pautas para hacer del dormitorio un templo del buen dormir, hay hábitos de higiene del sueño, que no es solo lavarse los dientes antes de meterse en la cama, para evitar la aparición de trastornos.

1. Hacer ejercicio físico durante el día. Evitar que sea en las horas previas antes de irse a dormir, porque se conseguirá el efecto contrario: el cuerpo y la mente se activarán.

2. Tener horarios fijos. Acostarse y levantarse a la misma hora cada día, aunque sea fin de semana.

3. Darle claves a nuestro cerebro de que ha llegado la hora de dormir con rutinas. Por ejemplo, cepillarse los dientes o tomar un vaso de leche caliente (que además ayuda a conciliar el sueño).

4. Evitar tener dispositivos electrónicos cerca.

5. Evitar elementos de control horario a la vista.

6. En caso de escuchar la radio o ver la televisión, que sean programas que no interesen.

7. Leer en la cama no es un mal hábito siempre y cuando se haga con una luz tenue y la lectura no sea apasionada.

8. No cenar muy tarde. Las digestiones pesadas o los reflujos pueden perturbar el sueño.

9. No tomar bebidas estimulantes como café, refresco de cola o té en las horas previas.

10. Y, sobre todo, no llevarse las preocupaciones a la cama. Los expertos recomiendan tener un diario en la mesilla en el que anotar los temas pendientes. Así, los podrá abordar al despertar, pero no cuando lo que toca es dormir. Se acabó eso de consultar los problemas con la almohada.

11. Si no puede dormir, vaya a otra habitación e intente hacer algo relajante. Esto ayuda a no asociar el dormitorio con el insomnio.

12. Si detecta que deja de respirar durante la noche, que le tiemblan las piernas o tiene sueño durante todo el día aunque haya dormido suficientes hora, consulte con el médico para que le haga un estudio del sueño.

“Los relojes internos son muy parecidos en todas las personas en lo que a sueño se refiere. Pero hay gente más madrugadora y gente a la que le cuesta levantarse”, detalla Romero. “Los primeros son de tipo mañana, por lo general nos referimos a estas personas como ‘alondras’; y otros tienen dificultad para despertarse o sentirse alerta por la mañana, son las personas tipo noche o ‘búhos”, explica Enric Zamorano, coordinador grupo de trabajo de la Sección Sueño de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen).

También hay pequeñas variaciones en el tiempo necesario para tener un sueño reparador. Lo estándar es dormir siete u ocho horas. “Aunque hay dormidores cortos, que con cinco o seis horas se encuentran bien, y dormidores largos, que necesitan nueve o diez horas. Sin que eso sea un problema”, especifica Romero. “¿Cómo se sabe que estas variaciones no son una enfermedad? Cuando en la vigilia la persona está bien, descansada y activa”.

Independientemente del tipo de dormilón que sea cada uno, lo verdaderamente importante es dormir el tiempo necesario con una buena calidad de sueño. Es decir: descansar. Pese a la importancia de esta función vital para el bienestar, y los problemas derivados de los trastornos del sueño, todavía hay desconocimiento por parte de la sociedad y algunos facultativos, opina el doctor Hernando Pérez Díaz, coordinador del grupo de estudio de trastornos de la vigilia y sueño de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

“Si se ve a un compañero de trabajo adormilado durante el día, se tiende a pensar que es un vago o un juerguista porque se presupone que trasnocha. Pero no necesariamente es así”, apunta Pérez Díaz. “También hay gente que asume que sus problemas les vienen de fábrica y no piensan que tienen un problema del sueño”, añade.

En torno al 30 % de la población española padece trastorno del sueño en algún momento de su vida, y hasta un 4 % de forma crónica, según datos de marzo de 2013 de la Sociedad Española de Neurología. Pero solo un pequeño porcentaje llega a ser diagnosticado por los profesionales clínicos, alerta la organización. En el resto del mundo la situación no es mejor. Menos de la mitad de la población evaluada en el primer estudio comparativo de seis países –EE UU, Canadá, Japón, México, Reino Unido y Alemania—presentado el pasado septiembre por la National Sleep Fountation estadounidense, declaró que dormían bien regularmente.

Los trastornos más comunes son, según los profesionales, el insomnio, la hipersomnia (tener sueño durante todo el día), la apnea (cuando se corta la respiración mientras se duerme) o el síndrome de piernas inquietas. “El más grave es la apnea, no solo porque interrumpe el sueño sino porque puede derivar en problemas cerebro-cardiovasculares, y cuando ocurre hay que acudir al médico”, apunta Pérez Díaz.

El doctor de la SEN subraya que el trastorno más frecuente es, no obstante, el insomnio. “Se da normalmente en personas que tienen tendencia a la ansiedad”, afirma. Una circunstancia que aumenta con la crisis, según Romero. “El estrés y las preocupaciones derivados de la situación económica influyen mucho. La gente intenta resolver los problemas en la cama y eso no puede ser. La cama es para dormir”, subraya la responsable de la unidad de sueño del Hospital Vall d’Hebron. Una opinión compartida por la SEN, que señalaba en un informe el pasado marzo, con motivo del Día Mundial del Sueño, que un indicador de este aumento es la última Encuesta sobre Alcohol y Drogas, en el que se señalaba que, en los últimos seis años, se ha duplicado el número de personas que consumen somníferos, tranquilizantes o sedantes.

“Los factores que predisponen al insomnio son hereditarios (o genéticos), psicológicos o la edad”, dice Zamorano. “Pero lo que precipita su aparición suelen ser situaciones estresantes, turnos de trabajo que alteran el ritmo de sueño-vigilia e incluso algunas enfermedades y medicamentos”, añade.

Las causas pueden ser muy distintas. Y no todos los insomnios son iguales. “El más conocido es de conciliación, pero también hay despertar precoz, o de fragmentación, cuando la persona se despierta varias veces durante la noche”, detalla Pérez Díaz. Estos son algunos ejemplos. Pero el resultado es común: no se duerme la cantidad de horas necesarias para que el sueño sea reparador.

Los malos hábitos o ciertas costumbres sociales pueden ser asimismo desencadenantes, además del estrés, de situaciones de insomnio que de no atajarse a tiempo, pueden cronificarse. “La mayoría de las personas no duermen lo suficiente. Somos una sociedad que quema la vela por los dos extremos. La gente permanece despierta toda la noche para estudiar, trabajar o divertirse. Sin embargo, funcionar sin un sueño adecuado produce consecuencias negativas a corto y largo plazo”, afirma Enric Zamorano.

“A corto plazo, la falta de sueño adecuado puede afectar al juicio, el estado de ánimo, la capacidad de aprender y retener información, y puede aumentar el riesgo de accidentes y lesiones graves. A largo plazo, la privación crónica del sueño puede conducir a una serie de problemas de salud como la obesidad, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, e incluso mortalidad prematura”, abunda el experto.

Mientras que para el tratamiento de la apnea o la hipersomnia es necesario visitar al médico; para evitar el insomnio hay pautas de higiene del sueño. Así, mantener un horario fijo de irse a la cama, evitar hacer actividades estimulantes en las dos horas previas, hacer deporte (pero durante el día), dormir en una habitación oscura y sin ruidos o no cenar muy tarde, son hábitos sencillos para que el colchón no se convierta en el enemigo.

La meditación o ciertas técnicas de relajación también “pueden ir muy bien”, dice Romero. “Es más beneficioso y curativo que la medicación, que resuelve el problema alguna noche, pero con el riesgo de la adicción”, añade. En este sentido, el estudio de la National Sleep Foundation de EE UU, revela que la mitad de estadounidenses y mexicanos meditan antes de dormir para conciliar mejor el sueño. Aunque ver la televisión es, de lejos, la actividad más común en las horas previas antes de irse a la cama.

“Ver la televisión, escuchar la radio o leer, no son actividades que dificulten conciliar el sueño siempre que nos resulten aburridas o relajantes. Si la lectura o el programa te interesan mucho y te mantienen alerta, te activarán y dificultarán que te duermas”, apostilla Romero. La experta matiza que, pese a las características y consejos comunes, lo de dormir es muy personal y, cuando surgen problemas, cada paciente necesita “un traje a medida”. Y no es el pijama.

Mi habitación, mi templo

Entre los hábitos saludables para conseguir dormir las horas necesarias y con un sueño de calidad, la decoración, luminosidad y hasta el olor del dormitorio pueden influir.

Los expertos recomiendan pintar las paredes de la habitación con tonos suaves y que la oscuridad sea total en las horas nocturnas. Se trata de dejarle claro al cerebro, a ese reloj interno que se guía por la luz, que es de noche y toca dormir, explica el doctor Hernando Pérez, de la Sociedad Española de Neurología.

Asimismo, hay que evitar tener dispositivos electrónicos en el dormitorio, sobre todo, la televisión. Mucho menos, el portátil para trabajar. Pero tampoco relojes que se vean desde la cama, advierte Odile Romero, jefa de la unidad del sueño del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona. “Si no podemos conciliar el sueño y estamos continuamente mirando la hora, nos agobiaremos y dificultaremos nuestro propio descanso”, explica.

El olor en la alcoba también es importante. Así lo reveló la investigación comparativa de la National Sleep Foundation de EE UU. Casi el 80 % de los encuestados (estadounidenses, alemanes, británicos, mexicanos, canadienses y japoneses) declararon que se sentían más relajados si su dormitorio tenía un perfume fresco y agradable.

En cuanto a los tipos de colchón, almohadas o incluso las posturas que se toman en ellos, la regla básica es “sentirse cómodo”, dice Odile Romero, jefa de la unidad del sueño del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona. Si bien, recomienda cojines gruesos para las personas que duerman de lado porque “es necesario rellenar el hueco entre el hombro y la cabeza para evitar problemas cervicales”.

la pastilla que controla la diabetes y la obesidad

Una nueva molécula que activa un grupo de hormonas denominadas incretinas podría convertirse en un fármaco capaz de reducir el peso corporal y al mismo tiempo controlar la diabetes. El nuevo fármaco, que ha demostrado su eficacia tanto en modelos animales -roedores y en monos-, pero también en 56 personas, podría ser un gran paso para el tratamiento y control de dos de las enfermedades más importantes del siglo XXI que se han convertido ya en epidemias mundiales y que algunos ya denominan diabesidad.

El compuesto, diseñado en el laboratorio de la Universidad de Indiana, en EE.UU. que coordina Richard DiMarchi, se dirige a unos receptores de origen natural, dos hormonas peptídicas, GLP-1 y GIP , que son fundamentales para la regulación corporal del metabolismo. «Los resultados demuestran que GLP-1 y GIP, cuando se combinan en una sola molécula, producen una sinergia capaz de controlar la glucosa y de disminuir el peso corporal en modelos animales, pero también en un ensayo clínico en humanos», señala DiMarchi.

Localizadas en el intestino, las incretinas participan en la liberación de insulina que se produce después de comer. De hecho, las incretinas son una de las «dianas» farmacológicas de un familia de antidiabéticos, pero el problema es estos fármacos no son muy efectivos si no se administran en grandes dosis, lo que puede causar efectos secundarios, como náuseas.

Síndrome metabólico

Para resolver esta cuestión, los investigadores diseñaron una molécula sintética que activa a ambos receptores el GLP-1 y GIP, en vez de activar únicamente el receptor de una incretina. «Combinar estas dos hormonas fisiológicas es un enfoque único y beneficioso para el tratamiento de llamado síndrome metabólico y representa un importante paso en la búsqueda de alternativas terapéuticas más eficaces», subraya en el artículo Brian Finan, uno de los autores del trabajo.

Para probar su nuevo compuesto los investigadores primero trabajaron en roedores y monos obesos con diabetes tipo 2. «Vimos que el tratamiento reducía el peso corporal y mejoraba la glucosa en la sangre de los animales lo que nos animó a iniciar un pequeño ensayo clínico». Así, diseñaron un ensayo clínico y probaron el producto en 53 pacientes obesos con diabetes tipo 2 durante seis semanas. Y los resultados mostraron dos cosas: en primer lugar, los pacientes tratados secretaron más insulina, pero también presentaban mejores niveles de glucosa y una mayor pérdida de peso en comparación con los pacientes no tratados. No obstante, reconocen los investigadores que los datos a seis semanas no son significativos como para proporcionar evidencia definitiva acerca del control de la obesidad en humanos .

Otros aspecto positivo del ensayo clínico es que tampoco se apreciaron efectos secundarios. En este sentido, Finan destaca que la mayor potencia de la molécula combinada sugiere que podría ser administrada en dosis más bajas que los medicamentos desarrollados anteriormente, con lo que se reducirán los efectos secundarios como náuseas y vómitos.

El estudio, que se publica en Science Translational Medicine, supone un importante avance en los esfuerzos para encontrar tratamientos eficaces para hacer a la epidemia mundial de la obesidad y la diabetes tipo 2, y también para el síndrome metabólico – obesidad asociada a factores como hipertensión arterial, niveles altos de triglicéridos y de azúcar hiperglucemia y colesterol bueno o HDL bajo. Según la Federación Internacional de Diabetes, cerca de 20 por ciento de los adultos en el mundo tienen alguna forma de síndrome metabólico, lo que favorece la enfermedad cardio o cerebrovascular.

AdipoRon

En otro trabajo, publicado en Nature, se ofrecen los primeros resultados de un medicamento que tiene un doble efecto sobre ratones obesos con diabetes: mejora su salud y prolonga la vida. Si estos resultados pueden extrapolarse a los seres humanos, los investigadores creen que sus resultados pueden representar un nuevo enfoque prometedor para el tratamiento de algunas enfermedades relacionadas con la obesidad, como la diabetes tipo 2.

La molécula, que se ha administra por vía oral descrita, se ha desarrollado en el laboratorio de Toshimasa Yamauchi, de la Universidad de Tokio, en Japón, y funciona actuando sobre dos receptores de adiponectina, una hormona derivada de la grasa que se sabe que ejerce efectos antidiabéticos y sus niveles se ven reducidos cuando hay obesidad, resistencia a la insulina y diabetes tipo 2.

En el trabajo se demuestra que el compuesto, denominado AdipoRon, tiene efectos muy similares a la adiponectina en el músculo y en el hígado. En concreto, explica en Nature Yamauchi, AdipoRon atemperó la resistencia a la insulina y la intolerancia a la glucosa en un grupo de ratones alimentados con una dieta alta en grasas y en ratones genéticamente obesos. Pero además, prolonga la esperanza de vida en ratones genéticamente obesos alimentados con una dieta alta en grasas .

Estos hallazgos muestran que AdipoRon altera el perfil fisiológico de los ratones alimentados con una dieta hipercalórica y lo asemeja al de los ratones que siguen una dieta estándar, además de modular las vías de la longevidad para mejorar la salud y prolongar la vida útil . Por lo tanto, concluye el experto, los agentes que actúan sobre los receptores de adiponectina podrían ofrecer una opción de tratamiento deseable para la diabetes tipo 2.

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El hospital de Vigo tiene 50 camas cerradas desde verano para ahorrar

Unos le llaman recortes y otros optimización de recursos. El caso es que 30 camas del Hospital Nicolás Peña y otras 20 del servicio de Ginecología del Xeral de Vigo cerradas en verano no han sido repuestas, una medida que los colectivos de defensa de la sanidad pública consideran un tijeretazo del Sergas. La Consellería de Sanidade atribuye la decisión a la caída de la hospitalización y a una redistribución de servicios.

Los trabajadores del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo (Chuvi) venían observando desde mediados de septiembre, cuando habitualmente se reponen los servicios cerrados por vacaciones del personal, el retraso en la reapertura de camas. Es el caso de Ginecología y de una planta entera del Nicolás Peña. El pasado viernes, la alarma se disparó al decidir la dirección del Chuvi bloquear otras18 camas de una planta del Xeral, lo que obligó a reubicar a ocho pacientes en distintas áreas del hospital. La situación volvió a la normalidad este lunes.

La organización SOS Sanidade Pública atribuyó todos estos movimientos al recorte de tres millones de euros en el capítulo de Personal al que tiene que hacer frente la consellería en Vigo. El Sergas sostiene que se trata de medidas de “eficiencia”. Así, explica que el bloqueo de las 18 camas del pasado fin de semana fue un “reordenamiento del servicio” debido a un índice de internamientos inusualmente bajo. “Lo que pretende el Sergas es prescindir de personal auxiliar del que va contratando día a día a costa de la calidad del servicio”, acusa Jorge Araújo, de la Asociación pola Defensa da Sanidade Pública. Araújo subraya que la zona que se clausuró es un área quirúrgica, por lo que debió ser utilizada para reducir una lista de espera que en Vigo presenta los índices más altos de Galicia.

En el caso de las 20 camas de Ginecología, el Sergas mantiene que es una decisión que ya estaba programada, con el objetivo de sustituir ese espacio por un área de cuidados intermedios. Y en cuanto al Nicolás Peña, la no reposición de las 30 camas se debe sencillamente a que el hospital “se lo puede permitir”, en referencia a los niveles “aceptables e incluso bajos” de los ingresos, según afirmó una portavoz del Sergas. “La estancia media ha bajado en cuatro décimas y la rotación de camas por tanto es mucho mayor”, añade la misma fuente.

Los colectivos de defensa de la sanidad pública rechazan que se pueda defender que en Vigo sobran camas, y acusan al Sergas de aplicar una política de reducción de costes “a ultranza”. “Antes se ingresaba y ahora mandan a los pacientes para casa”, denuncia Jorge Araújo.

La denuncia de los esfuerzos del Sergas para ahorrar esos tres millones en Personal en Vigo coincide con la noticia de que el Sergas indemnizará con 15 millones a Povisa por una deuda contraída entre 2001 y 2004 por atender a 11.000 personas más de las que prevé su convenio. De acuerdo con el pacto, en 2013 ingresará los cinco primeros millones. Dos sentencias del Tribunal Superior obligan a la Xunta a resarcir al hospital. Del primer pago, 4,75 millones se destinarán a amortizar la deuda y más de 315.000 euros a intereses. El Sergas ha tenido que solicitar a Facenda una dotación especial procedente del fondo de contingencia.

Sanidade defiende que la cesión de historiales a la privada será “segura”

La mitad de los hospitales concertados, aquellos a los que la Xunta deriva más operaciones, están ya conectados a la red informática del Sergas que recoge los historiales clínicos de los pacientes gallegos. Según la Consellería de Sanidade, este acceso, cuya legalidad ponen en duda el PSdeG y la plataforma ciudadana SOS Sanidade Pública, se está realizando de manera “restringida” y “segura”: los médicos de la privada que atienden a enfermos de la pública solo pueden consultar el historial de este usuario y durante un tiempo limitado a la prueba o intervención en cuestión. “Exigimos unas condiciones de seguridad a los equipos y solo pueden acceder los profesionales a los que otorgamos una tarjeta de certificado digital”, explica el secretario general de la consellería, José Antonio Fernández Campa.

Campa dice no entender las críticas de los socialistas, que reclaman a Sanidade el informe de la Agencia Española de Protección de Datos que ha dado el visto bueno a la medida, un documento que Sanidade admite no tener. Campa afirma que han iniciado la conexión de los centros concertados al historial eléctronico basándose en el decreto 29/2009, aprobado por el bipartito. Esta norma permite el acceso a los profesionales sanitarios de estos hospitales “previa acreditación del cumplimiento de las exigencias contenidas en la normativa de protección de datos personales”.

“El acceso queda registrado, autentificado y documentado. Se sabe quién accede, cuándo y durante cuánto tiempo”, afirma el número dos de la consellería, quien sostiene que la conexión no le costará dinero al Sergas. Sanidade extenderá el acceso a la red informática de historiales clínicos de la sanidad pública al resto de hospitales concertados de Galicia y también a los geriátricos públicos y con plazas concertadas. En este último caso, solo se podrán conectar las residencias de ancianos que tienen servicios sanitarios y solo para consultar los datos médicos de los usuarios ingresados. El decreto al que alude Campa no hace referencia a los geriátricos que tiene un concierto con la Consellería de Benestar.

SOS Sanidade Pública critica la medida de Sanidade porque pondrá en manos de empresas privadas “información muy importante sobre enfermedades y problemas sociosanitarios”. Su portavoz alerta del peligro de que estos datos privados se conviertan en “información privilegiada” para aseguradoras y farmacéuticas. “Esto es el Gran Hermano”, concluye Manuel Martín.