La masculinidad ya no es solo cosa de hombres

Que la masculinidad no es (o no solo) una cosa de hombres es algo que sabemos pero que no siempre recordamos. Marimacho, camionera o tomboy (el término en inglés) son, aún a día de hoy y de manera frecuente, una forma despectiva de referirse a una mujer que se identifica con aspectos históricamente propios de hombres. La de la tomboy también es una estética y bastante de moda (mirad si no a la modelo Alba Galocha paseándose por el Festival de San Sebastián). Pero, por fortuna, y además de todo lo anterior, la de marimacho es una identidad (entre otras), una forma (política en muchos casos) de estar en el mundo.

Dentro de la teoría de género, el camionerismo (perdonadme el invento) se analiza bajo la etiqueta de masculinidad femenina, es decir, “mujeres” (con todos los prefijos y comillas que queráis ponerles) que se comportan como “hombres” (añadidles todos los prefijos anteriores) pero que no tienen por qué definirse como lesbianas. “La principal contribución del término ‘masculinidad femenina’ es fijarse en que la masculinidad no es algo que les pertenece a los hombres en exclusiva y que existen expresiones de masculinidad encarnadas en quienes fueron reconocidas en el nacimiento como mujeres”, describe Lucas Platero, docente e investigador del proyecto VOSATEC, CSIC. “La masculinidad femenina no es una moda ni algo actual sino que son experiencias propias, que no imitan a los varones, y que tienen un lugar concreto en nuestra cultura”, apostilla.

El término, analizado y estudiado en profundad en el libro de título homónimo de Judith/Jack Halberstam (publicado es español por la editorial Egales y del que saldrá una reedición este otoño) no suena tanto como debería. Y, de la misma forma que “la pluma”, la masculinidad (bien empleada) también puede ser una forma de luchar contra el machismo y cuestionar los códigos heteronormativos.

A Mary-Kate, apellidada Burke en la serie 'Cosas de gemelas', la llamam 'marimacho' por gustarle mucho los deportes.
A Mary-Kate, apellidada Burke en la serie ‘Cosas de gemelas’, la llamam ‘marimacho’ por gustarle mucho los deportes. Cordon

Para reivindicarlo y visibilizar una cultura infrarepresentada, Matadero Madrid acoge la jornada “Cultura Tomboys, Marimachas, Trans, Bedesemera” organizada por el colectivo Toxic Lesbian. Durante la misma se proyectará el documental “Tomboys, Marimachas, Trans, Bedesemeras” en el que ha participado Leticia Rojas Miranda, una estudiante de doctorado cuya tesis gira en torno a la transexualidad y migración y que ella misma se define como “una activista de cuerpo ambiguo y sexualidad racializada disidente”. Con su aspecto, Rojas busca cuestionar las políticas heteropatriarcales desde una posición corpo-política. “No hay una sola percepción por parte de la sociedad, existen varias percepciones institucionales y sociales que fijan fronteras que excluyen y discriminan a los cuerpos y a las sexualidades disidentes”, asegura.

De masculinidad femenina saben un rato las Cabello/Carceller. El colectivo artístico, presente estos días en el IVAM de Valencia con la pieza ‘Lost in transition_un poema performativo’,que lleva más de 20 años desmontando el concepto de lo masculino a través de sus obras. Como en el caso de Leticia, su trabajo también parte de la premisa de que lo personal es político.“Somos arte y parte. Nos dimos cuenta de que si queríamos hablar de otros temas a los habituales en el mundo del arte, debíamos ser nosotras las que lo propusiéramos. Así que, empezamos a trabajar en cuestiones de género porque nosotras formábamos parte de ello”.

Las artistas, que el año pasado representaron a España en la bienal de Venecia, también coinciden en la falta de visibilidad de la cuestión. “Cuando empezamos a trabajar como artistas, no teníamos un imaginario o unas poéticas que nos representaran. Sencillamente, no estábamos. Así que, nos propusimos dar un empujón de visibilidad”, cuentan.

Epígrafe 1.

“Cultura Tomboys, Marimachas, Trans, Bedesemera”

Viernes 30 de septiembre. De 18:00 a 22:00. Matadero Madrid.

La jornada está organizada por el colectivo Toxic Lesbian y busca trascender la teoría y dar visibilidad a las múltiples versiones de la masculinidad femenina que se dan en Madrid. Además del documental, habrá una manifestación que contará con la participación de la ‘Batucada Que Entiende’, una escuela de percusión brasileña para mujeres, y con un debate entre diversos colectivos y activistas entre los que estarán, además de Leticia, Patricia Louro, que aportará el punto de vista de las prácticas BDSM; el grupo de mujeres lesbianas, visibles y socializadoras de la asociación COGAM, y Alex Moreno, presidente de la asociación por la visibilidad de los chicos trans, ‘El Hombre Transexual’.

Epígrafe 2.

“Lost in Transition_un poema performativo”

Hasta el 15 de enero. IVAM Institut Valencià d’Art Modern, Valencia.

El colectivo Cabello/Carceller presenta un vídeo grabado en la escalera del IVAM, un lugar tradicionalmente de paso, en el que varias personas de la ciudad reinterpretan y juegan con diferentes roles sexuales. “La idea era ocupar la escalera y equipararla a lo trans, en el sentido de que no es algo que está en medio, que viene de un origen equivocado y busca un destino correcto, sino que es interesante habitar los espacios intermedios donde las identidades fluyen y no están tan definidas”, describen las artistas.

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Osos pardos desnutridos por un verano extremadamente seco

El pasado verano, extremadamente seco, ha alterado algunos ciclos vitales de la alimentación de los osos. El Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (FAPAS), una ONG que desde hace más de 15 años realiza un seguimiento de la población de oso pardo en la cordillera Cantábrica, ha detectado ejemplares desnutridos, algunos extremadamente delgados, con claros síntomas de caquexia —extrema desnutrición—. Algunos osos se han visto obligados a buscar alimento en zonas de mayor intervención humana. 

Un oso pardo desnutrido, en la Cordillera Cantábrica.
Un oso pardo desnutrido, en la Cordillera Cantábrica. FAPAS

La ONG ha indicado que en algunas áreas de la cordillera este complicado año climatológico ha provocado que especies importantes en la dieta del oso, como son las cerezas, hayan sufrido un fuerte retraso en su maduración. Esto ha empujado a los osos a causar daños en colmenas, en donde buscan alimento proteínico, que obtienen principalmente del consumo de las larvas de las colonias de abejas. Ello, a su vez, ha supuesto la presencia de ejemplares en entornos más humanizados, que es donde los propietarios mantienen sus colmenas. 

Un oso pardo, en la Cordillera Cantábrica.
Un oso pardo, en la Cordillera Cantábrica. FAPAS

La alimentación natural de los osos se basa en la búsqueda de insectos y el consumo de frutas silvestres. La productividad de un fruto de gran valor alimenticio como el arándano ha sido muy irregular, en especial en las áreas medias de los valles de montaña, precisa la ONG en un comunicado en el que explica que esto mismo ha sucedido con avellanos y moras silvestres. 

Todo esto condiciona tanto el estado físico como el comportamiento del oso. Algunos ejemplares se han visto obligados a ir en búsqueda de alimento a zonas de mayor intervención humana. El despoblamiento rural de las áreas de montaña ofrece una magnífica oportunidad para que los osos encuentren comida en las miles de fincas abandonadas en los entornos de los pueblos. Muchas de ellas mantienen aún viejos frutales: manzanos, perales, cerezos, ciruelos, avellanos e higueras son abundantes. Los osos comienzan a frecuentarlos especialmente cuando, como en este año, se suceden situaciones climáticas adversas que hacen disminuir de manera importante la productividad natural de alimento en las zonas de montaña. 

Pero, además de apuntar a las causas naturales de esta desnutrición, la ONG critica a la Administración asturiana, “que insiste en retirar sistemáticamente los animales muertos en la naturaleza”. FAPAS explica que estos cadáveres son parte de “máxima importancia” en la dieta de los osos en determinados momentos, y que a través de su consumo obtienen proteína suficiente y reservas energéticas imprescindibles para una correcta evolución, en especial las hembras acompañadas de crías. 

¿Un suplemento que quita el antojo de comida basura? Dámelo todo

Pizza cuatro quesos, lasaña boloñesa, batido de nata y chocolate o una suculenta fabada con todos sus complementos son algunas de las ‘fantasías’ gastronómicas que acuden a nuestro cerebro cuando el hambre o los antojos nos asaltan. No está mal darse un capricho ocasionalmente, el problema aparece cuando esas comidas se incorporan a nuestra dieta -algo que sucede a menudo- con el agravante de que se resisten a ser desplazados por otros alimentos más saludables (con menos grasas y menos calorías).

¿Se imagina quedarse impasible ante la visión de esos manjares? Lo que parece solo un deseo tal vez no tarde mucho en hacerse realidad. El primer paso lo ha dado un grupo de científicos del Imperial College de Londres, que ha comprobado que un batido con solo 10 gramos de un suplemento desarrollado por ellos mismos (éster de inulina-propionato) reduce la apetencia por la comida muy energética y, además, hace que se coma menos. El trabajo, que se ha publicado recientemente en The American Journal of Nutrition Clinical, es un paso adelante de otro anterior de 2014 que encontró que este suplemento reduce el apetito en personas con sobrepeso. La clave está en que el compuesto aumenta la cantidad de propionato –que se genera por la fermentación de la fibra dietética por las bacterias del intestino (microbiota)– que estimula al intestino para liberar las hormonas que actúan sobre el cerebro para reducir el hambre.

Por lo descrito, el futuro pinta bien, pero de aquí a creer que pronto podremos recurrir al batido antiantojos hay un trecho largo

Los científicos británicos han analizado el preparado en hombres adultos sanos y sin problemas de peso. Después de darles a beber un batido suplementado con éster de inulina-propionato, les mostraron imágenes de comidas muy calóricas (pizza, pasteles y chocolate) y otras más sanas (ensaladas, pescado y verduras) y, mediante Resonancia Magnética Funcional (RMf), estudiaron cómo reaccionaba el cerebro ante la vista de esas fotos. La RMf reveló una menor actividad de las áreas de recompensa (núcleos caudado y accumbens) –relacionadas con los antojos de alimentos– ante la visión de las comidas más sabrosas en las personas que habían tomado el suplemento de propionato. Posteriormente, los investigadores dieron a los participantes un plato de pasta con tomate y carne y los que habían tomado el batido con el suplemento comieron menos.

Por lo descrito, el futuro pinta bien, pero de aquí a creer que pronto podremos recurrir al batido antiantojos hay un trecho largo. José Manuel Fernández-Real, jefe de la Unidad de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario Josep Trueta, de Girona, no oculta su escepticismo por estos resultados: “Por una parte, incluir solo a 20 hombres en el estudio es un número muy bajo para sacar conclusiones fuertes”, argumenta. “Además, el estudio solo se ha hecho en hombres adultos sanos y sin problemas de peso y para evaluar si el suplemento es válido para otros colectivos habría que incluir, por ejemplo, a mujeres de 50 años, en las que existe una fuerte influencia de las hormonas”. También son cuestionables los descubrimientos sobre cómo responden las diferentes regiones cerebrales. Fernández-Real, que es investigador del Ciberobn, apunta que “numerosos estudios de RMf tienen muchos defectos por el error en el software que utilizan. Es un error sistemático que detecta iluminaciones cuando no tienen que ser y viceversa”, una afirmación que está basada en una revisión de más de 3.000 estudios que utilizaron esta técnica y que fueron invalidados por ese error de software, según publicó la revista PNAS. Por esto, Fernando Fernández-Aranda, director de la Unidad de Trastornos Alimentarios del Hospital Universitario de Bellvitge, en Barcelona, y editor jefe de la European Eating Disorders Review, insiste en que “en los hallazgos sobre ingesta de alimentos es imprescindible ir más allá de los resultados de un solo estudio e intentar identificar los mecanismos que subyacen en diferentes comportamientos”.

La educación tiene mucho que ver con que salivemos ante una hamburguesa o una lasaña pero no lo hagamos frente a una colorida ensalada

Con todo, Fernández-Real reconoce el potencial que tienen los complementos de propionato y que quizá se puedan añadir a los alimentos para controlar el apetito. Concretamente, la inulina (que es una fibra) es el alimento para las bacterias intestinales, que descomponen la fibra y generan propionato, que a su vez impacta en las apetencias. “Lo que está claro es que no somos tan dueños de lo que comemos como pensamos. Creemos que controlamos nuestra ingesta, pero hay otros controladores (las bacterias) que están en nuestro interior y que pueden modificar el tipo y el horario de la siguiente comida”, enfatiza.

Esto no nos exime de responsabilidad sobre nuestra conducta alimentaria que, según explica Fernández-Aranda, “se inicia tras el nacimiento y se verá influida por factores perinatales, biológico y ambientales. A lo largo de los primeros años, los hábitos nutricionales y los estilos educativos, conjuntamente con factores de vulnerabilidad biológica y genética, influirán en buena medida en los patrones alimentarios posteriores”. Así, la educación tiene mucho que ver con que salivemos ante una hamburguesa o una lasaña pero no lo hagamos frente a una colorida ensalada. Además, en este proceso influye “la conjunción de factores situacionales (estímulos específicos, palatabilidad de los alimentos, accesibilidad, factores culturales-publicitarios), biológicos (respuesta de hormonas activadoras o inhibidoras del hambre) y sensoriales”, detalla.

El grupo del Imperial College reconoce las limitaciones de su trabajo e insiste en que es una pieza para completar el rompecabezas que regula la conducta alimentaria. Mientras, prosiguen los estudios encaminados a desarrollar ese preparado sobre el que han manifestado su interés numerosas empresas de alimentación.

Resistencia a antibióticos: es ahora o nunca

Generalmente, damos por sentado que todas las infecciones son curables, y que la todopoderosa medicina moderna funcionará siempre.

Pero imaginemos una situación distinta: a cierta persona le diagnostican una enfermedad infecciosa potencialmente mortal; en otros tiempos podía tratarse en cuestión de semanas o meses, pero le dicen que ahora el tratamiento durará al menos dos años, y que incluirá varios meses de inyecciones diarias y unas 14 000 pastillas, con graves efectos secundarios. El paciente tiene la “suerte” de pertenecer a la minoría de los que reciben diagnóstico y tratamiento, pero aún así, la probabilidad de que le gane a la enfermedad es sólo 50%.

La mayoría de nosotros diría que la situación descrita no corresponde a la “medicina moderna”; pero es una realidad trágica para las numerosas personas (500.000 y en alza) que sufren tuberculosis multirresistente a fármacos (TB‑MR). La TB‑MR es resultado de la pérdida de eficacia de los fármacos contra nuevas cepas de organismos infecciosos que antes eran tratables. La tuberculosis se ha vuelto la enfermedad infecciosa más letal del mundo, con mucho más de un millón de muertes al año; y la TB‑MR sigue difundiéndose en países de ingresos bajos y medios, contra los esfuerzos de los médicos por combatirla.

La TB‑MR es una carga enorme para los sistemas sanitarios y las economías, y preanuncio de lo que aguarda a todos los países, ricos o pobres, conforme se difunda la resistencia bacteriana a antibióticos (RBA). De no mediar una respuesta conjunta, las cepas farmacorresistentes de otros organismos infecciosos comunes como el Staphylococcus aureus o la Escherichia coli se extenderán cada vez más, con efectos muy graves en los sistemas sanitarios y la salud de las personas en todo el mundo.

A medida que la RBA vaya provocando pérdida de eficacia de los antibióticos conocidos, procedimientos de rutina (como el transplante de órganos o la quimioterapia oncológica) se volverán cada vez más peligrosos debido a infecciones intratables. El incremento de la RBA puede generar un enorme costo humano y económico: si no se las controla, las infecciones farmacorresistentes pueden cobrarse unos 10 millones de vidas al año de aquí a 2050, con un costo acumulado en términos del PIB global de hasta cien billones de dólares.

Si no presionamos a nuestros líderes para que cumplan sus compromisos, las consecuencias para todos pueden ser fatales

Sólo el lanzamiento inmediato de una respuesta efectiva puede evitarnos un futuro aciago. Felizmente, en la cumbre del G20 celebrada hace unos días en Hangzhou (China), los gobiernos del grupo incluyeron por primera vez la RBA en la agenda colectiva, lo cual es señal de que la comunidad internacional reconoce que es una amenaza real al desarrollo económico y la prosperidad en todo el mundo. El G20 también hizo el mayor esfuerzo habido hasta la fecha para la reconstitución de las líneas de desarrollo de nuevos antibióticos (que se necesitan con urgencia para reemplazar los que se han vuelto ineficaces) y para la introducción de pruebas diagnósticas que permitan a los médicos clínicos usar con más eficacia los fármacos disponibles.

La reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas que se celebra esta semana en Nueva York es otra oportunidad de mostrar liderazgo global en relación con la RBA. Aquí también será la primera vez que la cuestión figurará en el orden del día; el secretario general Ban Ki-moon y los gobiernos del mundo se comprometerán en una importante reunión de alto nivel a hacer frente al incremento de la resistencia a antibióticos.

Para detener la RBA, la ONU debe basarse en el trabajo iniciado por el G20. Por ser el foro de gobernanza global más grande e inclusivo que tenemos, la ONU es la única institución capaz de convocar los recursos y el compromiso dirigencial que demanda el problema. Pero para ello, debe tomar algunas medidas cruciales.

En primer lugar, los estados miembros de la ONU deben comenzar a unificar la respuesta a la RBA desde todos los organismos regulatorios y sectores pertinentes, entre ellos la atención médica, la agricultura y las finanzas. La ONU es el organismo más indicado para ayudar a hacerlo. Puede convocar a los líderes mundiales y fomentar la cooperación internacional e interorganizacional frente a los problemas económicos y sociales globales; y puede aprovechar el poder de sus propias agencias para movilizar recursos globales contra la RBA.

En segundo lugar, para garantizar un avance sostenido, la ONU debe establecer criterios claros, basados en resultados medibles, y debe comprometerse a volver a poner la RBA en el orden del día de la Asamblea General cada dos años. Esto crearía un marco para la medición del progreso mundial y también enviaría un claro mensaje de que el compromiso de la ONU es a largo plazo y de que la RBA seguirá siendo alta prioridad cuando el actual secretario general deje el cargo.

Por último, para garantizar un progreso continuo en los años venideros, la ONU debe designar un enviado especial para la RBA. Debe ser un puesto de alto nivel, con autoridad para trabajar con los países y organismos de gobernanza multilaterales en pos de asegurar que la batalla contra la RBA no se detenga.

Hay motivos para ser cautamente optimistas: parece que la RBA finalmente recibe la atención mundial que merece. Pero esa atención también puede ser muy pasajera (como sabemos muy bien quienes asistimos a los debates anteriores y actuales sobre las enfermedades infecciosas). Si no presionamos a nuestros líderes para que cumplan sus compromisos, las consecuencias para todos pueden ser fatales.

Traducción: Esteban Flamini

Jim O’Neill, expresidente de Goldman Sachs, es secretario comercial del Tesoro del Reino Unido y presidente del Comité sobre Resistencia Bacteriana a Antibióticos del gobierno de ese país. Eric Goosby, excoordinador global de Estados Unidos en la lucha contra el sida, es enviado especial de la ONU para la tuberculosis.

Copyright: Project Syndicate, 2016.

www.project-syndicate.org

Restaurantes extremos: ¿Cenar en un váter o en el corredor de la muerte?

Posiblemente una de las experiencias gastronómicas más escalofriantes sea la de comer sobre la mesa de operaciones de un quirófano. Existe en Singapur un restaurante llamado ‘Clinic’ en el que puedes hacer tu sueño realidad, esperar tu mesa en una sala llamada “Morfina” y comer sobre acero frío y bien acomodado en tu silla de ruedas. Las bebidas hasta te las pueden servir en bolsas de suero. Probablemente, si tras la comilona te da un ataque de apendicitis, te podrán estirpar el apéndice allí mismo. Claro que si lo vuestro es comer amputaciones en un restaurante-quirófano servido por camareros enseñando chicha, hasta hace poco existía en la ciudad letona de Riga un restaurante llamado ‘Hospitalis’, más de coña y más cerca de casa. Quizás aún os debatís entre comer en una cárcel o en un quirófano. No hay problema, en Tokyo tienen la solución, ¿por qué no cenar en una prisión médica?. Esa es la idea que ayudó a unos amigos a construir Alcatraz, un restaurante donde eres esposado, no faltan bebidas en botes de orina ni enfermos mentales dando sustos al personal. Lo tienen muy bien montado, pero la gastronomía, sinceramente, no es su fuerte.

el marcapasos mã¡s pequeã±o





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– 28/09/2016 a las 16:08h.
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Citas rápidas para fomentar vocaciones científicas

La fundación L’Oréal ha celebrado este jueves un encuentro entre ocho científicas y más de 100 alumnos de 3º de ESO y 1º de Bachillerato de los institutos madrileños Valdecás y Ramiro de Maeztu, respectivamente. El objetivo de esta cita científica era motivar y fomentar sus vocaciones científicas. El encuentro ha coincidido con la XI edición de entrega de las bolsas de investigación a cinco mujeres científicas, unas becas de 15.000 euros que concede la fundación L’Oréal en colaboración con la Unesco para dar visibilidad a las mujeres que dedican su vida a la ciencia. En total, son 52 las mujeres que han recibido este incentivo para continuar sus proyectos de investigación. El lema de la campaña de este año es Ponles Cara.

Ocho alumnos se sitúan alrededor de una de las científicas y conversan en periodos de diez minutos. Cuando suena la alarma, los alumnos pasan a la siguiente científica

La jornada ha comenzado con el encuentro entre los alumnos y las científicas españolas. El formato del encuentro simulaba a un sistema de citas rápidas. Ocho alumnos se sitúan alrededor de una de las científicas y conversan en periodos de diez minutos. Cuando suena la alarma, los alumnos pasan a la siguiente científica. Ellas han compartido con los estudiantes sus experiencias, pasiones y peripecias por la ciencia de una forma cercana y divertida. “Los científicos trabajamos dando respuesta a preguntas muy importantes como son las leyes que rigen el Universo”, explica la física Begoña de la Cruz. Les está explicando el bosón de Higgs. A veces, se oyen preguntas tímidas de los alumnos. “¿La física tiene mucha dificultad a la hora de estudiar?”, pregunta una joven que pronto tendrá que decidir si quiere estudiar ciencias o letras.

Más allá, en otro grupo, una matemática de pelo muy rojo hace reír a los alumnos que la escuchan con atención hablar de números. “Google parece magia, ¿verdad? Pues no es magia, ¡son matemáticas!”, cuenta Clara Grima. Aunque el objetivo era fomentar las vocaciones científicas, los mensajes trascienden mucho más allá de la física, la química o las matemáticas. “Haced lo que os apasione y no permitáis que nadie os diga haced esta u otra carrera porque tiene muchas salidas”, cuenta la doctora en Ingeniería Informática Eva Cerezo a su atento público. En otro grupo, la periodista América Valenzuela explica a los alumnos cómo comenzó su formación en Ciencias Químicas. En el proceso, se dio cuenta de que lo suyo realmente era la divulgación. Así terminó siendo periodista científica. “Por eso no debéis cerrar las puertas a nada. La ciencia tiene muchas aplicaciones”, les cuenta desde un sofá.


Eva Cerezo conversa con un grupo de alumnos de Informática.ampliar foto

Eva Cerezo conversa con un grupo de alumnos de Informática. Santi Burgos

La química Carolina Rodríguez explica a sus ocho oyentes cómo prueba cada ingrediente de una crema especial para el acné que prepara L’Oréal. La astrónoma María Asunción Fuente pregunta: “¿A quién de vosotros le gustaría hacer exploración espacial?”. El entusiasmo es visible en muchas de las caras. La bióloga Inmaculada Ibáñez explica el ADN a un grupo de alumnos con la facilidad de quien lo ha hecho muchas veces. Y la ingeniera agrónoma Selena Gimenez habla de plantas con el mimo de quien dedica toda su vida a cuidarlas.

El fin de estas citas científicas les depara a los alumnos una sorpresa mayor que no había sido anunciada en el programa. José Luis Izquierdo, más conocido como el Mago More ha venido para darles una motivadora charla a la vez que les hace reír. En menos de cinco minutos, el ingeniero informático, monologuista, cómico y actor, entre otras muchas cosas, acapara toda la atención de los presentes con mensajes y vídeos que les anima a que hagan lo que quieran, a que persigan su sueño y a que nunca se den por vencidos. Les dice una de las cosas más llamativas que allí se han escuchado. “Probablemente, vuestro futuro trabajo, aún no se ha inventado”, explica mientras pone como ejemplo profesiones que hace diez años no existían, como operador de drones o community manager.

Tras la entrega de las bolsas, se percibe euforia entre los estudiantes. Todos hablan de lo que han escuchado o sentido. Algunos salen de aquí con las ideas más claras, otros dudan, pero tienen claro que quieren dedicarse a la ciencia. “Yo quiero hacer medicina. Y después no sé si centrarme en la rama de genética o investigación”, dice una alumna a otra mientras se hace un hueco entre la gente hasta que alcanza la salida.

Aunque el objetivo era fomentar las vocaciones científicas, los mensajes trascienden mucho más allá de la física, la química o las matemáticas

Eva Bonilla es profesora del instituto Valdecás. Tras el evento se muestra contenta por la experiencia que han vivido los estudiantes de tercero de ESO. “Es muy enriquecedor para los alumnos sobre todo porque es otra forma de acercarse a la ciencia, de una manera muy distinta de lo que se puede hacer en un aula”. Bonilla explica que los alumnos tienen que elegir el año que viene qué modalidad de bachillerato quieren hacer y confía en que la experiencia les haya podido ayudar a aclarar sus ideas.

Los estudiantes de primero de bachillerato del Ramiro de Maeztu lo tienen un poco más claro. Ellos ya han decidido cursar el bachillerato de ciencias. Además, con una dificultad extra. “Estos alumnos son especiales porque cursan el bachillerato internacional, además del nacional”, explica Paola Mordini coordinadora del instituto Ramiro de Maeztu. La profesora de química Margarita Díez, explica que para hacer ese bachillerato es necesario tener una curiosidad especial, por eso los suyos vienen con una motivación extra.

Ana Dopico, de 16 años duda entre estudiar cirugía, ingeniería aeroespacial o física. Dopico dice que en el encuentro ha aprendido que siempre se pueden hacer cosas relacionadas con la ciencia. Irene Márquez, de 15 años, asegura que le gusta la biología, sobre todo la genética. “Antes me gustaba la neurociencia, pero ahora también me interesa mucho la genética y no sé por cuál decidirme”, explica. A Claudia Twose, de 16 años, no le preocupa no saber exactamente a qué se quiere dedicar porque aún le quedan dos años para decidirse. Solo tiene una cosa clara. “Quiero hacer algo relacionado con la medicina para ayudar a gente con pocos recursos”, asegura. El futuro de la ciencia parece asegurado.

Cinco becas para mujeres científicas

El jurado junto con las científicas becadas. Arriba de izq a dcha: Bernat Soria, Vanesa Esteban, Anna Laromaine, Anna Shnyrova, Cristina Cifuentes, Jaione Valle. Abajo de izq a dcha: Azucena Bardají, Carmen Vela, María Vallet-Regí, Flora de Pablo, Margarita Salas, María Blasco y François-Xavier Fenart.
El jurado junto con las científicas becadas. Arriba de izq a dcha: Bernat Soria, Vanesa Esteban, Anna Laromaine, Anna Shnyrova, Cristina Cifuentes, Jaione Valle. Abajo de izq a dcha: Azucena Bardají, Carmen Vela, María Vallet-Regí, Flora de Pablo, Margarita Salas, María Blasco y François-Xavier Fenart. Santi Burgos

La fundación L’Oréal ha entregado este jueves las bolsas de investigación a cinco mujeres científicas en el marco de la XI edición del programa Mujeres en la Ciencia que convoca la compañía cosmética en colaboración con la UNESCO. En total, son 52 las mujeres que han recibido este reconocimiento que va acompañado de una beca de 15.000 euros para continuar sus proyectos de investigación. “El mundo necesita ciencia y la ciencia necesita mujeres”, así ha comenzado su presentación Mónica López, que se ha encargado de conducir los distintos eventos celebrados a lo largo de la mañana. López, además de la directora y presentadora del Tiempo de TVE, es física.

Las premiadas por la fundación han sido la química Anna Laromaine, la biofísica Anna Shnyrova, la médico Azucena Bardají, las biólogas Jaione Valle y Vanesa Esteban. El lema de esta edición ha sido Ponles Cara y el objetivo de esta campaña es visibilizar a todas las mujeres que trabajan en la ciencia, a menudo en la sombra de sus laboratorios. Los jueces que se han encargado de “ponerles cara” a las becadas han sido los científicos que han actuado de jurado en la concesión de los premios y han sido María Blasco, Bernat Soria, María Vallet-Regí y Margarita Salas.

El presidente de L’Oréal España, François-Xavier Fenart, ha destacado en la entrega de las bolsas de investigación que la ciencia hecha por mujeres está en todas partes y que no se puede prescindir de su visión, intuición y pasión por la ciencia. “El 70% de los investigadores de L’Oréal son mujeres”, ha explicado. También han intervenido en la entrega la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes y la Secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, Carmen Vela.

Citas rápidas para fomentar vocaciones científicas

La fundación L’Oréal ha celebrado este jueves un encuentro entre ocho científicas y más de 100 alumnos de 3º de ESO y 1º de Bachillerato de los institutos madrileños Valdecás y Ramiro de Maeztu, respectivamente. El objetivo de esta cita científica era motivar y fomentar sus vocaciones científicas. El encuentro ha coincidido con la XI edición de entrega de las bolsas de investigación a cinco mujeres científicas, unas becas de 15.000 euros que concede la fundación L’Oréal en colaboración con la Unesco para dar visibilidad a las mujeres que dedican su vida a la ciencia. En total, son 52 las mujeres que han recibido este incentivo para continuar sus proyectos de investigación. El lema de la campaña de este año es Ponles Cara.

Ocho alumnos se sitúan alrededor de una de las científicas y conversan en periodos de diez minutos. Cuando suena la alarma, los alumnos pasan a la siguiente científica

La jornada ha comenzado con el encuentro entre los alumnos y las científicas españolas. El formato del encuentro simulaba a un sistema de citas rápidas. Ocho alumnos se sitúan alrededor de una de las científicas y conversan en periodos de diez minutos. Cuando suena la alarma, los alumnos pasan a la siguiente científica. Ellas han compartido con los estudiantes sus experiencias, pasiones y peripecias por la ciencia de una forma cercana y divertida. “Los científicos trabajamos dando respuesta a preguntas muy importantes como son las leyes que rigen el Universo”, explica la física Begoña de la Cruz. Les está explicando el bosón de Higgs. A veces, se oyen preguntas tímidas de los alumnos. “¿La física tiene mucha dificultad a la hora de estudiar?”, pregunta una joven que pronto tendrá que decidir si quiere estudiar ciencias o letras.

Más allá, en otro grupo, una matemática de pelo muy rojo hace reír a los alumnos que la escuchan con atención hablar de números. “Google parece magia, ¿verdad? Pues no es magia, ¡son matemáticas!”, cuenta Clara Grima. Aunque el objetivo era fomentar las vocaciones científicas, los mensajes trascienden mucho más allá de la física, la química o las matemáticas. “Haced lo que os apasione y no permitáis que nadie os diga haced esta u otra carrera porque tiene muchas salidas”, cuenta la doctora en Ingeniería Informática Eva Cerezo a su atento público. En otro grupo, la periodista América Valenzuela explica a los alumnos cómo comenzó su formación en Ciencias Químicas. En el proceso, se dio cuenta de que lo suyo realmente era la divulgación. Así terminó siendo periodista científica. “Por eso no debéis cerrar las puertas a nada. La ciencia tiene muchas aplicaciones”, les cuenta desde un sofá.


Eva Cerezo conversa con un grupo de alumnos de Informática.ampliar foto

Eva Cerezo conversa con un grupo de alumnos de Informática. Santi Burgos

La química Carolina Rodríguez explica a sus ocho oyentes cómo prueba cada ingrediente de una crema especial para el acné que prepara L’Oréal. La astrónoma María Asunción Fuente pregunta: “¿A quién de vosotros le gustaría hacer exploración espacial?”. El entusiasmo es visible en muchas de las caras. La bióloga Inmaculada Ibáñez explica el ADN a un grupo de alumnos con la facilidad de quien lo ha hecho muchas veces. Y la ingeniera agrónoma Selena Gimenez habla de plantas con el mimo de quien dedica toda su vida a cuidarlas.

El fin de estas citas científicas les depara a los alumnos una sorpresa mayor que no había sido anunciada en el programa. José Luis Izquierdo, más conocido como el Mago More ha venido para darles una motivadora charla a la vez que les hace reír. En menos de cinco minutos, el ingeniero informático, monologuista, cómico y actor, entre otras muchas cosas, acapara toda la atención de los presentes con mensajes y vídeos que les anima a que hagan lo que quieran, a que persigan su sueño y a que nunca se den por vencidos. Les dice una de las cosas más llamativas que allí se han escuchado. “Probablemente, vuestro futuro trabajo, aún no se ha inventado”, explica mientras pone como ejemplo profesiones que hace diez años no existían, como operador de drones o community manager.

Tras la entrega de las bolsas, se percibe euforia entre los estudiantes. Todos hablan de lo que han escuchado o sentido. Algunos salen de aquí con las ideas más claras, otros dudan, pero tienen claro que quieren dedicarse a la ciencia. “Yo quiero hacer medicina. Y después no sé si centrarme en la rama de genética o investigación”, dice una alumna a otra mientras se hace un hueco entre la gente hasta que alcanza la salida.

Aunque el objetivo era fomentar las vocaciones científicas, los mensajes trascienden mucho más allá de la física, la química o las matemáticas

Eva Bonilla es profesora del instituto Valdecás. Tras el evento se muestra contenta por la experiencia que han vivido los estudiantes de tercero de ESO. “Es muy enriquecedor para los alumnos sobre todo porque es otra forma de acercarse a la ciencia, de una manera muy distinta de lo que se puede hacer en un aula”. Bonilla explica que los alumnos tienen que elegir el año que viene qué modalidad de bachillerato quieren hacer y confía en que la experiencia les haya podido ayudar a aclarar sus ideas.

Los estudiantes de primero de bachillerato del Ramiro de Maeztu lo tienen un poco más claro. Ellos ya han decidido cursar el bachillerato de ciencias. Además, con una dificultad extra. “Estos alumnos son especiales porque cursan el bachillerato internacional, además del nacional”, explica Paola Mordini coordinadora del instituto Ramiro de Maeztu. La profesora de química Margarita Díez, explica que para hacer ese bachillerato es necesario tener una curiosidad especial, por eso los suyos vienen con una motivación extra.

Ana Dopico, de 16 años duda entre estudiar cirugía, ingeniería aeroespacial o física. Dopico dice que en el encuentro ha aprendido que siempre se pueden hacer cosas relacionadas con la ciencia. Irene Márquez, de 15 años, asegura que le gusta la biología, sobre todo la genética. “Antes me gustaba la neurociencia, pero ahora también me interesa mucho la genética y no sé por cuál decidirme”, explica. A Claudia Twose, de 16 años, no le preocupa no saber exactamente a qué se quiere dedicar porque aún le quedan dos años para decidirse. Solo tiene una cosa clara. “Quiero hacer algo relacionado con la medicina para ayudar a gente con pocos recursos”, asegura. El futuro de la ciencia parece asegurado.

Cinco becas para mujeres científicas

El jurado junto con las científicas becadas. Arriba de izq a dcha: Bernat Soria, Vanesa Esteban, Anna Laromaine, Anna Shnyrova, Cristina Cifuentes, Jaione Valle. Abajo de izq a dcha: Azucena Bardají, Carmen Vela, María Vallet-Regí, Flora de Pablo, Margarita Salas, María Blasco y François-Xavier Fenart.
El jurado junto con las científicas becadas. Arriba de izq a dcha: Bernat Soria, Vanesa Esteban, Anna Laromaine, Anna Shnyrova, Cristina Cifuentes, Jaione Valle. Abajo de izq a dcha: Azucena Bardají, Carmen Vela, María Vallet-Regí, Flora de Pablo, Margarita Salas, María Blasco y François-Xavier Fenart. Santi Burgos

La fundación L’Oréal ha entregado este jueves las bolsas de investigación a cinco mujeres científicas en el marco de la XI edición del programa Mujeres en la Ciencia que convoca la compañía cosmética en colaboración con la UNESCO. En total, son 52 las mujeres que han recibido este reconocimiento que va acompañado de una beca de 15.000 euros para continuar sus proyectos de investigación. “El mundo necesita ciencia y la ciencia necesita mujeres”, así ha comenzado su presentación Mónica López, que se ha encargado de conducir los distintos eventos celebrados a lo largo de la mañana. López, además de la directora y presentadora del Tiempo de TVE, es física.

Las premiadas por la fundación han sido la química Anna Laromaine, la biofísica Anna Shnyrova, la médico Azucena Bardají, las biólogas Jaione Valle y Vanesa Esteban. El lema de esta edición ha sido Ponles Cara y el objetivo de esta campaña es visibilizar a todas las mujeres que trabajan en la ciencia, a menudo en la sombra de sus laboratorios. Los jueces que se han encargado de “ponerles cara” a las becadas han sido los científicos que han actuado de jurado en la concesión de los premios y han sido María Blasco, Bernat Soria, María Vallet-Regí y Margarita Salas.

El presidente de L’Oréal España, François-Xavier Fenart, ha destacado en la entrega de las bolsas de investigación que la ciencia hecha por mujeres está en todas partes y que no se puede prescindir de su visión, intuición y pasión por la ciencia. “El 70% de los investigadores de L’Oréal son mujeres”, ha explicado. También han intervenido en la entrega la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes y la Secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, Carmen Vela.